jueves, 24 de septiembre de 2009

MI ESCUDO

Mas tú, Jebová, eres mi escudo alrededor de mí; mi gloria, y el que levanta mi cabeza. Sal. 3:3.

Para entender el salmo de hoy, necesitamos conocer las circunstancias en que David lo escribió. Estaba huyendo de sus enemigos. ¿Sabes quién lideraba el ejército de sus perseguidores? Su propio hijo, Absalón. Casi cercado por sus enemigos, el salmista subió al Monte de los Olivos y allí lloró amargamente, iba con la cabeza cubierta y los pies descalzos. La causa de su dolor no eran tan solo las circunstancias críticas que su gobierno enfrentaba, sino la tristeza de ver a un hijo rebelde, sin escrúpulos y con ansias de poder.

¿Qué te dice a ti este salmo, si tu corazón sufre por la rebeldía de un hijo? ¿Qué mensaje encuentras en este texto, si tus enemigos levantaron un cerco can grande a tu alrededor al punto de que ellos dicen: “No hay para él salvación en Dios”? ¿Cuál es el drama que tú estás enfrentando hoy? ¿Qué dificultad parece no tener solución? ¿Es en el hogar? ¿En el trabajo? ¿En el colegio? ¿En tu mundo interior?

Observa lo que David, en lágrimas, dice al Señor: “Mas tú, Jehová, eres mi escudo”. Nota el “mas” al inicio del pasaje. El hecho de que el Señor sea tu escudo, no quiere decir que tú no vas a enfrentar problemas. En este mundo siempre habrá dificultades. La vida es el arte de solucionar problemas. Pero el Señor estará contigo.

El hecho de que el Señor sea tu escudo, tampoco significa que tú no tendrás enemigos. Siempre habrá personas tratando de atacarte sin motivo. ¿Qué utilidad tendría el escudo si no hubiese flechas envenenadas de las cuales protegerse? En la guerra, en las luchas, en la batalla y en medio de los tiros, es donde tú descubres el valor del escudo. El Señor es tu escudo. Pueden venir ataques de todos lados, pero en Jesús estarás siempre seguro.

La confianza de David en el Señor como su escudo, lo llevaba a alabar. Tú cres “mi gloria”, decía, y el rey descubrió otra realidad divina. Cuando tú alabas, incluso en medio de las dificultades, el dolor disminuye y tú comienzas a darte cuenta de que hay solución aun para las adversidades más crueles.

Por eso hoy, antes de enfrentar los desafíos que la vida te presenta, a pesar de las adversidades, di en tu corazón: “Mas tú, Jehová, eres mi escudo alrededor de mí; mi gloria, y el que levanta mi cabeza”.

Pr. Alejandro Bullón

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