lunes, 8 de marzo de 2010

No te dejes intimidar

"Y les dirá: "Oye, Israel, vosotros os juntáis hoy en batalla contra vuestros enemigos; no desmaye vuestro corazón, no temáis, ni os azoréis, ni tampoco os desalentéis delante de ellos; porque Jehová vuestro Dios va con vosotros, para pelear" Deuteronomio 20:3,4

Toda guerra abierta va precedida de una fase psicológica en la que los contendientes tratan de intimidarse mutuamente. Todo general sabe que es preferible ganar la guerra sin pelear a sacrificar muchos de sus soldados. Es tal el costo de muchas victorias que apenas quedan ánimos para disfrutar de las mismas. En la batalla que los israelitas estaban por pelear, parecía que el enemigo ya contaba con la baza de la victoria psicológica. Hizo falta un discurso formidable para recordarles que no todo estaba perdido, que Dios estaba de su lado y que, por lo tanto, no tenían por qué temer al enemigo.

En la historia de Gedeón encontramos que él estaba desanimado para emprender tan gran empresa. Vez tras vez supeditó su decisión a prueba para estar absolutamente seguro de que tendría la victoria. Si el propio Gedeón, que había escuchado la voz de Dios y había visto las pruebas de fe contestadas positivamente, tenía dudas, entonces no debemos juzgar demasiado severamente a sus soldados más dubitativos.

Dios conocía los corazones de los pusilánimes, que ya habían perdido la guerra psicológica y podían desanimar a los fieles. Por lo tanto, entró en el proceso de la depuración del ejército. No quería de ninguna manera que Gedeón o sus soldados llegasen a pensar que la victoria era de ellos. Dios usó psicología inversa para ayudarlos a entender que solamente confiando en él se logran las cosas. Los ejércitos tratan de intimidar al oponente con un gran número de hombres, con el despliegue del armamento más sofisticado y con la ventaja de la sorpresa. La actuación de Dios fue exactamente la opuesta a esto. Se valió de pocos hombres. Nunca antes se había ganado una guerra con toques de trompeta y lámparas. Y es que no hay batalla que él no pueda ganar.

Tenemos la seguridad de que él está de nuestro lado, que no hay por qué temer. No hay por qué prepararse a hacerle frente al enemigo como él espera, porque de Jehová es la victoria, y él ya ganó la batalla. Confiemos en nuestro Dios y él hará.

Israel Leito

domingo, 7 de marzo de 2010

El Espíritu guía a la victoria

Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fue llevado por el Espíritu al desierto 2por cuarenta días, y era tentado por el diablo. No comió nada en aquellos días, pasados los cuales tuvo hambre. Lucas 4:1,2

En la confrontación de Cristo con el diablo en el desierto pocas veces se enfatiza la obra del Espíritu Santo en todo ello. La Biblia indica claramente que fue el Espíritu Santo quien lo llevó al desierto y lo sostuvo allí; después de los cuarenta días allí, Jesús fue tentado por el diablo (Mat. 4:2, 3). El Espíritu Santo estuvo con él en todo momento. En las peores pruebas y más agudas tentaciones, él podía depender de la presencia del Espíritu para sostenerle y guiarle.

Cuando Jesús fue llevado al desierto para ser tentado, fue llevado por el Espíritu de Dios. Él no invitó a la tentación. Fue al desierto para estar solo, para contemplar su misión y su obra. Por el ayuno y la oración, debía fortalecerse para andar en la senda manchada de sangre que iba a recorrer. Pero Satanás sabía que el Salvador había ido al desierto, y pensó que esa era la mejor ocasión para atacarle.

“Grandes eran para el mundo los resultados que estaban en juego en el conflicto entre el Príncipe de la Luz y el caudillo del reino de las tinieblas. Después de inducir al hombre a pecar, Satanás reclamó la tierra como suya, y se llamó príncipe de este mundo. Habiendo hecho conformar a su propia naturaleza al padre y a la madre de nuestra especie, pensó establecer aquí su imperio. Declaró que el hombre le había elegido como soberano suyo. Mediante su dominio de los hombres, dominaba el mundo. Cristo había venido para desmentir la pretensión de Satanás. Como Hijo del hombre, Cristo iba a permanecer leal a Dios. Así se demostraría que Satanás no había obtenido completo dominio de la especie humana, y que su pretensión al reino del mundo era falsa. Todos los que deseasen liberación de su poder, podrían ser librados. El dominio que Adán había perdido por causa del pecado, sería recuperado” (DTG 89, 90).

Desconocemos las tentaciones y las pruebas que nos sobrevendrán hoy; no sabemos cuándo va a atacar el enemigo. Pero, de una cosa estamos seguros: el Espíritu Santo está a nuestra disposición para sostenemos en todo momento. Que hoy sea un día de victoria para los hijos de Dios.

Israel Leito

sábado, 6 de marzo de 2010

Ocupaciones de alto riezgo

"También le preguntaron unos soldados, diciendo: —Y nosotros, ¿qué haremos? Les dijo: —No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario." Lucas 3:14

Todo empleo tiene sus peligros y no importa cuán trivial pueda parecer, siempre tiene algo que puede ser considerado.como de exposición al peligro. Puede que afecte a nuestro bienestar, que exista el riesgo de daño físico y que ponga en peligro nuestra vida.

A los soldados que preguntaron qué curso de acción debían tomar, Juan les habló del peligro del abuso de autoridad. Aunque esta tentación no se limita solamente a los militares, en su caso se mencionaron tres cosas: no hacer extorsión, no aprovecharse de los inocentes con denuncias falsas y conformarse con el salario legítimo.

El soldado bien podía abusar de la autoridad concedida para quitarles a los demás lo que era legítimamente de ellos. Por ello, Juan amonestó contra todo abuso de los pobres y los indefensos, así como contra la corrupción consistente en complementar los salarios con el pago de favores ilegítimos.

Hay muchas otras cosas que podemos clasificar con los tres pecados que Juan amonestó a los militares a no cometer. Y todas ellas son de aplicación también para cualquiera, aunque no sea militar ni policía.

Lo que Juan quería poner de relieve era que, no importa la ocupación de uno, ya seamos publicanos, soldados o cualquier otra cosa, los posibles pecados inherentes a la ocupación también deben ser confesados y abandonados. Para nosotros los cristianos es un mensaje fuerte la noción de que no podemos divorciar nuestra religión de nuestra ocupación. Hay que abrir el camino para que el evangelio entre en el corazón. Hay que eliminar los pensamientos que pretenden justificar actos equivocados hasta en asuntos tan seculares como el trabajo. Hay que someter todo el ser a la voluntad de Cristo, y eliminar todo lo que pueda impedir la obediencia al Señor, Solo así viviremos en forma coherente con la salvación y la gracia de Cristo.

Puede que tengamos una ocupación que no consideremos arriesgada, pero si la ocupación causa la pérdida de nuestra salvación, entonces es de altísimo riesgo. Que todo lo que hagamos testifique que. somos de Cristo, y no separemos nuestra religión de nuestra ocupación.

Israel Leito

viernes, 5 de marzo de 2010

Adoradle

Una de las grandes diferencias que existen entre el Dios del cielo y los dioses falsos es la forma en que sus súbditos reaccionan ante su intervención en su vida. Los que adoramos al Dios verdadero ansiamos ver una manifestación y sentir su presencia. En cambio, los que creen en la existencia de dioses viven llenos de temor.

Cuando de relación con nuestro Dios se trata, es siempre un gran gozo saber que nos contesta y se manifiesta en nuestra vida. El contacto con Dios produce gozo, paz y una tranquilidad inexpresable. El asombro que el contacto con nuestro Dios produce es tal que en la mayoría de los casos suscita el deseo casi inconsciente de adorar. Se llena el alma con un deseo de cantar, de alabar, de hacer que todo el mundo sepa de la relación existente con nuestro Dios.

Es difícil hacer una distinción clara entre estar maravillados y la adoración. Cuando la majestad de Dios se revela, aunque no siempre se irrumpa en un canto, o se exprese una palabra de alabanza, la gran verdad es que casi siempre, aunque sea en el silencio, se eleva una oración de gratitud y se alaba al Dios del cielo. La manifestación de Dios nos da la certeza que nuestra fe no es en vano, y nos da plena confianza de la salvación que él ha hecho posible.

El ejemplo de los pastores es un gran ejemplo para nosotros: “Volvieron, glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, tal como les había sido dicho': No podían esconder la gran verdad descubierta. El canto de los ángeles los maravilló; el mensaje que recibieron los llenó del deseo de lograr que otros supiesen de su gran descubrimiento. Esa experiencia se ha repetido un sinnúmero de veces, porque cada ser humano que descubre a Dios y con humildad se somete a él tiene una experiencia similar de gozo y adoración. Nunca se debe olvidar que Dios desea que tengamos vida en abundancia, que tengamos gozo y seamos felices. Todas estas cosas están relacionadas con la adoración. Que hoy podamos descubrir a Dios a toda hora y tener un canto en el corazón por lo que el Señor ha hecho, está haciendo y hará por nosotros.

Israel Leito

jueves, 4 de marzo de 2010

Sin misericordia

"Cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra en la cual entrarás

En nuestros días, cuando tanto se habla de derechos humanos y genocidios, cuando dictadores que cometieron atrocidades y creyeron escapar impunes son llevados ante tribunales internacionales de justicia, cuando resultan archiconocidas expresiones como holocausto o crimen contra la humanidad, algunos se preguntan qué es esto de exterminar a varios pueblos y no tener misericordia de ellos. ¿Cómo puede ser? Algunos ven en esto razón para perder la fe en un Dios de amor, misericordioso y compasivo. Pierden de vista que nuestro Dios promete visitar el pecado solamente sobre la tercera y la cuarta generación, pero que tiene misericordia sobre mil generaciones (Exo. 20:5, 6).

La verdad es que Dios nunca ejecuta juicio sin dar oportunidad de arrepentimiento. El hecho de que decidiera usar al pueblo hebreo para ejecutar juicio sobre estos pueblos debe ser entendido en el contexto de que tuvieron su oportunidad para reconocer al Dios del cielo y no lo hicieron. Su permanencia en la tierra pondría en peligro el plan de salvación, porque harían que el pueblo de Dios, de quien había de nacer el Mesías para salvar al mundo, se desviara, echando a perder el plan de salvación. “Porque desviará a tu hijo de en pos de mí, y servirán a dioses ajenos; y el furor de Jehová se encenderá sobre vosotros, y te destruirá pronto. Mas así habéis de hacer con ellos: sus altares destruiréis, y quebraréis sus estatuas, y destruiréis sus imágenes de Asera, y quemaréis sus esculturas en el fuego” (Deut. 7:4, 5).

Lo que pasó con los pueblos cananeos no fue genocidio. En su juicio, el Señor limpió al mundo de estos pueblos, carentes ya de esperanza, por amor a ti y a mí. Lo importante es que nos demos cuenta de que para nosotros hoy es el día de salvación, que todavía tenemos la oportunidad de aceptar a nuestro Señor de todo corazón, de estar cobijados por Cristo y, por su gracia, escapar de la ira.

Israel Leito

miércoles, 3 de marzo de 2010

LOS BUENOS HÁBITOS Y LA SALUD

Mas yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas, dice Jehová. (Jer. 30: 17.)

La mente no se desgasta ni sucumbe tan a menudo por causa del empleo diligente y el estudio constante, como debido a que se comen alimentos inadecuados y en momentos no apropiados, y al descuido de las leyes de la salud... Las horas irregulares para comer y dormir minan las fuerzas mentales. El apóstol Pablo declara que quien quiera tener éxito en su propósito de alcanzar una elevada norma de piedad, debe ser temperante en todas las cosas. El comer, el beber y la vestimenta tienen una influencia directa sobre nuestro progreso espiritual.

La salud es una bendición que pocos aprecian... Muchos comen a toda hora sin considerar las leyes de la salud. Entonces la mente se cubre de lobreguez. ¿Cómo puede el hombre ser honrado con iluminación divina cuando es tan descuidado en sus hábitos, tan desatento a la luz que Dios le ha dado con respecto a estas cosas?... La vida es un cometido sagrado que sólo Dios puede capacitarnos para conservar, y para usar en tal forma que lo glorifique. Pero el que formó esta maravillosa estructura del cuerpo, tendrá especial cuidado de mantenerlo en orden sí el hombre no interfiere en sus propósitos.

La salud, la vida y la felicidad son el resultado de la obediencia a las leyes físicas que gobiernan nuestro cuerpo. Si nuestra voluntad y nuestros métodos están en armonía con la voluntad y los métodos de Dios; si hacemos lo que al Creador le place, él mantendrá el organismo humano en buenas condiciones, y restaurará las facultades morales, mentales y físicas, a fin de poder obrar por medio de nosotros para su gloria... Si cooperamos con él en esta obra, la salud y la felicidad, la paz y la utilidad serán el resultado seguro.

El no murió por nosotros para que nos convirtamos en esclavos de hábitos malignos, sino para que nos convirtamos en hijos e hijas de Dios, sirviéndole a él con cada poder de nuestro ser.
Mis queridos amigos jóvenes, avancen paso a paso, hasta que todos sus hábitos estén en armonía con las leyes de la vida y la salud.

E. G. White

martes, 2 de marzo de 2010

MAS UNIDO QUE UN HERMANO

Y amigo hay más unido que un hermano. (Prov. 18: 24.)

Tendréis desilusiones, Pero siempre tened en mente que Jesús, el Salvador viviente y resucitado, es vuestro Redentor y Restaurador. Él os ama, y es mejor compartir su amor que sentarse con príncipes y estar separado de él...

Venid diariamente a Jesús, quien os ama. Abridle francamente vuestro corazón. No hay desilusiones en él. Nunca encontraréis otro consejero mejor, y un guía más seguro o una defensa más tierna.

En medio de todas vuestras tribulaciones... habéis tenido un amigo que nunca falla, que os ha dicho: "Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo".

¡Pero cuán a menudo se desprecia al Señor persiguiendo la sociedad de otros, de Cristo a su diestra es ahora, de manera que cuando el enemigo llegue como una inundación, el Espíritu del Señor levante un estandarte contra él.

La comunión con Cristo, ¡qué indescriptiblemente preciosa! Si la buscamos, es nuestro privilegio gozar de tal comunión.

Tendréis la eterna seguridad de que poseéis un amigo más unido que un hermano.

E. G. White

lunes, 1 de marzo de 2010

VENCEDORES COMO ÉL

Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. (Juan 16: 33.)

Satanás lanzó ataques más poderosos contra Cristo que los que nunca lanzará contra nosotros. Del triunfo de Cristo o de él dependían consecuencias mucho más importantes. Si Cristo resistía sus más poderosas tentaciones, y Satanás no podía obtener éxito en su intento de inducirlo a pecar, sabría que había perdido su poder y que finalmente sería castigado con eterna destrucción. Por lo tanto Satanás obró con mucho poder para inducir a Cristo a cometer un acto erróneo, porque entonces obtendría ventaja sobre él... Nunca podéis ser tentados en forma tan decidida y cruel como lo fue nuestro Salvador. Satanás estuvo en su senda en cada momento.

¿Se aferrará el hombre del poder divino, y resistirá con determinación y perseverancia a Satanás, tal como Cristo le ha dado ejemplo en su conflicto con el enemigo en el desierto de la tentación? Dios no puede salvar al hombre contra su voluntad del poder de los artificios de Satanás. El hombre debe obrar con todo su poder humano, ayudado por el poder divino de Cristo, para resistir y conquistar a toda costa. En resumen, el hombre debe vencer como Cristo venció. Entonces, gracias a la victoria que tiene el privilegio de obtener mediante el todopoderoso nombre de Jesús, puede convertirse en heredero de Dios y coheredero con Jesucristo. Este no sería el caso si Cristo solo obtuviera la victoria. El hombre debe hacer su parte; debe ganar la victoria por sí mismo, por medio de la fortaleza y la gracia que Cristo le da. Debe ser colaborador de Cristo en la obra de vencer, y entonces participará con él en su gloria.

El Salvador venció para mostrarle al ser humano cómo puede vencer. Cristo venció todas las tentaciones de Satanás con la Palabra de Dios. Confiando en las promesas de Dios, recibió poder para obedecer los mandamientos de Dios, y el tentador no pudo obtener ventaja.

E. G. White