jueves, 30 de junio de 2016

El hombre modelo (Reflexión de vídeo y audio)


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Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos. 2 Corintios 8:9.
Este mundo ha sido visitado por la Majestad del Cielo, el Hijo de Dios... Cristo vino a este mundo como la expresión del mismo corazón, mente, naturaleza y carácter de Dios. Él era el resplandor de la gloria del Padre para expresar la imagen de su persona. Mas él dejó a un lado su túnica y su corona reales y descendió de su exaltada posición para tomar el lugar de un siervo. Él era rico; pero se hizo pobre por amor a nosotros, para que pudiéramos tener riquezas eternas. Él hizo el mundo, mas se vació a sí mismo en forma tan completa que durante su ministerio declaró: “Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza”...
Anduvo de casa en casa curando enfermos, alimentando hambrientos, animando a los que se quejaban, alentando a los afligidos y dirigiendo palabras de paz a los angustiados.
El Señor tomó a los pequeñuelos en sus brazos y los bendijo, y tuvo palabras de esperanza y aliento para las madres cansadas.
Con un cariño y una gentileza constantes enfrentó toda forma de miseria y de aflicción humanas. Trabajó, no para sí mismo, sino para los demás. Estuvo dispuesto a humillarse y negarse a sí mismo. No buscó distinción. Fue el siervo de todos. Su objetivo máximo era ser alivio y consuelo para los demás, alegrar a los tristes y a los cargados con quienes tenía contacto diariamente...
Cristo está ante nosotros como el Hombre modelo, el gran Médico Misionero: un ejemplo para todos los que quieran seguirlo. Su amor puro y santo bendecía a todos los que entraban en la esfera de su influencia. Su carácter fue absolutamente perfecto, libre de la más mínima sombra de pecado. Él vino como la expresión del perfecto amor de Dios, no para aplastar, no para juzgar y condenar, sino para sanar todo carácter débil y defectuoso, para salvar a los hombres y las mujeres del poder de Satanás.—El ministerio médico, 23, 24.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 42.

miércoles, 29 de junio de 2016

Misionero para los pobres (Reflexión en vídeo y audio)


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El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos. Lucas 4:18.
Los sufrimientos de la humanidad siempre tocaron el corazón de Cristo y demandaron su simpatía. Actuó con piedad y compasión hacia los afligidos de alma o cuerpo. Su ejemplo en el trato de los dolientes y afligidos debiera enseñarnos a tener compasión y piedad por sus criaturas dolientes. Cristo sufrió en la carne... Supo lo que es sufrir los agudos tormentos del hambre y ha dejado lecciones especiales en cuanto a alimentar a los hambrientos y cuidar de los necesitados, y ha declarado que al socorrer a los necesitados, lo estamos socorriendo a él... Supo lo que era el sufrimiento de la sed, y declaró que no perdería su recompensa un vaso de agua fría dado en su nombre a cualquiera de sus discípulos.—Manuscrito 35, 1895.
Cristo fue un obrero activo y constante. Encontró a la religión cercada por elevadas y empinadas murallas de aislamiento, como algo demasiado sagrado para las actividades de la vida diaria. Derribó las murallas de separación y extendió su poder ayudador en favor de los necesitados... No preguntaba: ¿Cuál es tu credo? ¿A qué iglesia perteneces? Su vida se distinguió por un interés activo, ferviente y amante...
El Señor Jesús sabe lo que significa la pobreza. Él es el gran misionero de los pobres, los enfermos y dolientes...
En la humanidad de Cristo hay áureas fibras que unen al pobre, creyente y confiado, con el alma de infinito amor de Cristo.— Manuscrito 22, 1898.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 41.

martes, 28 de junio de 2016

Ejércitos de niños misioneros (Reflexión en vídeo y audio)


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Aun el muchacho es conocido por sus hechos, si su conducta fuere limpia y recta. Proverbios 20:11.
Dios quiere que los niños y los jóvenes se unan al ejército del Señor... Al igual que los soldados de mayor edad, los niños tienen poderosas tentaciones que afrontar, a diestra y a siniestra. Satanás y sus legiones usarán de toda trampa posible para enredar a los jóvenes. Los niños tienen el privilegio de alistarse en el ejército del Señor, y procurar persuadir a otros de que se unan a sus filas. Los niños deben ser educados y preparados para Jesucristo. Deben ser preparados para resistir a la tentación y pelear la buena batalla de la fe. Dirigid su mente a Jesús tan pronto como puedan comprender vuestras lecciones con palabras sencillas, fáciles de entender. Enseñadles el dominio propio. Enseñadles a comenzar la obra de vencer cuando son jóvenes, y recibirán la preciosa ayuda que Jesús puede dar y dará junto con los esfuerzos de los padres que se unen en oración...
Los padres deben mantener en la memoria los preciosos dichos de Cristo. Los niños repetirán las palabras que oigan con frecuencia en los labios de sus padres: en cuanto a Cristo, la fe y la verdad. Los niños pueden hablar preciosas verdades. Ejércitos enteros de niños pueden colocarse bajo la bandera de Cristo como misioneros... Nunca rechacéis el deseo de los niños de hacer algo para Jesús, el Maestro... Mantened su corazón tierno y sensible por vuestras propias palabras y ejemplo.—Manuscrito 55, 1895.
Los ángeles de Dios están muy cerca de vuestros pequeñitos... Sean siempre el amor, la ternura, la paciencia y el dominio propio las leyes de vuestro hablar. El amor que triunfa ha de ser como las aguas profundas que siempre fluyen en la conducción de vuestros hijos. Durante toda su vida, Cristo ejecutó actos de amor y ternura para los niños.—The Review and Herald, 17 de mayo de 1898.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 40.

lunes, 27 de junio de 2016

Un mensaje para los muchachos y las niñas (Reflexión en vídeo y audio)


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Venid, hijos, oídme; el temor de Jehová os enseñaré. Salmos 34:11.
Cada niño y joven debiera recordar: “Soy de valor a la vista de Dios; soy comprado con un precio y soy la propiedad de Jesucristo. Como seguidor de Cristo, he de practicar sus virtudes para que pueda representar a mi Salvador”.
Orad mucho. Mientras trabajáis, elevad vuestro corazón a Dios. Cuando hayáis confiado a Dios el cuidado de vuestra alma, no vayáis y procedáis contrariamente a la oración que habéis elevado. Velad tanto como oráis para que no seáis vencidos por la tentación. Resistid la primera inclinación al mal. Orad en vuestro corazón: “Jesús, ayúdame; presérvame del mal”, y haced entonces lo que sabéis que Cristo quiere que hagáis...
Quizá preguntéis, como muchos lo hacen, ¿cómo puedo saber que Jesús me recibe y me ama? ¿Lo sabré por mis sentimientos? No, por la obediencia a su santa Palabra. Apropiaos de las ricas promesas de Dios. Creed su palabra de que Jesús habita en vuestro corazón por fe. Por la fe y confianza en Dios podéis tener su paz y entonces podréis decir: “Sé en quien he creído. Escucharé cada susurro de su Santo Espíritu”.
No hay sino una forma de ganar la victoria. Servid a Dios de todo vuestro corazón porque lo amáis... Plantad los principios de la verdad en vuestra alma y revelad a Cristo en vuestro carácter...
Contemplad a Jesús constantemente si queréis avanzar paso tras paso por el sendero angosto preparado para que caminen por él los elegidos del Señor, diciendo en vuestro corazón: “Busco tu voluntad, oh Dios; sigo tu voluntad; sirvo a tu voluntad; puedo ir adelante e iré adelante bajo tu dirección”.—Carta 96, 1895.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 39

domingo, 26 de junio de 2016

El que ama a los niñitos (Reflexión en vídeo y audio)



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Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les reprendieron. Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos. Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se fue de allí. Mateo 19:13-15.
Los niños son la heredad del Señor. El alma del niñito que cree en Cristo es tan preciosa a su vista como son los ángeles que rodean su trono. Han de ser llevados a Cristo y educados para Cristo. Han de ser guiados en la senda de la obediencia, no consentidos en el apetito o la vanidad...
Sobre los padres descansa una gran responsabilidad; pues se reciben en la tierna niñez la educación y la preparación que dan forma al destino eterno de los niños y jóvenes. La obra de los padres es sembrar la buena semilla diligente e incansablemente en el corazón de sus hijos, ocupando sus corazones con una semilla que dará una cosecha de hábitos correctos, de veracidad y obediencia voluntaria. Los hábitos correctos y virtuosos que se forman en la juventud generalmente señalan el curso del individuo a través de la vida. En la mayoría de los casos, los que reverencian a Dios y honran lo correcto habrán aprendido esta lección antes de que el mundo pueda grabar su imagen de pecado en el alma...
¡Ojalá los padres fueran verdaderamente hijos e hijas de Dios! Sus vidas exhalarían la fragancia de las buenas obras. Una atmósfera santa rodearía su alma. Ascenderían al cielo sus tiernas súplicas en demanda de gracia y de la dirección del Espíritu Santo: y la religión se difundiría en sus hogares como se difunden los brillantes y cálidos rayos del sol sobre la tierra.—The Review and Herald, 30 de marzo de 1897.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 38.

sábado, 25 de junio de 2016

Cristo en el hogar (Reflexión en vídeo y audio)


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Al tercer día se hicieron unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús. Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos. Juan 2:1, 2.
Cristo no vino a este mundo para prohibir el casamiento ni para derribar o destruir la relación e influencia que existen en el círculo doméstico. Vino para restaurar, elevar, purificar y ennoblecer cada corriente de puro afecto, para que la familia de la tierra pudiera convertirse en un símbolo de la familia celestial...
Las madres están bajo el tierno cuidado de los ángeles celestiales. ¡Con cuánto interés llama el Señor Jesús a la puerta de las familias donde hay niñitos que deben ser educados y preparados! Cuán gentilmente vela por los intereses de las madres; y cuán triste se siente cuando ve que se descuida a los niños... Los caracteres se forman en el hogar; los seres humanos se modelan para ser una bendición o una maldición. El Señor ha confiado a la madre los miembros más jóvenes de la familia que vienen a nuestro mundo débiles y desvalidos. La infinita sabiduría y el infinito amor no entregan a los padres, llenos de tareas y cuidados, ese tierno oficio, tan saturado de resultados eternos. El corazón de la mujer está lleno de paciencia y amor, si esa mujer ha entregado el corazón a Dios. Debe cooperar con Dios y con su esposo en la educación de las preciosas almas confiadas a ella, para que crezcan en Cristo Jesús. Y el padre, confiando en la gracia de Dios, debiera llevar la sagrada responsabilidad que descansa sobre él como esposo...
En la infancia y la niñez, cuando la naturaleza es dócil, Dios quiere que se graben las más firmes impresiones para el bien. Continuamente prosigue la batalla entre el Príncipe de la vida y el príncipe de este mundo. La cuestión a decidir es: ¿A quién elegirá la madre como su colaborador para modelar y formar los caracteres de sus hijos?—Manuscrito 22, 1898.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 37.

viernes, 24 de junio de 2016

Cristo, la escalera mística (Reflexión en vídeo y audio)


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Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. Génesis 28:12.
El caso de Jacob, cuando peregrinaba lejos de su hogar, al mostrársele la escalera mística, por la cual descendían y ascendían los ángeles del cielo, tenía el propósito de enseñar una gran lección en cuanto al plan de salvación...
La escalera representaba a Cristo; él es el canal de comunicación entre el cielo y la tierra, y los ángeles van y vienen en un trato continuo con la raza caída. Las palabras de Cristo a Natanael estaban en armonía con la figura de la escalera, cuando dijo: “De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre”. Juan 1:51. Aquí el Redentor se identifica con la escalera mística que posibilita la comunicación entre el cielo y la tierra...
Al asumir la humanidad, Cristo plantó firmemente la escalera en la tierra. Llega hasta el más alto cielo, y la gloria de Dios brilla desde su cima y la ilumina toda, mientras los ángeles van y vienen con mensajes de Dios para el hombre, con peticiones y alabanzas de los hombres para Dios... En la visión de Jacob, la unión de lo humano y lo divino fue representada en Cristo...
No es fácil ganar la vida eterna. Con fe viviente, hemos de continuar avanzando, ascendiendo la escalera peldaño tras peldaño... y sin embargo, debemos entender que ningún pensamiento santo, ningún acto desinteresado, pueden originarse en el yo. Solo mediante Cristo puede haber alguna virtud en la humanidad...
Pero al paso que no podemos hacer nada sin él, tenemos algo que hacer en relación con él. En ningún momento debemos relajar nuestra vigilancia espiritual; pues estamos pendiendo, por así decirlo, entre el cielo y la tierra. Debemos aferrarnos a Cristo, subir mediante Cristo, convertirnos en colaboradores con él en la salvación de nuestra alma.—The Review and Herald, 11 de noviembre de 1890.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 18.