miércoles, 30 de septiembre de 2009

EL ÚLTIMO DE LOS DOCE

Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros. (Mat. 5: 11, 12).

Juan vivió hasta ser muy anciano. Fue testigo de la destrucción de Jerusalén y de la ruina del majestuoso templo. Como último sobreviviente de los discípulos que estuvieron íntimamente relacionados con el Salvador, su mensaje tenía gran influencia cuando manifestaba que Jesús era el Mesías, el Redentor del mundo. . .

Los gobernantes judíos estaban llenos de amargo odio contra Juan por su inmutable fidelidad a la causa de Cristo. Declararon que sus esfuerzos contra los cristianos no tendrían resultado mientras el testimonio de Juan repercutiera en los oídos del pueblo. Para conseguir que los milagros y enseñanzas de Jesús pudiesen olvidarse, había que acallar la voz del valiente testigo.
Con este fin, Juan fue llamado a Roma para ser juzgado por su fe. Allí, delante de las autoridades, las doctrinas del apóstol fueron expuestas erróneamente. Testigos falsos le acusaron de enseñar herejías sediciosas. . . Juan se defendió de una manera clara y convincente. . . Pero cuanto más convincente era su testimonio, tanto mayor era el odio de sus opositores. El emperador Domiciano estaba lleno de ira. No podía refutar los razonamientos del fiel abogado de Cristo, ni competir con el poder que acompañaba su exposición de la verdad; pero se propuso hacer callar su voz.

Juan fue echado en una caldera de aceite hirviente; pero el Señor preservó la vida de su fiel siervo, así como protegió a los tres hebreos en el horno de fuego. Mientras se pronunciaban las palabras: Así perezcan todos los que creen en ese engañador, Jesucristo de Nazaret, Juan declaró: Mi Maestro se sometió pacientemente a todo lo que hicieron Satanás y sus ángeles para humillarlo y torturarlo. Dio su vida para salvar al mundo. Me siento honrado de que se me permita sufrir por su causa. Soy un hombre débil y pecador. Solamente Cristo fue santo, inocente e inmaculado. No cometió pecado, ni fue hallado engaño en su boca. Estas palabras tuvieron su influencia, y Juan fue retirado de la caldera por los mismos hombres que lo habían echado en ella (Los Hechos de los Apóstoles, págs. 454, 455).

E. G. White

martes, 29 de septiembre de 2009

PÍDEME

Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra . Sal 2:8.

Ya es tarde para mí”, me dijo el otro día un hombre de 60 años. “Si no construí hasta hoy, ¿lo haré en el poco tiempo que me queda?” No tienes idea de lo que puedes hacer si pones tu vida en las manos de Jesús. Ya se escribieron páginas gloriosas de personas que, en el mismo atardecer de su existencia, aprendieron a confiar en las promesas divinas. Tú también puedes escribir una nueva historia.

Por tanto, ¡no dudes! ¡No te rindas! ¡No desistas! Aunque los años de la juventud hayan pasado, y el vigor y la energía de la mocedad no estén más de tu lado, no temas. La promesa de hoy es: “Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra”.
Dios hizo la promesa de hoy en primer lugar a Jesús, el Mesías libertador de Israel. “Yo he puesto mi rey sobre Sion, mi santo monte”, afirma el Padre en el versículo 6, y después declara, “pídeme, y te daré por herencia las naciones”. En esta promesa, el Dios Creador del universo está afirmando que los dominios del Mesías no tendrían límites. Y fue así, Jesús conquistó el corazón del ser humano en “toda nación, tribu, lengua y pueblo”. La promesa del Padre fue una realidad en la vida de Jesús.

Pero esta promesa se hace extensiva a ti hoy. Es una invitación a soñar, a creer y a encarar las batallas diarias de la vida, sin temor. En la promesa hecha a Jesús, el Padre afirmaba acerca de las naciones enemigas: “Los quebrantarás con vara de hierro, como vasija de alfarero los desmenuzarás”. Ese es el destino de los enemigos que tratan de impedir la realización de tus sueños. Dios promete que tú los dominarás con vara de hierro. Por lo tanto, no dudes, ni te entregues, ni desistas.

Primero, confía en Dios. Después, identifica el problema. Nadie puede luchar contra un enemigo anónimo. Tú puedes envejecer dando golpes al aire sin acertar una sola vez. Por tanto, pide sabiduría a Dios para identificar el problema y determinar las causas. Después, en nombre de Jesús, encamínate hacia la solución, recordando lo que el mismo Dios te prometió: “Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra”.

Pr. Alejandro Bullón

lunes, 28 de septiembre de 2009

LA FE QUE OBRA

El fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración. (1 Ped. 4: 7).

¿Creéis que el fin de todas las cosas está cerca, que están por concluir rápidamente las escenas de la historia de la tierra? En ese caso, manifestad vuestra fe mediante vuestras obras. Cada hombre manifestará toda la fe que tiene. Algunos piensan que tienen una buena medida de fe, cuando realmente, si la tienen, está muerta, porque no recibe el apoyo de sus obras. "La fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma" (Sant. 2: 17). Pocos poseen esa fe genuina que obra por medios del amor y purifica el alma. Pero todos los que sean considerados dignos de la vida eterna, deben lograr una preparación moral para ella. "Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro" (1 Juan 3: 2, 3). Esta es la obra que tenéis por delante. . .

Debéis experimentar una muerte al yo, y vivir para Dios. "Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios" (Col. 3: 1). No debemos consultar con el yo. El orgullo, el amor propio, el egoísmo, la avaricia, la codicia, el amor al mundo, el odio, la suspicacia, los celos, las malas sospechas, todas esas cosas deben ser subyugadas y sacrificadas para siempre. Cuando Cristo aparezca, no lo hará para corregir esos males y darnos un carácter adecuado para su venida. Esa preparación debe estar completa antes de que venga. Las preguntas "¿Qué hemos de hacer para ser salvos? ¿Qué conducta debemos seguir para que Dios nos apruebe?" debieran ser objeto de meditación, estudio y profunda investigación.

Cuando nos sintamos tentados a murmurar, censurar y abandonarnos a la desconformidad, causando daño a los que nos rodean y dañando nuestra propia alma, ¡oh! surja de nuestra alma esta profunda, sincera y anhelante pregunta: "¿Compareceré sin mancha delante del trono de Dios?" Sólo los inmaculados estarán allí. Nadie será transportado al cielo mientras su corazón esté lleno de la basura de la tierra. Todo defecto del carácter moral debe ser remediado previamente, toda mancha eliminada por la sangre purificadora de Cristo.

E. G. White

domingo, 27 de septiembre de 2009

EVITA LAS PROVOCACIONES

Mejor es encontrarse con una osa a la cual le han robado sus cachorros, que con un fatuo en su necedad Prov. 17:12.

Fue llevado preso por matar con un tiro de escopeta al hijo del vecino. El muchacho estaba jugando y había dejado la pelota caer en el jardín del hombre, arruinando sus preciadas orquídeas. Al ser interrogado por la Policía , el asesino declaró que estaba harto del desorden. El vecindario quedó aturdido.

El versículo de hoy habla del peligro que el insensato presenta. Salomón afirma: “Mejor es encontrarse con una osa a la cual le han robado sus cachorros”. En las tierras de Palestina no había mejor figura para referirse a una situación peligrosa. Encontrarse con una osa que hubiese perdido ios cachorros sería fatal. El texto de hoy compara al insensato con este animal salvaje.

La irracionalidad se posesiona del corazón del insensato en la hora de la rabia. La cultura, la posición social, la formación académica o la religión son incapaces de hacerlo entrar en razón. Los corazones impulsivos son víctimas de los instintos alimentados por el orgullo herido.

Si tú eres un hombre sabio, no discutas con un tonto. Ceder el paso en el tránsito, callar ante las provocaciones, guardar silencio ante los insultos no es señal de cobardía, sino de prudencia.

Perdí un colega porque un día se paró en medio del tránsito para pedirle explicaciones a alguien que había hecho una maniobra peligrosa. El otro automovilista tomó el revólver, disparó y huyó. El saldo fue una familia triste y desamparada.

Ningún tipo de injusticia justifica dialogar con un insensato. El tonto es tonto porque carece del temor de Dios. ¿A qué tipo de entendimiento puedes llegar tú discutiendo con una persona dominada por la rabia y en cuya vida Dios nada significa?

Dios está siempre listo para protegerte. La mejor manera de hacerlo no es colocar su mano poderosa para que la bala no te toque, sino dándote prudencia para huir de la “osa que perdió sus cachorros” y que no mide consecuencias.

Cualquier día puedes ser víctima de la violencia. Transita por los lugares menos peligrosos. Evita las provocaciones, sé humilde y sabio, porque: “Mejor es encontrarse con una osa a la cual le han robado sus cachorros, que con un fatuo en su necedad”.

Pr. Alejandro Bullón

viernes, 25 de septiembre de 2009

BREVE TIEMPO DE PAZ

Cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán. (1 Tes. 5: 3).

Cuando se esté terminando la obra de la salvación, vendrá aflicción sobre la tierra, y las naciones se airarán, aunque serán mantenidas en jaque para que no impidan la realización de la obra del tercer ángel. En ese tiempo descenderá la "lluvia tardía", o refrigerio de la presencia del Señor, para dar poder a la voz fuerte del tercer ángel, y preparar a los santos para que puedan subsistir durante el plazo cuando las siete plagas postreras serán derramadas.

Se me mostraron los habitantes de la tierra sumidos en la mayor confusión. Guerra, derramamiento de sangre, privación, necesidad, hambre y pestilencia abundaban en la tierra. A medida que estas cosas rodeaban a los hijos de Dios, éstos comenzaron a unirse y a eliminar sus pequeñas dificultades. Ya no actuaban dominados por su sentido de su dignidad personal, sino que una profunda humildad tomo su lugar de ésta. El sufrimiento, la perplejidad, y la escasez hicieron que la razón retomara su trono, y que el hombre apasionado e irrazonable se volviese cuerdo y actuase con dirección y sabiduría.

Se me llamó entonces la atención a otra escena. Parecía haber un corto tiempo de paz. Una vez más los habitantes de la tierra fueron presentados delante de mí; y de nuevo todas las cosas se hallaban en la mayor confusión. La lucha, la guerra, el derramamiento de sangre, con hambre y pestilencia, rugían por doquier. Otras naciones se hallaban empeñadas en esta guerra y confusión. La guerra causaba hambre. La necesidad y el derramamiento de sangre producían pestilencia. Y entonces los corazones de los hombres desfallecían "por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra" (Luc. 21: 26).

Los ángeles están reteniendo hoy los vientos de lucha, hasta que el mundo sea amonestado acerca de su inminente destrucción; pero se está preparando una tormenta, que se ha de desencadenar sobre la tierra, y cuando Dios ordene a sus ángeles que suelten los vientos, habrá tal escena de contienda que ninguna pluma la puede describir.

E. G. White

jueves, 24 de septiembre de 2009

MI ESCUDO

Mas tú, Jebová, eres mi escudo alrededor de mí; mi gloria, y el que levanta mi cabeza. Sal. 3:3.

Para entender el salmo de hoy, necesitamos conocer las circunstancias en que David lo escribió. Estaba huyendo de sus enemigos. ¿Sabes quién lideraba el ejército de sus perseguidores? Su propio hijo, Absalón. Casi cercado por sus enemigos, el salmista subió al Monte de los Olivos y allí lloró amargamente, iba con la cabeza cubierta y los pies descalzos. La causa de su dolor no eran tan solo las circunstancias críticas que su gobierno enfrentaba, sino la tristeza de ver a un hijo rebelde, sin escrúpulos y con ansias de poder.

¿Qué te dice a ti este salmo, si tu corazón sufre por la rebeldía de un hijo? ¿Qué mensaje encuentras en este texto, si tus enemigos levantaron un cerco can grande a tu alrededor al punto de que ellos dicen: “No hay para él salvación en Dios”? ¿Cuál es el drama que tú estás enfrentando hoy? ¿Qué dificultad parece no tener solución? ¿Es en el hogar? ¿En el trabajo? ¿En el colegio? ¿En tu mundo interior?

Observa lo que David, en lágrimas, dice al Señor: “Mas tú, Jehová, eres mi escudo”. Nota el “mas” al inicio del pasaje. El hecho de que el Señor sea tu escudo, no quiere decir que tú no vas a enfrentar problemas. En este mundo siempre habrá dificultades. La vida es el arte de solucionar problemas. Pero el Señor estará contigo.

El hecho de que el Señor sea tu escudo, tampoco significa que tú no tendrás enemigos. Siempre habrá personas tratando de atacarte sin motivo. ¿Qué utilidad tendría el escudo si no hubiese flechas envenenadas de las cuales protegerse? En la guerra, en las luchas, en la batalla y en medio de los tiros, es donde tú descubres el valor del escudo. El Señor es tu escudo. Pueden venir ataques de todos lados, pero en Jesús estarás siempre seguro.

La confianza de David en el Señor como su escudo, lo llevaba a alabar. Tú cres “mi gloria”, decía, y el rey descubrió otra realidad divina. Cuando tú alabas, incluso en medio de las dificultades, el dolor disminuye y tú comienzas a darte cuenta de que hay solución aun para las adversidades más crueles.

Por eso hoy, antes de enfrentar los desafíos que la vida te presenta, a pesar de las adversidades, di en tu corazón: “Mas tú, Jehová, eres mi escudo alrededor de mí; mi gloria, y el que levanta mi cabeza”.

Pr. Alejandro Bullón

miércoles, 23 de septiembre de 2009

PERTENECEMOS A LA FAMILIA REAL

Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. (1 Juan 3: 2).

¿Puede alguna institución terrenal conferir un honor igual al de ser hijos de Dios, vástagos del Rey celestial, miembros de la familia real?. . . Los nobles de la tierra son sólo hombres; mueren y vuelven al polvo y no hay satisfacción perdurable en su alabanza y honor. Pero el honor que proviene de Dios es duradero. Ser herederos de Dios y coherederos con Cristo significa tener derecho a incalculables riquezas, a tesoros de tal valor que el compararlos con el oro, la plata, las gemas y las piedras preciosas de la tierra, éstas se hunden en su insignificancia.

Tener comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo significa ser ennoblecidos, elevados y participar de goces indescriptibles y llenos de gloria. El alimento, la ropa, la posición social y la riqueza pueden tener su importancia; pero estar relacionado con Dios y participar de su naturaleza divina es de inestimable valor. Nuestras vidas deben estar escondidas con Cristo en Dios; y aun cuando "aún no se ha manifestado lo que hemos de ser", "cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es". La regia dignidad del carácter cristiano brillará como el sol, y los destellos de luz que provienen del rostro de Cristo se reflejarán sobre los que se hayan purificado así como él es puro. El privilegio de ser hijos de Dios se obtiene a bajo precio, aun cuando implique el sacrificio de todo lo que poseemos, incluso la vida misma.

Cuando, en su estado mortal, Juan contempló la gloria de Dios, cayó como muerto; no pudo soportar la visión. Pero cuando los hijos de Dios hayan recibido la inmortalidad, lo verán "como él es". Estarán delante del trono, aceptos en el Amado. Todos sus pecados habrán sido borrados, todas sus transgresiones expiadas. Entonces podrán mirar sin velo la gloria del trono de Dios. Habrán participado con Cristo en sus sufrimientos, habrán trabajado con él en el plan de la salvación, y participarán con él del gozo de ver las almas salvadas en el reino de Dios, para alabar allí a Dios durante toda la eternidad.

E. G. White

martes, 22 de septiembre de 2009

ESCUCHA LA REPRENSIÓN

La reprensión aprovecha al entendido, más que cien azotes al necio. Prov. 17:10.

La ley judaica permitía darle al hijo rebelde 40 azotes. La figura de “cien azotes” que se menciona en el texto de hoy apenas es una referencia a la inutilidad de cualquier intento de instruir al insensato.

En hebreo existen por lo menos tres palabras para referirse al necio, kesyi, que significa estúpido, torpe, insensible; ewz)l, que se refiere al depravado moral y nabal, el testarudo, obstinado, como un animal que no cede, inflexible. Evidentemente, el insensato es una mezcla de todas esas características. Fi texto de hoy se refiere a la insensibilidad de algunas personas. Gente dominada por una obstinación que asusta en el modo de vivir, aun sabiendo que las cosas no funcionan de ese modo.

William E. Henley, en su famoso poema “Invictus”, dice: “Yo soy dueño de mi destino, el capitán de mi alma”. ¿Hasta qué punto eso es verdad? Satanás dijo a Eva en el jardín: “Seréis como Dios”. Y la humanidad de nuestros días parece creer en él. Es asombrosa la cantidad de publicaciones que hablan de la “fuerza interior”, la “energía propia”, y el “aura personal”. Jesús contradice todo eso, al afirmar: “Sin mí, nada podéis hacer”.*

El texto de hoy muestra el peligro que envuelve la autosuficiencia y la falta de respeto a las instrucciones divinas. Llega el momento en que la criatura se endurece. Ni cien azotes son capaces de hacer que vuelva de su mal camino.

El filósofo Curtis acostumbraba a decir: “un caballo es gobernado hasta por la punta del látigo”. El cuadro que el versículo de hoy presenta es de seres humanos que en su rebeldía se volvieron peor que los animales. San Pablo se refiere de la siguiente manera a ese tipo de personas: “envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras [...] de hombres corruptos de entendimiento, privados de la verdad”.**

Presta atención a los consejos divinos. Haz de este día un día de obediencia. Prueba la fórmula divina para el éxito. Nadie que lo hizo quedó chasqueado.

Ante ti hay un nuevo día, lleno de desafíos. Enfréntalos en nombre de Dios, sabiendo que “la reprensión aprovecha al entendido, más que cien azotes al necio”.

*CF Juan 15.5 **1 Tim. 6:4,5

Pr. Alejandro Bullón

lunes, 21 de septiembre de 2009

EL COMIENZO DEL FIN

Esto dice el Señor Dios: Mirad que viene la desgracia, la desgracia final. El fin llega, llega el fin; se ha despertado contra ti, helo aquí que viene. (Eze. 7: 5, 6, versión Ausejo).

Terrible será la crisis a que llegará el mundo. Unidos los poderes de la tierra para hacer la guerra a los mandamientos de Dios, decretarán que todos los hombres, "pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y siervos" (Apoc. 13: 16), se conformen a las costumbres de la iglesia y observen el falso día de reposo. Todos los que se nieguen a someterse serán castigados por la autoridad civil, y finalmente se decretará que son dignos de muerte. Por otra parte, la ley de Dios que impone el día de reposo del Creador exige obediencia y amenaza con la ira de Dios a los que violen sus preceptos.

Dilucidado así el asunto, cualquiera que pisotee la ley de Dios para obedecer una ordenanza humana, recibe la marca de la bestia; acepta el signo de sumisión al poder al cual prefiere obedecer en lugar de obedecer a Dios. . .

El sábado será la gran piedra de toque de la lealtad; pues es el punto especialmente controvertido. Cuando esta piedra de toque les sea aplicada finalmente a los hombres, entonces se trazará la línea de demarcación entre los que sirven a Dios y los que no le sirven. Mientras la observancia del falso día de reposo (domingo), en obediencia a la ley del estado y en oposición al cuarto mandamiento, sea una declaración de obediencia a un poder que está en oposición a Dios, la observancia del verdadero día de reposo (sábado), en obediencia a la ley de Dios, será señal evidente de la lealtad al Creador. Mientras que una clase de personas, al aceptar el signo de la sumisión a los poderes del mundo, recibe la marca de la bestia, la otra por haber escogido el signo de obediencia a la autoridad divina: recibirá el sello de Dios.

Hasta ahora se ha solido considerar a los predicadores de las verdades del mensaje del tercer ángel como meros alarmistas. . . Pero a medida que se va agitando más ampliamente la cuestión de la observancia obligatoria del domingo, se ve acercarse la realización del acontecimiento hasta ahora tenido inverosímil, y el tercer mensaje producirá un efecto que no habría podido producir antes.

E. G. White

domingo, 20 de septiembre de 2009

AGRADECE A DIOS

Yo alabaré a Jehová en gran manera con mi boca, y en medio de muchos le alabare. Sal. 109:30.

La ciencia médica es categórica al afirmar que la gratitud crea endorfinas en el cuerpo humano y que estas son la mejor vitamina para el sistema inmunológico. Agradecer no es solo un acto de adoración, sino también de autoprotección.

Cuando tú le agradeces a Dios por el nuevo día, tu mente y tu corazón se abren a una nueva dimensión de vida. Después de agradecer, tú estás en condiciones de ver puertas y ventanas abiertas, donde antes solo veías muros. Aparecen puentes, donde solo encontrabas ríos caudalosos. El humanismo llama a eso “un cambio de actitud”.

Todas las mañanas, cuando estoy en Brasilia y me dirijo a mi oficina, veo el sol nacer. Se refleja esplendoroso en las aguas azules del lago Paraná. Mi corazón se llena de gratitud por estar vivo. Nunca vi nacer el sol más bonito que en Brasilia, a no ser en la sabana africana. Dan ganas de gritar: “Gracias, Señor, por tanta belleza!” Esa expresión de gratitud es como si tomase un comprimido de optimismo para enfrentar los desafíos del día.

Prueba comenzar hoy el día alabando al Señor. Contando las cosas que recibiste de las manos del Creador, aunque pienses que todo anda mal en tu vida, aunque sientas que el dolor toca a la puerta de tu corazón, aunque aparentemente no tengas motivo.

Es preciso educarse para cultivar una actitud de gratitud. El pesimismo es como el cáncer. Comienza contaminando una célula y no para hasta destruir el cuerpo entero. Un corazón pesimista está condenado al caos. Las obras de la autocompasión te envuelven de modo que eres incapaz de ver la luz en pleno día.

Cuando David escribió este salmo, acababa de ser libertado de sus adversarios. Reivindicado de todas las acusaciones que levantaban contra él, el salmista se dirigió al templo y en la presencia de la multitud, agradeció a Dios.

Haz de este día un día de gratitud. Alaba al Señor porque él es grande. Alábalo porque tú estás vivo y mientras hay vida, nada está perdido. Alábalo, aunque las circunstancias sean adversas. Di con el salmista: “Yo alabaré a Jehová en gran manera con mi boca, y en medio de muchos le alabaré”.

Pr. Alejandro Bullón

viernes, 18 de septiembre de 2009

EL SELLO EXTERIOR DE DIOS REVELA LA FE INTERIOR

"Y cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué es este rito vuestro? Vosotros responderéis: Es la víctima de la pascua de Jehová, el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró nuestras casas" (Exo. 12: 26, 27).

Todo agente humano tendrá que decidir si unificar su carácter con el Príncipe de la vida o con el príncipe de la oscuridad... Si servimos al pecado, ante el tribunal de Cristo recibiremos el galardón que corresponde al transgresor de la ley de Jehová. El Señor Jesús ha de juzgar al mundo... Todas las invitaciones extendidas por un Dios lleno de gracia --pero que ha sido despreciado y rechazado--, serán presentadas a cada persona, y la sentencia decidirá el destino del alma, para disfrutar el gozo eterno o ser castigada con el fiero elemento de la ira divina poniendo de este modo fin a la historia de los impíos para siempre.

La condición comunicada a los hebreos en Egipto, la noche cuando los primogénitos fueron destruidos, era que cada familia debía manifestar tal fe en el mensaje de Dios que los condujera a actuar en perfecta obediencia con las indicaciones que el les comunicaba. Cada miembro de la familia debía reunirse en cada hogar hebreo. Allí habrían de comer la pascua y, con las pertenencias en sus manos, hacer todos los preparativos para su partida. Dios habría de hacer una obra de juicio que conduciría a Faraón a entender que el Señor era Dios y fuera de él no había otro.

El ángel de Dios pasaría por alto las casas de los hebreos que tuvieran la sangre asperjada en los dinteles y en las puertas. Esta señal sería respetada.

Pero, ¿qué sucedería con aquellos que fueran descuidados y no reunieran a sus hijos en sus casas? Y, ¿qué de los niños que habían nacido y se habían criado en Egipto, que creyeran que esta invitación era solo un capricho innecesario, y no obedeciesen las indicaciones de sus padres y ofrecieran alguna excusa como lo hicieron los invitados a la cena de bodas? En estos casos, nada podría retener los juicios de Dios que habrían de derramarse tanto sobre los primogénitos de los hebreos como sobre los de los egipcios.

¿Cuál es la condición de quienes guardan los mandamientos de Dios y tienen la fe de Jesús? Si en la familia hay quienes se niegan a obedecer al Señor y rehúsan observar el sábado, no recibirán el sello del Señor. El sello es una garantía divina de perfecta seguridad sobre los escogidos de Dios. El sello indica que eres un elegido de Dios. Eres propiedad del Señor. Y habiendo recibido el sello de Dios somos una posesión de Cristo y nadie podrá arrebatarnos de sus manos (Manuscrito 59, 1895).

E. G. White

jueves, 17 de septiembre de 2009

NO DISCUTAS SIN MOTIVO

No tengas pleito con nadie sin razón, si no te han hecho agravio. Prov. 3:30.

El león dormía tranquilamente y la comadreja fue a importunarlo: “Pelea conmigo, león cobarde. Dices que eres el rey de los animales pero tienes miedo de una simple comadreja”, lo provocó el animalito atrevido. “Si yo peleo contra ti, y por una de esas casualidades de la vida, tú me vences, mañana todos los diarios publicarán la noticia: La comadreja venció al león”, le respondió el rey de los animales, “pero si yo te venzo, y con seguridad te voy a vencer, no habrá ninguna noticia y lo que es peor, yo quedaré oliendo mal durante un mes”.

Esta fábula, por más graciosa que parezca, contiene una lección que Salomón nos quiere enseñar. “No tengas pleito con nadie sin razón”. ¿Cuál es el mérito de pelear por cualquier motivo? Un sinnúmero de muertes ocurre todos los años porque alguien se creyó en el derecho de “no tragar las ofensas”. El otro día, dos automovilistas comenzaron a discutir porque uno pensó que el otro lo había sobrepasado peligrosamente. Resultado: Uno de ellos sacó un revólver y mató al otro a sangre fría. Uno fue a parar al cementerio y el otro a la cárcel.

¿Podría haber sido evitado un acto necio como aquel? ¿Qué gran causa defendían los dos con aquella discusión? Si tú revisas los incidentes de tu propia vida, percibirás que la mayoría de las discusiones podrían haber sido evitadas.

Pero si tú evitas siempre las discusiones, ¿los otros no se aprovecharán de ti? Es posible que sí. Solo que el consejo bíblico es evitar los pleitos “sin razón”, porque cuando está en juego una buena causa, nadie debe temer entrar en la lucha.

La sabiduría es saber identificar una “buena causa”. Hay personas que creen que discutir porque el otro hizo una maniobra brusca en la carretera es una buena causa, o que silos canarios del vecino se despiertan muy temprano es una causa digna de intercambiar improperios y acabar a golpes de puño.

Si tú separas todos los días un tiempo para conversar con Dios y meditar en su Palabra, con toda seguridad el Señor abrirá tus ojos y tu mente para saber distinguir la buena causa de aquella que es insignificante.

Haz de hoy un día de relaciones edificantes. Extiende la mano al necesitado. Sonríe al triste, anima al desanimado. Comienza con aquellos que están cerca tuyo y recuerda: “No tengas pleito con nadie sin razón, si no te han hecho agravio”.

Pr. Alejandro Bullón

miércoles, 16 de septiembre de 2009

REBELIÓN EN EL CAMPAMENTO

Atrevidos y contumaces, no temen decir mal de las Potestades superiores. (2 Ped. 2: 10).

Es casi imposible a los hombres infligir a Dios mayor insulto que el que consiste en menospreciar y rechazar los instrumentos que él quiere emplear para salvarlos. . .

En la rebelión de Coré se ve en pequeña escala el desarrollo del espíritu que llevó a Satanás a rebelarse en el cielo. El orgullo y la ambición indujeron a Lucifer a quejarse contra el gobierno de Dios, y a procurar derrotar el orden que había sido establecido en el cielo. Desde su caída se ha propuesto inculcar el mismo espíritu de envidia y descontento, la misma ambición de cargos y honores en las mentes humanas. Así obró en el ánimo de Coré, Datán y Abiram, para hacerles desear ser enaltecidos, y para incitar en ellos envidia, desconfianza y rebelión. Satanás les hizo rechazar a Dios como su jefe, al inducirles a desechar a los hombres escogidos por el Señor. No obstante, mientras que, murmurando contra Moisés y Aarón, blasfemaban contra Dios, se hallaban tan seducidos que se creían justos, y consideraban a los que habían reprendido fielmente su pecado como inspirados por Satanás.

¿No subsisten aún los mismos males básicos que ocasionaron la ruina de Coré? Abundan el orgullo y la ambición y cuando se abrigan estas tendencias, abren la puerta a la envidia y la lucha por la supremacía; el alma se aparta de Dios, e inconscientemente es arrastrada a las filas de Satanás. . . Mientras procuran destruir la confianza del pueblo en los hombres designados por Dios, creen estar realmente ocupados en una buena obra y prestando servicio a Dios. . .

Al ceder al pecado, los hombres dan a Satanás acceso a sus mentes, y avanzan de una etapa de la maldad a otra. Al rechazar la luz, la mente se oscurece y el corazón se endurece de tal manera que les resulta más fácil dar el siguiente paso en el pecado y rechazar una luz aún más clara hasta que por fin sus hábitos de hacer el mal se hacen permanentes. El pecado pierde para ellos su carácter inicuo (Patriarcas y Profetas, págs. 425, 427, 428).

E. G. White

martes, 15 de septiembre de 2009

NUNCA SOLO

La salvación es de Jehová; sobre tu pueblo sea tu bendición. Sal 3:8.

Deberían ser las dos de la madrugada cuando el guía pasó despertando al grupo. Era el gran día. Me había preparado durante varias semanas para aquel momento. Joven todavía, acariciaba en mi corazón el sueño de escalar el monte Sinaí algún día. Y ahora era el momento de hacer mi sueño una realidad.

La reunión inicial fue al pie del monte Horeb. Había mucho movimiento aquella madrugada fría de enero. Los beduinos ofrecían el alquiler de un camello por diez dólares. “¿Para qué?” —pensé— “estoy preparado para llegar a la cima de la montaña sin ayuda”. Pero, la realidad era otra. Una hora más tarde, dolorosamente, descubrí mi incapacidad.

Al comienzo todo marchaba bien. Los camellos subían en zigzag, haciendo un camino más largo; y yo escalaba en línea recta, sacando bastante ventaja al grupo. Algún tiempo después, comencé a sentir los síntomas del cansancio. Miraba hacia arriba y veía cada vez más lejos la silueta del monte recortada contra la luna esplendorosa de aquella madrugada. Mientras tanto, los camellos me iban dejando atrás, uno a uno, transportando al grupo.

Mi situación era deprimente. Con todo, me rehusaba a pedir ayuda. Casi sin fuerzas, me obstinaba en mi escalada solitaria. ¿Qué podía hacer? Tenía que llegar a la cima de la montaña, después de todo, yo era el líder espiritual del grupo. Luché. Me esforcé. Traté de llegar solo, pero no lo conseguí. Sin tuerzas, exhausto y hasta avergonzado, acepté humildemente ser cargado por un camello.

Contemplar el amanecer desde el Sinaí fue una de las experiencias más fascinantes de mi vida. En aquella montaña era donde Dios había escrito los eternos principios de su Ley a lo largo de mi vida había tratado, muchas veces, como en aquella madrugada, de vivir por mí mismo a la altura de esos elevados principios. Cuanto más lo intentaba, tanto más lejos del ideal me veía, hasta que un día, derrotado, exhausto e impotente, entendí que solo podría alcanzar el ideal anhelado con la ayuda del Cristo maravilloso de todos los tiempos. Necesitaba dejarme llevar por él. Sin él no hay cristianismo. Sin él no hay vida, ni justicia, ni santidad.

El esfuerzo humano, la disciplina propia, el autocontrol, son arena movediza, engañosa y traicionera. Solo “la salvación es de Jehová; sobre tu pueblo s ea tu bendición”.

Pr. Alejandro Bullón

lunes, 14 de septiembre de 2009

LA VERDAD NOS IMPULSA AL CIELO

"Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos" (Juan 10: 9).

La verdad es un principio activo que impulsa a la acción, moldeando el corazón y la vida para que haya un constante movimiento hacia arriba, ascendiendo la escalera que vio Jacob, hasta llegar al Señor en el peldaño más elevado... El cristiano que progresa tiene gracia y amor que sobrepasa el conocimiento, porque la contemplación del carácter de Cristo transforma profundamente sus afectos. La gloria de Dios, revelada por encima de la escalera, puede ser apreciada únicamente por el que progresa en la ascensión, quien siempre es atraído más alto, hacia los objetivos más nobles que Cristo revela...

A fin de asegurar nuestro llamamiento y elección, se requiere mayor diligencia que la que muchos le han manifestado a este aspecto importante. "Porque haciendo estas cosas", vivir con el plan de la adición, creciendo en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo, ascenderéis, paso a paso, la escalera que contempló Jacob y así "no tropezaréis jamás"...

Reflexionemos en esta escalera que se le presentó a Jacob. La raza humana interrumpió la comunicación con Dios. Aunque podían contemplar el paraíso perdido, no encontraban ninguna forma de volver a entrar y restablecer la comunión con el cielo. El pecado de Adán cortó todo vínculo entre el cielo y la tierra. Hasta el momento en que Adán y Eva transgredieron la ley de Dios hubo una relación estrecha entre el cielo y la tierra. Mantenían su comunicación a través de una senda que Dios podía recorrer. Pero la transgresión de la ley de Dios rompió este vínculo y la raza humana quedó separada de Dios.

Tan pronto como Satanás sedujo a nuestros primeros padres a desobedecer la santa ley de Dios, cada vínculo que unía a la tierra con el cielo y a la raza humana con el Dios infinito, se rompió. Los seres humanos contemplaron ahora el cielo, pero, ¿cómo podían alcanzarlo? Pero, ¡regocíjese el mundo! El Hijo de Dios, el sin pecado, el perfecto en obediencia, llegó a ser el canal por el cual se restableció la comunicación interrumpida, el camino por el cual se podía recuperar el paraíso perdido. Es por medio de Cristo, nuestro sustituto y garante, como podemos observar los mandamientos de Dios. En él volvemos a manifestar nuestra lealtad y Dios nos aceptará.

Cristo es la escalera... Esta es la escala cuya base descansa an la tierra, sus peldaños más altos alcanzan las alturas de los cielos. El nexo que se había roto fue reparado. Una amplia calzada se extendió por la que todos los que están trabajados y cargados pueden pasar. Ellos pueden entrar al cielo y encontrar descanso (Manuscrito 13, 1884).

E. G. White

domingo, 13 de septiembre de 2009

¡EVITA LAS DISCUSIONES!

El hermano ofendido es más tenaz que una ciudad fuerte, y las contiendas de los hermanos son como cerrojos de alcázar. Prov. 18:19.

Me gusta la versión de La Biblia al día (paráfrasis), que dice así: “Es más difícil recobrar la amistad de un hermano ofendido, que tomar una ciudad fortificada. Su ira te rechaza como barrotes de hierro”.

La vida puede ser fácil. Pero somos nosotros, los seres humanos, los que la complicamos. Si tú haces una lista de las últimas 25 discusiones que tuviste en el trabajo, en la casa, en el colegio o en la calle y las analizas, verás que la mayoría de ellas podrían haber sido evitadas. El consejo divino es: No discutas por motivos banales, no pierdas amistades valiosas por decir palabras agresivas en un momento de rabia. Controla tu mente, tu corazón y tu lengua, y serás más feliz. Tú puedes destruir la amistad de toda una vida en un instante. Recuperarla será difícil.

El libro de Proverbios es una especie de código moral de conducta. Fuera de contexto, podría ser visto de ese modo. Pero, si se analiza desde la perspectiva del todo, los proverbios son una descripción de la manera como se conducen las personas sabias.

Los principios de vida presentados por Salomón, no son para ser vividos sobre la base de una obligación. Nada en la Biblia es obligatorio. El tema central, junto a la salvación, es la libertad; ateniéndose, por supuesto, a las consecuencias de las decisiones que hacemos. En Jesús, tú encuentras el poder necesario para vivir voluntariamente los principios que él coloca en el corazón. Tú eres libre. La elección es tuya.

El modo sabio de vivir que presentan los proverbios, es el resultado natural de algo que ocurre dentro tuyo. Cuando reconoces tus limitaciones como criatura y vas en actitud humilde a Jesús y a su Palabra con el deseo de aprender, tú ganas.

Haz de este día un día de decisiones sabias y productivas. Cuida tu mente, tu corazón y también tus palabras. Valoriza las amistades, no las desperdicies por causa de discusiones tontas. Si por algún motivo tú sientes que eres derrotado en algún momento, levanta la cabeza, tómate del brazo poderoso del Padre y continúa adelante. Solo es realmente derrotado quien deja de luchar. Y no olvides hoy que: “El hermano ofendido es más tenaz que una ciudad fuerte, y las contiendas de los hermanos son como cerrojos de alcázar”.

Pr. Alejandro Bullón

viernes, 11 de septiembre de 2009

NINGUNA TENTACIÓN PUDO INDUCIR AL SALVADOR A PECAR

"Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; cetro de equidad es el cetro de tu reino" (Heb. 1: 8).

En el desierto Cristo soportó pruebas que los seres humanos no pueden comprender. Allí Cristo se enfrentó cara a cara con el poder sutil de Satanás, el ángel caído. El enemigo perseguía el mismo propósito con el Salvador que con Adán y Eva en Edén. Comenzó cuestionando la soberanía de Cristo. Si eres el Hijo de Dios, le dijo, dame evidencias de que lo eres...

Bien sabía Satanás quién era Cristo, pues cuando el Salvador visitó Gadara, los malos espíritus que afligían a aquellos endemoniados, exclamaron: "¿Qué tienes con nosotros, Jesús hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo?" A medida que Cristo pasaba por la prueba del segundo Adán, la belleza de su carácter resplandecía a través de su representación humana. Satanás podía entrever a través de su humanidad la gloria y la pureza del santo Ser con quien estuvo asociado en los atrios celestiales. Al contemplar a Cristo, vino a su memoria una semblanza de lo que él había sido entonces. En aquel tiempo gozaba de belleza y santidad. La exaltación propia lo condujo a colocarse por encima de Cristo. Pero fracasó. ¿Podría ahora ejecutar su plan sobre la debilitada humanidad de Cristo? Sabía que si podía inducir a Cristo a ceder en forma mínima en la lealtad que manifestaba a su Padre, llegaría a someter a todo el mundo bajo su poder y podría gobernar como sólo él en su naturaleza espiritual cambiada, podría hacerlo. Pero Satanás estaba tratando de vencer al Señor del cielo y todos los esfuerzos del tentador eran inútiles. Cuando Satanás comprendió que no lograría la victoria, se despertó en él un odio maligno...

Entonces Satanás llevó a Cristo hasta el pináculo del templo y lo incitó a arrojarse... De este modo, intentó que cometiera un pecado de presunción. Le recordó el ministerio de los ángeles. Pero ninguna tentación lograría que el Salvador aceptara el desafío del enemigo...

El adversario parecía tener el poder de llevar a Cristo donde le placiera, pues luego lo condujo hasta lo alto de un monte y allí desplegó ante él la gloria de todos los reinos del mundo... Entonces la divinidad fulguró a través de la humanidad y los ángeles caídos contemplaron al Jesús glorificado, decir: "Vete, Satanás..."

Como Comandante de las huestes celestiales, Cristo estaba acostumbrado a ser objeto de la asistencia angélica. Y en cualquier instante de su vida terrenal pudo solicitar al Padre la presencia de doce legiones de emisarios celestiales. Pero ninguna lisonja ni ninguna tentación lo habrían de conducir a reclamar sus prerrogativas divinas, ni lo apartarían de la senda que Dios le había trazado (Carta 7, 1900).

E. G. White

jueves, 10 de septiembre de 2009

NADA ESTÁ PERDIDO

Gloria y hermosura es su obra, y su justicia permanece para siempre. Sal 111:3.

De qué obras habla el salmo? El contexto da a entender que el salmista está hablando aquí de dos extraordinarias obras de Dios. La creación y la redención.

Sus obras son prueba contundente de su existencia. Tú no te atreverías a pensar que la sofisticada computadora portátil vino a existir como fruto de la evolución. Tiene que haber un fabricante por detrás de todo. ¿Cómo es posible, entonces, pensar que el cuerpo humano y los misterios de la naturaleza aparecieron en el universo por azar?

Si la computadora es la prueba de la existencia de un entendido en informática, la creación es también la prueba de un Creador. No somos fruto de la casualidad. Sabemos de dónde venimos y, en consecuencia, la vida tiene sentido.

La Biblia enseña que cuando la obra maravillosa de la creación estaba concluida, vino el enemigo y echó a perder todo. Al introducir él la mancha del pecado condenó a la creación a su autodestrucción. El ser humano se iría deteriorando, consumido por su propio egoísmo y arrastraría a la naturaleza entera.

Entonces apareció nuevamente la mano misericordiosa de Dios. Nada está condenado, aunque el enemigo intente desfigurar sus planes divinos.

El plan de la redención es el programa de restauración de un mundo perdido. Es como si el artista reconstruyese una pintura famosa, deteriorada por las inclemencias del tiempo y del abandono.

Hoy Dios está en su trono. Continúa en el control del universo y de las vidas. Nada sucede sin su consentimiento, a pesar de que muchas veces podemos pensar que el enemigo asumió el control de la vida.

Según el salmista, la justicia es la base del trono desde el cual Dios gobierna el universo. Las vestiduras divinas son su gloria y su majestad. Dios es excelso y grande. No conoce imposibles.

¿Cómo puedes tú pensar que la circunstancia difícil que enfrentas hoy no tiene solución? Mira las obras de Dios. Esas obras pueden ser realidad en tu experiencia, si, como hijo indefenso, corres a los brazos protectores del Padre, porque: “Gloria y hermosura es su obra, y su justicia permanece para siempre”.

Pr. Alejandro Bullón

miércoles, 9 de septiembre de 2009

LA SIMPATÍA DEL CRISTIANO

Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. Rom. 12: 10.

No podemos ser nosotros mismos la pauta a la que se tienen que amoldar los demás. Manifestaremos una ternura de corazón y un entusiasmo que brota del alma al promover la felicidad de todos aquellos con quienes nos relacionamos. Debemos eliminar el yo de nuestros planes y sentir la responsabilidad personal de actuar como Cristo lo haría en circunstancias similares a las nuestras. Entonces impresionaremos las mentes de los demás de tal modo que Dios sea glorificado.

Como seguidores de Cristo debemos tratar de causar las más favorables impresiones sobre las mentes de todos los que se relacionan con nosotros acerca de la religión que profesamos, y de inspirarles nobles pensamientos. Nuestra influencia, en algunos casos, los beneficiará no sólo ahora, sino por toda la eternidad.

Si queremos enseñar a los demás, nosotros mismos deberíamos aprender cada día las lecciones de Cristo. Hay quienes no comprenden la santidad de la obra de Dios. Los menos capaces, los jóvenes más alocados e indolentes, requieren especialmente nuestra consideración y nuestras oraciones. Necesitamos sabiduría especial para saber cómo ayudar a los que parecen descuidados y desconsiderados. David dice: "Tu benignidad me ha engrandecido" (2 Sam. 22: 36; Sal. 18: 35).

Al dedicarnos a ayudar a los demás, podemos ganar preciosas victorias. Debemos consagrarnos con celo infatigable, con ardiente fidelidad, con abnegación y con paciencia a la obra de estimular a los que necesitan desarrollar su carácter. Las palabras amables y animadoras harán maravillas. Hay muchos que, si se hacen en su favor esfuerzos constantes y entusiastas, sin censuras ni continuas reprimendas, se manifestarán susceptibles de mejorar. . .

Debemos colaborar con el Señor Jesús en la restauración de los ineficientes y equivocados, para que adquieran inteligencia y sagrada pureza. Hemos sido llamados por Dios para manifestar un interés incansable y paciente por la salvación de los que necesitan que el Señor los guía. . .

Dios no negará sabiduría a los que la busquen. Le da gracia a alguno, para que a su vez la imparta a alguna otra alma necesitada (Carta 94, del 11 de marzo de 1905, dirigida a la Hna. Josefina Gotzian, una viuda adventista dedicada a la filantropía).

E. G. White

martes, 8 de septiembre de 2009

SIN REVELACIÓN NO HAY VIDA

Sin profecía el pueblo se desenfrena; mas el que guarda la ley es bienavenn turado Prov. 29:18.

La palabra “profecía” en el original hebreo es chazón, que puede ser traducida como visión, pero que significa específicamente “revelación o instrucción de Dios”. En este contexto, sin la instrucción divina, el pueblo está condenado a una vida de fracaso y deteriorización.

Cada vez que tú compras un aparato eléctrico, recibes un manual de instrucciones. Si tú quieres que el aparato dure y produzca al míximo, tienes que seguir el manual. Pero si no lees las instrucciones, y lo enchufas sin prestar atención a las indicaciones, el resultado será desastroso. Tú habrás perdido tiempo, dinero y paciencia.

El ser humano no es un aparato, es una persona. No tiene un fabricante, tiene un Creador. Ese Creador dejó un manual de instrucciones para que la criatura fuese feliz, próspera y realizada. La razón por la cual muchos son desdichados y fracasan en sus relaciones, en la vida financiera, profesional y familiar, es sencillamente porque ignoraron las instrucciones divinas. Viven la vida de cualquier manera, esperando que resulte bien. Tú puedes incluso conseguir dinero, poder y fama, pero la vida no es plena, por lo menos, no como Dios la planeó.

¿Por qué es tan difícil para el ser humano seguir las instrucciones de Dios? Por causa de su naturaleza. Desde pequeño, el ser humano se encapricha en vivir solo. Suelta el brazo del padre, se golpea la cabeza en la esquina de la mesa, quiere comer sin ayuda de la madre, y mete la cuchara por los ojos y por la nariz. A pesar de sus derrotas constantes, ci espíritu de independencia está presente en su comportamiento a lo largo de la vida.

Cuando crece, las consecuencias de vivir ignorando las instrucciones de Dios, no son tan simples como golpearse la cabeza y llorar. Son dolorosas y trágicas: derrota, frustración, vacío y muchas veces, la muerte.

Dios quiere que tú seas feliz. El te creó con un propósito maravilloso. Aunque en este instante tú estés enfrentando el mayor drama de tu vida, el plan divino para ti continúa intacto. Por eso, hoy, antes de salir a enfrentar los desafíos de la vida, detente, medita y recuerda: “Sin profecía el pueblo se desenfrena; mas el que guarda la ley es bienaventurado”.

Pr. Alejandro Bullón

lunes, 7 de septiembre de 2009

SE REIVINDICA EL CARÁCTER DE DIOS

Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos. (Apoc. 15: 3).

Toda cuestión de verdad y error en la controversia que tanto ha durado, ha quedado aclarada. Los resultados de la rebelión y el apartamiento de los estatutos divinos han sido puestos a la vista de todos los seres inteligentes creados por Dios. La obra del gobierno de Satanás en contraste con el de Dios ha sido presentado a todo el universo. Satanás ha sido condenado por sus propias obras. La sabiduría de Dios, su justicia y su bondad quedan por completo reivindicadas. Queda también comprobado que todos sus actos en el gran conflicto fueron ejecutados de acuerdo con el bien eterno de su pueblo y el bien de todos los mundos que creó. . .

En vista de todos los hechos del gran conflicto, todo el universo, tanto los justos como los rebeldes, declaran al unísono: "¡Justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos!"

El universo entero contempló el gran sacrificio hecho por el Padre y el Hijo en beneficio del hombre. Ha llegado la hora en que Cristo ocupa el puesto a que tiene derecho, y es exaltado sobre los principados y potestades, y sobre todo nombre que se nombra. A fin de alcanzar el gozo que le fuera propuesto -el de llevar a muchos hijos a la gloria- sufrió la cruz y menospreció la vergüenza. Y por inconcebiblemente grandes que fuesen el dolor y el oprobio, mayores aún son la dicha y la gloria. Echa una mirada hacia los redimidos, transformados a su propia imagen, cuyos corazones llevan el sello perfecto de lo divino y cuyos rostros reflejan la semejanza de su Rey. Contempla en ellos el resultado de las angustias de su alma, y está satisfecho. Luego, con voz que llega hasta las multitudes reunidas de los justos y de los impíos, exclama: "¡Contemplad el rescate de mi sangre! Por éstos sufrí, por éstos morí, para que pudiesen permanecer en mi presencia a través de las edades eternas". Y de entre los revestidos con túnicas blancas en torno del trono, asciende el canto de alabanza: "Digno es el Cordero que ha sido inmolado, de recibir el poder, y la riqueza, y la sabiduría, y la fortaleza, y la honra, y la gloria, y la bendición!" (Apoc. 5: 12, VM)

E. G. White

domingo, 6 de septiembre de 2009

EN TODO TIEMPO

Desde el nacimiento del sol basta donde se pone, sea alabado el nombre de Jehová. Sal 113:3.

Es común alabar a Dios cuando el corazón rebosa de alegría y gratitud. Es también común buscarlo cuando las cosas parecen escapar del control y tú sientes que no tienes más fuerzas para continuar resistiendo los huracanes de la vida. No me refiero a huracanes como el Katrina o el Vilma, que arrasaron todo dejando por lo menos la esperanza de la reconstrucción. Me refiero a aquellos vendavales emocionales que se llevan hasta las ganas de continuar viviendo.

¿Qué sucede cuando el ser amado un día te mira y te dice: “Fue bueno mientras duró, pero me estoy yendo porque quiero ser feliz?” ¿O qué sientes cuando después de toda una vida de trabajo, la traición de alguien en quien tú confiabas parece destruir tus sueños? ¿Cómo reaccionas ante el cuerpo inerte del hijo amado, o ante el diagnóstico de un cáncer Terminal en plena juventud?

Buscar a Dios en los momentos de alegría y de tristeza será más fácil si la declaración del versículo de hoy es una realidad en tu experiencia. Alabar el nombre de Dios debe ser un acto permanente. “Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone”. Andando, viajando, trabajando, viviendo, la alabanza debe estar presente en cada latido del corazón.

El humanismo de nuestros días concentra la atención del hombre en el propio hombre. “Busca la solución dentro de ti mismo”, afirma. “Saca la energía de tu interior”, declara. En contraste, la teología bíblica es teocéntrica. Según ella, todos los caminos e intenciones humanas deben converger en Dios. La Biblia enseña que Dios está en los cielos, pero que quiere estar en la vida de la criatura. Todos los días, en todos los momentos.

¿Dejarás que Dios camine a tu lado hoy? ¿Le pedirás orientación antes de tomar la decisión que necesitas tomar? Separarse de la presencia de Jesús, solo por un minuto, es como quitar el tubo de oxígeno de un enfermo Terminal.

Si aprendes a sentir la presencia de Dios en todo momento, te será más fácil hacerlo en medio del dolor, cuando las lágrimas te impidan ver al Señor.

Ábrele el corazón a Jesús. Abraza a tus amados antes de salir de casa. Anima al débil, consuela al triste y encara con optimismo los desafíos de este día. Y no olvides: “Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, sea alabado el nombre de Jehová”.

Pr. Alejandro Bullón

viernes, 4 de septiembre de 2009

LOS ESPÍRITUS Y LA LEY DOMINICAL

Y se le permitió Infundir aliento a la Imagen de la bestia, para que la Imagen hablase e hiciese matar a todo el que no la adorase. (Apoc. 13: 15).

EI poder milagroso que se manifiesta en el espiritismo ejercerá su influencia en perjuicio de los que prefieren obedecer a Dios antes que a los hombres. Habrá comunicaciones de espíritus que declararán que Dios los envió para convencer de su error a los que rechazan el domingo y afirmarán que se debe obedecer a las leyes del país como a la ley de Dios. Lamentarán la gran maldad existente en el mundo y apoyarán el testimonio de los ministros de la religión en el sentido de que la degradación moral se debe a la profanación del domingo. Grande será la indignación despertada contra todos los que se nieguen a aceptar sus aseveraciones.

Los que se oponen a las enseñanzas del espiritismo atacan no sólo a los hombres, sino también a Satanás y a sus ángeles. Han emprendido la lucha contra principados, potestades y malicias espirituales en los aires. Satanás no cederá una pulgada de terreno mientras no sea rechazado por el poder de mensajeros celestiales. El pueblo de Dios debe hacerle frente como lo hizo nuestro Salvador, con las palabras: "Escrito está". Satanás puede hoy citar las Santas Escrituras como en tiempo de Cristo, y volverá a pervertir las enseñanzas de ellas para sostener sus engaños. Los que quieren permanecer firmes en estos tiempos de peligro deben comprender por sí mismos el testimonio de las Escrituras.

Muchos tendrán que vérselas con espíritus de demonios que personificarán a parientes o amigos queridos y que proclamarán las herejías más peligrosas. Estos espíritus apelarán a nuestros más tiernos sentimientos de simpatía y harán milagros con el fin de sostener sus asertos. Debemos estar listos para resistirles con la verdad bíblica de que los muertos no saben nada y de que los que aparecen como tales son espíritus de demonios.

Agentes satánicos en forma humana participarán en este último gran conflicto para oponerse a la edificación del reino de Dios. Y ángeles celestiales con apariencia humana estarán en el campo de acción. Los dos bandos opuestos seguirán existiendo hasta el fin del último gran capítulo de la historia de este mundo.

E. G. White

jueves, 3 de septiembre de 2009

LA GLORIA DEL REY

En la multitud del pueblo está la gloria del rey; y en la falta de pueblo la debilidad del príncip e. Prov. 14:28.

Todos, lo queramos o no, de una forma u otra somos líderes. En la empresa, en la familia, en el colegio, en el vecindario. Elegidos o no, nuestra vida es el permanente ejercicio de la influencia.
En el texto de hoy, Salomón nos lleva a pensar en la importancia de las personas con las cuales nos relacionamos todos los días. “En la multitud del pueblo está la gloria del rey”, afirma él. Tú eres el rey. Tu felicidad dependerá, en parte, de las sabias relaciones que establezcas con las personas que te rodean.

¿Cómo ejercer una influencia positiva en las demás personas? En primer lugar, conócete a ti mismo. Y para saber quién eres, necesitas primero saber quién es Dios. ¿Cómo puedes ir a algún lugar, sin saber dónde estás? Muchos dolores que el hombre causa son porque e1 ser humano no tiene una idea correcta de los límites de su humanidad. Si tú no eres Dios y tratas de actuar como si lo fueses, te vas a frustrar. Por tanto, conoce quién eres tú.

En segundo lugar, ama a las personas y percibe su amor. Ellas solo seguirán a una persona amada. Si tú no eres amado y obligas a las personas a seguirte, no eres un líder, eres un dictador. Nadie lidera a nadie “golpeándolo”. Eso es abuso, no es liderazgo. El líder no demanda respeto, administra el respeto que los otros le dan voluntariamente.

Si tú quieres ser victorioso y feliz en la vida, no menosprecies la importancia de las otras personas, por insignificantes que te parezcan. «En la falta de pueblo está la debilidad del príncipe”, dice la segunda parte del consejo bíblico de hoy. Una persona sabia no impone su punto de vista a cualquier precio. Si fuese así, solo podría dirigirse a sí mismo. Cuando tú lideras a otros seres humanos, tienes que salir del “yo pienso que”, en dirección al “nosotros pensamos que”.

Haz de hoy un día de influencia consciente. Ama a las personas. Trata de comprenderlas. Concédeles una segunda oportunidad. Inspíralos. Depende de Jesús y recuerda: “En la multitud del pueblo está la gloria del rey; y en la falta de pueblo la debilidad de un príncipe”.

Pr. Alejandro Bullón

miércoles, 2 de septiembre de 2009

TENED PUESTA VUESTRA ARMADURA

Y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo; yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré. (Isa. 46: 4).

La historia de Juan nos proporciona una notable ilustración de cómo Dios puede usar a los obreros de edad. Cuando Juan fue desterrado a la isla de Patmos, muchos le consideraban incapaz de continuar en el servicio, y como una caña vieja y quebrada, propensa a caer en cualquier momento. Pero el Señor juzgó conveniente usarle todavía. Aunque alejado de las escenas de su trabajo anterior, no dejó de ser un testigo de la verdad. Aun en Patmos se hizo de amigos y conversos. Su mensaje era de gozo, pues proclamaba un Salvador resucitado. . .

La más tierna consideración debe abrigarse hacia aquellos cuyos intereses durante toda la vida estuvieron ligados a la obra de Dios. Esos obreros ancianos han permanecido fieles en medio de tormentas y pruebas. Pueden tener achaques, pero aún poseen talentos que los hacen aptos para ocupar su lugar en la causa de Dios. Aunque gastados e imposibilitados de llevar las pesadas cargas que los más jóvenes pueden y deben llevar, el consejo que pueden dar es del más alto valor.

Pueden haber cometido equivocaciones, pero de sus fracasos aprendieron a evitar errores y peligros y, ¿no serán por lo tanto competentes para dar sabios consejos? Sufrieron pruebas y dificultades y aun cuando perdieron parte de su vigor, el Señor no los pone a un lado. Les da gracia especial y sabiduría. . . El Señor desea que los obreros más jóvenes logren sabiduría, fuerza y madurez por su asociación con esos hombres fieles. . .

A medida que los que han gastado su vida en el servicio de Cristo se acercan al fin de su ministerio terrenal, serán impresionados por el Espíritu Santo a recordar los incidentes por los cuales han pasado en relación con la obra de Dios. El relato de su maravilloso trato con su pueblo, su gran bondad al librarlos de las pruebas, debe repetirse a los que son nuevos en la fe. Dios desea que los obreros ancianos y probados ocupen su lugar y hagan su parte para impedir que los hombres y mujeres sean arrastrados hacia abajo por la poderosa corriente del mal; desea que tengan puesta su armadura hasta que él les mande deponerla (Los Hechos de los Apóstoles, págs. 457-459).

E. G. White