lunes, 11 de enero de 20016

Dios no se cansa de perdonar


¡Mirad por vosotros mismos! Si tu hermano peca contra ti, repréndelo; y si se arrepiente, perdónalo. Y si siete veces al día peca contra ti, y siete veces al día vuelve a ti, diciendo: "Me arrepiento": perdónalo. S. Lucas 17:3, 4.

Cuando era adolescente, me impresionó una noticia sobre esa actriz de Hollywood que subió una noche a su departamento y al día siguiente no apareció en el set de fìlmación. La llamaron por teléfono, golpearon a su puerta y, fìnalmente, cuando forzaron la puerta, encontraron su cuerpo en la bañera. Se había suicidado, cortándose las venas.

Lo impresionante fue la nota dirigida a la policía: "No me suicidé, fui asesinada. Atrapen al asesino antes de que acabe con toda la humanidad. Es el peso de la culpa".

¿Por qué vivir abrumados por el peso de la culpa, si Jesús está dispuesto a olvidar nuestra vida pasada y a darnos siempre una nueva oportunidad?

Para entender mejor lo que Jesús está diciéndonos en el versículo de esta mañana, imagina que estás en un restaurante y que el mozo deja caer la comida sobre ti. El lo lamenta mucho, pide perdón y tú aceptas sus disculpas. Pero el hecho se repite luego en la hora de la cena, una y otra y otra vez. Ya estás con el pantalón, la camisa, la chaqueta y los cabellos manchados de comida, cuando el mozo aparece por séptima vez y, a pesar de todo el cuidado que tiene para evitar el accidente, derrama una vez más el postre encima de ti.

¿Qué harías? ¿Lo perdonarías ? Eso es lo que Jesús está diciendo. ¿Piensas que pediría algo de mí que no estuviese dispuesto a hacer conmigo?

El aspecto trágico del pecado no está en que Dios no pueda perdonar, sino en la triste realidad de que somos nosotros quienes no queremos perdonarnos. Miles de personas andan por la vida anulados por el complejo de culpa. No logran sacarse de la cabeza el monstruo del autocastigo. No consiguen olvidar su pasado. No son felices.

Pero Jesús está mirándote: "Hijo, debes venir a mis brazos de amor. Yo ya olvidé tu pasado, ya pagué el precio de tu culpa; ven a mí y acepta mi perdón". Finalmente, el versículo de hoy nos muestra la otra dimensión del perdón. Nunca aceptaremos el perdón divino si no estamos dispuestos a perdonar a nuestro hermano.

¿Tienes algo contra alguien? ¿Alguien te lastimó y eso no te deja ser feliz ? Busca a tu hermano y abrázalo. Perdónalo así como Jesús está pronto a perdonarte.

Pr. Alejandro Bullón

lunes, 2 de mayo de 2016

¿SABIOS O NECIOS?

Porque el desvío de los ignorantes los matará, y la prosperidad de los necios los echará a perder. Prov. 1:32.

Un niño, de más o menos tres años de edad, gritaba desesperado dentro del avión mientras el padre trataba de calmarlo.

"No quiero morir. Este avión se va a caer, y yo no quiero morir". Después, el padre les explicó a los otros pasajeros que contemplaban la escena sin entender lo que pasaba, que el hijo había visto una película en la que el avión caía. Había quedado tan impresionado que confundió la ficción con la realidad.

La verdad es que nadie en su sana conciencia quiere morir. El ser humano fue creado con vocación de vida. La muerte es una experiencia extraña al plan original de Dios.

Sin embargo, en el texto de hoy, Salomón presenta a la muerte como el destino inevitable de mucha gente. No se refiere solamente a la muerte física, sino a la espiritual y a sus consecuencias eternas. En la segunda parte del texto, Salomón define la muerte como perdición.

¿Quiénes son esas personas que se dirigen a un destino tan triste? El autor de los proverbios los llama "necios" e "ignorantes". Ser necio es lo contrario de ser sabio. Mientras los sabios caminan hacia la vida, los necios se dirigen a la muerte.

Lo peor de todo es que ellos no lo saben. No tienen conciencia del peligro en que viven. El texto afirma que tienen la impresión de estar bien. Pero que, finalmente, serán muertos por su "desvío".

En algún momento se desviaron del camino que conduce a la vida. Hoy andan tranquilos, teniendo la impresión de que todo está bien, pero la Biblia declara que no basta "pensar". ¿Ves la locura de confiar en los propios sentimientos?

En el siguiente versículo, Salomón presenta una manera de vivir más sensata. El que "oyere, habitará confiadamente y vivirá tranquilo, sin temor del mal".* ¿El que oyere qué? Los consejos divinos, que solo pueden encontrarse en la Palabra de Dios.

Antes de partir para tus actividades diarias, pregúntate: ¿A dónde estoy yendo? El camino que estás siguiendo, ¿es el camino que tú crees que es el correcto, o es el camino que Dios estableció para ti? Esto es vital, "porque el desvío de los ignorantes los matará, y la prosperidad de los necios los echará a perder".

Pr. Alejandro Bullón

domingo, 1 de mayo de 2016

EL CETRO DE LOS IMPÍOS

No permanecerá, pues, el cetro de los impíos sobre la heredad de los justos; no sea que también los justos extiendan sus manos hacia la iniquidad. Sal. 125:3 (Straubinger).

Me cansé de ser bueno". Esa fue la explicación que aquel hombre dio al ser descubierto en flagrante delito. La noticia corrió como una bomba por toda la fábrica, porque era considerado un empleado modelo entre los quinientos trabajadores de la empresa. El versículo de hoy explica eso. La actitud de los impíos es tan grosera, tan descarada e impune, que el justo corre el peligro de "extender la mano a la iniquidad".

El salmista habla del "cetro de los impíos". ¿Por qué el cetro? Los reyes usan el cetro como símbolo de su realeza, poder y soberanía. En este mundo de pecado, los impíos de algún modo gobiernan y ejercen poder. Se consideran reyes. Sienten que están por encima de la ley. La burlan o la compran. Sobornan conciencias, condenan al inocente y "explican" sus actos de maldad.

Dios promete que esta situación "no permanecerá". Tú entiendes el sentido de permanencia cuando miras hacia los montes. Los montes son permanentes y parecen eternos. Las nubes pasan y los árboles nacen, crecen y mueren, las generaciones se siguen unas a otras, pero los montes permanecen en el mismo lugar.

"El cetro de los impíos" no será como los montes. Una persona sin Dios y sin escrúpulos, puede conseguir dinero, fama, poder y honra, pero todo es como las nubes. Hoy es, y mañana no es.

El mal parece vencer al bien. Hoy y mañana tal vez, pero siempre hay un pasado mañana, en que la justicia prevalecerá. Esto no es solamente una promesa, es una realidad. Si tú miras la historia en retrospectiva, verás a reyes, naciones e imperios que se consideraban indestructibles, derrumbarse un día, de manera tal que hoy apenas quedan rastros.

Por tanto, continúa luchando y enalteciendo los valores en tus actitudes diarias. No temas que te consideren un soñador o un idealista. No tengas envidia de la "prosperidad" de los hombres sin Dios.

Sé justo. Busca diariamente fuerzas en Jesús. No permitas que la injusticia de los hombres traiga amargura a tu corazón. Valoriza las cosas simples, que duran para siempre, porque "No permanecerá, pues, el cetro de los impíos sobre la heredad de los justos; no sea que también los justos extiendan sus manos hacia la iniquidad".

Pr. Alejandro Bullón

sábado, 30 de abril de 2016

EL ARTE DE VIVIR

Entonces me llamarán, y no responderé; me buscarán de mañana, y no me hallarán. Prov. 1:28.

El libro de Proverbios contiene la invitación divina para vivir una vida sabia. La sabiduría no es, como muchos piensan, una forma avanzada de conocimiento. Cuando era muchacho admiraba mucho a un profesor al que los alumnos considerábamos sabio. Lo mirábamos como si tuviera algún tipo de secreto que le permitiera guardar dentro de sí verdades enigmáticas, que poca gente conocía. Evidentemente era una visión mística de la sabiduría.

Para Salomón, la sabiduría no tiene nada de misticismo, ni se limita a unos pocos privilegiados. En los proverbios encontramos la palabra sabiduría repetida más de cincuenta veces y, en todos los casos, se refiere al arte de vivir.

Dios quiere que sus hijos sepan vivir. Esta es la única manera de ser feliz. El "saber" requiere aprendizaje, y la vida es la escuela donde Dios le enseña al ser humano la manera práctica de entender cómo funciona el mundo. El secreto de la felicidad no es solamente un asunto de conocimiento intelectual, sino, sobre todo, la manera cómo tú usas esa teoría.

En el proverbio de hoy vemos el final de la historia. Vemos personas que a lo largo de la vida fueron llamadas por Dios para ser sabias y vivir una vida feliz, pero rechazaron la invitación divina. Anhelaban tener una vida victoriosa, pero trataron de hallarla a su manera, andando en sus propios caminos, sin prestar atención a las recomendaciones divinas.

Resultado: la vida pasa, las personas envejecen y descubren tardíamente que no son felices. Entonces, buscan desesperadamente lo que tantas veces rechazaron. "Entonces me llamarán, y no responderé", dice el Señor. No es revanchismo de un Dios enojado, es apenas la descripción de una situación real. Las personas que buscan y no encuentran, son personas que buscan por motivos equivocados. No hay sinceridad en su búsqueda. El problema no es el hecho de que Dios no las escucha, sino el corazón rebelde que se endureció por rechazar constantemente la invitación de Dios.

Hoy es el día. Ahora es el momento de decir "sí", porque llegará el día cuando "me llamarán, y no responderé; me buscarán de mañana, y no me hallarán".

Pr. Alejandro Bullón

viernes, 29 de abril de 2016

LEVÁNTATE

Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? Prov. 6:9.

Cierto día Jesús encontró un paralítico. Pedía limosna. Estaba acostado cerca del estanque de Betesda, esperando que alguien lo ayudara a entrar en las aguas. Jesús, al vedo, se compadeció. El Señor siempre se compadece de las personas paralizadas, porque una vida sin movimiento es casi una vida vegetal. Sueños, planes, expectativas, todo acaba en frustración e inercia. Jesús se acercó al paralítico, y le dijo: "Levántate, toma tu lecho y anda". En un instante el hombre comenzó a dar saltos de alegría. Estaba curado, y en aquel preciso momento la vida comenzó de nuevo para él.

Hay mucha gente acostada en esta vida. Personas que duermen el sueño de la mediocridad. Gente buena, sincera, que sufre la terrible enfermedad del conformismo. Personas que se esconden detrás del argumento de que nunca tuvieron oportunidades, olvidando que las oportunidades no vienen solas. Que es preciso ir a buscadas.

Por eso, Salomón pregunta: "¿Hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño?" El verbo levantarse, en el original es qum, que significa, entre otras cosas, acontecer. Un acontecimiento es un hecho, una realización, por tanto, la invitación a levantarse es la invitación a acontecer.

A la luz del texto de hoy, muchas personas no se sienten realizadas por el simple hecho de que estuvieron durmiendo, mientras los otros trabajaban. "En esta civilización no hay lugar para el ocioso", acostumbraba a decir Henry Ford. Yo diría lo mismo, de otra forma. En esta civilización, tal vez haya lugar para los ociosos, pero no están, con seguridad, en la galería de los victoriosos. La victoria es la recompensa del trabajo.

Pero al ser humano le gusta "dorar la píldora". Inventa disculpas. Racionaliza, echa la culpa al Gobierno, al desempleo, a la injusticia social y no acepta el simple hecho de que siempre hay trabajo para quien quiere trabajar.

No duermas. No te asustes ante los desafíos. Si estás herido, lastimado y sin ganas de luchar, recuerda que a tu lado está Jesús con la mano extendida, dispuesto a socorrerte. Cada día es una página en blanco, puesta ante nosotros para que escribamos una nueva historia. "Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño?".

Pr. Alejandro Bullón

jueves, 28 de abril de 2016

LA RECETA DE LA BUENA IMAGEN

El corazón alegre hermosea el rostro; mas por el dolor del corazón el espíritu se abate. Prov. 15:13.

Una famosa estrella de la televisión latinoamericana gastó una gran suma (120 mil dólares) para realizar varias cirugías con el fin de rejuvenecerse. Implantes, lipo-aspiración y cirugías en varias partes del cuerpo.

Tres años después, los noticieros anunciaron un intento de suicidio. Drogada, alcoholizada y envejecida, nadie que la viese podría creer que hacía poco había gastado una fortuna para "hermosear" el rostro.

Salomón habla hoy de la alegría como la mejor receta para lograr la belleza exterior. Un corazón alegre, básicamente, es un corazón agradecido y confiado. La confianza genera el optimismo, porque sabe que no está solo en el mundo. Las circunstancias pueden ser las más absurdas. Desde el punto de vista humano, puede dar la impresión de que todo está cabeza abajo. El dolor, la tristeza y las adversidades pueden haberte rodeado implacablemente, y aun así, tú confías y estás agradecido porque sabes que tu vida está en las manos de Dios.

El resentimiento, la amargura, el rencor, la envidia son fuentes de agua envenenada, y cuando tú permites que se acumulen en tu corazón, las consecuencias son visibles y se reflejan en el rostro.

Si esto es verdad en la vida de la persona, también es realidad en la familia, en la empresa o en la institución. Cuando las personas están alegres y felices, cuando el líder, sea el padre o el gerente, consigue llevar alegría y confianza a sus liderados, el resultado aparece en la imagen de la institución o de la familia. El rostro es hermoso porque el corazón está contento.

¿Cuál es la imagen que tu familia, o tu empresa, o tu iglesia proyecta? ¿Eres un líder? ¿No crees que tal vez sea necesario salir del escritorio, dejar de lado la burocracia, para estar más cerca del ser humano, del hijo, de la esposa, del trabajador o del compañero?

Si tú eres un hombre de negocios, piensa que, cuanto más felices estén tus empleados, mejor atenderán a los clientes, y cuanto más satisfechos estén los clientes, mayor será el éxito de tu negocio.

Revisa tus valores y actitudes y hoy, antes de enfrentar otro día de trabajo, recuerda que "El corazón alegre hermosea el rostro; mas por el dolor del corazón el espíritu se abate".

Pr. Alejandro Bullón

miércoles, 27 de abril de 2016

NO TE CANSES DE SEMBRAR

Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas. Sal 126:6.

Sembrar es un acto de entrega, porque tú renuncias a una semilla buena, seleccionas el mejor grano, te desprendes de él, no lo guardas para ti, lo inviertes. Sembrar es un acto que envuelve dolor y lágrimas, trabajo y acción. Es preciso andar -afirma el salmista-, y llorar.

La alegría y el júbilo vienen después, con los frutos. Es posible, incluso, que tú nunca los veas, pero alguien disfrutará de ellos.

El sueño de mi padre era dar la vuelta al mundo, viajar, conocer otros países, otras personas y culturas. Cuando yo era pequeño, lo vi estudiando inglés, porque, según él "quien habla inglés, habla todas las lenguas del mundo, porque el inglés es universal".

Mi padre murió sin haber salido nunca de su país. Se fue consumiendo como una vela, lentamente, sembrando sus sueños en el corazón de los hijos.

Sembró. Plantó. Enseñó a sus hijos a mirar hacia arriba y a soñar. Hoy descansa en Cristo. No sabe nada de lo que sucede debajo del sol, pero si pudiera ver, con certeza se alegraría viendo a uno de sus hijos de país en país, de cultura en cultura, en el cumplimiento de su misión. Con seguridad, "sus gavillas" son abundantes.

No tengas miedo de sembrar. Gástate. Consúmete, cumple la misión.

Es posible que nadie te comprenda. Es posible que el resultado inmediato sea solo cansancio, sudor y lágrimas, pero continúa sembrando.

Mira al corazón de tus amados y planta esperanza y confianza en Dios.

Enseña valores y principios de vida, a pesar de que a veces tengas la impresión de estar nadando contra la corriente.

Habrá vientos contrarios. Surgirán tormentas. Encontrarás terreno duro, espinoso y pedregoso. Muchas veces, sentirás que estás sembrando en vano, pero continúa, porque sembrar da sentido a la vida, y una vida sin sentido es una vida sin alegría. Recuerda: "Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas".


Pr. Alejandro Bullón