viernes, 18 de agosto de 2017

DEVUELVE A DIOS LO SUYO

Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti. (Gén. 28: 22).

Siguiendo la costumbre de conmemorar los acontecimientos de importancia, Jacob erigió un monumento a la misericordia de Dios, para que siempre que pasara por aquel camino, pudiese detenerse en ese lugar sagrado para adorar al Señor. . . Con profunda gratitud repitió la promesa que le aseguraba que la presencia de Dios estaría con él; y luego hizo el solemne voto: "Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, y si tornare en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios, y esta piedra que he puesto por título, será casa de Dios: y de todo lo que me dieres, el diezmo lo he de apartar para ti".

Jacob no estaba tratando de concertar condiciones con Dios. El Señor ya le había prometido prosperidad, y este voto era la expresión de un corazón lleno de gratitud por la seguridad del amor y la misericordia de Dios. Jacob comprendía que Dios tenía sobre él derechos que estaba en el deber de reconocer, y que las señales especiales de la gracia divina que se le habían concedido, le exigían reciprocidad. Cada bendición que se nos concede demanda una respuesta hacia el Autor de todos los dones de la gracia. El cristiano debiera repasar muchas veces su vida pasada, y recordar con gratitud las preciosas liberaciones que Dios ha obrado en su favor, sosteniéndole en la tentación, abriéndole camino cuando todo parecía tinieblas y obstáculos, y dándole nuevas fuerzas cuando estaba por desmayar. Debiera reconocer todo esto como pruebas de la protección de los ángeles celestiales. En vista de estas innumerables bendiciones debiera preguntarse muchas veces con corazón humilde y agradecido: "¿Qué pagaré a Jehová por todos sus beneficios para conmigo"? (Sal. 116: 12).

Nuestro tiempo, nuestros talentos y nuestros bienes debieran dedicarse en forma sagrada al que nos confió estas bendiciones. Cada vez que se obra en nuestro favor una liberación especial, o recibimos nuevos e inesperados favores, debiéramos reconocer la bondad de Dios, expresando nuestra gratitud no sólo en palabras, sino, como Jacob, mediante ofrendas y dones para su causa. Así como recibimos constantemente las bendiciones de Dios, también hemos de dar sin cesar (Patriarcas y Profetas, págs. 184, 185)


E. G. White

martes, 15 de agosto de 2017

POR AMOR DE SU NOMBRE

Porque tú eres mi roca y mi castillo; por tu nombre me guiarás y me encaminarás. Sal. 31:3.

Este es un salmo de aparentes contradicciones. El salmista afirma que el Señor es su roca y su “fortaleza”, pero en el versículo 10 se lamenta: “Porque mi vida se va gastando de dolor, y mis años de suspirar”. ¿Qué tipo de roca o fortaleza es esa, que no puede sacarlo de la tristeza y de los gemidos?

Este salmo es una fotografía de la realidad humana. Es la lucha entre la fe y los sentimientos. De un lado, la confianza y la certidumbre. Del otro, la duda y la ansiedad. “Yo sé que Dios me va a proteger, pero ¿y si no me protege?” Este es el frecuente drama del cristiano.

El versículo de hoy nos da la seguridad de que Dios actuará. El salmista enfatiza: “por tu nombre me guiarás y me encaminarás”. Aquí aparece la teología del conflicto cósmico y la razón del sufrimiento humano.

¿Por qué el enemigo trae dolor, lágrimas y tragedias a los hijos de Dios? Porque quiere que la criatura piense que el sufrimiento es causado por Dios y así se rebele contra el Creador. Fue por eso que Satanás le dijo a Dios con relación a Job: “Extiende ahora tu mano, y toca su hueso y su carne, y verás si no blasfema contra ti en tu propia presencia”. Después, el relato afirma:

“Entonces salió Satanás de la presencia de Jehová, e hirió a Job con una sarna maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza”.*

¿Quién es el que trae sufrimiento al ser humano? Satanás. Pero él quiere que tú pienses que es Dios el que te hace sufrir. Ante esta realidad, David dice: “por tu nombre me guiarás y me encaminarás”.

Cuando tú sufres, está en juego el nombre de Dios. Su carácter y su soberanía. El enemigo hace que tú cierres los oídos a los consejos divinos y que termines lastimándote. Inmediatamente después, coloca en tu mente la idea de que Dios es injusto, que no se acuerda de ti o que te abandonó. En esa hora es cuando Dios será tu roca y tu fortaleza. Te extenderá la mano, por dos razones. Porque te ama y quiere verte feliz, y también porque su nombre está en juego. Cada vez que tú sufres, los ángeles del universo están ansiosos para ver cómo reaccionas. Con tu manera de reaccionar estarás enalteciendo la misericordia divina o denigrando el carácter del Creador.

Por eso, hoy, descansa en las promesas de Jesús. “Porque tú eres mi roca y mi castillo; por tu nombre me guiarás y me encaminarás”.

*Job 2:5,7.


Pr. Alejandro Bullón

sábado, 12 de agosto de 2017

ANDAR EN INTEGRIDAD

El que camina en integridad anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será quebrantado. Prov. 10:9.

Vivimos en días de inseguridad. Hay violencia por todos lados. Tú sales de casa por la mañana y no estás seguro de volver a la anoche. Las empresas privadas de seguridad han crecido mucho en los últimos años. ¿Quién no desea protegerse?

En el versículo de hoy encontramos la receta divina para andar seguro. "El que camina en integridad -afirma el escritor bíblico- anda confiado". Integridad en hebreo tiene el significado de "estar completo". Si las flechas envenenadas estuviesen hiriendo a todo el mundo, tú estarás seguro si tu cuerpo está protegido en el refugio. No puede quedar nada de ti afuera. Ni la cabeza, ni los brazos, ni los pies. El refugio es tu seguridad.

Esta es la recomendación divina: Anda en los caminos del Señor con todo tu ser, de forma completa, con tu mente, con tu cuerpo y con tu alma. No te dividas, no te desintegres. Eso puede ser fatal.

Lo contrario de la integridad, en la opinión de Salomón, es la perversidad. El diccionario define la perversión como corrupción o deterioro. Cuando una persona muere, su cuerpo entra en descomposición. Es un proceso lento. Segundo a segundo. Minuto a minuto. Día tas día, hasta que queda completamente podrido y con el tiempo, se transforma en polvo.

Ese es el futuro para el que no sigue con integridad los consejos divinos. El peligro que corremos no es lo que los hombres nos puedan hacer. No son las amenazas de la noche o del día, ni los flagelos o cataclismos de la naturaleza. El gran peligro es quedar con un pie dentro del refugio y otro afuera.

Pretender servir a dos señores es cruel. Ningún ser dividido tiene paz. Vive, pero está muerto. Desintegrándose. Deteriorándose en un proceso lento, doloroso e irreversible.

¿Hay esperanza para quien se auto infligió heridas psicológicas y emocionales, tratando de vivir una vida doble? Cuando Jesús estuvo en esta tierra encontró personas destruidas, como la samaritana, María Magdalena y Zaqueo, y los reconstruyó por dentro. Los hizo de nuevo. Los curó.

Hoy Jesús continúa dispuesto a hacer maravillas. Todo lo que hay que hacer es ir a él, y decirle: ¡Aquí estoy, Señor! Toma mi vida en tus manos. Lo hago de todo corazón, porque "el que camina en la integridad anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será quebrantado".


Pr. Alejandro Bullón

miércoles, 9 de agosto de 2017

TELAS DE ARAÑA

Te has enlazado con las palabras de tu boca, y has quedado preso en los dichos de tus labios. Prov. 6:2.

Nunca digas algo que necesite ser explicado. Las palabras sabias son claras, cristalinas y verdaderas. La mentira es como una tela de araña. Cuanto más intentas salir de ella, más preso quedas. Cuanto más explicas, más complicas.

La palabra es una de las mayores bendiciones del ser humano. Es el mayor y mejor instrumento de comunicación. A través de ella tú puedes dar a conocer los sentimientos más nobles o más bajos. Con la palabra tú construyes, diseñas y escribes los cuadros más bellos. Con ella también traicionas, desfiguras y engañas.

En el versículo de hoy, el sabio Salomón presenta la palabra como instrumento de opresión. Irónico como pueda parecer, la víctima es el mismo dueño de la palabra.

El otro día leí la noticia de un niño de dos años que murió asfixiado con una bolsa de plástico. Me duele solo imaginar a aquella criatura queriendo sacar la cabeza, desesperada, tratando de respirar, mientras el plástico penetraba cada vez más en sus narices. El proverbio de hoy transfiere esta situación a la persona que habla sin pensar. Se asfixia en sus propias palabras. Se enreda, queda presa.

La persona que miente, lo hace porque se siente insegura. Finge ser lo que no es. Pinta cuadros irreales, describe situaciones ficticias. Esconde la verdad por miedo. En realidad, no se acepta tal como es.

Cuando Jesús le dijo a la samaritana: "Vé, llama a tu marido, y ven acá", recibió como respuesta: "No tengo marido". Mentira. Tenía marido. Pero Jesús crea un clima de amor y seguridad para que ella abra el corazón. "Bien has dicho", afirma el Maestro.* El mira dentro de ella, mira su mundo lleno de sombras, inseguridades y temores. Jesús está siempre dispuesto a encaminar a las personas por la senda de la verdad, porque ese es el único camino de libertad y paz.

A partir de aquel momento, la samaritana ya no necesitaba mentir. Estaba libre. Ya no era prisionera de sus mentiras, sus medias verdades o simplemente de sus silencios.

Encontrar a Jesús es encontrar la seguridad y la libertad. La vida se hace cristalina y las palabras transparentes. Recuerda el consejo del sabio: "Te has enlazado con las palabras de tu boca, y has quedado preso en los dichos de tus labios".

* Juan 4:16-18.


Pr. Alejandro Bullón

domingo, 6 de agosto de 2017

¡TRAICIÓN!

Porque no me afrentó un enemigo, lo cual habría soportado; ni se alzó contra mí el que me aborrecía, porque me hubiera ocultado de él. Sal. 55:12.

Absalón, el hijo rebelde de David, avanzaba con sus ejércitos en dirección ' *a Jerusalén. El rey amaba la ciudad y sabía que si se quedaba allí para enfrentar al enemigo, la ciudad de Jerusalén sería destruida. De modo que, guiado por el buen sentido, inició la retirada.

"David subió la cuesta de los Olivos; y la subió llorando, llevando la cabeza cubierta y los pies descalzos. También todo el pueblo que tenía consigo cubrió cada uno su cabeza, e iban llorando mientras subían. Y dieron aviso a David, diciendo: Ahitofel está entre los que conspiraron con Absalón".*

Ahitofel había sido hasta entonces miembro prominente del consejo real de David. El rey confiaba en él y su tristeza aumentó al sentirse traicionado por un amigo.

Toda traición es dolorosa, y cuando el traidor es alguien en quien tú confías parece que el suelo tiembla bajo tus pies. No hay peores enemigos que aquellos que se fingen amigos. Porque ellos te conocen y saben cuáles son tus puntos frágiles.

Observa la tristeza del rey: "Sino tú, hombre, al parecer íntimo mío, mi guía y mi familiar; que juntos comunicábamos dulcemente los secretos, y andábamos en amistad en la casa de Dios".**

Es asombroso saber que Ahitofel congregaba con David en la misma iglesia. También existen traidores en la iglesia, entre los que dicen ser cristianos. Asusta, pero es real. Hay personas que nunca permiten que el evangelio trabaje en su corazón, que viven un cristianismo teórico, de fachada, pero el corazón nunca fue convertido.

El fin de Ahitofel fue triste. Acabó traicionándose a sí mismo. Se suicidó. La amistad es algo tan sagrado que el mismo Señor Jesucristo dice que es nuestro Amigo. Pero el traidor, por conveniencia, por envidia, o simplemente por maldad, pisa la tierra sagrada de la amistad para corromperla con la traición.

Si tú fuiste herido por la actitud desleal de un "amigo", pídele a Dios que te quite la amargura del corazón. Administra la traición con altruismo. Aprende a perdonar. Jesús aceptó que el traidor Judas participara de la última cena con él. No lo condenó. Dejó que la propia vida se encargase de cobrarle el precio de la traición.

2Sam. 15:30,31. "Sal 55:13, 14. 203


Pr. Alejandro Bullón

jueves, 3 de agosto de 2017

SED DE DIOS

Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas. Sal. 63:1.

Este salmo lo escribió David mientras atravesaba el desierto de Judá, perseguido por su propio hijo Absalón y traicionado por Ahitofel, uno de sus consejeros más cercanos.

El salmista estaba herido y triste, pero en medio de la tristeza hizo una declaración extraordinaria de fe: "Dios, Dios mío eres tú". La expresión "Dios mío" denota la profunda experiencia espiritual de alguien que en cierto momento soltó la mano poderosa de Dios y conoció las profundidades del pecado, pero que se levantó e hizo de su comunión con el Señor algo personal.

David no se contentaba con saber que Dios existía, quería que ese Dios fuese suyo. Spurgeon decía: "¿Pueden los ángeles entonar una canción más dulce que ésta?" Creo que no. No puede haber sentimiento más sublime que la paz que se apodera del corazón de quien hizo de Dios "su Dios".

El versículo de hoy muestra cómo fue que el salmista llegó a tener esa experiencia. "Yo te busco ansiosamente. En la lengua original dice "de madrugada te buscaré", tal como aparece en muchas versiones de la Biblia. Si juntamos ambas expresiones, habremos encontrado el secreto de David, "buscar a Dios de mañana, con ansiedad". No es fácil, porque el ser humano prefiere la acción en lugar de la devoción.

Cuando tú sales corriendo, de mañana, para cumplir tus deberes diarios, sin haber pasado tiempo con Dios, puede ser que las cosas salgan como lo habías planeado, pero tendrás en un rincón del corazón, la sensación de que algo no está bien. Es la inconsciente nostalgia de Dios, la instintiva necesidad del alma.

Mientras andaba por el desierto de Judá, el salmista contemplaba la tierra árida y sin vida. La falta de agua transformaba aquel lugar en tierra de chacales, víboras y escorpiones, tierra de muerte, ávida por una gota de agua. Aquel cuadro deprimente, impresionó el corazón de David, y dijo: "mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas".

Jesús es la fuente de agua que satisface la sed del corazón. El que bebe de esa agua, nunca más se sentirá vacío del alma. Por eso, di hoy como David: "Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas".


Pr. Alejandro Bullón

martes, 1 de agosto de 2017

UN INGREDIENTE DE LA FELICIDAD

Defended al débil y al huérfano; haced justicia al afligido y al menesteroso. Sal 82:3.

Virgil Gheorghiu, en su novela titulada La hora veinticinco, narra el drama de Iohann Moritz, un simple campesino rumano que no se preocupaba por las dificultades que los judíos enfrentaban en su tierra, hasta que en la guerra, lo confundieron con uno de ellos. Fue llevado a un campo de concentración, a pesar de sus protestas. Más tarde, en el camión en que llevaban a los judíos, alguien le preguntó: "¿Por qué está usted rebelado?" y él respondió: "No tengo nada en contra de los judíos, pero yo no soy uno de ustedes". Y el judío le retrucó: "Yo lo sé. Pero ahora eres uno de los nuestros."

Difícilmente el ser humano entenderá cómo se siente el débil, el huérfano, el afligido, o el desamparado, hasta subir en el camión que lleva a todas esas personas por el camino injusto de la vida que la estructura social les impone. Pero el consejo divino es: Preocúpate por ellos si quieres ser feliz.

El versículo de hoy no presenta una orden, sino un ingrediente de la felicidad. No es una carga, un peso, ni una obligación. Las enseñanzas bíblicas son secretos para una vida feliz. Hacer el bien, hace bien. La alegría que tú proporcionas con un gesto de nobleza, deja en ti un sentimiento de satisfacción y paz que no podrías comprar con todo el oro del mundo.

Debía tener 10 u 11 años de edad cuando encontré un billete de 50 soles. Me sentí feliz, eufórico, di saltos de alegría. Era mucho dinero. En aquel entonces, mi gran sueño era comprar un par de botines de fútbol. De repente, me crucé con otro muchacho de la misma edad. Estaba llorando.

-¿Qué te pasa? -le pregunté. Perdí un billete de 50 soles que mi padre me dio para pagar la cuenta en el almacén -me dijo. No lo pensé dos veces. Le devolví el billete.

¿Fue tan solo un acto de honestidad? Puede ser, pero me hizo mucho bien. Al segur mi camino, ya no tenía la euforia que había sentido cuando encontré el billete. Era otro sentimiento. Era una paz que nunca antes había sentido. Valía mucho más que un par de botines.

Al caminar por los caminos de la vida hoy, recuerda el consejo divino: "Defended al débil y al huérfano; haced justicia al afligido y al menesteroso".

Pr. Alejandro Bullón