domingo, 28 de febrero de 2010

¿Está mi nombre allá?

“Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro”. Mateo28:1

Se avecina un acontecimiento portentoso que abarcará el mundo entero, y no habrá ser humano que participe de una manera u otra. La venida del Señor será parte de la historia de todos los eres humanos que hayan vivido en la tierra. Para algunos, será. el comienzo del fin de su historia, porque mil años después de este bendito acontecimiento, Dios pondrá fin a todos los que no hayan aceptado la gracia de Cristo. Para los otros, será el principio de una historia que no tendrá fin, porque vivirán para siempre con su Señor.

La resurrección de Cristo es el acontecimiento más grande en la historia humana después de la crucifixión. Curiosamente no disponemos de una lista completa en un solo lugar que enumere a quienes realizaron el gran descubrimiento de primera mano. Hay que leer los cuatro Evangelios para conocer a todos los que allí estuvieron. El texto de hoy parece indicar que solamente participaron dos mujeres, pero en realidad otro evangelista nos da a entender que hubo por lo menos cinco: “Eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, quienes dijeron estas cosas a los apóstoles” (Luc. 24:10).

El hecho que no se mencionen todas en el relato de Mateo parece indicar que lo más importante es que estuvieron allí, no tanto que sus nombres fueran mencionados. La que siempre se destaca en este contexto es María Magdalena, a quien el Señor había librado de los demonios tiempo atrás y que fue la primera que vio al Señor después de la resurrección.

Hay una lista en la que sí es importante tener el nombre inscrito, y más importante aún es estar allí cuando se pase lista. Llegará un momento, pronto, en el que se presentarán muchos nombres ante el Señor. “,Se halla mi nombre allá? ¿Se halla mi nombre allá? En el libro del reino, ¿se halla mi nombre allá?” Este debiera ser el anhelo de cada hijo de Dios. ¡Qué dicha estar allí cuando nuestro nombre sea mencionado! ¡Qué felicidad inmensa será poder decir: “Presente, Señor. Por tu gracia estoy aquí”! Demos gracias al Señor por su fidelidad y por haber hecho todo lo necesario para que podamos estar allí y responder “cuando allá se pase lista'

Israel Leito

sábado, 27 de febrero de 2010

El Dios de lo imposible

"Volvimos, pues, y subimos camino de Basán. Entonces Og, rey de Basán, nos salió al encuentro con todo su pueble para pelear en Edrei" Deutoronomio 3:1

La ruta de los israelitas los llevó por varios lugares de grandes peligros, pero tenían la promesa de la victoria sobre todos sus adversarios. Los habitantes de la región por donde transitaban eran un pueblo belicoso, cuya estrategia se basaba en sus ciudades amuralladas y el emplazamiento privilegiado de sus aldeas, perfectamente protegidas por su entorno. Sin contar con provocación alguna, Og, el rey de Basán, confiado en la superioridad de sus tropas, salió a atacar a los hebreos. Hay quien cree que la ira de Og provenía del hecho de que Israel había derrotado al rey Sehón, aliado y amigo personal suyo, y estaba sediento de venganza.

Salió a pelear, pero no consideró que las victorias de Israel no eran suyas, sino del Dios del cielo. Humanamente hablando, era imposible derrotar a Og y tomar Basán, pero Dios, que estaba con los hebreos, intervino nuevamente haciendo que lo imposible se hiciera posible: mandó una plaga de avispas que obligó a los habitantes a salir de sus casas y ciudades, teniendo que pelear así fuera de sus ciudades amuralladas. “Y envié delante de vosotros tábanos, los cuales los arrojaron de delante de vosotros, esto es, a los dos reyes de los amorreos; no con tu espada, ni con tu arco” (Jos. 24:12).

No hay imposibles para Dios cuando su pueblo confía y depende de él. La promesa del Señor a Moisés ante esa aparente imposibilidad es la misma promesa que él nos hace hoy. No conocemos ni la mitad de las posibilidades de nuestro Dios. La confianza en él debiera ayudarnos a hacerle frente a cualquier obstáculo en la vida. La fórmula de confiar en brazo humano es la fórmula para la derrota, pero la de confiar en Dios, a pesar de las aparentes imposibilidades de la vida, es la fórmula del éxito seguro.

Ante tantas maravillas del Señor, no tenemos por qué temer, Aunque aparentemente tarde, siempre cumple. Si la vida nos presenta situaciones imposibles, debemos recordar que nuestro Señor es el Dios que se encarga de lo imposible. No siempre derrumba los muros, como en el caso de Jericó. A veces saca a los habitantes de las ciudades amuralladas para que podamos triunfar. Cristo nos asegura: “Confiad, yo he vencido al mundo'

Israel Leito

viernes, 26 de febrero de 2010

No lo desanimes

"Josué hijo de Nun, el cual te sirve, él entrará allá; anímale, porque él la hará heredar a Israel" Deuteronomio 1:38.

No critiques a una persona, a menos que hayas caminado en sus zapatos” es un dicho popular para indicar que intentar desanimar a una persona no es un derecho, sino más bien un defecto que hay que evitar a toda costa. Es demasiado fácil expresar palabras desalentadoras, y hasta la persona mas valiente puede caer bajo el desánimo y el desaliento. Si pudiera medirse el efecto de cada palabra antes de pronunciarla, entonces muchos hablarían considerablemente menos de lo que hablan.

Josué era un valiente capitán, no solamente en las batallas, sino en los momentos más difíciles de la travesía. Solía proferir palabras de aliento y de ánimo. Su actitud hasta se habría podido interpretar como “locura de juventud': Lejos de ser así, sus palabras procedían de una persona que había aprendido a confiar en Dios. Por eso, no había desafío ni obstáculo lo suficientemente grande para disuadirle en sus empresas para el Señor.

Después de algunas derrotas, muchas luchas y grandes triunfos, pero siempre manteniendo la dirección de confianza y dependencia de Dios, llegó el momento decisivo y culminante de la vida de Josué. Moisés, con los de su generación que tantos problemas habían causado, quedaría excluido de la entrada a la Tierra Prometida. Josué, la nueva generación, tenía la responsabilidad de no cometer los mismos errores de sus padres.

El mensaje que se da en beneficio de Josué era “Anímale' Era importante que no se desanimase, porque esto sería el principio de la derrota. La estrategia de Satanás es justamente causar el desánimo para luego dar la estocada final en la derrota.

“Si, en circunstancias penosas, hombres de poder espiritual, apremiados más de lo que pueden soportar, se desalientan y abaten; si a veces no ven nada deseable en la vida, esto no es cosa extraña o nueva... Es en el momento de mayor debilidad cuando Satanás asalta al alma con sus más fieras tentaciones” (PR 127, 128).

El desánimo es el arma preferida de Satanás. No permitamos que logre su propósito haciendo que causemos desánimo en los demás. Hablemos de ánimo y de victoria, recordando que nuestro Señor está al timón.

Israel Leito

jueves, 25 de febrero de 2010

El perdón es la primera opción

Entonces los fariseos se acercaron a él para probarle, diciendo: «¿Le es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier razón?" Mateo 19: 3

La costumbre era que si un hombre se quería deshacer de su esposa, todo lo que tenía que hacer era decirle en público: «Me divorcio de ti». ¡A tal punto había degenerado la dispensación mosaica!

La pregunta de los fariseos se proponía sondear la enseñanza de Jesús acerca del perdón. Si hay una relación en la que muchas veces hay poca disposición a perdonar ofensas, es en el matrimonio. Se cree que, por la confianza que se desarrolla en el matrimonio, por el amor que se profesa, la herida de una traición es de tal grado que resulta difícil perdonar. Al presentar el asunto del divorcio a Jesús después de que él hablase del perdón incondicional, los fariseos le estaban presentado el peor ejemplo, en el que perdonar parecía imposible y la "venganza" del divorcio rápido parecía perfectamente justificada.

La respuesta de Jesús desarmó el argumento de los fariseos: No hay divorcio "fácil"; no hay ofensa matrimonial lo suficientemente grande que no puede ser perdonada. Ni siquiera en el peor de los casos, cuando hay adulterio, y, por lo tanto, se justifica el divorcio, es esta la única solución. No era un mandato que Jesús dio, sino el último recurso al que se puede recurrir. El primer deber del cristiano es perdonar, hasta en el peor de los casos. Quien puede perdonar una falta en el matrimonio, hasta la traición del adulterio, puede perdonar cualquier otra ofensa.

Esta es la base de la enseñanza de Jesús. Si Dios está dispuesto a perdonar cualquier cosa, ¿por qué nosotros no queremos aprender este principio? Lo que la Biblia denomina pecado imperdonable no es ni más ni menos que el que no se quiere confesar ni abandonar. Por eso, aunque haya ofensa contra uno, hasta la cruel ofensa de la traición matrimonial, si la parte que ofende está dispuesta a dejar el pecado y buscar la reconciliación, la primera responsabilidad del ofendido es pedir gracia al Señor para perdonar. Al defender el matrimonio, Jesús estaba diciendo: «Traten de perdonarse antes de divorciarse». Que el Señor nos ayude con la gracia de poder perdonar, perdonar hasta la cruel ofensa de la traición matrimonial. Solo la gracia de Cristo nos puede ayudar a lograr este grado de aceptación del perdón de Dios para extenderlo a otros.

Pr. Israel Leito

miércoles, 24 de febrero de 2010

Confiad, yo he vencido

Jehová habló a Moisés diciendo: «Habla a los hijos de Israel y diles: "Cuando hayáis entrado en la tierra que vais a habitar y que yo os doy, presentaréis una ofrenda quemada del ganado vacuno, del ganado ovino, como grato olor a Jehová, en holocausto o sacrificio por un voto especial, o como sacrificio voluntario, o por vuestras festividades"». Números 15: 1-3

Cuando Dios guía, no deja lugar a la duda. El Señor no habla de posibilidades, sino de certezas. Al hablar de la futura posesión de la tierra de Canaán por parte de los israelitas, Dios no dijo «si llegáis a entrar>, sino «cuando hayáis entrado». No había duda de que iban a entrar.

Nuestro Dios habla con confianza, porque sabe que sus palabras siempre se cumplen. Él no ha perdido una sola batalla, nunca ha defraudado a sus hijos que confían en él. Cuando él promete, cumple.

Para darles más confianza en la certeza de que iban a entrar a la Tierra Prometida, Dios les dio muchas instrucciones. No habría escasez de alimentos; podían confiar que siempre habría. Tanto era así que podían permitirse el lujo de no sembrar la tierra cada séptimo año. Tendrían lo suficiente. Ni siquiera necesitarían sus esclavos después de siete años, y podrían darse el lujo de soltarlos cada siete años, recompensándolos adecuadamente por sus servicios.

Las instrucciones no eran para un pueblo dubitativo, sino para un pueblo que confiaba en la promesa de Dios, un pueblo que fue animado con certezas acerca de «cuando hayáis entrado en la tierra que vais a habitar y que yo os doy». Las cosas acerca de las que Dios estaba instruyendo a Moisés nunca las habían experimentado. Abundancia de alimento regular, no maná, y un país para desarrollarse en libertad; ganado en abundancia para suplir sus necesidades y para ofrecer holocaustos; espacio suficiente y confianza y seguridad de tal naturaleza que podían permitir a extranjeros vivir entre ellos. Dios no hablaba de posibilidades, sino de certezas.

Ese Dios poderoso es el mismo hoy: Como ayer. No nos habla de posibilidades, sino de certezas. Porque es nuestro Dios podemos confiar en él plenamente. La historia de su intervención en los asuntos de los hombres nos ayuda a reconocer la seguridad que podemos tener en sus promesas. Confiemos hoy en nuestro Dios.

Israel Leito

martes, 23 de febrero de 2010

No des rienda suelta a la duda y la murmuración

En sus murmuraciones contra Moisés y Aarón, la comunidad decía: «¡Cómo quisiéramos haber muerto en Egipto! ¡Más nos valdría morir en este desierto!...Entonces el Señor le dijo a Moisés: —¿Hasta cuándo esta gente me seguirá menospreciando? ¿Hasta cuándo se negarán a creer en mí, a pesar de todas las maravillas que he hecho entre ellos? Números 14:2,11

En la mayoría de los bulos, cada boca que los repite añade un poquito más de exageración. Las mentiras y las falsedades son como una onda que se expande mientras son repetidas de boca en boca. Las dudas en cuanto a las verdaderas intenciones de Moisés y Aarón se extendieron como un reguero de pólvora en el campamento.

Al principio era solamente el último chisme, pero pronto llegó a ser la "verdad presente. Cuando las noticias que los espías habían traído llegaron a la última tienda, la verdad estaba tan distorsionada no había forma de corregirla. La incredulidad y el descontento subieron a tal nivel que Dios tuvo que intervenir y pronunciarse con amenazas tan fuertes que, de no mediar Moisés, habrían acabado de forma muy distinta.

Todo empezó porque alguien no creyó; alguien dio riendas sueltas a sus dudas y quejas. Una persona tuvo la osadía de levantar su voz en secreto contra el dirigente elegido por Dios mismo y pronto la situación resultó incontenible. La incredulidad es contagiosa, pero es también una de las cosas más seguras para promover la separación de Dios y su pueblo.

Todo pecado empieza con una duda. Es verdad que la Biblia enseña que la raíz de todos los males es el amor al dinero. También queda bien claro que la mínima duda acerca de los planes, intenciones y la voluntad de Dios lleva a un rechazo de todo lo que se ha dicho en cuanto al Salvador y Señor.

El plan de Dios es actuar de manera que se genere fe y confianza en su pueblo. En cambio, el enemigo usa sus mejores armas cuando logra sembrar duda y descontento.

«No es necesario caer bajo la tentación, porque la tentación nos sobreviene pare probar nuestra fe. Y la prueba de nuestra fe obra paciencia, y no mal humor ni murmuración. Si ponemos nuestra confianza en Jesús, él nos protegerá en todo tiempo y será nuestro baluarte y escudo» (AFC 282).

Israel Leito

lunes, 22 de febrero de 2010

EN AMOR POR LOS DEMÁS

Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante. (Efe. 5: 1-2.)

Debéis seguir a Dios como hijos amados, ser obedientes a sus requerimientos, caminar en amor como él nos amó y se dio por nosotros, una ofrenda y sacrificio a Dios en olor suave. El amor era el ambiente en el cual Cristo se movía, caminaba y trabajaba. Vino a rodear al mundo con los brazos de su amor...

Hemos de seguir el ejemplo presentado por Cristo y hacer de él nuestro modelo, hasta que tengamos el mismo amor por el prójimo que él manifestó por nosotros. Trata de impresionarnos con la profunda lección de su amor... Si vuestro corazón se ha dado al egoísmo, que Cristo lo llene de su amor. Desea que lo amemos plenamente, y nos anima, y aún más, nos manda que nos amemos los unos a los otros de acuerdo con el ejemplo que nos ha dado. Ha hecho del amor la insignia de nuestro discipulado... Esa es la medida que debéis alcanzar: "Que os améis los unos a los otros, como yo os he amado". ¡Qué amor más alto, más profundo y más ancho! Este amor no debe abarcar solamente a unos cuantos favoritos, sino que debe llegar hasta la más baja y humilde de las criaturas de Dios. Jesús dice: "En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis"...

El amor y la simpatía que Jesús quisiera que brindáramos a los demás no tiene sabor a sentimentalismo, que es una trampa para el alma; es un amor de origen celestial, que Jesús practicó por precepto y ejemplo. Pero en lugar de manifestar ese amor, nos sentimos separados y enajenados los unos de los otros... El resultado es una separación de Dios, una experiencia malograda, el menoscabo del crecimiento cristiano.

El amor de Jesús es un principio activo que une corazón con corazón en lazos de comunión cristiana. Cada persona que entre en el cielo habrá sido perfeccionada en amor en la tierra; porque en el cielo los objetos de nuestro interés lo serán el Redentor y los redimidos.

E. G. White

domingo, 21 de febrero de 2010

TRANSFORMADOS DE GLORIA EN GLORIA

Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. (2 Cor. 3: 18.)

Cuando recibe la iluminación del Espíritu de Dios, el creyente contempla la perfección de Jesús, y al considerarla, se regocija con gozo inexpresable. En el yo ve pecado y desesperanza; en el Redentor ve un carácter inmaculado y un poder infinito. El sacrificio que Cristo hizo a fin de poder impartirnos su justicia, es el tema en el cual podemos meditar con entusiasmo más y más profundo. El yo no vale nada; Jesús es supremo...

El poder transformador de la gracia puede hacer de mí un participante de la naturaleza divina. En Cristo ha resplandecido la gloria de Dios, y al contemplar a Cristo, contemplamos su abnegación recordando que en él mora toda la plenitud de la Divinidad corporalmente, y el creyente se acerca más y más a la Fuente de poder...

Cuán esencial es que tengamos la iluminación del Espíritu de Dios porque sólo de esa manera podemos ver la gloria de Cristo, y al contemplarlo, nuestro carácter se transforma debido a nuestra fe en Cristo y por medio de ella... [El] tiene gracia y perdón para toda alma. Al mirar por la fe a Jesús, nuestra fe atraviesa las sombras, y adoramos a Dios por su maravilloso amor al dar a Jesús el Consolador...
El pecador puede llegar a ser un hijo de Dios, un heredero del cielo. Puede levantarse del polvo y permanecer revestido con la vestimenta de la luz... Con cada paso que da, ve nuevas bellezas en Cristo, y se asemeja más y más a él en carácter.

El amor que se manifestó hacia él en la muerte de Cristo despierta una respuesta de amor agradecido, y como una contestación a la oración sincera el creyente es conducido de gracia a gracia, de gloria en gloria, hasta que al contemplar a Cristo, sea cambiado a la misma imagen.

E. G. White

sábado, 20 de febrero de 2010

LA PLENITUD DE DIOS

Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia. (Juan 1: 16.)

Cristo trató de salvar al mundo, no conformándose a él, sino revelándole el poder transformador de la gracia de Dios que modela el carácter humano de acuerdo con la semejanza del de Cristo.

Satanás presentaba a Dios como un ser egoísta y opresor, que lo pedía todo y no daba nada, que exigía el servicio de sus criaturas para su propia gloria, sin hacer ningún sacrificio para su bien. Pero el don de Cristo revela el corazón del Padre... Declara que aunque el odio que Dios siente por el pecado es tan fuerte como la muerte, su amor hacia el pecador es más fuerte que la muerte. Habiendo emprendido nuestra redención no escatimará nada, por mucho que le cueste, de lo que sea necesario para la terminación de su obra. No se retiene ninguna verdad esencial para nuestra salvación, no se omite ningún milagro de misericordia, no se deja sin empleo ningún agente divino. Se acumula un favor sobre otro, una dádiva sobre otra. Todo el tesoro del cielo está abierto a aquellos a quienes él trata de salvar.

Habiendo reunido las riquezas del universo, y abierto los recursos de la potencia infinita, lo entrega todo en las manos de Cristo y dice: "Todas estas cosas son para el hombre. Úsalas para convencerlo de que no hay mayor amor que el mío en la tierra o en el cielo. Amándome hallará su mayor felicidad".

El Padre aprecia cada alma que su Hijo ha comprado con la dádiva de su vida. Se ha tomado toda medida para que recibamos el poder divino que nos permitirá vencer la tentación. El alma es preservada para vida eterna por medio de la obediencia a todos los requisitos de Dios.
Dios tiene un cielo lleno de bendiciones que quiere otorgar a aquellos que buscan seriamente la ayuda que sólo el Señor puede proveer.

E. G. White

viernes, 19 de febrero de 2010

Resistamos el mal con firmeza

María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer cusita que había tomado, porque él había tomado por mujer a una cusita. Números 1 2: 1

Los celos y las envidias pueden cegar a la persona, al punto de perder de vista las motivaciones de sus actos y los resultados de los mismos. María y Aarón estaban cuestionando el liderazgo de Moisés, no porque no fuese eficaz, sino por los celos de que el Señor lo hubiese escogido a él para ser su portavoz oficial. En su murmuración y descontento, no podían encontrar falta alguna en el escogido de Dios salvo su matrimonio.

Elena G. de White explica que «aunque se la llama "mujer cusita" (VM) o "etíope", la esposa de Moisés era de origen madíanita, y por lo tanto, descendiente de Abrahán. En su aspecto personal difería de los hebreos en que era un tanto más morena. Aunque no era israelita, Séfora adoraba al Dios verdadero» (PP 403).

Las insinuaciones y falsas acusaciones procedieron de María, pero contaron con la complicidad de Aarón, que no tuvo el coraje de resistir el mal. No habló mucho, pero el refrán de que «el que calla otorga» se puede aplicar en este caso también. No reprendió a su hermana, no defendió el bien, no luchó contra el mal, y así permitió, por su silencio y actitud pasiva, que el mal progresara.

«Si Aarón se hubiese mantenido firme de parte de lo recto, habría impedido el mal; pero en vez de mostrarle a María lo pecaminoso de su conducta, simpatizó con ella, prestó oídos a sus quejas, y así llegó a participar de sus celos» (PP 403-4).

No es suficiente no hacer el mal: el cristiano debe ser un activista para el bien. No se trata de salir a las calles a protestar contra cualquier injusticia social o que vayamos a unimos a causas que nos parezcan justas, sino de que hagamos todo lo posible para que donde estemos el mal no pueda progresar.

Con su silencio, Aarón dio alas al mal de la sublevación contra el elegido por Dios. No supo expresar su desaprobación de la crítica mordaz de su hermana. Que Moisés se hubiese casado con una extranjera no justifica el gran pecado de la sublevación contra él. Aunque puedan aducirse argumentos en apoyo de un cierto proceder, cuando se comete pecado con ello, pecado es. Aarón era débil para resistir el mal. Seamos nosotros fuertes para promover el bien.

Israel Leito

jueves, 18 de febrero de 2010

Venid a mi casa con gozo

Cuando se toque con ambas, se reunirá ante ti toda la congregación a la entrada del tabernáculo de reunión. Números 10: 3

La música siempre ha desempeñado un papel importante en el culto a Dios. En la Biblia hay numerosas referencias al papel de la música y, especialmente, de los instrumentos musicales en la adoración. A lo largo de la historia, y dependiendo de los gustos de ciertos dirigentes eclesiásticos, los instrumentos han llegado a estar prohibidos. Así, el papa Gregario Magno (590-604) prohibió el uso de instrumentos, lo que causó el desarrollo del canto gregoriano, que es siempre a cappella.

La lectura de la Biblia para hoy da indicación de un instrumento que se usaba en diferentes ocasiones por orden de Dios. Las trompetas de plata ocupaban un lugar muy importante en la vida religiosa, migratoria, de gobierno y militar de los hijos de Israel. De los muchos usos que se daba a las trompetas, se denota que el uso para la santa convocación era especial. Se tocaban dos trompetas: «Cuando se toque con ambas, se reunirá ante ti toda la congregación a la entrada del tabernáculo de reunión» (Núm. 10: 3). Se tocaban con armonía y no con estrépito.

La adoración a Dios, sea en privado o en público, debería ser de tal naturaleza que se diferencie de cualquiera otra forma de congregarse. También es importante recordar que cuando los hijos de Dios se reúnen para adorar, debería ser con el propósito de buscar y mantener la armonía que Dios requiere de sus hijos. Cuando nos relacionamos, sea dentro o fuera de la casa de DIOS, no debiéramos permitir que el enemigo venga a perturbar la paz y la tranquilidad que la adoración de Dios requiere y busca. Todo lo que tenga que ver con el servicio a Dios, de acuerdo a sus indicaciones, debería ser armonioso, pacífico, y lleno de dulzura.

Dios es un Dios de orden, y solamente lo ordenado, sin ira ni enojo, ni nada que cause perturbación, debería permitirse. Todas estas cosas son elementos de lo que pidió Jesús cuando oró por la unidad de sus seguidores. La unidad, la armonía, la tranquilidad, todos son sentimientos y condiciones indispensables para la verdadera adoración. Que podamos escuchar las dos trompetas en armonía cuando lleguemos a la casa de nuestro Dios para la adoración.

Israel Leito

miércoles, 17 de febrero de 2010

¡Sálvame, oh mi Señor!

Pero al ver el viento fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó diciendo: «¡Señor, sálvame!» Mateo 14: 30

En tiempos de crisis, las oraciones cambian y nuestra forma de percibir las cosas toma un giro brusco. Tal fue el caso de Pedro. Dos formas de orar se manifestaron en un lapso más bien corto. La oración inicial no era una oración de fe, sino más bien de poner a prueba al Señor. «Entonces le respondió Pedro y dijo: "Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas"» (Mar. 14: 28). No podía aceptar lo que presenciaba como prueba suficiente de que era el Señor quien llegaba andando sobre las aguas. «Si eres tú, haz lo que yo quiero». ¿No es así como tantas veces oramos? «Yo quiero; yo necesito; yo...yo...» ¡Claro que tenemos necesidades!

El Señor nos invita a llevarle todas nuestras penas y cuitas. Nunca se cansa de recibir nuestras peticiones y súplicas.

El caso de Pedro no fue una necesidad. Lo suyo era un deseo de confirmación para cerciorarse de que era el Señor y no el fantasma que pensaron. A veces las cosas del Señor no se entienden, y la tendencia del hombre es darle interpretaciones que con frecuencia tienden a lo peor: no un ángel, sino un fantasma.

El fenómeno de caminar sobre las aguas era para todos: todos lo vieron y lo experimentaron. Facilitarle a Pedro caminar sobre las aguas era satisfacer la petición de su corazón, algo que no necesitaba pero quería. Y el Señor se lo concedió. El Señor nos da a veces cosas para que aprendamos que no todo lo que queramos es lo que necesitamos o nos conviene.

La segunda petición de Pedro, «Señor, sálvame», fue un grito de angustia. «Solo tú lo puedes hacer; confío en tu capacidad para hacerla. Esta es mi necesidad más apremiante y solo tú la puedes colmar». «Señor, sálvame» fue la oración de verdadera fe. No tenía otra alternativa: solo el Señor podía actuar para salvarlo. Ya no había duda, sino confianza absoluta en el poder del Señor.

Cuando las oraciones no son contestadas como nosotros queremos, no tiene sentido dejar de confiar en Dios. Lo que debemos hacer es buscar la voluntad del Señor o descubrir qué lecciones nos quiere enseñar con la respuesta o el silencio recibidos. Oremos sin cesar, pero siempre buscando la voluntad de Dios y no nuestros propios caprichos.

Israel Leito

martes, 16 de febrero de 2010

Ni la apariencia del mal

Durante todo el tiempo de su nazareato no comerá nada que provenga de la vid, desde las semillas hasta el hollejo. Números 6: 4

El pecado es muy sutil, y es fácil verse entrampado por él. El cristiano debe vivir asido de la mano del Señor a toda hora para evitar caer bajo los embrujas del pecado. Se debe reconocer que el pecado tiene muchos matices, que el inicio de un acto pecaminoso puede estar muy cerca de lo lícito, pero que el fin llevará a la pérdida de la salvación. Jesús amonestó sobre este peligro al indicar que el mirar, el desear, el anhelar ya es considerado pecado, porque a tal fin se encamina.

Quienes reconocen la santidad del cuerpo como templo del Espíritu Santo y se abstienen de comer o beber las cosas que puedan causar daño, incluyendo las bebidas alcohólicas en todas sus formas, no ven el comer una buena porción de uvas como pecado. Sin embargo, para el nazareo hasta esto estaba prohibido. No es que el Señor no quisiera que disfrutasen de lo alimenticio de las uvas o del placer de comerlas, sino que, para estar seguros de que ni siquiera se iniciarán en la senda de la borrachera, se les instó a ni siquiera tocar el fruto de la vid. El principio era no tocar lo que puede llegar a ser malo, todo cuanto suponga apariencia del mal.

He aquí la gran amonestación para el pueblo de Dios en nuestros tiempos. Para nosotros no es la práctica literal el abstenemos de tocar las hojas de la vid, sino el principio de no dar inicio a nada que pueda acabar transformándose en pecado. Debemos estar siempre vigilantes, dependiendo de la gracia divina para abstenemos hasta de la apariencia del mal, de los actos aparentemente inocentes que tienen la tendencia de llevar al mal.

Durante este día el enemigo de las almas pondrá muchas buenas cosas en nuestro camino cuyo fin llevará al mal. Jesús nos enseñó a orar pidiendo «no nos dejes caer en la tentación» y se ha argumentado que la tentación no es pecado. Pero nuestro Señor sabía que necesitamos gracia y fuerza desde la primera etapa de la tentación porque las etapas subsiguientes pueden llevar al mismo pecado. Nuestra oración debiera ser, por lo tanto: «Señor, esta te conmigo en todo momento. Ayúdame a discernir el fin desde el principio y a no tomar el camino que puede llevar al pecado mismo».

Israel Leito

lunes, 15 de febrero de 2010

Definiendo prioridades

“Porque cualquiera que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre.” Mateo 12:50

Las palabras de Jesús pueden sonar fuera de lugar, pero un análisis de la situación en los contextos de tiempo, lugar y ocasión nos revelará que no es así. No era la primera vez que alguien buscaba crear una confrontación con Jesús. Ya era conocido que algunos intentaban entramparlo por referencia a sus familiares. Lo cierto es que Jesús siempre fue muy atento con sus familiares, pero no hasta el extremo de permitir que eso entorpeciera la misión por la cual había venido.

La presencia de sus familiares ha sido interpretada por algunos como un intento de interferir en la labor que él estaba realizando. No estaba rechazando a sus parientes al indicar que, para él, sus familiares eran los que hacían la voluntad del Padre. Hay una profundidad inmensa para nosotros en estas palabras, porque la iglesia no es un edificio, ni una persona, ni un grupo particular de personas. Se dice que la iglesia es una familia. Tan cercanas, tan íntimas, tan variadas como la familia: así debieran ser las relaciones dentro de la iglesia. El amor fraternal, el respeto, la preocupación por el prójimo y, sí, hasta el deseo de darlo todo por la familia debieran ser los sentimientos entre nosotros.

Cuando a Jesús le dijeron que sus parientes estaban fuera, se dio cuenta de que intentaban distraerlo de su labor. Por importantes que fueran los que estaban fuera, para él la prioridad era los que estaban con él. Los más importantes eran los que estaban dispuestos a hacer la voluntad del Padre sin cuestionamientos. Estar dispuesto a hacer la voluntad del Padre es el rasgo distintivo más grande que se puede conocer: es lo que define a la familia. La familia de la iglesia, por lo tanto, no se debe tomar livianamente. Ser hijos de un mismo Padre, ser hermanos los unos de los otros; todo esto es ser de la familia de Dios.

La gran esperanza del cristiano es estar un día con su verdadera familia allá en el cielo azul. Si en el cielo vamos a ser familia, es importante que nos amemos como hermanos ahora. Si en el cielo vamos a tener un solo Padre, es importante que le reconozcamos ahora y estar dispuestos a hacer su voluntad ahora. La esperanza más fiel del cristiano es estar algún día, pronto, con Cristo, disfrutando de los beneficios de la familia de Dios en la casa de Dios.

Israel Leito

domingo, 14 de febrero de 2010

Soluciones inmediatas

Ahora bien, cuando oyó Juan en la cárcel de los hechos de Cristo, envió a él por medio de sus discípulos, y le dijo:«¿Eres tú aquel que ha de venir, o esperaremos a otro?» Mateo 11: 2, 3

No siempre nuestras expectativas se cumplen a la primera. Una de las virtudes del cristiano es saber esperar sin perder la fe. Cuando nuestros pioneros sufrieron el gran chasco de 1844, los fieles se mantuvieron firmes hasta que llegaron a la conclusión de que, aunque no era lo que habían esperado inicialmente, algo grande aconteció el 22 de octubre de aquel año.

Cuando Juan el Bautista quedó encarcelado, no dudó de la realidad que «un niño nos es nacido», ni del hecho que un Mesías vendría, ni que Dios tuviese un plan de salvación. Ni siquiera dudó que su primo fuese ese Mesías. Él solamente quería confirmación de su fe. Estaba listo para morir, pero quería morir con la bendita esperanza viva en su mente. Quería bajar a la tumba sabiendo que sus ojos habían visto al Mesías. Quería la confirmación de que su predicación no había sido en vano, y que el que era mayor que él ya estaba aquí.

La pregunta de Juan no era tanto para él como para sus discípulos. Ellos habían aprendido de él que Cristo era el Mesías, pero ahora que estaba encarcelado se preguntaban si todo esto no era una pesadilla. Necesitaban la confirmación de que, aunque a Juan lo iban a matar, el Mesías estaba con ellos para guiarlos. Quizás ahora entenderían plenamente lo que él les había dicho mucho antes: que vendría uno las correas de cuyas sandalias él no era digno de desatar.

Las vicisitudes de Juan debían ser la confirmación de la fe de sus discípulos. Juan nos enseñó que la peor circunstancia no debía ser motivo de perder lo mejor que tenemos. Nada debiera interponerse entre nuestro Dios y nuestra fe en él, porque, a su debido momento, el que ha de venir vendrá y no tardará.

«Perturbaba a Juan el ver que por amor a él sus propios discípulos albergaban incredulidad para con Jesús... Pero el Bautista no renunció a su fe en Cristo. El recuerdo de la voz del cielo y de la paloma que había descendido sobre él, la inmaculada pureza de Jesús, el poder del Espíritu Santo que había descansado sobre Juan cuando estuvo en la presencia del Salvador, y el testimonio de las escrituras proféticas, todo atestiguaba que Jesús de Nazaret era el Prometido» (DTG 187).

Israel Leito

sábado, 13 de febrero de 2010

REGOCIJÉMONOS EN SUS TESOROS

Y te alegrarás en todo el bien que Jehová tu Dios te haya dado a ti y a tu casa, así tú como el levita y el extranjero que está en medio de ti. (Deut. 26: 11.)

Debiera manifestarse gratitud y alabanza a Dios por las bendiciones temporales y por todo consuelo que nos conceda. Dios desea que toda familia que se está preparando para habitar en las mansiones celestes, le dé gloria por los ricos tesoros de su gracia. Si los niños, en la vida de hogar, fueran educados y preparados para ser agradecidos al Dador de todo bien, veríamos manifestarse la gracia celestial en nuestras familias. Se vería alegría en la vida de hogar, y al proceder de tales hogares, los jóvenes llevaran con ellos un espíritu de respeto y reverencia al aula y a la iglesia. Habrá atención en el santuario donde Dios se reúne con su pueblo, reverencia por todos los servicios del culto, y se ofrecerán alabanzas y acción de gracias por todos los dones de su providencia...

Toda bendición temporal será recibida con gratitud, y toda bendición espiritual llegará a ser doblemente preciosa debido a que la percepción de tal miembro del hogar, se ha santificado por la Palabra de verdad. El Señor Jesús está muy cerca de aquellos que aprecian de ese modo sus dones de gracia, que descubren el origen de todos sus bienes en un Dios benevolente, amante y cuidadoso, y que reconocen en él a la gran Fuente de toda consolación, la vertiente inagotable de la gracia.

Si expresáramos más nuestra fe y nos regocijáramos más en las bendiciones que sabemos que tenemos -la gran merced y amor de Dios-, tendríamos más fe mayor gozo. Ninguna lengua puede expresar, ninguna mente finita puede concebir, la bendición que resulta de la apreciación de la bondad y el amor de Dios. Aun en la tierra podemos tener gozo como vertiente, que nunca deja de fluir, porque se alimenta de la corriente que surge del trono de Dios.

E. G. White

viernes, 12 de febrero de 2010

ACERQUÉMONOS CONFIADAMENTE

Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. (Heb. 4: 16.)

Jesús conoce las necesidades de sus hijos y le gusta escuchar sus oraciones. Que sus hijos se aparten del mundo y de todo lo que pudiera apartar los pensamientos de Dios, y que sientan que están solos con el Señor, que su ojo contempla lo mas profundo del corazón y lee los deseos del alma, y que pueden hablar con Dios. Con fe humilde, podéis pedir el cumplimiento de sus promesas y sentir que aunque no tenéis nada en vosotros mismos que pudiera serviros para suplicar el favor de Dios, debido a los méritos y la justicia de Cristo podéis acercamos confiadamente al trono de la gracia, para hallar socorro en el momento oportuno. Nada puede fortalecer tanto al alma para resistir las tentaciones de Satanás en el gran conflicto de la vida, como buscar a Dios en humildad, y presentar delante de él vuestra alma en toda su indigencia, a la espera de que él será vuestro Ayudador y Defensor.

Con la fe confiada de un niñito, hemos de acudir a nuestro Padre celestial, contándole todas nuestras necesidades. Siempre está listo para perdonarnos y ayudarnos. La fuente de sabiduría divina es inagotable y el Señor nos anima a sacar abundantemente de ella. El anhelo que podríamos tener de bendiciones espirituales se describe en estas palabras: "Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía". Necesitamos una profunda hambre espiritual por los ricos dones que el cielo puede concedernos. Debemos tener hambre y sed de justicia.

Oh, que podamos tener un deseo consumidor de conocer a Dios por experiencia, para llegar hasta la cámara de audiencia del Altísimo, extendiendo la mano de fe, y vaciando nuestras almas impotentes sobre Aquel poderoso para salvar. Su bondad amante es mejor que la vida.
El desea conceder a los hijos de los hombres las riquezas de una herencia eterna. Su reino es un reino eterno.

E. G. White

jueves, 11 de febrero de 2010

MEDITEMOS EN DIOS

Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra. (Sal. 46: 10.)

Los cristianos debieran... cultivar amor por la meditación, y atesorar el espíritu de devoción. Muchos parecieran tener repugnancia por los momentos dedicados a la meditación, como si la investigación de las Escrituras y la oración fueran tiempo perdido. Yo quisiera que todos vosotros vierais estas cosas en la luz en que Dios quiere que las veáis, porque entonces haríais del reino de los cielos lo más importante. El mantener el corazón en el cielo dará vigor a todas vuestras facultades, y pondrá vida en todos vuestros deberes. El disciplinar la mente para que se espacie en las cosas celestiales pondrá vida y fervor en todo vuestro comportamiento.

Que todo el que desee participar de la naturaleza divina aprecie el hecho de que debe huir de la corrupción que está en este mundo a través de la concupiscencia. Debe haber una lucha del alma, constante y ferviente, contra los malos pensamientos. Debe haber una resistencia decidida contra la tentación a pecar en pensamiento o acto. El alma debe mantenerse libre de toda mancha, por fe en Aquel que es capaz de guardaros sin caída. Debemos meditar en las Escrituras, pensando con sobriedad y candidez en las cosas que se refieren a nuestra eterna salvación. La infinita misericordia y el amor de Jesús, el sacrificio hecho en vuestro favor, requieren la más seria y solemne reflexión. Debiéramos espaciarnos en el carácter de nuestro querido redentor e Intercesor. Debemos tratar de comprender el significado del plan de salvación. Debemos meditar sobre la misión de Aquel que vino a salvar a su pueblo de sus pecados. Al contemplar constantemente los temas celestiales, nuestra fe y amor se fortalecerán. Nuestras oraciones serán más y más aceptables para Dios, porque estarán más y más mezcladas con fe y amor. Serán más inteligentes y fervientes.
Cuando la mente está llena de este modo... el creyente en Cristo será capaz de sacar sus tesoros del almacén del corazón.

E. G. White

miércoles, 10 de febrero de 2010

UN CORAZÓN RENOVADO

Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. (Juan 13: 34.)

Jesús dice: "Como yo os he amado, que también os améis unos otros". El amor no es simplemente un impulso, una emoción transito que depende de las circunstancias; es un principio viviente, un poder permanente. El alma se alimenta de las corrientes del puro amor que fluyen del corazón de Cristo, una fuente que nunca falla. Oh, ¡cómo vivifica el corazón, cómo se ennoblecen sus motivos, cómo se profundizan sus afectos, mediante esta comunión! Bajo la educación y la disciplina del Espíritu Santo, los hijos de Dios se aman mutuamente, lealmente, sinceramente y sin afectación, "sin incertidumbre ni hipocresía" (Sant. 3: 17). Y esto porque el corazón está enamorado de Jesús. Nuestros afectos mutuos surgen de una común relación con Dios. Somos una familia y nos amamos los unos a los otros como él nos amó. Cuando se compara este afecto verdadero, santificado y disciplinado, con la cortesía ampulosa del mundo, las expresiones carentes de significado de la amistad efusiva son como paja de la era.
Amar como Cristo amó significa manifestar abnegación en todo momento y lugar, mediante palabras amantes y un continente agradable... El amor genuino es un precioso atributo que se origina en el cielo, cuya fragancia crece en proporción a la forma en que se lo dispensa los demás...

El amor de Cristo es profundo y ferviente y fluye como una corriente irresistible para todos los que lo aceptan. No hay egoísmo en su amor. Si este amor de origen celestial es un principio que mora en el corazón se manifestará, no sólo a aquellos que amamos más dentro de un relación sagrada, sino a todos con los que entramos en contacto. Nos guiará a otorgar pequeños actos de atención, a hacer concesiones, ejercer acciones bondadosas, a hablar palabras tiernas, verdaderas animadoras. Nos conducirá a simpatizar con aquellos cuyos corazones tienen sed de simpatía.

E. G. White

martes, 9 de febrero de 2010

DEPENDENCIA DE DIOS

Porque separados de mí nada podéis hacer. (Juan 15: 5.)

La primera lección que debe enseñarse... es la lección de la dependencia de Dios... Como la flor del campo tiene su raíz en el suelo, y debe recibir aire, rocío, lluvia y luz del sol, así debemos recibir de Dios lo que debe sostener la vida del alma.

La presencia de Dios es una garantía para el cristiano. Esta Roca de fe es la presencia viviente de Dios. El más débil puede depender de ella. Los que se creen más fuertes pueden convertirse en los más débiles a menos que dependan de Cristo como su eficiencia y su dignidad. Esta es la Roca sobre la cual podemos edificar con éxito. Dios está cerca en el sacrificio expiatorio de Cristo, en su intercesión, su amor, su tierno poder guiador en la iglesia. Sentado junto al trono eterno, los observa con intenso interés. Mientras los miembros de la iglesia obtengan savia y alimento de Jesucristo por medio de la fe, y no de las opiniones, las invenciones y los métodos de los hombres; si tienen una convicción de la cercanía de Dios en Cristo, y ponen su entera confianza en él, tendrán una relación vital con Cristo, como la rama tiene una relación con el tronco. La iglesia no está fundada sobre teorías de hombres, sobre formas y planes vacíos de significado hace ya tiempo. Depende de Cristo, su justicia. Está edificada sobre la fe en Cristo "y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella"...

La fortaleza de toda alma reside en Dios y no en el hombre. La quietud y la confianza han de ser la fuerza de todos los que dediquen su corazón a Dios. Cristo no manifiesta un interés casual en nosotros; el suyo es más fuerte que el de una madre por su hijo... Nuestro Salvador nos ha comprado por medio de sufrimientos y penas, por insultos, reproches, abuso, burlas, rechazo y muerte. El te está mirando, tembloroso hijo de Dios. El te dará seguridad bajo su protección... Nuestra débil naturaleza humana no impedirá nuestro acceso al Padre celestial, porque él [Cristo] murió para interceder por nosotros.

E. G. White

lunes, 8 de febrero de 2010

Si me amas, demuéstramelo

“Y cuando seguéis la mies de vuestra tierra, no segarás hasta el último rincón de tu campo, ni recogerás las espigas en tu campo segado. Las dejarás para el pobre y el extranjero. Yo, Jehová, vuestro Dios.” Levítico 2 3: 22

Es imposible pretender amar a Dios y no tener en cuenta las necesidades de los menos afortunados. La Palabra de Dios nos insta vez tras vez a no olvidamos de los pobres. Al acordamos de los necesitados, reconocemos que toda buena dádiva proviene del Padre. Cuando uno se preocupa de los pobres y necesitados, manifiesta que el corazón ha sido enternecido por la presencia del Espíritu Santo.

Comúnmente, a las personas que tienen mucho no les gusta compartir con los demás, por el temor de quedarse sin nada Sin embargo, la persona en cuyo corazón habitan la bondad y la gracia de Dios reconocerá que, no importa cuánto dé, el Señor del cielo siempre suplirá sus necesidades.

Cuando vemos una persona tirada por las calles, tendemos a juzgar y pensar que es drogadicta, o que es alguien incapaz de gestionar sus cosas y que por eso está en la situación en que está. Pero el Señor nos insta a no juzgar. Demos a conocer al mundo que nos observa que creemos que una persona así también ha sido comprada por la sangre de nuestro Salvador. Demostremos que creemos que Dios tiene misericordia de ella. Despreciar al pobre es juzgarlo y esto no es lo que nuestro Señor espera de nosotros.

Cuando veamos a los pobres en los cruces o en los semáforos mendigando, o a madres desesperadas que andan con su bebé en brazos suplicando ayuda, que Dios nos ayude a no juzgar y pensar que están pidiendo para ir a comprar más droga. Abramos nuestros corazones para que el Espíritu de Dios nos use para ser una bendición para un necesitado. Claro está que no queremos apoyar la vagancia ni los malos hábitos, pero, ¿quiénes somos para juzgar? ¿Quién sabe si esta persona rogó a su Señor, que es nuestro Dios también, pidiéndole que ponga a una persona en el camino para socorrerle?

Puede que nosotros seamos la respuesta a la oración de un pobre. Nunca debemos cansamos de hacer el bien y demostrar bondad a los demás. Si abusan de nuestra bondad, que los juzgue Dios, pero yo y mi casa serviremos a nuestro Dios con una demostración de compasión para los menos afortunados.

Pr. Israel Leito

domingo, 7 de febrero de 2010

Pesas Exactas

No haréis injusticia en el juicio, ni en la medida de longitud, ni en la de peso, ni en la de capacidad. Tendréis balanzas justas, pesas justas, un efa justo y un hin justo. Yo, Jehová, vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto. Levítico 19: 35, 36

Medir con medida justa y pesar en balanza justa denota la forma como tratamos a nuestros semejantes. Dios espera una estricta relación de honestidad, no abusando del inocente ni de la ignorancia del prójimo.

«Se me mostró que es en esto donde muchos no soportan la prueba. Desarrollan su verdadero carácter en el manejo de las preocupaciones temporales. Son infieles, maquinadores y deshonestos en su trato con sus semejantes. No consideran que su derecho a la vida futura e inmortal depende de cómo se conducen en los asuntos de la presente, y que la más estricta integridad es indispensable para la formación de un carácter justo...» (1JT 509-10).

Esto tiene que ver con todo nuestro trato con los demás, trato que va más allá de las transacciones comerciales. Lo importante en esto es la honestidad en el trato con nuestros semejantes, y esto va más allá de las pesas y balanzas. Cuando la justicia de Cristo nos cubre y su gracia nos obliga y su amor nos constriñe, entonces no podemos sino tratar honestamente a nuestros semejantes. Jesús enseñó que debiéramos medir y tratar a los demás con la misma vara que nos medimos. Esto, sin embargo, es lo mínimo que deberíamos aplicar en nuestro trato con los demás. Nuestras relaciones mutuas deberían llevarnos a tratar a los demás mejor de lo que desearíamos ser tratados. ¿No es esto lo que Jesús quiso decir cuando habló de «poner la otra mejilla» y de ir dos millas en vez de una, o de dejar la capa y la túnica?

Juzgar el carácter de otros con más severidad que el propio es medir con pesa falsa. Esperar bondades de otros sin estar dispuesto a ser más bondadoso es pesar con pesa falsa. ¡Hay tantas cosas que afectan las relaciones interpersonales en las que podemos valorar al prójimo comparativamente sin darnos cuenta que estamos juzgando y pesando con pesas falsas! Por esto el Señor nos enseñó el mejor camino cuando nos dijo que lo mejor es no juzgar.

En todas nuestras relaciones con los demás, si tenemos que opinar, usemos pesas correctas.

Pr. Israel Leito

sábado, 6 de febrero de 2010

Entonces Jesús le dijo: «Mira, no lo digas a nadie; pero ve, muéstrate al sacerdote y ofrece la ofrenda que mandó Moisés, para testimonio a ellos». Mateo 8: 4

La tendencia humana es proclamar voz en cuello cuanto bueno nos ocurre. Como cristianos se nos insta siempre a decir lo que Cristo ha hecho en nuestras-vidas para que otros lleguen al conocimiento de la gracia salvadora. Sin embargo, hay veces que la vida vivida es preferible a la palabra hablada. Una vida en acuerdo con la voluntad de Dios es un testimonio mucho más poderoso que un sermón predicado. «Jesús encargó al hombre que no diese a conocer la obra en él realizada, sino que se presentase inmediatamente con una ofrenda al templo. Semejante ofrenda no podía ser aceptada hasta que los sacerdotes le hubiesen examinado y declarado completamente sano de la enfermedad. Por poca voluntad que tuviesen para cumplir este servicio, no podían eludir el examen y la decisión del caso. »Las palabras de la Escritura demuestran con qué urgencia Cristo recomendó a este hombre la necesidad de callar y obrar prontamente.

"Entonces le apercibió, y despidióle luego. Y le dice: Mira, no digas a nadie nada; sino ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza lo que Moisés mandó, para testimonio a ellos." Si los sacerdotes hubiesen conocido los hechos relacionados con la curación del leproso, su odio hacia Cristo podría haberlos inducido a dar un fallo falto de honradez. Jesús deseaba que el hombre se presentase en el templo antes de que les llegase rumor alguno concerniente al milagro. Así se podría obtener una decisión imparcial, y el leproso sanado tendría permiso para volver a reunirse con su familia y sus amigos.

»Jesús tenía otros objetos en vista al recomendar silencio al hombre. Sabía que sus enemigos procuraban siempre limitar su obra, y apartar a la gente de él. Sabía que si se divulgaba la curación del leproso, otros aquejados por esta terrible enfermedad se agolparían en derredor de él y se harta correr la voz de que su contacto iba a contaminar a la gente. Muchos de los leprosos no emplearían el don de la salud en forma que fuese una bendición para sí mismos y para otros. Y al atraer a los leprosos en derredor suyo, daña ocasión de que se le acusase de violar las restricciones de la ley ritual. Así quedaría estorbada su obra de predicar el evangelio» (DTG 229-30).

Israel Leito

viernes, 5 de febrero de 2010

LA FE OBRA POR EL AMOR

Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor. (Gál. 5: 6.)

Cuando presentáis vuestras peticiones al Señor, debéis hacerlo humildemente, sin vanagloriaros de dotes superiores, sino con verdadera hambre del alma por las bendiciones de Dios. Cristo siempre sabe lo que atesora el corazón. Debemos venir con fe en que el Señor oye y responde nuestras oraciones; porque "todo lo que no es de fe, es pecado". La fe genuina es la que obra por el amor, y purifica el alma. Una fe viviente será una fe que obre. Si fuéramos al jardín y encontráramos que no hay savia en las plantas, ni frescura en las hojas, ni brotes ni pimpollos de flores, ni ninguna señal de vida en los troncos y las ramas, diríamos: "Las plantas están muertas. Desarraigadlas del jardín, porque son fealdad para el suelo". Lo mismo ocurre con los que profesan el cristianismo y no tienen espiritualidad. Si no hay señales de vigor religioso, si no se ponen en práctica los mandamientos del Señor, es evidente que Cristo, la Vid viviente, no mora allí.

La fe y el amor son los elementos esenciales y poderosos que obran en el carácter cristiano. Los que los poseen son uno con Cristo, y están cumpliendo su misión. Debemos sentarnos a los pies de Cristo como alumnos constantes y obrar con sus dones de fe y amor. Entonces llevaremos el yugo de Cristo, y llevaremos sus cargas, y Cristo nos reconocerá como uno con él; en el cielo se dirá: "Son colaboradores de Cristo". ¿Recordará nuestra juventud que sin fe es imposible agradar a Dios? Y debe ser la fe que obra por amor y purifica el alma.

No podemos sobreestimar el valor de una fe sencilla y una obediencia confiada. El carácter obtiene perfección siguiendo el camino de la obediencia con una fe sencilla.

E. G. White

jueves, 4 de febrero de 2010

SIRVEN A LOS SALVOS

¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación? (Heb. 1: 14.)

Dios tiene ángeles cuya única obra consiste en atraer a los que serán herederos de la salvación... La obra de los ángeles consiste en retener los poderes de Satanás.
La obra de estos seres celestiales consiste en preparar a los habitantes de este mundo para que lleguen a ser hijos de Dios, puros, santos e incontaminados. Pero los hombres, a pesar de que profesan ser seguidores de Cristo, no se ponen en tal situación que puedan comprender este ministerio, y de esta manera dificultan la labor de estos mensajeros celestiales. Los ángeles, que siempre contemplan el rostro del Padre en el cielo, preferirían permanecer junto a Dios, en la atmósfera pura y santa del cielo; pero debe hacerse una obra que consiste en traer la atmósfera celestial a las almas que están tentadas y probadas, para que Satanás no las descalifique para el lugar que Dios quiere que llenen en las cortes celestiales. Los principados y las potestades en lugares celestiales se combinan con estos ángeles en su servicio en favor de los que serán herederos de la salvación.

Los ángeles, que harán por vosotros lo que no podéis hacer por vosotros mismos, esperan, vuestra cooperación. Esperan que respondáis a la atracción de Cristo. Acercaos a Dios y el uno al otro. Mediante vuestros deseos, vuestras oraciones silenciosas, vuestra resistencia a los instrumentos satánicos, poned vuestra voluntad de parte de la de Dios. Mientras tengáis el deseo de resistir al diablo, y oréis sinceramente diciendo: "Líbrame de la tentación", tendréis fortaleza para el día. La obra de los ángeles consiste en acercarse a los probados, tentados y sufrientes. Trabajan mucho tiempo e incansablemente para salvar a las almas por las cuales Cristo murió. Y cuando las almas aprecian sus avances, aprecian la asistencia celestial que se les envía, responden a la obra del Espíritu Santo a su favor; cuando colocan su voluntad de parte de la voluntad de Cristo, los ángeles llevan las noticias al cielo... y hay gozo en el ejército celestial.

E. G. White

miércoles, 3 de febrero de 2010

NOS DA SABIDURÍA E INTELIGENCIA

Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová. (Isa. 11: 2.)

Mientras el Espíritu Santo os abra la verdad, atesoraréis las experiencias más preciosas, y desearéis hablar a otras personas sobre enseñanzas consoladoras que se os han revelado. Cuando os juntéis con ellas, les comunicaréis un pensamiento nuevo sobre el carácter o la obra de Cristo. Tendréis nuevas revelaciones del amor compasivo de Dios para hacerlas a los que le aman y a los que no le aman.

"Dad, y se os dará", porque la Palabra de Dios es una "fuente de huertos, pozo de aguas vivas, que corren del Líbano". El corazón probó el amor de Cristo, anhela incesantemente beber de él con abundancia, y mientras lo impartimos a otros, lo recibiremos en medida más rica y copiosa. Cada revelación de Dios al alma aumenta la capacidad de saber y de amar. El clamor continuo del corazón es: "Mas de ti", y a él responde siempre el Espíritu: "Mucho más". Dios se deleita en hacer "mucho más abundantemente de lo que pedimos o tendemos". A Jesús, quien se entregó por entero para la salvación de la humanidad perdida, se le dio sin medida el Espíritu Santo. Así será dado también a cada seguidor de Cristo cuando le entregue su corazón como morada. Nuestro Señor mismo nos ordenó: "Sed llenos del Espíritu", y este mandamiento es también una promesa de su cumplimiento. Era la voluntad del Padre que en Cristo "habitase toda la plenitud"; y "vosotros estáis completos en él".

Dios ha derramado su amor sin escatimar, al igual que las lluvia que refrescan la tierra. El dice: "Rociad, cielos, de arriba, y las nubes destilen la justicia; ábrase la tierra, y prodúzcanse la salvación y justicia; háganse brotar juntamente"... "De su plenitud tomamos todos y gracia sobre gracia" (Isa. 45: 8; Juan 1: 16). 15

E. G. White

martes, 2 de febrero de 2010

No juzguéis, para que no seáis juzgados.

No juzguéis, para que no seáis juzgados. Mateo 7:1

Una señora tenía que salir una mañana de compras. El camión de la basura tenía un punto de recogida en la ruta que esta mujer debía tomar para llegar a la parada del autobús, de modo que ella recogió una bolsita de basura con la intención de dejarla en aquel lugar. Ensimismada en mil asuntos, en vez de dejar la bolsita en el lugar de recogida, la pobre mujer la metió entre las cosas que llevaba y se subió al autobús. Al poco rato, se quedó sorprendida de un olor sumamente desagradable que impregnaba el vehículo. Abrió las ventanillas para dejar entrar el aire fresco, pero de nada sirvió.

Al bajarse al llegar a su destino, notó que el mal olor persistía en la calle, y el hedor no se disipaba ni siquiera cuando entraba en las distintas tiendas en las que tenía que hacer sus compras. Según iban pasando las horas, la situación empeoraba y llegó a sentir náuseas, pues todo el mundo olía mal. Solo cuando regresó a casa se dio cuenta de que quien llevaba el mal olor a todas partes había sido ella.

¡Cuántas veces nos dedicamos a ver el mal en los demás, a juzgarlos y criticarlos sin misericordia, siendo que, a menudo, la basura la llevamos encima! Juzgar a los demás, criticarlo todo, nos roba la dicha de disfrutar las bendiciones del cielo y la compañía de los hijos de Dios. Consideremos las siguientes palabras: «El ambiente de criticas egoístas y estrechas ahoga las emociones nobles y generosas, y hace de los hombres espías despreciables y jueces ególatras. A esta clase pertenecían los fariseos. No salían de sus servicios religiosos humillados por la convicción de lo débiles que eran ni agradecidos por los grandes privilegios que Dios les había dado. Salían llenos de orgullo espiritual, para pensar tan solo en sí mismos, en sus sentimientos, su sabiduría, sus caminos. De lo que ellos habían alcanzado hacían normas por las cuales juzgaban a los demás... El pueblo participaba en extenso grado del mismo espíritu, invadía la esfera de la conciencia, y se juzgaban unos a otros en asuntos que tocaban únicamente al alma y a Dios... No hagáis de vuestras opiniones y vuestros conceptos del deber, de vuestras interpretaciones de las Escrituras, un criterio para los demás, ni los condenéis si no alcanzan a vuestro ideal. No censuréis a los demás; no hagáis suposiciones acerca de sus motivos ni los juzguéis» (DMJ 106).

Pr. Israel Leito

lunes, 1 de febrero de 2010

La economía del afecto

“Sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan.” Mateo 6:20.

No todas las culturas tienen un sentido de economía que promueva el ahorro hoy para poder
sobrevivir mañana. Los pueblos no sujetos a fluctuaciones estacionales no tenían la costumbre de ahorrar para poder sobrevivir. Esta costumbre de tomar y usar de la naturaleza solo lo que se necesita en el momento ha dado lugar a lo que se conoce como la economía del afecto. Las gentes respetan la naturaleza y no acaparan lo que a otros les pueda servir.

La economía del afecto propone y acepta que toda la sociedad es interdependiente, y nos obliga, por ello, a pensar siempre en las necesidades de los demás, trátese de seres queridos, vecinos, amigos o cualquiera que pueda tener influencia sobre uno.

Las palabras de Cristo se refieren a quienes han desarrollado la práctica egoísta de tomar y retener solamente para sí sin preocuparse de los demás. Con estas palabras, Jesús nos llama la atención a tantas cosas de la vida que tienen que ver con la forma en que nos relacionamos con los demás.

- El don del perdón Dios nos lo da gratuitamente de forma tan abundante que debemos asegurarnos de darlo a los demás de la misma manera.

- Se debe recordar que todo lo que somos y poseemos proviene de Dios, y el hacer alarde de nuestra bondad para humillar a otros, no es la mejor manera de usar los dones del cielo.

- Nuestro servicio a Dios no debe ser razón de desánimo para otros. “Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mat. 6:17, 18).

Acumular tesoros en el cielo no es simplemente abrir una cuenta bancaria en el cielo; es vivir de tal manera aquí que todo lo nuestro agrade al Señor, especialmente en nuestro trato con los demás. Es ser un embajador de Cristo y dejar brillar nuestra luz ante los hombres.

“Viviendo una vida de consagración y abnegación al hacer el bien a otros, podríais haber añadido estrellas y gemas a la corona que llevaréis en el cielo y habríais acumulado tesoros eternos, inmarcesibles” (Ms 69, 1912).

Pr. Israel Leito