jueves, 31 de diciembre de 2015

Tú serás otro hombre


Entonces el Espíritu de Jehová vendrá sobre ti con poder, y profetizarás con ellos, y serás mudado en otro hombre. 1 Samuel 10:6 (RVR 1960).

Muchas veces oigo lamentos como éstos: "Si pudiese comenzar todo de nuevo, sería diferente". "¡Ah!, si pudiese ser otro hombre". "¡Quién me diera poder borrar todo mi pasado e intentar otra vez!"

El versículo de hoy presenta una de las promesas de la Biblia: "El Espíritu de Jehová vendrá sobre ti con poder, y profetizarás con ellos, y serás mudado en otro hombre".

Aunque la aplicación espiritual de este versículo tiene que ver con el cambio de la naturaleza pecaminosa, el análisis del texto nos muestra que el cambio mencionado aquí se refiere a una mudanza de actitud del mismo hombre con relación a ciertas circunstancias de la vida, como Bezaleel y Aholiab, que recibieron sabiduría y habilidades especiales para la obra del tabernáculo (Éxodo 31:2-6). 0 como Moisés, que de la noche a la mañana se transformó de un hombre tímido en el gran líder capaz de enfrentar a Faraón. 0 como en el caso de Saulo de Tarso, que estaba persiguiendo a los cristianos y de un momento para otro tuvo una nueva visión de la vida, recibió el Espíritu de Dios y asumió su nueva responsabilidad, con la confianza en el poder de quien lo estaba llamando para un trabajo especial.

Conozco a muchos jóvenes tímidos que piensan que nunca vencerán en la vida. Tienen miedo de colportar, porque no son capaces de llamar a las puertas desconocidas y presentar los libros; tienen miedo de hablar en público, pues no consiguen expresarse con desenvoltura ante personas importantes (y para completar el cuadro, sueñan con ser pastores). ¿Qué hacer?

Saúl fue escogido del seno de una familia humilde para ser el rey de Israel. Evidentemente, no tenía "calificaciones" para ser el primer rey de un pueblo con una extraordinaria trayectoria de victorias, pero la promesa de Dios era: "Serás mudado en otro hombre". Y lo fue. Tenía ante sí un destino glorioso hasta el momento en que se olvidó de quién era el poder; entonces fue cuando comenzó la gran tragedia en la vida de Saúl. Se rehusó a continuar creciendo diariamente en el conocimiento y en la gracia del Señor y, como resultado de su "independencia", terminó siendo un pobre esclavo de Satanás.

No importa cuán insignificante puedas parecer ante tu sueño. No importa si los hombres te ven con indiferencia y piensan que nunca llegarás. "El Espíritu de Jehová se apoderará de ti y serás mudado en otro hombre".

Pr. Alejandro Bullón

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Tiempos de refrigerio


Así que, arrepentíos y convertíos para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de consuelo. Hechos 3:19.

Al terminar una gran reunión, un hombre me buscó y me dijo: "Pastor, estoy viviendo una situación pecaminosa hace más o menos dos años. Sé que estoy equivocado, pero no tengo la mínima voluntad de abandonar esa situación". Mi pregunta es: "¿Puede Dios hacer algo por una persona que, consciente de su situación, peca, pero no tiene el mínimo deseo de abandonar su vida pecaminosa?"

Con frecuencia pensamos que para ir a Jesús y ser aceptados por él primero necesitamos arrepentirnos de nuestra vida pasada, pero, al describir el verdadero arrepentimiento, una escritora dice:

"Efectuar un arrepentimiento como éste está más allá del alcance de nuestro propio poder; se obtiene solamente de Cristo, quien ascendió a lo alto y ha dado dones a los hombres. Precisamente éste es un punto en cual muchos yerran, y por esto dejan de recibir la ayuda que Cristo quiere darles. Piensan que no pueden ir a Cristo a menos que se arrepientan primero, y que el arrepentimiento los prepara para el perdón de sus pecados. Es verdad que el arrepentimiento precede al perdón de los pecados, porque solamente el corazón quebrantado y contrito es el que siente la necesidad de un Salvador. Pero ¿debe el pecador esperar hasta que se haya arrepentido antes de poder ir a Jesús? ¿Ha de ser el arrepentimiento un obstáculo entre el pecador y el Salvador?" (El camino a Cristo, págs. 23, 24).

Hay mucha diferencia entre estar arrepentido y tener remordimiento. El remordimiento es sentir miedo por haber roto una ley. El arrepentimiento es sentir dolor por haber lastimado el corazón de Jesús. El arrepentimiento no pasa por la desesperación como consecuencia del pecado. Cuando alguien es descubierto en pecado, teme y generalmente promete a Dios que a partir de ese momento las cosas cambiarán, pero cuando el peligro pasa, todo vuelve a ser como antes. El arrepentimiento es diferente; nace de la comprensión del amor de Dios. La persona es tocada por la misericordia divina, sabe que Dios la ama como es y reacciona ante ese amor corriendo a los brazos de Jesús, diciéndole: "Señor, soy malo y perverso, he lastimado tu corazón, ten piedad de mí". En ese momento Dios inspira en él el deseo de abandonar la vida equivocada; la persona llega a ser consciente de que cada error es un martillazo más en los clavos que crucificaron a Jesús, y cambia de vida. Miles y miles de personas a lo largo de la historia llegaron a Jesús como estaban, y él operó el milagro de transformarlos.

Tú tienes hoy ante ti un nuevo día. Corramos a Jesús sin miedo. Contemplemos su amor y permitamos que nuestro corazón responda arrepentido al sacrificio de su amor inmensurable.

Pr. Alejandro Bullón

martes, 29 de diciembre de 2015

La recompensa de la decisión


Rut respondió: "No me ruegues que te deje y me aparte de ti, porque a dondequiera que tú vayas, iré yo, y dondequiera que vivas, viviré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios, mi Dios" Rut 1:16.

El versículo de hoy presenta la respuesta de Rut ante un momento de gran decisión, lo cual, por las implicaciones de la misma, se constituye en la nota relevante del libro.

Rut estaba en la encrucijada de la vida: volver o seguir adelante. Volver significaba adorar a dioses hechos por manos humanas, dioses de fabricación casera que podían adaptarse a los caprichos humanos, que entretenían, pero que no daban sentido a la vida. Seguir adelante significaba ir a lo desconocido, pero consciente de que el Dios Todopoderoso de Noemí no la abandonaría.

La respuesta de Rut, más que una simple expresión de amor, es la definitiva aceptación de la fe que hacía de Noemí una mujer admirable. "Tu Dios... mi Dios". El único conocimiento que la moabita tenía del Dios verdadero era el que la suegra le había mostrado con su vida silenciosa y delicada. No son los argumentos teológicos los que convencerán a las personas de que el cristianismo funciona; es la vida simple e inspiradora del cristiano, en la calle, en el barrio donde vive, en la fábrica donde trabaja, en la escuela donde estudia.

La decisión de Rut involucraba un cambio completo de hábitos. Otra gente, otro país, otras costumbres: todo nuevo, todo desconocido para ella. Pero siempre que las personas sean conquistadas por Jesús, no hay dificultades que les impidan tomar su decisión. En la tierra de Israel hubo tiempos de escasez; para sobrevivir tuvo que trabajar duramente en las plantaciones de cebada, y pasó por momentos de soledad. Los que se deciden por Cristo estarán siempre listos a sufrir por causa de Cristo. A los que escogen servirlo, Dios nunca les prometió que no tendrían dificultades, sino que en medio de las dificultades nunca estarían solos.

El libro de Rut termina contando el fin maravilloso de los que se deciden por Cristo. Las dificultades nunca serán eternas -la falta de empleo por causa del sábado, la pérdida de buenos negocios por causa de los principios, las renuncias a la gloria de este mundo por amor a Jesús-, todo será finalmente recompensado.

En las eras de Belén estaba Booz, un símbolo de Jesús; un hombre rico, poderoso, dueño de todos los campos que rodeaban esa ciudad. Él la redimió, le dio su nombre, la llevó a su palacio, se casó y la hizo una señora respetable.

En ese matrimonio encontramos las raíces genealógicas de Jesús, que un día vino a buscarnos, a redimirnos y a llevarnos a su palacio para devolvernos, finalmente, la dignidad, el respeto propio y la imagen divina que el pecado nos robó. ¿Cómo agradecer tanto amor?

Pr. Alejandro Bullón.

lunes, 28 de diciembre de 2015

Parecía mentira, pero era verdad


Entonces salió Lot y hablo' a sus yernos, los que habían de tomar sus hijas, y les dijo: " ¡Levantaos, salid de este lugar, porque Jehová va a destruir esta ciudad!" Pero sus yernos pensaron que bromeaba. Génesis 19:14.

Sodoma y Gomorra, las dos ciudades impenitentes del Antiguo Testamento, serían destruidas con fuego. ¿Por qué el Dios del Antiguo Testamento parece cruel al punto de enviar fuego, diluvio y plagas? ¿Cómo entender este aspecto del carácter de Dios?

En primer lugar recordemos que la vida no es sólo respirar y moverse en este mundo; la vida es más que un período de tiempo. La vida es Dios, es Jesús. Los hombres que deliberadamente se apartan de Dios y no toman en cuenta para nada su existencia, pueden continuar respirando pero no viven, apenas existen.

Los habitantes de Sodoma y Gomorra se habían apartado voluntariamente de Dios. Dejar de respirar era una cuestión de tiempo, y ellos dejaron de existir consumidos por el fuego. Puedes pensar que esto es cruel para las normas de ética moral de nuestros días, pero, si alguna vez viviste el infierno de una vida sin Cristo -la locura, la desesperación y la voluntad de muerte de una persona que no tiene a Dios-, tal vez logres ver el asunto con otro prisma.

Pero el versículo de hoy no analiza ese tema. La esencia del versículo es la incredulidad humana ante el peligro inminente. "¡Salid de este lugar!", fue el consejo del viejo Lot, "¡porque Jehová va a destruir esta ciudad! Pero sus yernos pensaron que bromeaba".

Al analizar hoy las Sagradas Escrituras, llegamos a la conclusión de que Cristo no va a tardar mucho en volver a la Tierra. Ya no hay más profecías bíblicas para cumplirse. Todo encaja matemáticamente en el reloj del tiempo. Estamos viviendo en el fin. Pero si les cuentas eso a tus amigos en el trabajo, sin duda te mirarán con ojos llenos de incredulidad y pensarán que te estás burlando de ellos. Siempre fue así. En los tiempos de Noé, el pueblo de burlaba de él y sus hijos, diciendo: "Estás loco, Noé. Nunca cayó agua del cielo. La ciencia dice que eso es imposible". Cuando el arca se terminó y las puertas se cerraron, apareció una nube que fue creciendo y creciendo hasta cubrir y ennegrecer todo el cielo. Entonces, cuando las primeras gotas comenzaron a caer, todo el mundo corrió y pidió ayuda, pero ya era tarde.

¿Quiere decir, entonces, que el miedo de perdemos debería apoderarse de nuestro corazón y hacernos buscar a Jesús? No, esa no es la motivación correcta. Si lo buscas por temor, tu decisión durará poco, porque estará construida sobre la arena de los sentimientos.

Necesitas entender que Jesús te ama, que él quiere verte siempre feliz, que no quiere que vivas el vacío de una vida sin él. También necesitas sentir la necesidad de amarlo, buscarlo y permitir que, diariamente, reproduzca en ti su carácter. ¡Toma esa decisión ahora!

Pr. Alejandro Bullón

domingo, 27 de diciembre de 2015

Ven y ve


Natanael le dijo: "¿De Nazaret puede salir algo bueno?" Respondió Felipe: "Ven y ve" S. Juan 1:46.

Nuestro texto presenta una pregunta y una respuesta. Ambas provienen de hombres sinceros y buenos. Natanael, un hombre devoto; Felipe, un honesto discípulo de Jesús. Pero Natanael era una pobre víctima del prejuicio. Si Felipe le hubiese dicho que Jesús venía de Roma o de Jerusalén, entonces Natanael lo habría aceptado sin problemas. Pero, ¿de Nazaret? ¿Podría salir algo bueno de esa ciudad pequeña y suburbana?

Hoy día existen multitudes que mueren por falta de Jesús en su vida. Necesitan de él, pero viven atadas a prejuicios de los cuales no se pueden librar.

El prejuicio tiene muchas raíces. A veces tenemos prejuicios por ignorancia. No conocemos el asunto, ni tampoco queremos saber. Simplemente lo condenamos. Otras veces tenemos prejuicios porque fuimos educados así; las tradiciones ocupan el primer lugar. Incluso podemos ver una nueva luz, pero tenemos miedo porque fuimos educados de otra manera.

A veces, el prejuicio nace del orgullo. Consideramos que nuestras opiniones son superiores a las de los demás, y no estamos dispuestos a ceder ni un milímetro. Finalmente, podemos ser víctimas del prejuicio porque no salimos del círculo de amigos, autores y personas que piensan igual a nosotros.

¿Cuál es el gran remedio contra el prejuicio? Felipe le dijo a Natanael: "Ven y ve". Investiga por ti mismo. Analiza y emite tu juicio a partir de esa investigación y no a partir de lo que pensabas con anterioridad.

Muchas veces he encontrado en mi camino a personas con prejuicios. He dialogado con ellas. A veces son personas frías, calculadoras, que tratan de ridiculizar, como ese locutor de radio que me entrevistó en su programa y trató durante treinta minutos de llevarme al ridículo. La entrevista terminó y él había hecho preguntas que no estaban en el script; había sido, en cierto modo, deshonesto conmigo, pero con una sonrisa "inocente" me dijo: "Disculpe, nosotros los periodistas somos así, es nuestro trabajo".

Los miré bien fijamente a los ojos y le dije: "Usted no cree en nada de lo que dijo durante su programa. Usted no es feliz, no puede ser feliz sin Cristo. En el fondo de su corazón usted siente un vacío que le duele, y siente eso en su vida familiar, cuando llega la noche y tiene la impresión de que la vida no tiene sentido. ¿Por qué huir de él? El lo ama, usted es lo más lindo que Dios tiene en este mundo; ¿por qué negarlo? ¿Quiere que haga una oración por usted?" Él aceptó, pero en la mitad de la oración salió. Después volvió con los ojos llenos de lágrimas y me dijo: "Disculpe, es muy fuerte para mí. Por favor disculpe, lo siento mucho, de verdad".

"Ven y ve". ¿Estás amarrado a los prejuicios? ¿Condenas lo que no sabes y criticas lo que desconoces? Entonces ven y ve.

Pr. Alejandro Bullón

sábado, 26 de diciembre de 2015

Él es nuestra bandera


Diciendo: "Por cuanto la mano de Amalec se levantó contra el trono de Jehová, Jehová estará en guerra con Amalec de generación en generación. Exodo 17:16.

Amalec, el cruel enemigo de Israel, fue derrotado en esa famosa batalla en que Aarón y Hur tomaron los brazos de Moisés y lo sostuvieron mientras Josué derrotaba a las huestes enemigas.

Ahora la batalla había terminado, y Moisés "edificó un altar, al que puso por nombre Jehová-nisi" (vers. 15), que quiere decir "Jehová es mi bandera". Felices los hombres que, terminada la batalla, se acuerdan de dar gloria a Dios y no al simple barro humano. Mira la bandera. La bandera es Cristo. ¿Podemos tener la seguridad de que él flamea en nuestra vida y en la vida de la iglesia?

Una bandera agitada en lo alto es símbolo de victoria. Cuando un ejército conquista el territorio enemigo, lo primero que hace es izar su bandera. ¿Estamos permitiendo que el Cristo victorioso brille en el territorio de nuestro corazón?

Amalec no murió, pues es un símbolo de las luchas del cristiano. ¿No son los hijos de Dios atacados por él de día y de noche?

Es un enemigo astuto, y cuando quiere derrotar una vida, estudia, analiza y prepara una tentación personalizada que la inocente víctima no consigue vencer. Pero, por favor, mira hacia la bandera. Ella flamea victoriosa. Los valientes pueden caer, los inteligentes pueden fracasar, los fuertes pueden resbalar, pero los que se toman de Jesús, con toda seguridad, serán victoriosos. Él ya dirigió muchas batallas y nunca perdió ninguna. En la montaña puede haber sangre, pero el sepulcro continúa vacío. Él es victorioso.

Mira los colores de nuestra bandera nacional. Cuán hermosos son. Pero ellos, en todo su esplendor, no son capaces de alcanzar la belleza del rojo de la bandera de Cristo. Son multitudes las que la siguen. Jacob, antes de morir, contempló una enorme multitud y exclamó: "A él se congregarán los pueblos" (Génesis 49:10). Isaías exclama: "¿Quiénes son éstos que vuelan como nubes y como palomas a sus ventanas'" (Isaías 60:8). Y Jesús mismo dice: "Y yo, cuando sea levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo" (S. Juan 12:32). Siempre fue así y siempre lo será. Hay un imán irresistible en la cruz levantada. Nadie discute, nadie se resiste, todos caen delante del Cordero de rodillas. Las multitudes llenan los estadios buscándolo. Jesús es nuestra bandera, Jehová-nisi va delante de su pueblo.

Al salir esta mañana a la calle, ¿puedes tener la seguridad de que él brillará en tu vida a lo largo del día?

Pr. Alejandro Bullón.

viernes, 25 de diciembre de 2015

El Sol brilla más allá


Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; mas los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas, levantarán alas como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán. Isaías 40:30, 31.

El águila es usada como un símbolo de los que esperan y confían en el Señor. Esa ave es interesante desde su origen. Un pollo está listo para ser vendido en el mercado en nueve semanas; las águilas no. Éstas necesitan, como en el caso del águila real, hasta un año para volar solas. Los verdaderos cristianos son como las águilas: necesitan tiempo para madurar. Primero trigo, después hierba verde, finalmente fruto.

Podemos ver palomas, gaviotas y cotorras que vuelan en bandadas; las águilas no. Siempre están solas; como máximo, dos. Quedan allá en lo alto, mirando el azul infinito.

Desde lo alto se ve mejor el poder del cristiano, que muchas veces tiene que quedar solo por causa de sus principios. No tengas miedo de quedar solo. Generalmente el cristiano anda a contramano de la vida. Este mundo, con los moldes presentes, no fue hecho para el pueblo de Dios. Vuela alto, aunque los que vuelan alto no sean comprendidos. Cuando alguien no es comprendido, es temido; y cuando alguien es temido, es criticado y condenado.

¿Pensaste alguna vez adónde van las águilas cuando llega la tormenta? ¿Dónde se esconden? No se esconden. Abren sus alas, que pueden volar a una velocidad de hasta 90 km. por hora, y enfrentan la tormenta. Saben que las nubes oscuras, la tempestad y las descargas eléctricas pueden tener una extensión de 30 a 50 metros, pero allá arriba brilla el Sol. En esa lucha terrible pueden perder plumas, herirse, pero no temen y siguen adelante. Después, mientras todo el mundo queda a oscuras allá abajo, ellas vuelan victoriosas, en paz, allí arriba.

Finalmente, las águilas también mueren, pero ¿encontraste alguna vez un cadáver de águila? Es posible que, en esas carreteras de las reservas ecológicas, hayas encontrado algún cadáver de gallina, de perro o de paloma, o incluso de algún animal del monte, pero al cadáver de un águila no lo encontrarás. ¿Sabes por qué? Porque cuando sienten que llegó la hora de partir, no se lamentan ni quedan con miedo. Buscan con sus ojos el pico más alto, sacan las últimas fuerzas de su cansado cuerpo, vuelan hacia las cumbres inalcanzables y ahí esperan resignadamente el momento final. Hasta para morir son extraordinarias.

Tal vez por eso el profeta Isaías compara a los que confían en el Señor con las águilas. Tal vez hoy tengas delante de ti un día lleno de desafíos. Algunos de ellos pueden parecer imposibles de vencer, pero recuerda: descansa en el Señor, pasa tiempo con él y después sal a la lucha, sabiendo que más allá de la tormenta brilla el Sol.

Pr. Ajelandro Bullón

jueves, 24 de diciembre de 2015

¿Es posible pagar mal por bien?


Pero a vosotros los que oís, os digo: "Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian". S. Lucas 6:27.

Este consejo bíblico es muy claro. A decir verdad, es una orden directa del Maestro. No hay manera de tratar de interpretar su significado. Debemos hacer el bien incluso a nuestros enemigos.

En los días de la Grecia antigua, un joven que vivía en la ciudad el interior deseaba ardientemente participar de las olimpíadas. Los amigos y parientes lo animaron y finalmente, fue a la capital. Después de meses de duro entrenamiento y renuncias, estaba listo para participar de la carrera de carros tirados por caballos.

La competencia empezó y él tomó la delantera, pero notó que el segundo, un viejo corredor, comenzó a importunarlo, a usar palabras sucias y a amenazarlo. El joven, sin responder, continuó la carrera hasta percibir que su oponente cercano estaba pasando mal, a la vez que ponía su vida en peligro. La historia dice que, a partir de ese momento, el joven se dedicó a ayudar al viejo corredor, pero otros se adelantaron y llegaron primero. Las olimpíadas estaban perdidas, pero fue recibido con muchos homenajes en su ciudad natal.

Parece historia de papel, ¿verdad? ¿Sabes por qué ? Porque vivimos en un mundo donde impera el espíritu de competición. Respiramos competición desde la escuela hasta el seno de la familia. Vivimos la cultura del éxito, en la que sólo interesa ser siempre el primero, sin importar los que quedan atrás, ni la manera como quedan.

El que desea ser cada día más semejante a Jesús permitirá que Cristo viva en él su carácter manso y humilde, ése que lo llevó a morir en silencio, aun siendo inocente.

Se cuenta que la gran contralto María Anderson fue tratada en forma descortés por cierta mucama de hotel, que no sabía que era la famosa cantante. Pero el administrador del hotel vio lo que había pasado y canceló la noche libre que la mucama tenía y en la que iba, precisamente, a asistir al concierto.

Al volver al hotel, María Anderson notó que la mucama estaba triste y le preguntó qué le pasaba. La joven respondió que había perdido la oportunidad de asistir al concierto que tanto había esperado. María Anderson, allí mismo, en el corredor del hotel, cantó el Ave María para esa mucama. ¿No es algo extraordinario?

Amados, la orden del Maestro que aparece en el versículo de hoy es tal vez una de las más difíciles de cumplir. Cuando la dio, Jesús no tenía en mente dificultarnos la entrada al reino de los cielos. Lo que tenía en el corazón era el deseo de reproducir su carácter en nuestra vida, y por eso dice: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados... aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón" (S. Mateo 11:28, 29). Es sencillo. Pero tú nunca lo sabrás si no lo experimentas. Ve a él.

Pr. Alejandro Bullón

miércoles, 23 de diciembre de 2015

La pureza del sexo


¡Sea bendito tu manantial y alégrate con la mujer de tu juventud, cierva amada, graciosa gacela! Que sus caricias te satisfagan en todo tiempo y recréate siempre en su amor. ¿Por qué, hijo mío, has de andar ciego con la mujer ajena y abrazar el seno de la extraña? Proverbios 5:18-20.

¿Qué hora es?", preguntó un turista a un vendedor callejero, en la calle Uruguayana en Río de Janeiro. El vendedor miró de un lado para el otro y, con esa alegría tipicamente carioca, respondió: "Es hora del sexo; aquí siempre es la hora del sexo".

La expresión casi inconsciente de ese joven vendedor podría ser el símbolo de la cultura que nos rodea. Vivimos en medio de una sociedad sexualizada o erotizada al punto de apelar al sexo hasta para vender bizcochos en los comerciales de la TV.

El versículo de hoy nos muestra que el sexo es una de las cosas más bellas, puras y sagradas que Dios entregó al ser humano en la creación. El sexo es tan sagrado para Dios que en el Antiguo Testamento, al identificar a su pueblo no lo marca en el corazón ni en la frente ni en las manos, sino en el órgano sexual masculino.

En el Nuevo Testamento, cuando el Señor busca una ilustración para expresar el tipo de relación pura que quiere tener con su iglesia, usa la ilustración de la relación sexual entre marido y mujer.

En la creación, Dios entregó muchos dones al hombre. Le dio la posesión de la tierra, la alimentación, el cuerpo y sus diversas funciones, pero en las dos únicas veces en que él usa la palabra bendito es cuando le entrega el sábado (Génesis 2:3)y cuando le entrega el sexo (Génesis 1:28).

¿De dónde viene, entonces, la perturbación que siente la persona, al punto de que tal vez piensa que el tema del sexo no es asunto para un devocional? El enemigo entró y distorsionó los planes originales de Dios y dejó en el inconsciente humano la idea de que el sexo es "soportable", pero que allá en el fondo no es muy limpio, que siempre tiene algo de pecaminoso.

Dios creó el sexo para que fuese una expresión de amor entre marido y mujer, y para que fuese un vehículo de unión mental, espiritual y física.

Cuando el sexo se transforma en un acto solamente físico, pasa a ser un acto instintivo y animal, y deja de ser el sexo puro, limpio y sagrado que Dios creó. El sexo, antes de la hora del casamiento, no puede ser un acto espiritual, sino algo solamente instintivo y, por lo tanto, transformable en una fuente permanente de vacío, desesperación y culpa.

¿Podrías encarar el sexo como un asunto de bendición, amor, santidad y pureza? Ése era el plan original de Dios. Es por esa razón que Pablo dice: "Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella" (Efesios 5: 25).

Pr. Alejandro Bullón

martes, 22 de diciembre de 2015

Dios siempre es el primero, y será el último


"Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin" dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso. Apocalipsis 1:8.

La joven sólo tenía 14 años y deseaba ser bautizada en el bautismo de primavera. Su madre era una luchadora de Cristo, pues sufría casi diariamente las "persecuciones" de un marido que no quería saber nada de Jesús; pero a pesar de eso había criado a los hijos en el temor del Señor. El lunes, entre lágrimas, la jovencita le dijo al pastor que no podría ser bautizada porque el padre se oponía. El padre había extendido el dedo amenazador y le había dicho: "La última palabra es la mía". Estaba equivocado. La última palabra nunca es la del hombre. El martes sufrió un accidente de tránsito y el jueves estaba enterrado. La última palabra no fue la suya, fue la de Dios.

El hombre no tiene nada que decir con relación al lugar o al tiempo de su nacimiento. Dios lo determina sin pedir la opinión humana. Un día el bebé nace y ahí comienza todo. A partir de ese momento empieza la libertad humana para aceptar o rechazar los caminos de Dios. El hombre crece y se hace dueño de sí mismo: puede olvidar que la vida le fue prestada por Dios, puede vivir como le parezca mejor; pero un día siempre acaba todo. Y ahí, también, Dios se reserva el derecho de poner fin a lo que inició. Lo quiera o no lo quiera el hombre, lo acepte o no lo acepte. La ciencia puede hacer de todo, menos comenzar la vida o prolongarla. Sólo Dios puede hacer eso.

"Yo soy el Alfa y la Omega", dice Jesús. Esto vale para la vida física tanto como para la vida espiritual. El nuevo nacimiento también es un milagro realizado por el poder divino. La iniciativa de salvación es de él. El hombre sólo tiene que responder. Nadie se salva porque quiere ser salvo. Por nosotros mismos sólo desearemos andar en nuestros caminos. Es él quien genera en nosotros tanto el querer como el efectuarlo por su buena voluntad. En él nacemos, en él crecemos y en él morimos. Separados de él nada somos y nada podemos hacer.

Si en algún momento de la vida nos sentimos tentados a apoderarnos de la vida de Dios y a administrarla conforme a nuestra voluntad, conviene recordar que los brazos de Jesús están siempre suplicando y esperando el retorno del hombre.

Cuán triste es ver a miles de personas viviendo como si la vida no fuera a terminar jamás. Son como la dracma perdida. Están extraviados, pero no saben que están en esa condición. Viven indiferentes a su realidad espiritual e insensibles también al amor redentor que los está buscando.

Tú tienes una misión para hoy: decirle a esas personas que Dios las ama y las está esperando.

Pr. Alejandro Bullón

lunes, 21 de diciembre de 2015

La promesa se cumplirá


Instruye al niño en su camino, y ni aun de viejo se apartará de el. Proverbios 22:6.

El escritor americano Ernest Hemingway relata, en su obra El viejo y el mar, la historia de un anciano pescador de La Habana que, después de pasar 84 días persiguiendo a un pez, decidió internarse en alta mar para hacer un último intento. Después de tres días de alimentarse sólo de pescado seco y beber de una única botella de agua que había llevado, finalmente consiguió atrapar el mayor pez de toda su vida de pescador.

Como no pudo colocar el pez dentro del barquito por causa de su tamaño (no sé si Hemingway era pescador), cuenta el escritor que el viejo amarró el pez a la lancha y comenzó a remolcarlo; pero la sangre atrajo a los tiburones. Entonces el viejo comenzó una lucha feroz contra las fieras del mar, y consiguió matar a algunos de ellos a cuchillazos y golpes de remo, pero cuando llegó a la playa, tristemente se dio cuenta de que los tiburones habían devorado completamente su trofeo de pesca.

Esta historia es muy semejante a la experiencia de muchos padres que, con gran esfuerzo y dedicación, educan a sus hijos en los caminos del Señor, los envían a los colegios cristianos y, cuando llegan los años de la vejez, contemplan con tristeza que los tiburones de esta vida consumieron la vida espiritual de los hijos a quienes ellos habían dedicado todo su cuidado y cariño.

El otro día recibí la carta angustiada de un padre que exponía una situación parecida y preguntaba: "Pastor, tengo la impresión de que hice todo lo posible para salvar a mis hijos, pero, ¿por qué hoy no están en la iglesia? ¿En qué fallé?"

El versículo de hoy nos presenta una gran promesa: "Instruye al niño en su camino, y ni aun de viejo se apartará de él". Si tú, mi querido padre, instruiste a tu hijo cuando era pequeño y hoy, crecido y haciendo uso de la libertad que Dios le dio, él aparentemente olvidó todo, no te desanimes. La promesa de Dios está ahí. Tu hijo no la olvidará. Tarde o temprano la simiente renacerá, incluso cuando tal vez ya descanses en el Señor. En el día de la resurrección tendrás la más linda sorpresa de tu vida. Tu hijo estará allí, con los brazos abiertos, para recibirte al salir del sepulcro.

Pr. Alejandro Bullón

domingo, 20 de diciembre de 2015

La gangrena que arruina vidas


Y su palabra carcomerá como gangrena. Así aconteció con Himeneo y Fileto. 2 Timoteo 2:17.

Cierto día un ganso se paseaba majestuosamente por el patio de una casa, cuando alguien hizo el siguiente comentario: "Ese es un ganso muy decente". Una vieja gallina escuchó la conversación y esa noche se la contó a su esposo.

-Dicen que el ganso es un indecente.

-Siempre pensé eso -respondió el viejo gallo.

Al día siguiente corrió la noticia en todo el gallinero de que el ganso, aparentemente correcto, no era más que un individuo peligroso, un verdadero halcón disfrazado de ganso. Una pequeña gallina recordó que una vez lo había visto, a cierta distancia, hablar con una especie de halcones, en el bosque.

-Sin duda, estaban planeando alguna canallada -sugirió.

Un pato también recordó que cierto día el ganso había dicho que no le gustaba la vida de ganso.

Al día siguiente todos, cargados de piedras y palos buscaron al ganso y casi lo mataron. Aunque todo esto no es más que una fábula, la verdad dolorosa es que con la palabra podemos arruinar muchas vidas.

¿Cómo actúa, ante una calumnia, la persona que quiere ser cada día más semejante a Jesús? ¿Le pregunta a otra persona si es verdad lo que oyó?

Esta es, sin duda, la mejor manera de continuar con la bola de nieve. ¿0 mira fijamente a quien trae el chisme y le dice que no tiene interés en oír hablar de la vida ajena? Eso, sin duda, le dará un aire de "santo" que no armoniza con un cristiano auténtico.

Entonces, ¿qué hace' Siempre da resultado oír en silencio sin hacer comentario alguno, ni querer saber la "verdad" preguntando a otras personas, sino ir a la persona afectada y contarle a ella la situación.

Pero lo que realmente importa es que esa actitud no sea fabricada para que todos crean que somos semejantes a Jesús. Tal acción tiene que brotar de manera natural del corazón, y la persona actuará de este modo sólo en la medida en que viva una experiencia diaria con Cristo y el Espíritu de Dios santifique sus sentimientos y sus palabras.

Himeneo y Fileto, los personajes del texto de hoy, aparecen registrados en ia historia como dos grandes murmuradores. Dios no permita que nuestro nombre aumente esa lista.

Pr. Alejandro Bullón.

sábado, 19 de diciembre de 2015

El arca, otro símbolo de Jesús


Harán también un arca de madera de acacia, cuya longitud será de dos codos y medio, su anchura de codo y medio, y su altura de codo y medio. Éxodo 25:10.

El arca del tabernáculo es otra de las figuras de Cristo en la Biblia. Él es el arca de la redención, y hoy continúa brillando en el santuario celestial. ¿Qué podemos aprender del arca? Mucho, sin duda, pues cada faceta del carácter de Jesús nos enseña algo.

El arca era un cofre sencillo: su anchura era de un codo y medio y su longitud de dos codos y medio. Jesús es siempre majestad sencilla, no necesita adornos externos para llamar la atención.

El material de la estructura del arca era madera. Esto mostraba su humanidad: los árboles brotan del humilde suelo. Aquí Cristo aparece retratado como "la descendencia de Eva": se viste de harapos. En su cuerpo sufrirá el castigo que nosotros merecemos. Su estructura puede ser de madera, pero no es la madera común, es acacia, madera que no se corrompe, que no sucumbe ante los insectos del pecado, que resiste las inclemencias del tiempo y de la mediocridad humana. Era maravilloso verlo andar por la tierra sin contaminarse con el lodo. Aunque su naturaleza era perfecta, fue tentado en todo, pero no pecó, porque vivió una vida de dependencia permanente de su Padre y nos enseñó cuál es el camino hacia la victoria.

El arca era más que madera, estaba recubierta de oro. Él no era sólo hombre, también era plenamente Dios. De otra manera su sacrificio sería apenas la muerte de un mártir, pero no tendría poder salvador. El oro también nos habla de la excelencia de su carácter, el que Jesús quiere reproducir en la vida de sus hijos. Por eso el arca guarda la ley. La ley es el reflejo de su carácter. El hombre puede negar la vigencia de la ley, puede pensar que fue clavada en la cruz, puede rechazarla, si quiere, pero Cristo en persona se ofreció para guardar sus principios en el corazón. Las guardó en la recámara de su pecho: "Tu Ley está en medio de mi corazón", dice (Salmos 40:8).

Son los principios de esa ley que Jesús quiere grabar con fuego de amor en nuestra vida, para que sean indelebles, para que no necesitemos de algo escrito, para que la obediencia sea natural, que brote del corazón.

Pr. Alejandro Bullón.

viernes, 18 de diciembre de 2015

Refugios falsos


Ajustaré el juicio a cordel, y a nivel la justicia. El granizo barrerá el refugio de la mentira y las aguas inundarán el escondrijo. Isaías 28:17.

El enemigo crea muchas maneras de arruinar la vida de las personas. A algunas las amarra a los vicios y hábitos que van destruyendo lentamente su vida; a otras las lleva a vivir una vida moralmente correcta, pero desconectadas de la auténtica fuente de poder: Cristo. A otras las lleva a la incredulidad y al endurecimiento paulatino. "Dice el necio en su corazón: 'No hay Dios' " (Salmos 14:1). A otras las lleva a vivir la vida cristiana con indiferencia y frivolidad. El texto de hoy nos habla de cómo el enemigo lleva a algunos a construir refugios falsos, tratando de huir de los temores y la desesperación, propios de las personas que no tienen a Jesús en el control de su vida.

El ser humano siente generalmente la angustia y el peso de la culpa. Puede ir al psiquiatra o al psicoanalista. Puede tomar comprimidos o tratar de cualquier manera de olvidar el pasado, pero el peso de la culpa está siempre martillando el corazón. Es porque el hombre necesita un refugio donde esconderse del tormento de la conciencia culpable.

El ser humano también necesita un escondite hacia el cual huir de las tormentas de esta vida. Mientras estemos en este mundo, entregados a las manos del enemigo, él estará siempre hiriendo, golpeando y haciendo soplar los vientos de la adversidad.

¿Qué decir de la muerte? Todo hombre en su estado natural siente miedo de la proximidad de la muerte. ¿Hacia dónde huir cuando llega el momento final? ¿Dónde esconderse? ¿Qué refugio buscar?

El enemigo incita a los seres humanos a construir refugios falsos, como la corrección parcial de ciertos hábitos de vida. Eso no es cristianismo. Ese no es el modo como Dios quiere reproducir el carácter de Jesús en la vida de sus hijos. Amputar el brazo cuando el resto del cuerpo está gangrenado no reporta provecho alguno.

Otro falso refugio es la vida moral aparentemente correcta. Si el enemigo no puede llevarnos a cometer actos moralmente pecaminosos, con seguridad nos inducirá a vivir una vida moralmente correcta, pero sin Cristo. De cualquier manera, estamos perdidos.

¿Qué otros refugios existen? Actos generosos, un falso concepto del amor de Dios (creyendo que su misericordia y permisividad no tienen fin), etc. Cualquier refugio falso que el hombre construya será inútil: "Las aguas inundarán el escondrijo". La única Roca firme es Jesús. Piensa en eso a lo largo del día.

Pr. Alejandro Bullón.

jueves, 17 de diciembre de 2015

¿Por qué no decidir?


Muchos pueblos en el valle de la Decisión; porque cercano está el día de Jehová en el valle de la Decisión. Joel 3:14.

Habían transcurrido 34 años desde el día en que mi madre había aceptado a Jesús y mi padre había oído hablar del Salvador por primera vez. Al comienzo él hizo muy difícil las cosas para la joven esposa que había decidido unirse a la iglesia. Después, con el tiempo, se dio cuenta de que el cristianismo era un muro de protección para los hijos y decidió apoyar a la familia en la iglesia, pero nunca se comprometió con Dios. Era un buen padre de familia, un marido ejemplar -no fumaba, no bebía y no tenía algún otro vicio-, pero no quería un compromiso mayor con Jesús.

Los años pasaron. Yo me transformé en pastor y fui al Brasil. Dios bendijo mi ministerio, pero en el fondo del corazón siempre llevaba la tristeza de saber que mi padre no se decidía en favor de Cristo.

"Yo no hago mal a nadie", decía cada vez que hablaba con él sobre el tema. "No quiero ser bautizado sólo porque de tanto en tanto asisto a la iglesia, devuelvo el diezmo y guardo el sábado".

Durante muchos años coloqué, en mis oraciones personales, el nombre de mi padre ante Dios, hasta que un día, de regreso a mi país en la época de Navidad, mi padre me dio la agradable sorpresa de que quería ser bautizado.

Un sábado de tarde entré con él en el pila bautismal y sellé el pacto de amor con Dios que mi padre había hecho. Esa noche la familia había prepara do una fiesta en casa para celebrar la alegría de ver al padre bautizado. Eramos nueve hermanos y todos estábamos en la iglesia, con sus respectivos cónyuges e hijos. ¿Podía haber mayor alegría que la de ver al único miembro de la familia que estaba faltando, ahora unido a nosotros en la bendita esperanza del regreso de Cristo?

Pero esa noche descubrí que mi padre no tenía más que dos meses de vida, porque un terrible cáncer lo estaba consumiendo.

Cuando llegó el momento de regresar al Brasil entré en su cuarto. Tenía el rostro arrugado por el tiempo y el cuerpo consumido por la enfermedad. Sabía que lo estaba viendo por última vez en la tierra, y sentí ganas de llorar, pero su sonrisa me animó: "Ve en paz, hijo, cumple tu ministerio en el Brasil, yo ya no tengo miedo de nada. Ahora conozco a Jesús".

Un mes después de mi partida recibí la triste noticia de que mi padre había descansado en la bendita esperanza de ver a sus hijos cuando Jesús retornara.

¿Y tú ? ¿Ya te decidiste? ¿0 estás entre las multitudes en el valle de la decisión? Dios está dispuesto a hacer todo por ti. Lo único que no puede hacer es tomar la decisión por ti. Esa es tu parte. ¿Por qué no decidir hoy y dar la mayor sorpresa de la vida a tu familia? En esta mañana estaré orando por ti, aunque no te conozco. ¡Decídete ahora por Jesús!

Pr. Alejandro Bullón

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Libres para vencer


Vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servios por amor los unos a los otros. Gálatas 5:13.

El propósito de la vida, el sufrimiento, la muerte y la resurrección de Cristo fue traer libertad al ser humano. Nos libertó de la culpa del pecado al pagar el precio con su vida derramada en el Calvario. Pero la libertad que Cristo quiere darnos no tiene que ver simplemente con nuestro pasado. También quiere libertarnos, en el presente, del dominio que el pecado ejerce en nosotros, y quiere hacerlo por la permanente presencia de su Espíritu, santificando nuestra voluntad y llevándonos a una vida de victoria sobre las tentaciones.

Hay muchos cristianos sinceros que predican y aceptan alegremente la libertad de la culpa, pero no están dispuestos a aceptar la libertad del poder que ejerce sobre ellos. Predicar el perdón sin predicar la victoria sobre el pecado, es predicar un evangelio incompleto.

El versículo de hoy muestra que entre los gálatas había muchas personas que creían en la gracia redentora de Cristo y aceptaban la liberación de la condenación que Cristo ofrecía, pero usaban ese hermoso mensaje para decir que, ya que Cristo los había liberado, no tenían más necesidad de mandamientos. El resultado fue que vivían en la esclavitud de la carne, víctimas sumisas de las pasiones y tendencias pecaminosas.

Cuando Cristo entra genuinamente en la experiencia de una persona, esa persona recibe la liberación de la culpa, o sea el perdón (también llamado justificación). Al continuar viviendo una vida de permanente comunión con Cristo, va siendo liberada del poder que el pecado ejercía en ella (a lo cual llamamos santificación). Pero el Señor Jesús va más lejos. Él promete que, cuando vuelva, seremos liberados completamente de la presencia del pecado en nuestra naturaleza (lo que llamamos glorificación).

La libertad que Cristo ofrece no tiene que ver sólo con nuestro pasado, sino también con nuestro presente y nuestro futuro. Es una libertad completa, y quienes descubren la belleza de la experiencia diaria con Cristo, experimentan las maravillas de las victorias diarias y permanentes en su vida. Esa es la manera como Dios quiere reproducir en nosotros el carácter de Jesús.

De nuevo tienes hoy ante ti un día más de actividades. Eres libre, libre de los temores, del pasado, de los complejos, ¡libre para vencer!

Pr. Alejandro Bullón

Tomad la armadura de Dios | Pedro Torres

Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Efesios 6:13.
Mantengamos nuestra confianza en Cristo bajo cualquier circunstancia. Debe serlo todo para nosotros: el primero, el último y el mejor en todas las cosas. Por consiguiente, eduquemos nuestra lengua para que formule alabanzas a su nombre, no sólo cuando experimentemos alegría o regocijo, sino en todo momento.
Mantengamos nuestro corazón lleno de las preciosas promesas de Dios, para que podamos hablar palabras de alivio y fortaleza para los demás. Así podremos aprender el idioma de los ángeles celestiales, quienes, si somos fieles, serán nuestros compañeros en las edades eternas. Cada día deberíamos progresar ganando en perfección de carácter, y esto lo lograremos ciertamente si nos apresuramos hacia la meta…
En cada alma luchan activamente dos poderes en procura de la victoria. La incredulidad ordena sus fuerzas, guiada por Satanás, para separarnos de la Fuente de nuestra fortaleza. La fe ordena las suyas, dirigidas por Cristo, el Autor y Consumador de nuestra fe. El conflicto continúa hora a hora ante la vista del universo celestial. Esta es una batalla cuerpo a cuerpo, y el gran interrogante es: ¿Quién obtendrá el dominio? Cada uno debe decidir por sí mismo este asunto. Todos deben tomar parte en esta lucha, peleando en un bando o en el otro. En este conflicto no hay tregua… Se nos urge a prepararnos para esta acción. “Confortaos en el Señor, y en la potencia de su fortaleza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo”. La advertencia se repite: “Por lo tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes”.—The Youth’s Instructor, 10 de enero de 1901.
Tomad la armadura de Dios | Pedro Torres

martes, 15 de diciembre de 2015

Cantad al Señor


Servid a Jehová con alegría; venid ante su presencia con regocijo. Salmos 100:2.

Brasilia, viernes de noche. Estábamos llegando al final de un campamento que había reunido a 20.000 jóvenes en el Distrito Federal. Había mucha tristeza en los corazones, no sólo porque estábamos terminando una semana maravillosa, sino también porque el día anterior una niña había sido atropellada mientras regresábamos de la marcha pro temperancia.

Ese viernes de noche decidí hacer un llamado para el bautismo. Karen, una joven evangélica que había venido esa semana para filmar con el equipo de Three Angels Broadcasting Network, decidió unirse a la Iglesia Adventista porque entendió la verdad del sábado.

Después, vino el llamado; una a una las personas pasaron al frente, aceptando a Jesús y expresando su deseo de ser bautizadas y unirse a la iglesia de Dios en la Tierra. Yo oraba en silencio mientras Sonete cantaba y Dios usaba el mensaje cantado para llegar a algunos rincones del corazón a los cuales la palabra hablada no había llegado. Aparentemente, nadie más respondería al llamado esa noche, pero yo sentía dentro de mí que todavía había mucha gente que estaba sufriendo sin poder levantarse. Entonces, hice algo que raras veces hago. Invité a Costa Junior para que dirigiera un canto congregacional. Veinte mil voces se unieron para cantar "Jesús, tú eres mi vida". Fue entonces cuando sucedió el milagro: ¡Casi quinientas personas más vinieron al frente! Esa noche había una mezcla de alegría y tristeza. La gente cantaba como pocas veces la vi cantar. Los corazones eran tocados y las personas se dejaban llevar por el Espíritu de Dios respondiendo al llamado.

"Venid ante su presencia con regocijo", dice el versículo de esta mañana. En el canto espiritual hay un poder extraordinario que necesitamos descubrir y utilizar. A lo largo de mi ministerio, el canto de alabanza a Dios ha desempeñado un papel relevante, y he descubierto en mi propia vida que conservar siempre un cántico en el corazón es una de las mejores maneras que existe de mantener la comunión con Jesús.

A veces, en la vida, pasarás por momentos de dificultad y prueba y sólo sentirás ganas de llorar. En esos momentos canta, dirige tus "lamentaciones" hacia el canto. Verás que las dificultades no se irán, continuarán en el mismo lugar, pero tu actitud mental cambiará, el miedo desaparecerá, brillará la esperanza y la confianza en Jesús, y tendrás la seguridad de que no estás solo. Naturalmente, enfrentar las tentaciones en compañía de Jesús es diferente. Haz de este día un día de cántico espiritual. "Canta en la iglesia, en casa, con tu familia, mientras conduces hacia el trabajo; canta, canta, canta", es lo que Costa Junior acostumbra decir a las multitudes a las que hace cantar en los estadios y gimnasios deportivos. Este es, sin duda alguna, un consejo nacido del versículo de hoy.

Pr. Alejandro Bullón

lunes, 14 de diciembre de 2015

El enemigo te acabó


Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. S. Juan 12:31.

Al pronunciar las palabras del versículo de hoy, Jesús estaba mirando hacia los últimos momentos de su sacrificio en la Tierra. Estaba mirando específicamente hacia su muerte. Su muerte en el Calvario sería la estocada final que recibiría el enemigo. Sería el cumplimiento de Génesis 3:15: "Ésta te herirá en la cabeza, y tú la herirás en el calcañar".

A partir del Calvario el enemigo quedó con las horas contadas, viviendo los momentos desesperantes de la agonía.

En cierta ocasión, mientras predicaba sobre este tema, una mujer, poseída por el demonio y gritando espantosamente, lanzó un enorme banco contra mí y se acercó amenazadoramente, mientras arrojaba espuma por la boca y sus ojos enrojecidos parecían soltar dardos envenenados. Esa escena fue para la iglesia la mayor evidencia de que el enemigo está completamente derrotado y ya no tiene poder.

Cristo lo derrotó en el desierto, en el Calvario, en la tumba, y hoy quiere derrotarlo en nuestro corazón; pero sólo podrá hacerlo con nuestro consentimiento. A veces encuentro a personas atadas a cadenas de vicios, hábitos que destruyen la vida, sentimientos negativos y pensamientos impuros. Son personas sinceras que luchan para salir del pozo de la impotencia en que se encuentran. Muchos ya fueron de un lado para el otro tratando de encontrar una salida, y finalmente, cansados de luchar, se entregaron al conformismo y al abandono total.

El versículo de hoy afirma: "Ahora el príncipe de este mundo será echado fuera". Esta no es una promesa. Es la descripción de un hecho. El enemigo está condenado. Su estrategia para engañar al mundo fue desenmascarada ante el universo. Las acusaciones que hacía contra Dios se perdieron en el vacío de la incoherencia de una vida egoísta. En la cruz reveló toda su perversidad; arrojó sobre Jesús todo el veneno del orgullo, el resentimiento y la rabia. Pero fue derrotado, y "ahora el príncipe de este mundo será echado fuera".

¿Tiene alguien derecho a decir: "No puedo, estoy derrotado, ya me cansé de luchar"? Sal esta mañana a tus actividades para un día de victoria. Ábrele el corazón a Jesús y dile: "Señor, opera tus grandes obras de victoria en mi vida". Déjalo entrar en tu corazón por medio de su Santo Espíritu, y prepárate para las sorpresas que Dios tiene reservadas para ti.

Pr. Alejandro Bullón

domingo, 13 de diciembre de 2015

La luz de los hombres


En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. S. Juan 1:4.

El 80% de la ciudad de Porto Alegre, en el estado brasileño de Río Grande do Sul, quedó sin energía eléctrica en la tarde del 30 de octubre de 1992· Mientras me dirigía al Gimnasio de Deportes de San Leopoldo, donde predicaría esa noche, oí a través de la radio que un hombre se había subido a una columna de alta tensión con la intención de suicidarse, y que había sido necesario cortar toda la energía para preservar su vida.

Un viernes por la tarde, hace casi dos siglos, Jesús subió al monte Calvario y fue clavado en una cruz, renunciando voluntariamente a la vida para salvar a la raza humana. Ese viernes fue tal vez el viernes más oscuro de toda la historia. El Sol ocultó su rostro con vergüenza para no ver cuán miserables son los hombres. Nubes negras cubrieron el horizonte, y la lluvia cayó torrencialmente, como si el universo todo derramase lágrimas por el testimonio de amor que estaba siendo escrito con sangre en ese momento. Hasta los animales Y las bestias del campo corrían de un lado para el otro, porque instintivamente presentían que algo extraño estaba sucediendo. Sólo el hombre, la más inteligente de las criaturas, parecía no entender nada.

Aparentemente, todo había acabado, todo se había perdido y todo había fracasado. Aparentemente, las tinieblas prevalecían. Pero fue entonces, en medio de la oscuridad, cuando emergió la luz. "En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres".

Esa tarde de tinieblas no era más que el símbolo de lo que sería siempre la vida sin Cristo. Donde las tinieblas reinan, reina la confusión. Las personas no saben de dónde vienen, ni hacia dónde van. Viven tropezando aquí y allá, viven cayendo y lastimándose, y también lastimando a las personas que están más cerca. Al fin de cuentas, ¿adónde ir si no se ve nada? Se puede intentar todo, pero el resultado será siempre la frustración y el desencanto.

Una vida sin Cristo es como una vida sin luz. Fue necesario que Cristo fuera levantado en la cruz del Calvario para que, con su muerte, la vida se iluminara.

¿Estás confuso ante algunas de las decisiones que necesitas tomar hoy? Coloca todo en las manos de la Persona-Luz: Jesús. Dijo Juan: "La luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no la dominaron" (Juan 1:5).

Sal con esa promesa divina en tu corazón. Repítela muchas veces a lo largo del día, y cuando vuelvas para casa verás, tal vez, que las tinieblas de la noche ya llegaron, pero que tu vida continúa iluminada por la luz de Cristo.

Pr. Alejandro Bullón

sábado, 12 de diciembre de 2015

Ser o no ser


Cuando salió él de la barca, enseguida vino a su encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu impuro. S. Marcos 5:2.

Muchas veces, en las grandes reuniones evangelizadoras, el enemigo se ha manifestado al poseer a alguna persona. El enemigo es real y, aunque derrotado y condenado, continúa atormentando a muchas personas. La posesión demoníaca es una realidad. Existen muchos seres humanos poseídos por el enemigo. Pero existe también un malentendido en cuanto a este asunto. Generalmente, pensamos que una persona poseída por el enemigo es la que grita, se cae, es levantada y es tirada de nuevo con fuerza al suelo. Pero ellas no son las , únicas. Existen muchas que nunca exteriorizan manifestaciones demoníacas, pero son igualmente poseídas. Los que gritan, lloran y exteriorizan manifestaciones, lo hacen porque, además de estar poseídas por el enemigo, son débiles mental, emocional y físicamente. Si no fuese así, el enemigo nunca se exhibiría a través de esas personas.

¿Quiere decir que alguien puede no exteriorizar nunca manifestaciones demoníacas y aun así estar poseído por el enemigo! Sí, es posible, y la Biblia lo explica claramente. "El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama" (S. Lucas 11:23).

En el terreno espiritual no puede haber tres grupos, sólo existen dos: los que son de Jesús y los que pertenecen al enemigo de Jesús. No existe el grupo de los que están sobre el muro. Eso puede funcionar en muchas áreas de la vida, pero no en la vida espiritual. Aquí no hay lugar para la observación. Quedar en la indecisión ya es tomar una decisión en favor del enemigo de Jesús.

Hay mucha gente que nunca gritó, ni pataleó, ni fue tirada al suelo, pero es poseída por el enemigo. Esas personas no exteriorizan las manifestaciones porque son fuertes física, mental y emocionalmente.

"Todo aquel que rehúsa entregarse a Dios está bajo el dominio de otro poder. No es su propio dueño. Puede hablar de libertad, pero está en la más abyecta esclavitud" (El Deseado de todas las gentes, pág. 431).

Nuestra única salvaguardia es Jesús. En él estaremos siempre seguros. Cuando Cristo vuelva, sólo existirán dos grupos: las ovejas y los cabritos, las sabias y prudentes y las fatuas, los seguidores del cordero y las del dragón; y todo dependerá de nuestra elección de hoy.

¿Por qué no hacer de este día un día de comunión permanente con Jesús? Lleva un cántico de alabanza en tu corazón, coloca una cinta de música inspiradora en el radiocasete de tu auto, piensa en Jesús, medita cada momento en él, relaciona todo con él, siente su compañía permanente. ¡Sé un amigo de Jesús!

Pr. Alejandro Bullón

viernes, 11 de diciembre de 2015

Confía


Yo soy el buen pastor y conozco mis ovejas, y las mías me conocen. Juan 10:14.

Cada palabra, cada acción es una obra para Dios. Aquí se combinan la fe en Dios y la fe en el hombre. Cristo jamás hubiera dado su vida por la raza humana si no hubiera tenido fe en las almas por las cuales murió. Sabía que un gran número respondería al amor que había expresado para la humanidad. No todo corazón reacciona positivamente, pero todo el que así lo desee puede responder a ese amor que no tiene paralelo. “Mis ovejas oyen mi voz”, dijo Cristo. El corazón que suspira por Dios reconocerá la voz del Señor. Dios no puede hacer nada en favor del alma que no responde a la gracia que le ha ofrecido ni al amor que le ha prodigado. Él espera la reacción de las almas. El asunto descansa enteramente sobre ellos. Carta 153 a, 1897.

Un programa de televisión precediendo a las olimpiadas del invierno de 1988, presentó esquiadores ciegos que fueron entrenados para esquiar en pistas inclinadas, esto sonaba como imposible. Emparejados con esquiadores videntes, los esquiadores ciegos fueron enseñados en lo llano como hacer las vueltas hacia la derecha o izquierda. Cuando esto fue superado, fueron llevados a la pista inclinada, donde sus compañeros videntes esquiaban a lado de ellos gritando, “¡izquierda!” y “¡derecha!” Así mientras obedecieran las indicaciones, serían capaces de franquear la pista y cruzar la línea fi nal, dependiendo exclusivamente de la palabra de los esquiadores videntes. Esto era confi anza total o catástrofe. ¡Qué vívido cuadro de la vida cristiana!

En este mundo, somos en realidad ciegos acerca de qué rumbo tomar. Tenemos que depender exclusivamente de la Palabra del Único que es verdaderamente vidente: Dios mismo. Su palabra nos da la dirección. A nosotros nos toca confi ar y cumplir con el camino.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Multitudes están buscando a Jesús


Había ciertos griegos entre los que habían subido a adorar en la fiesta. S. Juan 12:20.

Había fiesta en Jerusalén. Multitudes llegaban de todos los rincones para participar en la Pascua, aunque la fiesta, de profundo sentido espiritual, hubiese perdido la esencia de su propósito y se hubiese transformado apenas en una gran fiesta formal, acompañada de mucho comercio y otras actividades paralelas.

Sin embargo, la fiesta de ese año sería diferente de las otras porque, aunque el pueblo judío no lo sabía, estaría presente el verdadero Cordero pascual. Aquel que derramaría su sangre para la remisión de los pecados y la liberación humana de la esclavitud espiritual.

Jesús entró triunfalmente en Jerusalén. Toda su realeza y majestad brilló, aunque pálidamente, mientras los hombres cantaban hosannas a su nombre y agitaban hojas de palmera.

El versículo de hoy dice que entre los que habían subido a Jerusalén a adorar durante la fiesta, había algunos griegos. Los habitantes de la antigua Grecia practicaban una religión pagana saturada de idolatría. Parece que todos los ritos ofrecidos a los diferentes dioses no satisfacían a estos griegos, que dejaron su país en busca de algo más concreto, algo que diese sentido a su vida. Por lo que deducimos del texto, es posible que abandonaran su religión pagana y aceptasen el judaísmo; de otra manera no habrían ido a Jerusalén.

Existen muchos seres humanos que no viven contentos en la iglesia donde están porque falta algo concreto. Por más sacrificios que realicen, por más que cumplan todo lo que la iglesia les presenta como requisitos de salvación, siempre sienten como si la vida no tuviese sentido, y no tienen paz. Entonces, esa búsqueda sincera los lleva muchas veces a otra iglesia, como hicieron los griegos. Sólo que el judaísmo tampoco satisfacía sus expectativas. Continuaban vacíos. El judaísmo también había perdido el sentido de la fe. No conseguía ver al Mesías, y andaba confuso en medio de una montaña de ritos y formas. Dios tenga compasión de los que, por cuidar tanto de las comas y los tildes, pierden de vista al único capaz de dar sentido al cristianismo: Jesús.

Hoy existen hombres y mujeres que desean ver a Jesús como los griegos: dejan todo para oír hablar de él. El mundo está muriéndose de hambre, y es hambre de Jesús. Sólo él puede dar sentido a la vida. En Rusia, millares y millares están aceptando a Jesús y siendo bautizados. En diferentes países, adonde voy, las multitudes parecen decir: "Háblenos de Jesús". En las calles la súplica parece la misma: "Hábleme de Jesús". ¿Cómo estamos respondiendo, como iglesia y como cristianos, al clamor de los hombres?

Pr. Alejandro Bullón

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Más poderoso que un sermón


Estos, pues, se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo: "¡Señor, queremos ver a Jesús!" S. Juan 12:21.

Hace muchos años, mientras hacía el examen bautismal a cinco personas, toda la iglesia se conmovió por un espectáculo deprimente. El esposo incrédulo de una de las personas que se iba a bautizar esa mañana, ingresó en el templo vociferando y amenazando a todo el mundo con una vara en la mano. Sorprendidos todos, nadie tuvo la osadía de detener al indeseado visitante. Para aumentar todavía más la sorpresa, el hombre tomó a su esposa por los cabellos, la sacó de la iglesia y la llevó por la calle, gritando a todas las personas que hacía eso como una lección para las mujeres que quisieran cambiar de iglesia sin el consentimiento del marido.

En una sociedad tradicional, conservadora y "machista" como la de esa pequeña ciudad, en el interior de mi país, el hombre "merecía" parabienes por lo que estaba haciendo, y todo el mundo en la calle aplaudía.

Ese fue un sábado triste. Se podía notar la tristeza y las lágrimas en el rostro del pequeño grupo de hermanos. Sin embargo, por la noche, alguien me entregó un papelito de la hermana: "Pastor, no se vaya sin antes bautizarme. Mañana saldré a las nueve de la mañana para comprar las cosas en la feria de la calle y pasaré antes por la iglesia para ser bautizada. Espéreme listo, por favor".

Fue uno de los bautismos más significativos que realicé. Esa señora sabía muy bien que la vida no sería fácil para ella, pero su amor por Cristo era mucho mayor que las dificultades que pudieran aparecer.

Dos años después retorné a esa ciudad y, para mi sorpresa, el marido estaba en la iglesia, bautizado y participando activamente como diácono. Cuando le pregunté cómo había sido que había aceptado a Jesús, el hombre respondió: "Fue mi esposa. Yo vi a Jesús en ella".

El versículo de hoy habla de los griegos que llegaron a Jerusalén y querían ver a Jesús. Cuando las personas quieren ver a Jesús, generalmente no buscan la Biblia, ni la doctrina, ni la naturaleza. En la mayoría de las veces buscan a los que se dicen cristianos para ver si realmente el cristianismo funciona.

Ese marido duro y aparentemente insensible al evangelio, vio reflejado el carácter de Jesús en la vida de su esposa. Ella no había cambiado sólo de iglesia, había cambiado de vida, y ante una vida reformada por Jesús no hay argumentos, ni críticas que permanezcan en pie. El sermón silencioso de una vida transformada es mucho más poderoso que un sermón predicado desde el púlpito.

¿Por qué no hacer de este día un día de comunión con Jesús! ¿Por qué no pedirle que el Espíritu Santo controle nuestros sentimientos y pensamientos para que se pueda reproducir en nosotros el carácter de Cristo?

Pr. Alejandro Bullón

martes, 8 de diciembre de 2015

A la gloria de Dios


Jesús les respondió diciendo: "Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado" S. Juan 12:23.

Cuando Jesús pronunció estas palabras, estaba mirando hacia los momentos finales del sufrimiento y el dolor antes de su muerte en el Calvario; y habla de glorifìcación. La gloria de los hombres es diferente de la gloria de Dios. La gloria de los hombres pasa por el camino de los aplausos, del reconocimiento y de la fama. La gloria de Dios pasa por el valle de la sombra, del sufrimiento, de las lágrimas y de la muerte. Es verdad que hoy Jesús está en el cielo con el Padre. Es también verdad que un día toda rodilla se doblará delante de él y que las criaturas del universo entero reconocerán su justicia y alabarán su nombre. Pero antes tuvo que beber el cáliz amargo del dolor y del sufrimiento.

El apóstol Juan, en Apocalipsis 5:6, vio "un Cordero como inmolado". ¿Por qué parecía muerto? Los hombres cuando quieren vencer, matan; Jesús, para vencer, muere. Para subir en la vida, el ser humano miente, lastima a los demás, pisa sus sentimientos, traiciona y no mide esfuerzos; Jesús, para recibir la gloria, se entrega, renuncia, se humilla, guarda silencio y finalmente perece. ¡Qué diferentes caminos para el mismo fin!

Hay un mundo maravilloso esperando al ser humano. Hay una eternidad para vivir sin muerte, ni llanto, ni cosa parecida. Pero antes, es preciso transitar por el desierto de esta vida y muchas veces los pies quedarán heridos en las arenas calientes. "En el mundo tendréis aflicción", dijo Jesús, "pero confiad, yo he vencido al mundo" (S. Juan 16:33). Él promete paz, pero no de la manera tomo el mundo la ofrece. La paz que los hombres buscan es apenas la ausencia de lucha en la especie humana, y cuanto más la buscan más lejos la ven. La paz que Cristo ofrece es la paz interior que genera esperanza en medio de la persecución, las dificultades y las provocaciones. Jesús nunca prometió que sus hijos no derramarían lágrimas en esta vida. Lo que prometió es enjugar las lágrimas de sus hijos.

Existe una gloria futura, un reino de paz que Jesús está preparando, pero existe también un cáliz amargo para ser vivido en el presente. La gloria humana es fugaz y su futuro de perdición es eterno. La gloria de Dios es eterna y su presente de sufrimiento es pasajero.

Jesús murió. ¿Dónde estaba la gloria? Todo parecía haber fracasado. Mas al tercer día resucitó y hoy vive por los siglos de los siglos. Tú puedes morir hoy y tus sueños pueden quedar enterrados por causa de Cristo. ¿Por cuánto tiempo? Hoy y mañana tal vez, mas al tercer día vendrá y tú también serás glorificado. Piensa en eso a lo largo de este día.

Pr. Alejandro Bullón

lunes, 7 de diciembre de 2015

Tu pasado tiene futuro


Mirándolo Jesús, dijo: "Tu eres Simón hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (es decir, Pedro) " S. Juan 1:42.

Las personas que eran vistas por Jesús, eran vistas por dentro. Así fue con Nicodemo, con el joven rico y con tantos otros. Sin importar lo que los hombres hicieran para esconderse, sin importar cuánto tratasen de disfrazar, Jesús conocía los sentimientos más íntimos y los desnudaba delante de él, para poder vestirlos con las vestiduras blancas de su justicia.

El versículo de hoy presenta a Jesús y a Simón frente a frente: Jesús fijó su mirada en él y le dijo: "Yo sé quién eres; conozco tu presente, sé donde vives, qué haces y con quién vives". Así son las cosas con Jesús. No hay nada que podamos esconder de él. Conoce nuestros secretes más íntimos, las heridas que nos duelen, las cicatrices que nos molestan, los traumas y complejos que cargamos en la vida.

Pero Jesús continúa: "Yo también conozco tu pasado. Tú eres hijo de Jonás. Conozco tus raíces, tus antepasados, la herencia genética que traes, el ambiente social y familiar en el que creciste. Sé por que reaccionas así delante de los problemas de la vida, sé por qué tienes ese temperamento que ya te causó tantas dificultades. Puedo comprenderte, puedo entender el por qué de tanta amargura y resentimiento, pero quiero que sepas que, además de conocer tu presente y tu pasado, también conozco tu futuro, y esto es lo que realmente importa. Mira hacia delante y ve las posibilidades futuras. Tú serás Cefas".

Ante cada persona hay un horizonte sin fin de posibilidades. El pasado pudo haber sido cruel contigo. Y el presente triste y oscuro en que vives, puede ser de alguna forma el resultado de un pasado donde tuviste poca participación, pero que te afectó. Eso, sin embargo, no es lo importante. Lo que realmente cuenta, lo que realmente vale, es el futuro maravilloso que Jesús te presenta a ti y a todos los que van a él con fe.

Simón nació en el puerto; era un hombre rudo y grosero, hecho en el mar. Su presente era muchas veces doloroso por causa de la lucha interna contra el temperamento impulsivo que cargaba, pero el tiempo comprobó que Jesús tenía razón al mostrarle un día las posibilidades futuras. Pedro sufrió la muerte de los héroes de la fe. Según la tradición, fue crucificado cabeza abajo, un viernes por la tarde. Poco importa. La verdad es que ese simple pescador de pasado oscuro, que salió de los muelles, llegó a ser uno de los grandes discípulos y mártires del cristianismo. Su nombre conquistó un lugar en la galería de los vencedores.

¿Y qué en cuanto a ti? Jesús también sabe quién eres y por qué eres como eres. Pero esta mañana mira hacia el futuro glorioso que él tiene preparado. "Aún no se manifestó lo que podrás ser". Acuérdate de eso a lo largo del día.

Pr. Alejandro Bullón

domingo, 6 de diciembre de 2015

Un día sabremos la diferencia


Pero todos sus conocidos, y las mujeres que lo habían seguido desde Galilea, estaban mirando estas cosas de lejos. S. Lucas 23:49.

Jesús acababa de pasar por el memento de mayor soledad. Acababa de decir: "Padre, Padre, ¿por qué me abandonaste?" Y moría molido por los pecados de la humanidad. Sus discípulos y todos los conocidos, aquellos por quienes había dado la vida, veían "de lejos estas cosas", dice la Escritura. No tuvieron el coraje de acercarse y lo abandonaron.

Generalmente, cuando una persona muere, los amigos se juntan para dar sepultura y honrar la memoria del amigo que se fue. Pero no ocurrió así con Jesús. Todos huyeron, cada uno trató de salvarse de la manera como podía, y apenas uno quedó a su lado durante todo el tiempo; apenas uno fue hasta el pie de la cruz: Juan, el discípulo amado.

¿Quién era Juan? Ese que un día llegó hasta Jesús llevando la herencia de un temperamento incontrolado. Lo llamaban "hijo del trueno". Era impaciente, egoísta e interesado. Pero llegó a Jesús y se acercó a él. Salió de la rutina y de la mediocridad de ser un discípulo más de Jesús. Fue más allá. Aprendió a quedar a solas con su Maestro, recostó su cabeza en el corazón de su Señor, entendió que "sin él nada podía hacer", y el resultado natural de esa comunión fue un cambio complete de su temperamento, al punto que un día llegó a ser llamado "el discípulo del amor".

Jesús tenía doce discípulos. Once participaban de todas las actividades como buenos discípulos. Actualizando la historia, podríamos decir que once eran buenos miembros de iglesia, pero Juan no se contentaba con la rutina. Juan salía de la monotonía y, cuando todos se iban a dormir, él se quedaba con Jesús.

Mientras las cosas andaban en paz, nadie podía ver la diferencia. Aparentemente, todos eran iguales, pero cuando la tormenta sopló, la persecución comenzó y los tiempos críticos llegaron, los once quedaron observando de lejos lo que sucedía, y, finalmente, desaparecieron. El único que quedó junto a Jesús fue el que, saliendo de la rutina, vivió una vida de comunión personal con Cristo.

Las cosas se repetirán en nuestros días. Hoy pueden estar juntos el trigo y la cizaña; hoy pueden congregarse en la misma iglesia las vírgenes prudentes y las vírgenes fatuas; hoy, nadie puede decir quién es quién. Pero cuando la tormenta llegue, sólo permanecerán firmes los que, habiendo salido de la mediocridad de una vida cristiana formal y rutinaria, vivieron las delicias de una experiencia personal de comunión con Cristo. Vive hoy un día de comunión con el Señor.

Pr. Alejandro Bullón

sábado, 5 de diciembre de 2015

Salvación y dejarse conducir


Y le rogaba mucho, diciendo: "Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y viva". S. Marcos 5:23.

Jairo era uno de los líderes de la Sinagoga, y estaba atravesando un momento de aflicción y desesperación. Su hijita estaba condenada a muerte y, humanamente, no había nada que hacer. Jairo no era de los que se rendían ante el primer obstáculo. Había buscado la ayuda de los mejores especialistas de su época. Estaba dispuesto a pagar el precio necesario para la recuperación de la salud de su hija amada. Pero los médicos habían dado el veredicto final: la ciencia médica no puede hacer nada más.

Fue entonces, en medio de la desesperación y la impotencia del hombre, que Jairo se acordó de Jesús. Había oído decir que el humilde galileo sanaba leprosos, devolvía la vista a los ciegos y hacia andar a los paralíticos. Él no creía en esas cosas. Era demasiado culto para aceptar las propuestas simples como las de un carpintero. La mayoría de los que seguían a Jesús era gente humilde, gente del pueblo, sin recursos, sin cultura y sin esperanza. ¿Cómo él, el poderoso Jairo, podía pedir ayuda a Jesús? Pero la hija estaba agonizando, y cuando llegamos al fin de nuestros recursos humanos, somos capaces de tirar a la basura todos nuestros prejuicios, nuestra posición social y nuestra cultura.

Jairo corno, cayó de rodillas delante de Jesús y le suplicó: "Ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y viva".

¿Te das cuenta de que incluso arrodillado y en extrema necesidad, Jairo, el gran líder, no perdió la manía de mandar? Él no colocó el problema en las manos de Jesús como hicieron las hermanas de Lázaro: "Señor, el que amas está enfermo" (S. Juan 1 1:3). Jairo ya tenía todo listo, le llevó a Jesús el programa que el Salvador debía seguir. Se arrodilló y suplicó la dirección del Espíritu Santo, pero ya tenía todo preparado. En verdad, no quería dirección, sólo buscaba aprobación.

Pero en el camino de la salvación, 1a iniciativa es divina, el método es divino y la conclusión es divina. Justificación, santificación y glorificación son obras divinas en la experiencia humana. El hombre sólo tiene que aceptar, solo tiene que permitir que Jesús lo dirija.

Jesús se demoró en el camino, tratando a una mujer que tenía flujo de sangre, y en ese intervalo murió la hija de Jairo. Cuando los siervos le llevaron la noticia, el gran líder se entregó al desánimo. Dejó de luchar, dejó de correr, dejó de mandar y de decir cómo debían ser las cosas y, sólo entonces, Jesús pudo realizar su obra maravillosa de restauración y salvación.

Nunca trates de llevar a Jesús hacia donde tú quieres ir. Hoy coloca tu mano en su brazo poderoso y deja que te lleve por donde él sabe que es mejor para ti. Finalmente, él también es el camino.

Pr. Alejandro Bullón