sábado, 31 de octubre de 2015

A los amigos les gusta conversar


Y al orar no uséis vanas repeticiones, como los gentiles. S. Mateo 6:7.

Hay momentos en la vida en que uno se siente solo, indefenso, impotente. De repente, todo parece oscuro. Puede haber una multitud a tu alrededor, pero estás solitario y triste. Tal vez incomprendido, abandonado, rechazado. En esas horas, cuán bueno es saber que existe Alguien bien cerca de ti. No puedes verlo, ni tocarlo, pero puedes sentirlo. Está allí, mirándote con amor. Es el amigo de todas las horas, de todas las circunstancias. Su nombre es Jesús, o Emanuel, que quiere decir: "Dios con nosotros"

¿Hablaste alguna vez con él? ¿Ya le abriste el corazón como si fuera tu mejor amigo?

Quiero hablar contigo sobre la oración, ese acto maravilloso de conversar con Dios como se conversa con un amigo.

Hay mucha gente por ahí que piensa que la oración es un instrumento para pedir cosas a Dios, y que Dios tiene la obligación de responder. Pero cuando pasan los días y parece que la oración no es respondida, se pierde la motivación para continuar orando.

Ahora pregunto: Si tienes un amigo, ¿conversas con él solamente para pedirle cosas, o conversas con él por el placer de conversar? La oración es un vehículo de comunicación con Dios, y su gran objetivo es cultivar el compañerismo con él, conversar con él, pasar el tiempo a su lado, aunque eso no descarta la posibilidad de pedir. Pero si oras sólo para pedir cosas, pronto, pronto no tendrás más voluntad de orar.

Uno de los mayores enemigos de la oración es el formalismo (que, de paso, no combina con el cristianismo). La oración no puede ser algo formal, aprendido de memoria. Repetir siempre las mismas palabras por considerar que es nuestro deber hacerlo no es cultivar el compañerismo con Dios. El secreto de una oración poderosa está en la sinceridad.

Debemos ir a Dios como estamos, abrirle el corazón y contarle todos nuestros sueños, tristezas, alegrías; en fin, hablarle y contarle lo que estamos sintiendo, lo que salió o no salió bien durante el último día; compartir con él nuestras dudas, nuestros aciertos y desaciertos. Necesitamos hacer eso todo el día, el día entero.

Cuando hablamos con Dios, no es para informarle sobre nuestros actos. El sabe todo. Conoce hasta los secretos más íntimos de nuestro corazón. Necesitamos hacer eso para colocar nuestro ser en dependencia de él. Somos nosotros los que necesitamos de él, somos nosotros los que necesitamos sentirnos seguros a su lado y sentir su fuerte brazo tomando nuestra frágil mano.

Pr. Alejandro Bullón

viernes, 30 de octubre de 2015

Mira al Cordero


Entonces alzó Abraham sus ojos y vio a sus espaldas un carnero trabado por los cuernos en un zarzal; fue Abraham, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Génesis 22:13.

Era el momento fatal. Ya no había esperanza humana de salvación para Isaac. Abraham estaba obedeciendo la orden divina. Había salido de su casa con la esperanza de que Dios cambiase su plan. Cada hora que pasaba, el anciano patriarca esperaba una nueva orden de Dios.

Transcurrieron tres días, y finalmente llegaron al monte del sacrificio. Dios, ¿podía todavía cambiar su orden? Tal vez; pero no sucedió. Allí estaba Isaac sobre el altar de piedra, dispuesto al sacrificio. Finalmente, Abraham levantó el cuchillo, listo para dar el golpe certero que segaría la joven vida de su hijo. Era el hijo de la promesa, el hijo con quien tanto había soñado, el hijo esperado. ¿Cómo podía todo tener un fin tan triste?

Y cuando todo parecía terminado, oyó la voz de Dios que les decía: "No extiendas tu mano sobre el muchacho ni le hagas nada, pues ya sé que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único hijo" (vers. 12). "Entonces alzó Abraham sus ojos y vio a sus espaldas un carnero trabado por los cuernos en un zarzal".

¿Ya te diste cuenta de que en los momentos más dramáticos de la vida humana siempre aparece el Cordero? Adán y Eva estaban vestidos con ridículas hojas de higuera, y un cordero fue sacrificado para que tuvieran vestidos durables. La muerte rondaba las casas de Egipto, y un cordero tuvo que morir para que su sangre identificara las casas que no debían ser tocadas.

Lo que Dios está queriendo decirnos hoy es que la solución para nuestros problemas sólo puede estar en el Cordero. "Abraham... tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo".

Todos nosotros estábamos condenados a muerte, porque todos pecamos, pero Dios nos dio a su Hijo para morir en lugar de nosotros. Cristo es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. ¿Sientes el frío de una conciencia culpable? Mira al Cordero; su lana puede calentarte.

¿Andas tropezando en medio de la oscuridad de la vida? Mira al Cordero, su grasa podrá proporcionarte el combustible para iluminar las tinieblas.

¿Sientes hambre que el pan no puede satisfacer, y sed que el agua no puede calmar? Mira al Cordero, y recuerda que un día Jesús dijo: "Quien coma mi carne no tendrá hambre; quien beba mi sangre no tendrá sed" (ver S. Juan 6:35).

Si llegaste hasta el punto de pensar que ya no existe solución para tu problema, si estás viviendo hoy el memento más crítico de tu vida, si todo te pare ce oscuro y sin salida, por favor, deja de mirar tus problemas y mira al Cordero. Él podrá abrir la ventana por donde el Sol tornará a entrar en tu vida.

Pr. Alejandro Bullón

jueves, 29 de octubre de 2015

El poder de la palabra


Manzana de oro con figuras de plata es la palabra dicha como conviene. Proverbios 25:11.

¿Cuánto vale una palabra? Todo o nada. Depende de la palabra. Depende del memento y hasta de la forma como se la dice.

Algunos apenas consiguen decir una palabra. Eso cuando no están totalmente ausentes. Ausentes de la realidad, del amor y de la vida. Otros dan un paso adelante. Logran decir algo casi primitivamente, a duras penas, pero no son capaces de entender el valor real de una simple palabra. No consiguen usarla para hacer algo positivo. No consiguen construir. En la mejor de las hipótesis, solo destruyen, derriban y lastiman.

Están, sin embargo, los que conocen el verdadero valor de una palabra, de una simple palabra. Y con ella son capaces de construir imperios, propagar ideas, rehacer vidas, encender esperanzas, cambiar los caminos del mundo.

Una palabra. Una sola palabra dicha en el memento oportuno y de la manera correcta cambió el rumbo de mi vida.

Hace muchos años, un grupo de adolescentes se inscribía para un concurso de oratoria. Un joven tímido no se animaba ni siquiera a pensar en la posibilidad de hablar en público. "Yo nunca lo lograré", pensaba. Faltaba solamente uno para completar el grupo de diez participantes. Ese joven estaba temblando y sintiéndose incapaz, cuando el experimentado profesor se le acercó, en el minuto final, y con una sola palabra llena de ánimo y ternura, definió tal vez su futuro. Su voz parecía una invitación y al mismo tiempo una orden: " "¡Ve!" Solamente eso. Y mi vida cambió. Fui, vencí en el concurso y comencé a creer que podía. Hoy, cuando hablo para miles de personas en diferentes países, nadie podría imaginar al venerable profesor con su palabra oportuna: "¡Ve!"

¡Cuánto puede una palabra! Una sola palabra dicha por Dios cambió el destine de la raza humana. Estábamos condenados, porque el salario del pecado es la muerte. Nuestro futuro era incierto o, quién sabe, demasiado asegurado. Sería el fin de todo, la muerte eterna, el "acabóse". Pero el Padre nos dio la Palabra en la vida de su Hijo. En un principio era la Palabra, y la Palabra era Dios.

Quien vaya a él y viva con él sólo tendrá palabras de amor, porque él es amor. Quien vaya a él y viva con él sólo tendrá palabras de verdad, porque él es la verdad. Quien vaya a él y viva con él sólo tendrá palabras de vida, porque él es la vida. Haz que él sea hoy el centro de tu vida.

Pr. Alejandro Bullón

miércoles, 28 de octubre de 2015

¿Jesús o la burra?


Entonces Jehová abrió la boca al asna, la cual dijo a Balaam: "¿Qué te he hecho, que me has azotado estas tres veces?" Números 22:28.

Balaam era un hombre confundido. Necesitaba un mensaje especial para despertarlo. Pero no había ningún pastor cerca, ni predicador, ni profesor de Biblia. Todo lo que había era un asna, y Dios le entregó el mensaje y ella ha-

Sin embargo, los hombres corren el peligro de olvidar al Dios del mensaje y seguir a la burra, y la burra también corre el peligro de pensar que ella es la que realmente vale.

Cuando era joven oí la historia del burrito que llevó a Jesús durante su entrada triunfal en Jerusalén. Todo el mundo gritaba hosannas -todo el mundo se inclinaba y agitaba palmas mientras Jesús pasaba-, pero el burrito pensó que los homenajes eran para él.

Esa noche el burrito llegó a su casa y le dijo a sus padres: "A partir de hoy tienen que tratarme con mayor consideración, porque soy muy importante. Esta mañana fui a la ciudad y todo el mundo se inclinó delante de mí y agitó palmas para homenajearme".

Los padres, dice la historia, quedaron intrigados con la noticia, y al día siguiente lo acompañaron a la ciudad para ver si era verdad lo que el hijo les había contado.

Para decepción del burrito, esta vez nadie lo miró, y hasta había gente que lo golpeaba para que se retirara del camino.

¡Ay de los mensajeros que, olvidando al Dios del mensaje, permiten que el orgullo y la suficiencia propia se apoderen de ellos! Y, ¡ay de los hombres que, olvidando al Señor del mensaje, concentran su atención en el mensajero!

No somos seguidores de hombres. Jesús debería ser el centro de nuestra atención; el Jesús crucificado, resucitado y próximo a volver. Los hombres nos podrán fallar, decepcionar y hasta traicionar. Pero Jesús, nunca. Construir el discipulado sobre un hombre es edificar en la arena. Jesús es la Roca de los siglos; sólo en él estaremos seguros.

¿Soy seguidor de Jesús o estoy siguiendo a los hombres? Esta es una pregunta para ser respondida hoy.

Ve con Jesús, sigue la Estrella de la mañana. Él te conducirá al puerto seguro.

Pr. Alejandro Bullón.

martes, 27 de octubre de 2015

El desafío y la promesa


Pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, Y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y basta lo último de la tierra. Hechos 1:8.

La pareja de viejecitos que llevó a mi madre al conocimiento del evangelio, prácticamente no sabía leer ni escribir, pero tenía una vida de maravillosa comunión con Cristo. Liberados de la ignorancia y la esclavitud del pecado, esos ancianitos habían experimentado en su vida la paz que sólo Cristo puede dar. Eran felices; uno podía darse cuenta de ese hecho al observar la manera como vivían, y al haber conocido a un Salvador maravilloso, no podían guardar eso para sí. Continuamente daban. testimonio. Vivieron la vida testificando, y uno de los frutos de ese testimonio fue mi madre, que tuvo nueve hijos y veinte nietos, todos seguidores de Jesús.

¿Puedes imaginarse la dimensión del testimonio de esos viejecitos? Dios quiere que cada cristiano sea un testigo. La palabra testimonio aparece trece veces en Hechos de los Apóstoles. El libro de Hechos no contiene la biografía o las experiencias maravillosas de algún apóstol en particular; el libro de Hechos es el registro de una iglesia que testificaba. Nadie quedaba callado. Todos anunciaban "lo que habían visto y oído" (ver 1 S. Juan 1:3).

El desafío que aparece en Hechos 1:8 fue dado a una iglesia temerosa y triste, porque se aproximaba el momento de la partida del Maestro. El desafío de ser testigos en Jerusalén, Judea, Samaria y hasta lo último de la Tierra parecía un trabajo imposible de realizar.

Esto, unido al pensamiento de que Cristo sólo volvería cuando ese trabajo estuviere terminado, creaba en los discípulos una sensación de pérdida definitiva. Pero lo que comenzaron a entender ese día es que Jesús no presenta un desafío sin acompañarlo con una promesa: "Pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo". Entonces, y sólo entonces, me seréis testigos. Testificar no es algo que se hace como atributo humano. Testificar es también un fruto que brota en la vida de quien, por la comunión con Cristo, tiene la presencia del Espíritu Santo controlando voluntariamente su Vida.

A lo largo de este día tendrás la oportunidad de relacionarte con otras personas. La mayoría de la gente no conoce a Jesús; vive angustiada, triste y vacía. Tú tienes la respuesta que atormenta el corazón de esos seres humanos. Tú conoces a Jesús. ¿Por qué no testificar ante ellos?

Pr. Alejandro Bullón

lunes, 26 de octubre de 2015

SABER DECIDIR


¿Quién es el hombre que teme a Jehová? Él le enseñará el camino que ha de escoger. Sal. 25:12.

Si tú pudieras hacer una lista de las veces que tomaste decisiones equivocadas, ¿cuál sería el resultado?

"Pastor -dicen las personas-, yo tenía la seguridad de que mi matrimonio iba a funcionar". "Creí que este negocio era el gran negocio de mi vida". "Nunca pensé que venir a este país sería mi desgracia". "Escoger esta profesión fue un error".

Ahora, imagina cómo sería tu vida si Dios, que nunca se equivoca, te hubiera instruido en el camino que tú debías escoger. ¿Crees que las cosas hubieran sido diferentes?

Una de las estrellas de la música brasileña murió víctima del SIDA, en plena juventud. En una de sus últimas entrevistas, dijo: "No me arrepiento de nada de lo que hice. Si tuviera que vivir otra vez, viviría todo de nuevo". Pero si hubiera hecho las decisiones acertadas, con certeza hubiera vivido más.

Saber vivir es saber decidir. Cuando Francisco Pizarro y un grupo de españoles llegaron a la isla de Gallo, el líder vio que los compañeros se acobardaban ante las perspectivas del sufrimiento que les aguardaba, entonces, con la punta de su espada, trazó una línea simbólica sobre la arena de la playa y dijo: "De este lado os espera la muerte, el hambre, la lluvia, el desamparo y la gloria. De este otro, la vida descansada en tranquila pobreza. Cada uno haga su decisión". Habiendo dicho esto, fue el primero en saltar la línea y 12 de los suyos saltaron tras él. Así fue como se inició la conquista del Imperio Inca.

Fue una decisión en busca de riqueza y glorias terrenales, es verdad. Pero, todos los días, a cada instante, necesitamos tomar decisiones para la vida o para la muerte, para la felicidad o la desgracia y en esas horas, Dios está dispuesto a instruirte para que tú tomes la decisión acertada.

¿Qué hacer para que la ayuda divina sea una realidad? El texto afirma: "¿Quién es el hombre que teme a Jehová? Él le enseñará el camino que ha de escoger". "Temer" al Señor es tenerlo presente, reconocerlo como el Creador, reconocernos como criaturas, abrir los ojos y los oídos a sus consejos a través de la lectura de la Biblia, y después, salir sin miedo a enfrentar los desafíos que nos esperan a lo largo del camino.

Haz hoy tuya la oración del salmista y recuerda que: "¿Quién es el hombre que teme a Jehová? Él le enseñará el camino que ha de escoger".

Pr. Alejandro Bullón.

jueves, 15 de octubre de 2015

Esperanza en la tristeza


Y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado. Hebreos 12:13.

Cierta tarde gris, mientras estaba en la estación "La Luz", en San Pablo (trataba de conseguir un taxi para dirigirme al barrio Belém, donde conducía una campaña de evangelización), fui sorprendido por Elena, una policía que se ofreció para llevarme. En el camino me contó que me había conocido en uno de los mementos más trágicos de su vida, cuando deseaba morir por causa de la muerte de su hijo de 16 años. Me dijo que en ese entonces el mensaje que yo había predicado la había ayudado a entender que valía la pena confiar en Dios y continuar viviendo.

Muchas veces había contado este incidente al comenzar mi mensaje del por qué del sufrimiento, pero hace pocos días mi secretaria me sacó de una reunión, diciendo que alguien necesitaba urgentemente hablar conmigo.

Era Elena, la policía del vestido blanco y revólver calibre 38. Estaba desesperada.

-¿Por qué, pastor? -fue su primera pregunta. Mi otro hijo de 15 años acaba de morir en un accidente de tránsito y no consigo entender el porqué.

¿Qué podía decirle a una mujer golpeada tantas veces por la tragedia? Algunos días después le escribí una carta de ánimo y gozo, pero el sufrimiento de Elena no conseguía salir de mi cabeza.

Esta mañana, leyendo la Biblia, encontré el versículo de Hebreos 12:13. En el capítulo 12 de Hebreos encontramos una exhortación a la constancia, paciencia y santidad. El versículo 11 dice: "Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que por medio de ella han sido ejercitados". Después menciona las "sendas derechas para [los] pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado".

Hay un camino glorioso para ti, Elena, aunque en medio de las lágrimas y el dolor no consigas verlo. Existe un camino del cual no puedes salir. Ese camino es Jesús, y muchas veces el dolor y la tristeza golpean a la puerta de nuestro corazón porque Dios nos está llamando a ese camino glorioso que ha reservado para nosotros.

La meditación de hoy es para todas las Elenas que no logran entender el porqué del sufrimiento, con el fin de que levanten "las manes caídas y las rodillas paralizadas" (vers. 12), y logren glorificar el nombre de Dios en medio de las espinas del dolor, la tristeza y la nostalgia.

Pr. Alejandro Bullón.

miércoles, 14 de octubre de 2015

Nunca es tarde si la dicha es buena


No me deseches en el tiempo de la vejez; cuando mi fuerza se acabe, no me desampares. Salmos 71:9.

En enero de 1985 regresé al Perú para visitar a mis padres y hermanos. Fue muy doloroso ver a mi anciano y cansado papá, apagándose lentamente. Había rechazado a Jesús durante 34 largos años. Siempre había huido e inventado disculpas, aunque sentía que el Espíritu Santo lo estaba llamando.

De repente, un cáncer asesino comenzó a devorar su vida, y entonces, entre lágrimas y dolores, reconoció que no estaba luchando contra la esposa, ni contra los hijos, ni contra la iglesia, sino contra Jesús. Y en el silencio de la noche, solito, entre lágrimas cayó de rodillas y aceptó al Señor Jesús.

En la Nochebuena de ese año, mi padre dijo: "Hijo, tengo un regalo para ti. Tú no lo sabes, pero hace más de un año que entregué mi vida a Jesús, y estuve esperando que llegaras para bautizarme".

Al sábado siguiente entré en la pila bautismal y bauticé a mi propio padre. Y en ese momento, dentro del agua, dijo: "Me siento feliz porque sé que Dios me aceptó, pero triste porque ya estoy viejo y entregué mi vida a Dios cuando ya no tengo fuerzas para hacer nada por él".

"No me deseches en el tiempo de la vejez", clamó David. Dios nunca rechaza. Está siempre con los brazos abiertos esperando el momento de la decisión, suplicando y llamando.

Mi padre: cerró los ojos dos meses después, pero lo hizo con la bendita esperanza de la resurrección. Su cuerpo descendió al sepulcro consumido por el cáncer, pero en mi corazón brilla la esperanza de verlo resucitado y transformado para alabar el nombre de Jesús al lado de la Familia cristiana, por toda la eternidad.

Dios te ama y está tocando a la puerta de tu corazón. Si eres joven, puedes decir: "Heme aquí". Mas si el tiempo pasó y eres ya un anciano, él te ama igualmente.

Nunca es tarde para decir sí a Jesús. Hoy ábrele el corazón y dile: "Señor, te acepto. Resistí mucho tiempo, traté de huir. corrí, pero no doy más; estoy aquí, acéptame".

Pr. Alejandro Bullón.

martes, 13 de octubre de 2015

No te desanimes y sigue adelante


Jesús le contestó: "Ninguno que, habiendo puesto su mano en el arado, mira hacia atrás es apto para el reino de Dios. Lucas 9:62.

Conocí a Dirceu en un momento dramático de su vida. Se apasionó por Jesús, le entregó el corazón sin reservas y el Maestro transformó su vida completamente.

Entonces el enemigo lanzó todos los dardos contra él. Sus negocios se fueron a pique; perdió autos, casas, terrenos, todo. Meses después me encontré con él y, sabiendo la situación que atravesaba, le pregunté casi con temor:

- ¿Cómo está?

- Las cosas andan mal, pastor. Pero continúo amando a mi Señor Jesús. Prefiero todo el sufrimiento presente a la terrible angustia de vivir sin Cristo.

"Ninguno que, habiendo puesto su mano en el arado, mira hacia atrás es apto para el reino de Dios", dijo Jesús.

Si tú, amigo mío, aceptaste a Jesús y fuiste bautizado hace poca tiempo en la iglesia, entonces sin duda estás atravesando esos momentos difíciles en los que todas las fuerzas del enemigo se concentran para derribarte y hacer que mires hacia atrás. Pero acuérdate: no estás solo. Miles de ángeles están contemplando tu lucha Es posible que estés pasando por un fuego. Incluso tu ropa puede comenzar a arder, pero escaparás ileso. Es la promesa de Dios.

Después de la prueba, sin duda que estarás más maduro. Habrás aprendido a depender menos de los recursos humanos y a confiar más en el poder de Dios.

En el camino hacia el reino de los cielos existe mucha gente herida y cansada porque miró hacia atrás, o hacia el costado, en lugar de mirar a Cristo. "Cuando el hombre dedica muchos pensamientos a sí mismo, se aleja de Cristo, manantial de fortaleza y vida. Por esto Satanás se esfuerza constantemente por mantener la atención apartada del Salvador e impedir así la unión y comunión del alma con Cristo. Los placeres del mundo, los cuidados de la ida y sus perplejidades y tristezas, las faltas de otros o tus propias faltas e imperfecciones; hacia alguna de estas cosas, o hacia todas ellas, procurará desviar la mente. No seas engañado por sus maquinaciones" (El camino a Cristo, pág. 71).

Que Dios te ayude en este día, y que incluso cuando seas tentado a mirar hacia atrás, mires solamente a Cristo, el "autor y consumador de tu fe". Conserva un cántico en tu corazón, coloca un casete de música inspiradora en tu auto y anda con Dios.

Pr. Alejandro Bullón.

lunes, 12 de octubre de 2015

La importancia de pensar en Dios


Mis ojos están siempre hacia Jehová, porque él sacará mis pies de la red. Salmo 25:15.

Poesía es poesía y vida es vida. Felices aquellos que consiguen juntar ambas y hacer de la vida una poesía. David era un poeta. Sus salmos son obras maestras de la literatura hebrea. Es una pena que las traducciones tuvieron que sacrificar la forma, en favor de la exactitud del contenido.

En el salmo de hoy, el salmista usa una figura poética para expresar la importancia de la comunión diaria con Dios. "Mis ojos están siempre hacia Jehová", dice el salmo. Pero, ¿qué significa esto en términos prácticos? ¿Debemos estar todo el día en estado de contemplación? ¿Debemos salir de la realidad de la vida, para entrar en la dimensión romántica del misticismo?

Elevar los ojos al Señor significa separar todos los días un tiempo para orar, estudiar la Biblia y contarle a otros lo que él hizo en nuestra vida. Esto requiere esfuerzo, porque al ser humano natural no le gusta buscar a Dios. Huye de él. Es independiente. Trata de vivir solo, encontrar su camino solo, y en esta tentativa, acaba hiriéndose y lastimando a los que viven cerca de él.

Por tanto, separar todos los días tiempo para la oración, la testificación y el estudio de la Biblia, requiere una actitud premeditada, direccionada y trabajada.

Es más fácil hacer la señal de la cruz y salir corriendo. Mucho más fácil es repetir una oración de 30 segundos mientras te diriges al auto para ir al trabajo, y mucho más fácil todavía es vivir como si Dios no existiera.

Esta vida está llena de trampas. ¿Cómo llegar salvo al destino sin la orientación divina? En esas horas de meditación diaria, recibimos el consejo divino que nos abre los ojos para ver el peligro y "saca nuestros pies de la red".

Separa todos los días un tiempo para Dios. Tenlo presente a la mañana, a la tarde y a la noche. Despierta y acuéstate con los pensamientos dirigidos hacia él. Inclúyelo en todos tus planes, proyectos y sueños. Déjalo participar de tus actividades diarias. Haz de él tu socio. En todo tiempo. Siempre. Cada minuto del día, y tú comenzarás a vivir una nueva dimensión de la vida.

Antes de salir hoy para el trabajo o para la escuela, repite con David: "Mis ojos están siempre hacia Jehová, porque él sacará mis pies de la red".

Pr. Alejandro Bullón.

domingo, 11 de octubre de 2015

La importancia de la disciplina


El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; más el que lo ama, desde temprano lo corrige. Proverbios 13:24.

No existe paternidad feliz y responsable sin disciplina. No hay hijos maduros y equilibrados sin corrección. No hacer nada ante el desliz del hijo es "aborrecerlo", en el original, la idea es "odiarlo". Asumir la misión divina de corregir al hijo es amarlo. El amor y el odio son palabras sumamente fuertes, pero están presentes en el tipo de educación que damos a los hijos.

Dios quiere que tú seas feliz en todas las áreas de la vida, y él sabe que si las cosas no andan bien en el hogar, no es posible tener éxito en la vida profesional, financiera o social. ¿Cómo puedes hacer un buen negocio, si sabes que tu hijo está metido en el mundo de las drogas? ¿Cómo puedes relacionarte bien con las personas, si tu corazón está en pedazos porque tu hijo se destruye lentamente en las sombras de los vicios y de la promiscuidad? ¿De qué valen todas las victorias que tú puedes conquistar en la vida si tu hijo es un derrotado?

Los padres que quieren ver a sus hijos felices, necesitan echar mano de la disciplina, y precisan hacerlo temprano. Definir valores, establecer límites, desarrollar virtudes y pulir defectos son parte de la verdadera disciplina, pero todo eso requiere esfuerzo. El camino más fácil es permitir que los hijos establezcan sus propias reglas y pensar que satisfaciendo sus necesidades materiales y de escolaridad, la paternidad está cumplida.

¿Cuánto tiempo inviertes tú en tus hijos? ¿Conoces quiénes son sus amigos? ¿Sabes a qué hora llegan a casa? ¿Sabes dónde estuvieron? Toda construcción demanda vigilancia, trabajo y perseverancia. No existe mayor edificación que la vida de tus hijos.

Cuando llegue el fin de este mundo, que avanza vertiginosamente al último capítulo de su historia, y Jesús regrese a esta tierra, no te preguntará sobre tus negocios, tu vida financiera, tus empresas o tu misión social en favor de la humanidad. La gran pregunta será: "¿Dónde están los hijos que te di, los hijos que confié a tu cuidado?"

Pídele a Dios sabiduría para ejercer tu papel de padre amoroso, firme, paciente, perdonador, formador, porque "El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige".

Pr. ALejandro Bullón.

sábado, 10 de octubre de 2015

Cómo mantener la calma


La cordura del hombre detiene su furor, y su honra es pasar por alto la ofensa. Proverbios 19:11.

¿Tú peleas, discutes y reclamas porque piensas que así te estás defendiendo? A la luz del consejo de hoy, pierdes cada vez que te pones nervioso.

La traducción literal de este texto, sería: "la sabiduría del hombre se vuelve longánima". La palabra hebrea es sekel, que significa "sabiduría", "prudencia" y no específicamente "discreción", aunque la discreción sea parte de la sabiduría. El hombre sabio es paciente. No explota ante la primera provocación. Observa primero, analiza y estudia la situación.

"Eso depende de la personalidad de cada uno", puedes decir; y es posible que lo sea, pero el propósito de la sabiduría no es colocar el sello de aprobación sobre las actitudes humanas. Es transformar tu temperamento y enseñarte a ser feliz.

El camino de la paciencia y del perdón es el único que te llevará a la grandeza. Pero, ¿cómo perdonar si alguien entró en mi casa, violó y mató a mi hija? Sé que es difícil. Imposible tal vez, desde el punto de vista humano. Pero las cosas imposibles para el hombre, son posibles para Dios.

Ser paciente y perdonador no significa ser insensible. Claro que el dolor está presente. Es inevitable. Es posible que ráfagas de odio y de venganza pasen rápidamente por tu mente. Es natural. Tú serías un robot sin sentimientos, si no sintieras la rabia y la rebelión tratando de hacer nido en tu corazón.

El problema es permitir que esos sentimientos negativos se apoderen de tu ser, entregándote voluntariamente a la esclavitud del rencor, envenenado por la amargura del resentimiento.

La sabiduría no combina con el odio, ni con el deseo de venganza. Por un motivo. La sabiduría tiene como único objetivo llevarte a ser feliz, y solo la paciencia y el perdón pueden conseguir eso.

Alaba a Dios por la vida, por los momentos buenos y hasta por las pruebas y dificultades que aparecen en tu vida. Haz de este día un día de paciencia. No explotes con facilidad. No digas cosas de las cuales después te arrepentirás. Es muy fácil abrir una herida, difícil es verla cicatrizada. Acude a Jesús. Solo él puede quitar de tu corazón el dolor y la amargura y poner paz y perdón, sin los cuales no hay manera de ser feliz.

Y no olvides: "La cordura del hombre detiene su furor, y su honra es pasar por alto la ofensa".

Pr. Alejandro Bullón

viernes, 9 de octubre de 2015

¿Por qué me has desamparado?


Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¡Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor? Salmo 22:1 .

"¡Por favor, mamá, mamá, no me dejes aquí, mamá!", fue el clamor desesperado de la pequeña Alana, en aquel trágico día en que los secuestradores chechenos se apoderaron de la escuela de Beslan, en Rusia.

Los secuestradores forzaron a Zalina a abandonar a su hija de seis años que lloraba desesperadamente. Solamente así podría salir de la escuela salvando al hijo de dos años. ¡Terrible decisión! ¿Qué podía hacer? ¿Morir allí con los dos hijos, o salvar por lo menos uno? Las horas siguientes para Zalina fueron literalmente el infierno. Cada segundo parecía ser una llamarada de fuego de su propia conciencia. Imaginaba lo que estaría sucediendo aquella noche con Alana, en el gimnasio al lado de los secuestradores. Gracias a Dios, al día siguiente, tuvo a la hija de vuelta. Cubierta de sangre, en shock, deshidratada, pero viva.

Zalina sabe que un día tendrá que mirar en los ojos a Alana y explicarle porqué tuvo que tomar aquella difícil decisión. "Eso deja marcas -se recrimina—, nosotras nunca más seremos las mismas".

Hace siglos que en un monte solitario, colgado en una cruz, Jesús exclamó, como Alana: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" No hay sentimiento peor que la soledad y el desamparo. Tú miras por todos lados y no ves a nadie. El clamor de Cristo era más dramático todavía, porque él había afirmado muchas veces "Yo y el Padre uno somos".* ¿Qué pasó con aquella unidad maravillosa?

En la cruz, el Señor Jesús cargó sobre sí la culpa de todos nosotros y sintió en su propia carne la crueldad del pecado. Al cargar voluntariamente la culpa de la humanidad, Jesús llegó a conocer el sentimiento de desamparo y soledad que se apodera de la criatura cuando se aparta del Creador.

Inútilmente, el ser humano trata de encontrar "su camino" solo, por él mismo, animado por el existencialismo. El fracaso, la frustración y el vacío parecen perseguirlo siempre. ¿Por qué vivir así, si alguien ya pagó el precio de tu culpa en la cruz? Es tan simple y, al mismo tiempo, tan difícil para el orgulloso corazón humano aceptar la oferta divina, pero es la única salida.

Antes de iniciar tus actividades, recuerda hoy que tú ya no necesitas nunca más sentirte solo, porque un día Alguien en tu lugar, dijo: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?"

'Juan 10:30.

Pr. Alejandro Bullón

jueves, 8 de octubre de 2015

consejo y corrección traen honra


Pobreza y vergüenza tendrá el que menosprecia el consejo; mas el que guarda la corrección recibirá honra. Proverbios 13:18.

Las dos palabras clave en este texto, son "consejo" y "corrección". No hay consejo sin corrección Evidentemente, Salomón se está refiriendo al consejo y corrección que vienen de Dios.

Los seres humanos estamos dispuestos a aprender de otros seres humanos. Nos gusta estudiar hasta conseguir un título universitario, una maestría o un doctorado. Compramos libros, leemos, participamos de seminarios y charlas, es decir, estamos siempre actualizando el conocimiento. Creemos que estudiar es crecer, pero con frecuencia no prestamos atención a las instrucciones divinas y, sin embargo, son ellas el fundamento de todo verdadero conocimiento.

Salomón afirma que "pobreza y vergüenza tendrá el que menosprecia el consejo". ¿Cuánto valor tienen para ti los consejos dados por Dios en la Biblia, hace muchos siglos? ¿Son anticuados? ¿Están superados? ¿Fueron buenos en aquellos tiempos, pero no tienen lugar en nuestros días? ¿Cuántas veces leíste la Biblia para confirmar eso?

La novela del escritor Dan Brown, titulada El Código Da Vinci fue durante meses el "best seller" en muchos países. Multitudes leían el libro y discutían el asunto en rueda de amigos. Daba la impresión que había sido revelado el mayor descubrimiento del siglo. Se cuestionó la pureza del evangelio y la veracidad del relato bíblico, pero, ¿cuántas de esas personas, fascinadas e intrigadas con la lectura del mencionado libro, leyeron con el mismo interés la Biblia?

Este es un retrato del ser humano de nuestro siglo. ¿Cuánta de su instrucción está fundada en las palabras que permanecen para siempre?

Haz de este día un día de aprendizaje. No limites tu crecimiento a conceptos y valores terrenales. Sal de la esfera humana y busca los valores espirituales. Vive los principios y consejos divinos. Hay una recompensa para los que toman esta actitud. "Recibirán honra", afirma el proverbio. En los tiempos bíblicos, la persona era honrada recibiendo poder y riqueza.

Pídele a Dios sabiduría para vivir de esa manera, porque "pobreza y vergüenza tendrá el que menosprecia el consejo; mas el que guarda la corrección recibirá honra".

Pr. Alejandro Bullón.

miércoles, 7 de octubre de 2015

Receta para la felicidad


En cuanto a tus prescripciones, hace mucho que sé que las estableciste para siempre. Salmo 119:152.

Tomé este texto de la traducción portuguesa de la Biblia. Habla de recetas o prescripciones. Por muy importantes que sean, solo valen si se las sigue. Obedecer, sin embargo, no es propio de la naturaleza humana. Tal vez sea esta la razón por la cual muchos cristianos no logran ser felices, a pesar de conocer las prescripciones divinas.

En este Salmo 119 se presentan las prescripciones divinas como el camino para la felicidad. Una persona infeliz es una persona enferma. No hay enfermedad más terrible que la infelicidad. Destruye las ganas de vivir. Te condena a una vida de fracaso, lúgubre y mediocre. Crea un sentimiento de inutilidad y desvalorización.

Tú sobrevives. Te levantas todos los días para cumplir lo que consideras tu deber. Te esfuerzas, luchas, trabajas, pero sientes en el fondo del corazón una especie de vacío que te incomoda y desespera.

La ciencia de nuestros días todavía lucha para descubrir un remedio contra el cáncer. El SIDA es aún una enfermedad estigmatizada y fatal. Hay estadísticas que tienen por objeto el control de estos males, pero no existen estadísticas que indiquen cuántas personas mueren de infelicidad. Matrimonios que andan mal. Hijos que se auto destruyen. Angustia que sofoca. Corazones rotos en pedazos. Todo es consecuencia de vidas infelices.

El salmista afirma que hay remedio para este mal. Basta con seguir las prescripciones "de todo corazón". Esa historia de "portarse bien" mientras somos vistos, ayuda poco. No soluciona nada. Al contrario. Lleva al ser humano a cargar con el peso agobiador de la culpa.

"De todo corazón". Es una expresión que combina lo más sagrado que tiene el ser humano: su voluntad y el modo como debe ser usada para seguir los consejos divinos.

Hoy debo hacer un análisis de mi propia vida. ¿Cuánto de mi ser, de mi corazón, de mi voluntad, está empeñado en seguir las prescripciones divinas?

Vale la pena responder esta pregunta, porque de otro modo, todos los intentos humanos para alcanzar el sentido de una vida plena, realizada y feliz, terminarán en la frustración. Debo decir como el salmista: "En cuanto a tus prescripciones, hace mucho que sé que las estableciste para siempre".

Pr. Alejandro Bullón

martes, 6 de octubre de 2015

Dios lo sabe todo


Porque los caminos del hombre están ante los ojos de Jehová, y él considera todas sus veredas. Proverbios 5:21.

El hombre se me acercó cuando esperaba el vuelo en el aeropuerto de San Luís, Estado de Marañen, Brasil. Debía tener unos 70 años. Se notaba cansado. Las arrugas profundas en su frente, hablaban de su vida marcada por el dolor.

"Vi muchos de sus mensajes por televisión -dijo-, pero nunca pensé que algún día pudiera conocerlo personalmente". Después, emocionado, me contó su drama, sus luchas y sus contradicciones. Había vivido casi durante 30 años una vida doble. Me contó de las noches sin dormir, atormentado por la culpa y el miedo de ser descubierto un día.

El día llegó. Su vida se vino abajo, se destruyeron sus planes y sus sueños. El respeto y la admiración que había construido a lo largo de los años, se hicieron pedazos cuando se descubrió su vida oculta.

"Hoy vivo solo. Perdí las dos familias. Siento vergüenza de mirar a los ojos de mis hijos y nietos. Vivo escondiéndome de todo el mundo y, en medio de ese dolor y vergüenza, sus mensajes en la TV trajeron esperanza y alivio a mi corazón" —añadió.

Los caminos del ser humano son extraños e incomprensibles. Ama y sin embargo anda por caminos peligrosos que, tarde o temprano, herirán a las personas que son parte de las cosas más bellas que recibió de Dios. Obra contra sí mismo. Se transforma en su peor enemigo. Se esconde de las personas como si esa fuese la solución, olvidando que "los caminos del hombre están ante los ojos de Jehová".

En su misericordia, Dios usa la propia conciencia como si fuese la luz de sus ojos, llamando a la criatura de vuelta. Pero el hombre insiste en huir, correr, creyendo que lejos de su Creador, tendrá un poco de paz.

¡Se engaña! Cuanto más distante de su Creador, más desesperado vivirá. Más angustiado, atormentado e infeliz, hasta llegar al cinismo, al terreno pantanoso, a la arena movediza que lentamente irá devorando su vida.

Hoy es un nuevo día. Recordar que Dios considera nuestros caminos, nos obliga a evaluar el camino que estamos transitando.

El hecho de que las personas no te vean, no significa que Dios no lo sepa, "porque los caminos del hombre están ante los ojos de Jehová, y él considera todas sus veredas".

Pr. Alejandro Bullón

lunes, 5 de octubre de 2015

Jehová me recogerá


Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá. Salmo 27:10.

Los judíos piensan que este Salmo fue escrito por David en los años de la vejez, después del incidente narrado así: "Isbi-benob, uno de los descendientes de los gigantes, cuya lanza pesaba trescientos siclos de bronce, y quien estaba ceñido con una espada nueva, trató de matar a David; mas Abisai hijo de Sarvia llegó en su ayuda, e hirió al filisteo y lo mató. Entonces los hombres de David le juraron, diciendo: Nunca más de aquí en adelante saldrás con nosotros a la batalla, no sea que apagues la lámpara de Israel".

¿Puede, por una cosa de esas, decirle el pueblo al rey: "Por favor, su majestad, ya está viejo; no necesita ir a la guerra con nosotros"? Pero la vida es así. Llega un momento cuando los hijos quieren decirnos lo que debemos o no debemos hacer. Nos cuidan como nosotros los cuidábamos cuando eran pequeños. Es la vida, y es necesario aprender a convivir con esa realidad.

David expresa en este Salmo su confianza en Dios, en los tiempos de la vejez. Sus padres ya descansaban en el sepulcro. Él ya vivió, lloró, amó, erró, pidió perdón, se levantó y triunfó. Pero la vida pasó. Los años se fueron. Ya no era un muchacho que mataba leones y osos que amenazaban su rebaño. Tampoco era ya el joven sin temor que con una honda y cinco piedras había derribado al gigante Goliat. Todavía cree que puede, es verdad. Acaba de enfrentar a otro gigante, Isbi-benob, pero casi muere esta vez si no fuera por la intervención de Abisai. Por eso, sus propios soldados le aconsejaron: "Por favor, David, permanece en el palacio, no apagues la lámpara de Israel".

¿Cómo te sentirías tú en esas circunstancias? ¿Cómo encarar la realidad de la vejez que avanza implacablemente? David expresa con seguridad: "Jehová me recogerá".

Al escribir este devocional ya no soy joven. Yo también viví. Me queda continuar mirando al horizonte y colocar en las manos de Dios todo aquello que recibí de él. En el caso de David, el compañerismo con Jesús era la fuente de certeza y satisfacción con relación al futuro.

Si esa es tu realidad, agradece a Dios por la vida, por las alegrías y hasta por las tristezas, y expresa como David: "Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá".

Pr Alejandro Bullón.

domingo, 4 de octubre de 2015

¿Cómo obtener justicia, vida y honra?


El que sigue la justicia y la misericordia hallará la vida, la justicia y la honra. Prov. 21:21.

Si tú subes al avión para Buenos Aires, con certeza llegarás a Buenos Aires. No hay forma de tomar la autopista de Washington a Nueva York y llegar a Miami. Este es el consejo bíblico de hoy. ¿Deseas obtener vida, justicia y honra? Sigue el camino de la justicia y de la bondad. Jesús es ese camino.

Cuando Jesús estaba en la tierra, dijo un día: "Yo soy el camino, y la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí".

¿En qué sentido Jesús es el camino? Él te invita a una vida de compañerismo diario. El cristianismo es justamente eso, andar con Jesús todos los días. Desde la hora en que te despiertas, temprano por la mañana, hasta la hora en que te acuestas. Trabajando, estudiando, comprando y vendiendo, haciendo cualquier cosa. Si tú tienes conciencia de la presencia de Jesús, eres un cristiano.

La tragedia humana es limitar la vida cristiana a una hora por semana en la iglesia o, en la mejor de las hipótesis, a una hora de meditación y oración por día. Todo eso es bueno, pero insuficiente para vivir una vida feliz. El secreto es no apartarse de Jesús un instante, permitir que él forme parte de las negociaciones y de las decisiones. Andar permanentemente con él.

¿Cómo es posible eso? ¿Significa que debemos caer en el terreno del misticismo, tratando de oír "la voz de Jesús", o experimentando sensaciones sobrenaturales? ¡No! Jesús guía la vida de sus hijos a través de las enseñanzas de su Palabra. Si tú no la lees, y no meditas en la Palabra de Dios, ¿cómo te va a hablar él en los momentos de necesidad? La Biblia es la revelación escrita de la voluntad de Dios para el ser humano.

El camino es Jesús, su Palabra es la guía. Seguir a Jesús es seguir los consejos bíblicos. Tú encuentras en ella instrucciones para las circunstancias más difíciles de la vida: cómo educar a tus hijos, cómo salir de las deudas; cómo cultivar relaciones, etcétera.

Haz de este día un día de decisiones de vida. Consigue una Biblia, léela, estúdiala, vale más que una carrera universitaria o un título doctoral. Jesús es la Fuente de la sabiduría. Y no olvides: "El que sigue la justicia y la misericordia hallará la vida, la justicia y la honra".

Pr. Alejandro Bullón.

sábado, 3 de octubre de 2015

No serás olvidado para siempre


Porque no para siempre será olvidado el menesteroso, ni la esperanza de los pobres perecerá perpetuamente. Sal. 9:18.

¿Cuanto tiempo hace que tú estás suplicando por una determinada bendición y te da la impresión que al Señor no le importa tu pedido? El salmista presenta hoy una promesa alentadora. Tú no serás olvidado para siempre, y no serás perpetuamente frustrado. ¿No es una gran noticia?

Pero hay una condición para que la promesa divina se cumpla. Tú necesitas ser un "menesteroso-pobre". Aquí no se habla de dos tipos de personas. Tú sabes que esta es una poesía hebrea y que la belleza de la poesía hebra no radica en la rima, sino en el paralelismo.

El paralelismo es la repetición del mismo pensamiento en dos frases aparentemente diferentes. De modo que el menesteroso o necesitado de la primera frase, es el pobre o afligido de la segunda. Puede ser que tú estés afligido hoy, si estás enfrentando algún problema Pero, necesitado, no necesariamente.

La palabra hebrea menesteroso, ébyón, es usada por lo menos en tres aspectos diferentes. Para referirse a un estado de pobreza material, a una persona que no tiene posición social, o a una actitud de humildad ante Dios. Inclusive el verbo hebreo necesitar, abah, significa aceptar, consentir. Nadie acepta la intervención de otro si no se siente necesitado.

Cuando el ser humano piensa que Dios está tardando en responder, es generalmente porque no llegó al estado de necesidad espiritual que lo lleva a aceptar la intervención divina en su vida.

Aquella noche en el mar de Galilea, los discípulos lucharon con las olas y el viento contrario mientras tuvieron fuerzas. Eran pescadores, acostumbrados a las tempestades y tormentas, ¿para qué pedir ayuda? Ellos podían resolver el problema por sí mismos.

Pero a la cuarta vigilia, allá por las cuatro o cinco de la mañana, cuando ya no tenían más fuerzas, cuando el orgullo y la suficiencia humana habían desaparecido y se sentían "necesitados", Jesús apareció andando sobre las aguas para socorrerlos.

Sentirse necesitado no es un asunto de palabras ni de lágrimas, es una actitud del corazón. Es lo que tú y yo necesitamos aprender diariamente. Porque la promesa del Señor es: "Porque no para siempre será olvidado el menesteroso, ni la esperanza de los pobres perecerá perpetuamente".

Pr. Alejandro Bullón.

viernes, 2 de octubre de 2015

Venganza


No digas: Yo me vengaré; espera a Jehová y él te salvará. Prov. 20:22.

La venganza es una reacción natural ante las injusticias. Podría ser considerada justa, desde el punto de vista humano. Es lógico que quien hace algo perjudicial contra otro, reciba lo que merece, pero el consejo bíblico de hoy es: "No digas: Yo me vengaré".

Da la impresión de que Dios quiere que tú aceptes pasivamente las injusticias. ¿Por qué el justo debe soportar en silencio el abuso injusto? La segunda parte del proverbio de hoy nos da la respuesta: la venganza causa más daño a quien la practica que a quien la recibe.

Cualquier tipo de venganza, antes de ser una realidad, es un cóctel de emociones negativas: odio, rabia, rencor, ira, angustia y desesperación. Estos son sentimientos propios del corazón natural. Pero el hecho de ser naturales no significa que sean correctos. Por el contrario, son un aglomerado de veneno que destruye las cosas más puras que el ser humano tiene. Es como el ácido que corroe los valores, los principios y, principalmente, la paz del corazón. Pero la promesa es: "él te salvará". La persona vengativa vive en esclavitud.

El otro día recibí la carta de un hombre que mató a su ex socio. Su socio se había apoderado de la empresa que era de ambos. "Yo confié en él -decía la carta-, pero él me traicionó". Durante varios meses, la víctima del engaño estudió la manera de vengarse. Fueron meses de angustia, dolor, vergüenza, odio, rencor y rabia, los que lo llevaron a planificar el asesinato de su ex socio.

Lamentablemente, todo se descubrió y ahora pasa los días, las semanas y los meses en la celda de una cárcel. "Debería estar feliz -añade en la carta-, pero no lo estoy, mi corazón continúa siendo un pozo de heridas, rabia y odio.

Por eso, el proverbio de hoy dice: "Espera a Jehová y él te salvará". ¿De qué te librará, si la injusticia fue verdaderamente cometida? Te librará del odio, del rencor y de la rabia que son los peores verdugos que una persona puede cargar. El peor daño que alguien puede hacer contra ti no es el acto de injusticia en sí, sino el veneno que el deseo de venganza deja en tu corazón y que va destruyendo tu vida lentamente.

Tú puedes escoger librarte de ese veneno. Pídele a Dios fuerzas y "No digas: Yo me vengaré; espera a Jehová y él te salvará". Feliz día para ti hoy, sin penas ni rencor.

Pr. Alejandro Bullón

jueves, 1 de octubre de 2015

Mentiras ¿blancas?


Los labios sinceros permanecen para siempre, pero la lengua mentirosa dura sólo un instante. Proverbios 12:19 NVI

Mentir es engañar a alguien. Puede ser de forma directa: No he tocado el pastel (mientras tragas el último bocado). O puede ser indirecta, como decir sólo parte de la verdad cuando te beneficia hacerlo así. Pero no decir TODA la verdad, de cualquier modo, es mentir.

Pilato preguntó: "¿Qué es la verdad?" (Juan 18:38). Pilato tenía la respuesta a su pregunta de pie, delante de él, en persona. "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida", dijo Jesús en otra ocasión (Juan 14:6). ¡Piensa en esto! Jesús no sólo cuenta la verdad, ¡Él ES la Verdad! No podemos seguir al Dios de la verdad mientras persistentemente contamos mentiras –incluso "pequeñas mentiras". Toma la determinación de contar la verdad en cualquier aspecto y situación de la vida, sea grande o pequeña.

De la TouchPoint Bible

Mentir es el fallo más básico en los cimientos del alma, colocando a toda la superestructura en peligro. Toda la credibilidad de una persona, su misma integridad, se tambalea en las arenas movedizas de una sola mentira. El engaño mantiene secuestradas todas las demás virtudes.

Robertson C. McQuilken