sábado, 16 de diciembre de 2017

LAS PALABRAS SON IMPORTANTES

Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, roca mía, y redentor mío. Sal. 19: 14.

Todos necesitamos estudiar la vida de Cristo y las lecciones que nos dio, para saber conducirnos en nuestras relaciones mutuas. Alberguemos la suave influencia del Espíritu de Dios. Recordemos que el habla es un talento de gran valor cuando se lo usa correctamente, y que de la abundancia del corazón habla la boca. Recordemos también que por nuestras palabras seremos justificados, y por nuestras palabras seremos condenados. Las palabras imprudentes a menudo crean dificultades que de otra manera no se hubieran producido.

Hemos sido puestos en este mundo para ser hijos de Dios y a fin de prepararnos para la futura vida inmortal. No pronunciemos palabras imprudentes y poco amables. En nuestra relación familiar, tengamos cuidado de decir palabras amables y tiernas que consuelen y animen. No nos olvidemos de los pequeños actos de bondad que tanto ayudan al miembro de la familia que está luchando con debilidades que sólo él puede comprender.

No vale la pena insistir en que las cosas se hagan como uno quiere, y en no ceder en asuntos de menor importancia, que suscitan amargura y resentimiento en el hogar. La vida es demasiado corta, y está demasiado llena de pesares. Sin pérdida de tiempo deberíamos atender toda herida y a todo corazón sometido a la tentación.

Cada cual sea considerado y amable con el otro. Jamás permita que el sol se ponga sobre su enojo. Jamás cierre los ojos para dormir sin arreglar esas pequeñas e insignificantes dificultades que hieren y dañan el alma. . .

Cada vez que se sienta tentado a hablar imprudentemente, arrodíllese donde está, y ore hasta encontrar descanso en Jesús. Estoy segura de que no lo dejará ni lo olvidará. Tal vez usted se desprecie por las palabras apasionadas que acaba de pronunciar, pero recuerde que Jesús tiene piedad de usted, y que le va a cuidar su cuerpo y su alma, si está dispuesto a hacer su voluntad. Estas son sus palabras: "Haga conmigo paz; sí, haga paz conmigo" (Isa. 27: 5).

Jesús quiere crear una armonía celestial en su alma. Lea sus palabras, no con desánimo, sino con confianza y esperanza. Escuche las benditas palabras que Dios le dirige. Caminar con Cristo significa que, aunque invisible, Cristo camina con usted (Carta 104, del 4 de agosto de 1901, dirigida a E. K. Beaman).

E. G. White

miércoles, 13 de diciembre de 2017

TRONO FIRME

Firme es tu trono desde entonces; tú eres eternamente. Sal. 93.2.

Cuando tú sufres y no sabes porqué, está en disputa el trono de Dios. Cuando tú miras a tu alrededor y ves injusticia, está en juego la autoridad divina. Cuando los noticieros televisivos muestran un niño mutilado por la guerra, la lucha en tu mente se concentra en torno de la soberanía divina.

Hay alguien que intenta arrebatarle el trono a Dios. Alguien que quiere usurpar la autoridad divina. Alguien que acusó a Dios, desde el principio, de ser un dictador injusto y arbitrario.

Ese intento de desfigurar el carácter divino, con la finalidad de apoderarse del trono, fue iniciativa de Lucifer, considerado el más hermoso de todos los ángeles.

El surgimiento del mal en el corazón de Lucifer, es un misterio. La Biblia no lo explica. Simplemente muestra las consecuencias que esta rebelión trajo para él y para sus seguidores.

A pesar de los ataques del enemigo, el trono de Dios fue preservado. "Firme es tu trono desde entonces; tú eres eternamente", afirma David. Lucifer perdió y fue expulsado de los cielos. Desde entonces, el conflicto se transfirió a este mundo v, específicamente, al corazón humano.

Cada vez que el dolor toca a la puerta de tu corazón, el enemigo quiere que tú pienses que es Dios e1 causante del sufrimiento, pero la Biblia afirma que el dolor nace en la mente del enemigo, no en el corazón de Dios. El Señor solo quiere lo mejor para sus criaturas. Sus pensamientos son pensamientos de amor y no de odio.

El enemigo te hace sufrir con el propósito de que tú te rebeles. Entonces, él toma el control de tu corazón, llena tu vida de amargura, tú pierdes la paz v no consigues ser feliz ni hacer felices a las personas que amas.

No permitas que los sentimientos de amargura se posesionen de tu corazón. Haz como hizo Job en medio del dolor. Di: "Yo sé que mi redentor vive".' Entonces, Jesús asumirá el trono de tu corazón, y tú estarás listo para enfrentar las vicisitudes de la vida con optimismo.

No salgas de tu casa hoy, sin tener la seguridad de que Jesús ocupa el trono de tu corazón. En la lucha milenaria entre Cristo y Satanás, deja que el Salvador sea victorioso, porque: "Firme es tu trono desde entonces; tú eres eternamente".

Job 19:25.

Pr. Alejandro Bullón

domingo, 10 de diciembre de 2017

NECESITAMOS UNA FE CRECIENTE

"Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Fil 2:12, 13).

El hecho de que los seres humanos puedan complacer a Dios es un maravilloso incentivo que puede hacer que nuestros esfuerzos perseverantes e intensos sean proporcionales al valor de aquello que deseamos alcanzar. "Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios"... Enoc caminó con Dios. No se satisfizo con su propia compañía. Caminó con Dios. Agradó a Dios. Al Señor no le place que los seres que creó sean pecadores. Hemos de caminar con Dios y aprender de Jesucristo, quien venció cada tentación que debemos afrontar. Fue tentado en todo al igual que nosotros, pero sin pecado.

El Señor atrae a los seres humanos hacia sí para caminar con ellos, trabajar con ellos y enseñarles cómo venció cada tentación siendo humano y cómo pueden alcanzar la victoria gracias a la provisión que el Señor ha hecho. Para cada tentación hay una salida, si caminamos humildemente con Dios. Sin fe es imposible agradar a Dios...

A pesar de su naturaleza caída los seres humanos pueden hacer lo que Dios espera de ellos gracias a la asistencia que les proporciona. Podrán caminar, trabajar y vivir por la fe en el Hijo de Dios. El Señor no se complace con aquellos que se satisfacen con una vida puramente biológica. Ha formado a los seres humanos conforme a la imagen divina. Tiene el propósito de que posean el carácter de Dios por medio de la obediencia a ley que es la expresión de su carácter divino. El Señor les ha dado mente, intelecto y afectos. Estos dones les fueron confiados para que fuesen ejercidos y aumentados. Dios les ha dado una conciencia que debiera ser tenida en alta estima y respeto. Los ha dotado de conocimiento y virtud. Estas habilidades deben tener la supremacía que Dios les ha asignado.

El Señor espera que cada persona ejerza la facultad de la fe. La esencia real y vital del cristianismo consiste en aferrarse de lo invisible por la fe, avanzando constantemente para asirse de la eficacia espiritual que hay en Cristo. Si las personas no crecen poniendo en práctica los dones de Dios, no es posible que posean la fe que obra por el amor y purifica el alma. No es suficiente cultivar unos pocos talentos que el Señor nos ha confiado. La conciencia debe ser tocada por la vida y el carácter de Dios. Y esto es caminar espiritualmente con Jesucristo, participando de la naturaleza divina y habiendo vencido a la corrupción que hay en el mundo por causa de la concupiscencia (Carta 195, 1899).

E. G. White

jueves, 7 de diciembre de 2017

HAY PERDÓN

La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron. Sal. 85:10.

El martillo de la culpa es cruel. Te crucifica en el madero de tu propia historia. Los clavos de los recuerdos paralizan tu vida. Las personas pasan y tú quedas paralizado, Como si la derrota fuera el autocastigo que “mereces”.

Cuando la culpa no te perturba, puede ser aun mas peligroso. El cinismo es fatal. Es el abismo sin fondo, de donde no hay retorno. Es el punto final de cualquier historia.

El salmista demuestra en el Salmo 85 como Dios lidia con el problema de la culpa del ser humano. Este salmo habla del Calvario. Allí, en una cruz, se encuentran la gracia y la verdad, y se besan la justicia y la paz.

Al andar en sus propios caminos, la criatura escoge voluntariamente el camino de la muerte. No había esperanza en su triste existencia. El principio universal de la justicia establecía la consecuencia natural de su elección: muerte. Esta es una verdad incuestionable. No es la el castigo divino. Es un hecho. Una realidad lógica, la criatura rebelde había perdido el derecho a la vida. La muerte era justa. La justicia y la verdad están unidas en su veredicto de muerte. Pero en el Calvario la justicia n ose encuentra con la verdad, sino con la gracia. Que es la gracia? Es un regalo, una dadiva. Tú no la mereces. Nadie la merece. La justicia demanda que el hombre muera. Pero quien muere es Jesús y por gracia le otorga salvación al hombre.

La verdad es que la criatura pecó y merece morir. En la cruz, esa verdad se besa con la paz. El hombre acepta el perdón divino y, aunque es verdad que peco, experimente paz porque Jesús murió en su lugar. Tu culpa fue expiada. El precio de tu rebeldía fue pagado, tu pecado fue perdonado. No lo pretendas entender. Solo acéptalo.

No más noches de insomnio. No mas culpa, ni desesperación, ni ganas de morir. Un Nuevo día amanece en tu vida. El Señor te entrega una página en blanco, para escribir una nueva historia.

Comienza hoy una nueva experiencia. Cuando el martillo de la culpa golpee tu corazón, cuando la conciencia te grite: “Culpable” la misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron”.

Pr. Alejandro Bullón

lunes, 4 de diciembre de 2017

HAZLO AHORA

No digas a tu prójimo: Anda, y vuelve, y mañana te daré, cuando tienes contigo qué darle. Prov. 3:28.

¿Por qué alguien le diría a su prójimo que vuelva mañana si tiene condiciones de ayudarlo hoy? La única razón es que no desea ayudarlo.

En este caso, por qué no decirle simplemente: ¡No! Tal vez en su respuesta este vecino está usando de delicadeza, esperando que el prójimo entienda que no le va a ayudar, y finalmente lo deje en paz. Para muchos, esa manera de proceder puede ser una manera sutil de librarse de un “problema”. Pero, para Dios, es falta de sabiduría. Más tarde o más temprano, la propia persona es victima de su “viveza”. Nada destruye el alma más que la sensación del deber no cumplido.

Hay dos asuntos en cuestión en el texto de hoy. El primero es: ayuda siempre que puedas. Tú serás el más beneficiado. Era un día caluroso en Samaria cuando un peregrine se acercó a una mujer y le pidió ayuda: “Dame de beber”, le dijo. La samaritana podía ayudar. Tenia un balde para sacar el agua del pozo y darle de beber a aquel cansado peregrine, pero dudo, vacilo, argumento y como dice el relato, casi perdió la gran oportunidad de vivir la más extraordinaria experiencia de su vida. Jesús no estaba simplemente pidiéndole agua porque la necesitara. El es el dueño de todas las fuentes de aguas. Jesús le pidió de beber porque quería ayudarle y reafirmar el principio de que cuando tú ayudas, tú eres la persona más beneficiada.

El otro punto en cuestión es el hecho de pensar que tú estás siendo amable cuando mientes en nombre de la “delicadeza”. Si el hombre de quien habla Salomón en el versículo de hoy dijera: “No”, el prójimo seguramente buscaría otros caminos para solucionar su problema, pero al escuchar la falsa promesa, la persona no solo es dejada sin ayuda, sino también perjudicada.

La sabiduría no es librarse de los problemas de manera “elegante”. Eso es “lavarse las manos”. Y eso genera un vació inconsciente que perturba el alma e incomoda la vida.

Este es un nuevo día para ti. Vas a salir por ahí, tratando de evitar los problemas, o vas a hacer todo lo que venga a tus manos para hacer? Nada es tan bueno como llegar a la noche con la conciencia del deber cumplido. Haz, con la ayuda de Dios, del día de hoy un día de realizaciones. “No digas a tu prójimo: Anda, y vuelve, y mañana te daré, cuando tienes contigo que darle”.

Pr. Alejandro Bullón

jueves, 30 de noviembre de 2017

MONUMENTOS VERGONZOSOS

Hay un mal que he visto debajo del sol, a manera de error emanado del príncipe: la necedad está colocada en grandes alturas. (Ecl. 10: 5, 6).

En los días del rey Josías podía verse una extraña apariencia frente al templo de Dios. Coronando la cima del Monte de los Olivos, atisbando por sobre los bosquecillos de arrayanes y olivos, había ídolos gigantescos e indignos. Josías dio orden de que esos ídolos fuesen destruidos. Así se hizo, y los fragmentos rotos rodaron por el cauce del Cedrón. Los altares fueron reducidos a una masa de escombros.

Pero más de un adorador devoto se preguntaba: ¿Cómo surgió esa estructura al lado opuesto del valle de Josafat, confrontando impíamente al templo de Dios? No podía evadirse la sincera respuesta: El constructor fue Salomón, el rey más grande que alguna vez empuñara un cetro. Esos ídolos daban testimonio de que el que había sido honrado y aplaudido como el más sabio entre los reyes, se había convertido en una ruina humillante. . .

Su carácter antes noble, valiente y leal a Dios y a la justicia, se deterioró. Sus gastos exorbitantes para la complacencia egoísta lo convirtieron en instrumento de los proyectos de Satanás. Su conciencia se endureció. Su actuación como juez cambió de la equidad y la justicia a la tiranía y la opresión. . . Salomón trató de unir la luz con las tinieblas, Cristo con Belial, la pureza con la impureza. Pero en vez de convertir los idólatras a la verdad, los sentimientos paganos se incorporaron a su religión. Se volvió un apóstata (Manuscrito 47, 1898).

Las señales de la apostasía de Salomón permanecieron durante siglos después de él. En los días de Cristo, los adoradores del templo podían ver, justo frente a ellos, el Monte de la Ofensa, y recordar que el constructor de su rico y glorioso templo, el más renombrado de todos los reyes se había separado de Dios, y había levantado altares a ídolos paganos; que el gobernante más poderoso de la tierra había fracasado en gobernar su propio espíritu. Salomón murió arrepentido; pero las señales de su triste separación de Dios no pudieron ser borradas del Monte de la Ofensa con su arrepentimiento y sus lágrimas. Las paredes derruidas y las columnas quebradas fueron silenciosos testigos durante mil años de la apostasía del rey más grande que ocupara alguna vez un trono terrenal (SDA Bible Commentary, tomo 2, págs. 1032, 1033).

E. G. White

lunes, 27 de noviembre de 2017

EL PELIGRO DE LA INDIFERENCIA A LA LUZ

"Y esta es la condenación; que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas" (Juan 3:19).

La pérdida de un alma se representa como una catástrofe comparada con la ganancia de un mundo que se hunde en la insignificancia... Jerusalén representa a cada alma que descuida los privilegios presentes y rechaza la luz que Dios le ha enviado. ¿Se han apreciado los consejos de Dios? ¿Se han aceptado las súplicas y advertencias enviadas por sus siervos? ¿Se han escuchado las objeciones? Oh, si individualmente mejoráramos los dorados momentos de "éste tu día", no sea que venga la palabra, "pero ahora está encubierta a tus ojos". Si la luz resplandece en nuestro día debemos recibirla, apreciarla y andar en ella, sin esperar a ver si acaso hay personajes prominentes o eruditos que la aceptan...

Las palabras de Cristo [son]: "No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir"... Jesús contemplaba los siglos venideros y veía que el mundo cristiano llegaría a pensar y enseñar que la muerte de Cristo abrogó la ley del Padre. Por lo tanto, formula una declaración definida a fin de liberar del engaño a toda mente que esté dispuesta a hacerlo...

Hubo hombres y mujeres que murieron sin observar el séptimo día, el sábado. Fueron buenas personas y vivieron según la luz que tuvieron. No se los puede responsabilizar por una luz que nunca han tenido. Somos responsables por la luz que brilla en nuestros días. Es absurdo excusar nuestra transgresión de la ley de Dios arguyendo que hubo buenas personas en la generación pasada que no la guardaron...

Nunca será seguro ser indiferente a la luz. El hecho de que ciertas personalidades, supuestamente importantes, no hayan obedecido la ley de Dios, ¿sería fundamento para que nosotros la transgredamos?... Los que persiguieron a Cristo fueron los escribas, los gobernantes, los sacerdotes, los hombres que desempeñaban el oficio sagrado: aquellos que creían que su justicia estaba por encima de todo el mundo. Estos hombres supuestamente piadosos fueron los más feroces perseguidores que tuvo Cristo... Fueron los maestros del pueblo los que se burlaron de él cuando colgaba de la cruz.

Los profesos cristianos de nuestros días que rechazan la luz no serán más favorables con quienes reciben y se regocijan en ella de lo que fueron los judíos en los días de Cristo. Si hubieran reconocido que él era el Príncipe de la vida, no lo hubieran crucificado. ¿Por qué no lo supieron? Porque rechazaron toda evidencia que les fue dada indicando que Cristo era el Mesías... Considerarán a los creyentes como seres débiles e insignificantes, como un grupo de fanáticos y se referirán a ellos en tono burlón (Carta 35a, 1877).

E. G. White.