lunes, 14 de septiembre de 2009

LA VERDAD NOS IMPULSA AL CIELO

"Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos" (Juan 10: 9).

La verdad es un principio activo que impulsa a la acción, moldeando el corazón y la vida para que haya un constante movimiento hacia arriba, ascendiendo la escalera que vio Jacob, hasta llegar al Señor en el peldaño más elevado... El cristiano que progresa tiene gracia y amor que sobrepasa el conocimiento, porque la contemplación del carácter de Cristo transforma profundamente sus afectos. La gloria de Dios, revelada por encima de la escalera, puede ser apreciada únicamente por el que progresa en la ascensión, quien siempre es atraído más alto, hacia los objetivos más nobles que Cristo revela...

A fin de asegurar nuestro llamamiento y elección, se requiere mayor diligencia que la que muchos le han manifestado a este aspecto importante. "Porque haciendo estas cosas", vivir con el plan de la adición, creciendo en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo, ascenderéis, paso a paso, la escalera que contempló Jacob y así "no tropezaréis jamás"...

Reflexionemos en esta escalera que se le presentó a Jacob. La raza humana interrumpió la comunicación con Dios. Aunque podían contemplar el paraíso perdido, no encontraban ninguna forma de volver a entrar y restablecer la comunión con el cielo. El pecado de Adán cortó todo vínculo entre el cielo y la tierra. Hasta el momento en que Adán y Eva transgredieron la ley de Dios hubo una relación estrecha entre el cielo y la tierra. Mantenían su comunicación a través de una senda que Dios podía recorrer. Pero la transgresión de la ley de Dios rompió este vínculo y la raza humana quedó separada de Dios.

Tan pronto como Satanás sedujo a nuestros primeros padres a desobedecer la santa ley de Dios, cada vínculo que unía a la tierra con el cielo y a la raza humana con el Dios infinito, se rompió. Los seres humanos contemplaron ahora el cielo, pero, ¿cómo podían alcanzarlo? Pero, ¡regocíjese el mundo! El Hijo de Dios, el sin pecado, el perfecto en obediencia, llegó a ser el canal por el cual se restableció la comunicación interrumpida, el camino por el cual se podía recuperar el paraíso perdido. Es por medio de Cristo, nuestro sustituto y garante, como podemos observar los mandamientos de Dios. En él volvemos a manifestar nuestra lealtad y Dios nos aceptará.

Cristo es la escalera... Esta es la escala cuya base descansa an la tierra, sus peldaños más altos alcanzan las alturas de los cielos. El nexo que se había roto fue reparado. Una amplia calzada se extendió por la que todos los que están trabajados y cargados pueden pasar. Ellos pueden entrar al cielo y encontrar descanso (Manuscrito 13, 1884).

E. G. White

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