miércoles, 24 de octubre de 2007

La niña de los ojos


Guárdame como a la niña de tus ojos; escóndeme bajo la sombra de tus alas. Salmos 17:8.

En la mañana del martes 28 de julio de 1992, la Prof. Mirtes Ribeiro cantó un himno de loor a Dios. Antes de la presentación musical contó, con voz emocionada, un incidente que le había ocurrido durante las vacaciones, mientras arreglaba la cocina para después jugar con sus pequeños hijos, y que muestra la manera maravillosa como Dios protege a su pueblo. Según ella, esa experiencia la ayudó a encontrar un nuevo significado en el texto bíblico que escogí para hoy.

"Estaba secando los platos y los cubiertos, mientras los niños me ayudaban a guardar las cosas, cuando súbitamente uno de ellos emitió un gemido de dolor y se llevó la mano a los ojos. Me apresuré para ver lo que sucedía y quedé asustada al notar un cuchillo en la mano del otro niño. Instintivamente pedí a Dios protección. Tuve miedo, imaginando lo que podía haber acontecido; con cuidado retiré las manes del niño de sus ojos y noté que tenía los ojos en perfectas condiciones, aunque salía un hilo de sangre de la herida que la punta del cuchillo había causado a milímetros del ojo izquierdo".

Después de contarme esta historia, Mirtes abrió la Biblia, leyó Salmos 17:8 y cantó un himno que cobró un nuevo significado para todos los que estábamos presentes en esa reunión. "Guárdame como a la niña de tus ojos", dice el salmista. ¿Puede haber algo más delicado, más sensible y de mayor importancia que la niña del ojo? Los que por la gracia de Dios tienen una vista buena y los dos ojos perfectos, tal vez no entiendan plenamente lo que Dios está queriendo decirnos esta mañana.

Tú eres tan importante para Dios que él cuida de ti como lo más delicado. Los ángeles de Dios están siempre vigilando tus pasos.

Muchas veces el día termina y quizá pienses que fue un día sin mayores riesgos, pero, sin darte cuenta, la mano poderosa de Dios salvó tu vida.

Al salir hoy de casa, hazle con la certeza del cuidado divino; siéntete escondido bajo la sombra de las alas divinas.

En medio de la violencia de las grandes ciudades, rodeado del peligro de asaltos y accidentes de tránsito, ve sin temor con los ojos firmes en el Autor y Consumador de tu fe: Cristo Jesús.

Pr. Alejandro Bullón