lunes, 28 de septiembre de 2009

LA FE QUE OBRA

El fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración. (1 Ped. 4: 7).

¿Creéis que el fin de todas las cosas está cerca, que están por concluir rápidamente las escenas de la historia de la tierra? En ese caso, manifestad vuestra fe mediante vuestras obras. Cada hombre manifestará toda la fe que tiene. Algunos piensan que tienen una buena medida de fe, cuando realmente, si la tienen, está muerta, porque no recibe el apoyo de sus obras. "La fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma" (Sant. 2: 17). Pocos poseen esa fe genuina que obra por medios del amor y purifica el alma. Pero todos los que sean considerados dignos de la vida eterna, deben lograr una preparación moral para ella. "Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro" (1 Juan 3: 2, 3). Esta es la obra que tenéis por delante. . .

Debéis experimentar una muerte al yo, y vivir para Dios. "Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios" (Col. 3: 1). No debemos consultar con el yo. El orgullo, el amor propio, el egoísmo, la avaricia, la codicia, el amor al mundo, el odio, la suspicacia, los celos, las malas sospechas, todas esas cosas deben ser subyugadas y sacrificadas para siempre. Cuando Cristo aparezca, no lo hará para corregir esos males y darnos un carácter adecuado para su venida. Esa preparación debe estar completa antes de que venga. Las preguntas "¿Qué hemos de hacer para ser salvos? ¿Qué conducta debemos seguir para que Dios nos apruebe?" debieran ser objeto de meditación, estudio y profunda investigación.

Cuando nos sintamos tentados a murmurar, censurar y abandonarnos a la desconformidad, causando daño a los que nos rodean y dañando nuestra propia alma, ¡oh! surja de nuestra alma esta profunda, sincera y anhelante pregunta: "¿Compareceré sin mancha delante del trono de Dios?" Sólo los inmaculados estarán allí. Nadie será transportado al cielo mientras su corazón esté lleno de la basura de la tierra. Todo defecto del carácter moral debe ser remediado previamente, toda mancha eliminada por la sangre purificadora de Cristo.

E. G. White

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