lunes, 30 de noviembre de 2015

El sueño de Dios


Allí murió Moisés, siervo de Jehová, en la tierra de Moab, conforme al dicho de Jehová. Deuteronomio 34:5.

El pueblo de Israel había llegado al límite de la tierra prometida. El sueño de poseer esta tierra estaba a punto de realizarse, cuando Dios ordenó a Moisés: "Sube... al monte Nebo", a la cumbre del Pisga. Allí, en la cima de la montaña, el Señor le mostró la tierra: "Te he permitido verla con tus ojos, pero no pasarás allá" (Deuteronomio 32:49; 34:1, 4).

Moisés había sido toda la vida un soñador. Soñaba con ver a su pueblo en la tierra de libertad. Pero ahora, cuando el sueño estaba haciéndose realidad, Dios le dice: "No pasarás".

Tú y yo sabemos por qué Moisés no entró en la tierra prometida, pero el viejo líder de Israel no entendió nada. Murió con una enorme señal de interrogación en la cabeza.

¿Ya te diste cuenta de que nuestra vida es un puñado de porqués? ¿Por qué murió mi padre? ¿Por qué murió mi hijo' ¿Por qué no salió bien este asunto? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

Moisés murió. Pero poco tiempo después, resucitado, vio desde el cielo a su pueblo conquistar la tierra prometida y a los hijos de su pueblo jugar en la tierra de libertad. El sueño se cumplió. Sólo que en una escala mayor y mejor de lo que él había soñado. No tenía más los achaques de la vejez, gozaba de vida eterna; no estaba sentado en el sillón del abuelo, estaba sentado en un trono de oro.

Tenemos derecho a soñar, pero también tenemos que dar a Dios dicho derecho, pues sabemos que sus sueños son siempre mayores y mejores que los nuestros. Cuando nuestros planes no salen bien, a pesar de haber colocado todo en las manos de Dios y de haber hecho todo lo posible de nuestra parte, es con seguridad porque Dios tiene otros planes para nosotros. Debemos aprender a confiar en él.

Conversé con Laura, en la ciudad de Presidente Prudente, pocos días después que la tragedia devastara su vida. Laura y su marido eran cristianos sinceros: ella tocaba el arpa y el marido daba estudios bíblicos. Tenían la costumbre de visitar los hogares para hablar de Jesús. Formaban una familia feliz al lado de sus cuatro hijos.

Una mañana, mientras realizaban el culto matutino, alguien golpeó a la puerta. El marido fue a abrir y se encontró con un hombre que, sin decir una palabra, le disparó un tiro de escopeta que acabó con su vida.

Algunos días después conversé con Laura. Con los cabellos sueltos y vistiendo luto, me preguntó: "Pastor, ¿por qué? ¿Por qué?" "No lo sé, Laura", fue mi respuesta. "Un día el Señor lo explicará". Dos meses después Laura interpretó en el arpa un himno maravilloso de esperanza durante una reunión campestre en Brasilia. Su confianza estaba depositada en Dios, que nunca falla. El por qué ya no tenía importancia.

Pr. Alejandro Bullón

domingo, 29 de noviembre de 2015

La nube y el fuego


Así era continuamente: la nube lo cubría de día, y de noche la apariencia de fuego. Números 9:16.

El Sol ya se había ocultado detrás de los enormes árboles en el interior de la región amazónica. Traté de reunir un poco de leña y encender una hoguera. Los hermanos indios me habían aconsejado: "Pastor, si tiene que pasar una noche en la selva, encienda una fogata". El fuego es todo para los nativos de la tribu campa, entre los cuales viví durante tres años. Teniendo fuego tienen seguridad, pues ningún animal peligroso se aproxima al fuego. Teniendo fuego tienen luz. Teniendo fuego tienen calor y no necesitan de abrigo.

El pueblo de Dios, mientras atravesaba el desierto, entendió los beneficios del fuego por la noche. Ese fuego era Cristo. Él es nuestra seguridad. Con él a nuestro lado los peligros de la noche oscura de esta vida no podrán alcanzarnos. Con él a nuestro lado, la indiferencia y el desamor de la noche fría de esta vida no nos afectarán. Con él a nuestro lado no tropezaremos, y nuestros pasos y nuestras decisiones serán siempre seguros.

¿Sientes que tu vida está fría, o en la mejor de la hipótesis, tibia ? Entonces mira hacia la columna de fuego. Ella es la solución.

Pero Jesús no es solamente fuego. También es la nube durante el día. La nube no sólo proporciona sombra para el cansado peregrino. Igualmente anuncia lluvia, y la lluvia es vida en medio del desierto. ¿No te parece que ésta es la respuesta divina para una vida reseca e improductiva? ¿No es ésta la solución para una vida cansada?

La lluvia es agua, y el agua limpia, calma la sed y produce poder. Piensa en la represa hidroeléctrica de Itaipú, capaz de mover medio Brasil. ¿Qué es lo que Dios está tratando de decirnos? Que él quiere satisfacer nuestras necesidades, limpiar nuestra vida. Pero que él también desea darnos un poder capaz de llevarnos a la victoria completa sobre el pecado y al cumplimiento de nuestra misión en la Tierra.

Nube y fuego. Frío y calor. No sólo nube. No sólo fuego. Ni fanatismo. Ni liberalismo. Equilibrio. Dios es el Dios de la nube y del fuego. Es el Dios del equilibrio.

Esta mañana Jesús está a tu lado, cerca de ti; listo para salir contigo a las luchas de la vida. ¿Por qué temer si el perdón, el poder, la seguridad y la luz van contigo?

Pr. Alejandro Bullón

sábado, 28 de noviembre de 2015

No por causa de tu justicia

Por tanto, has de saber que Jehová, tu Dios, no te da en posesión esta buena tierra por tu justicia, porque pueblo terco eres tú. Deuteronomio 9:6.

¿Es posible vivir una vida moralmente justa sin tener comunión con Jesús? ¿Es posible ser un buen ciudadano, un buen padre de familia, un buen patrón o un buen empleado, sin tener comunión con Jesús? ¿Es posible vivir sin vicios y no tener comunión con Jesús? La Biblia enseña que sí, pero al mismo tiempo advierte que esas buenas obras de justicia humana son para Dios como "trapos de inmundicia"

¿Cómo sabe alguien si mis obras de justicia son humanas o son frutos de la justicia divina? Desdichadamente nadie puede saberlo. Sólo Dios y yo. Porque sólo Dios y yo sabemos si existe entre nosotros una experiencia de comunión diaria y permanente.

¿Cómo produce Dios sus obras de justicia en la vida de sus hijos? Viviendo en ellos por medio de la presencia del Espíritu Santo, santificando la voluntad humana y usando esa voluntad humana santificada para conseguir la victoria sobre el pecado.

Cualquier obra que el hombre fabrique sin vivir una vida en comunión con Cristo, usando solamente su moralismo y su voluntad humana pecaminosa, es considerada por Dios como una justicia humana. Y "has de saber que Jehová, tu Dios, no te da en posesión esta buena tierra por tu justicia", fue la advertencia dada a Israel.

La salvación no es la recompensa. La salvación es Cristo, y él también es la justicia. Cuando le abrimos el corazón a Jesús y vivimos con él una experiencia de comunión diaria y permanente, y permitimos que habite en nosotros santificando nuestra voluntad, entonces viene y nos trae salvación y justicia. El resultado de esa experiencia es una vida llena de frutos de justicia divina.

Al salir hoy para las actividades diarias, llevemos a Jesús con nosotros. Mantengamos comunión con él mentalmente mientras realizamos nuestros deberes cotidianos. Conservemos un cántico de alabanza a Dios en nuestro corazón, sintamos su presencia y dejemos que el Espíritu Santo use nuestra voluntad para producir en nosotros los deseados frutos de justicia.

Pr. Alejandro Bullón

viernes, 27 de noviembre de 2015

El prójimo no tiene rostro

Respondiendo Jesús, dijo: "Un hombre que descendía de Jerusalén a Jericó cayó en manos de ladrones, los cuales lo despojaron, lo hirieron y se fueron dejándolo medio muerto" S. Lucas 10:30.

La parábola del buen samaritano es la respuesta de Jesús al doctor de la ley que le preguntó: "¿Quién es mi prójimo?" (vers. 29).

"Un hombre..." La Biblia no identifica a ese hombre. No menciona su raza, ni su posición social, ni su lengua, ni su nacionalidad. "Un hombre...", y nada más. No necesitamos saber otra cosa acerca de alguien que está pasando necesidad. Jesús ocultó los detalles de la identidad de ese hombre por algún motivo que necesitamos entender.

Entre Jerusalén y Jericó había varios kilómetros de carretera peligrosa, rocosa y desierta. Era el lugar preferido por ladrones y salteadores, quienes, amparados en la soledad y la oscuridad del lugar, podían hacer de los viajeros víctimas fáciles. Y en la historia encontramos a ese hombre como una de estas víctimas.

La Biblia dice que los salteadores lo despojaron. Estaba desnudo. Nadie podía identificarlo por la ropa, si eran finas o baratas, si eran de este o aquel país. También habían desaparecido los anillos y las joyas (que los hombres utilizaban en esos tiempos), de modo que nadie podía saber si eran joyas falsas o joyas auténticas las que llevaba, para poder de ese modo determinar su capacidad financiera. Y para completar el cuadro de anonimato, estaba inconsciente, no podía hablar y nadie podía oír el acento para decir si el hombre era argentino, brasileño, colombiano o mejicano.

Lo que Jesús quiere decirnos hoy es que nuestro prójimo no tiene rostro ni identidad. Lo que está tratando de enseñarnos es cuál debería ser nuestra actitud con los que sufren. Nuestra preocupación nunca debe ser identificar a la persona antes de ayudarla. No importa si la persona que sufre es rica o pobre, negra o blanca, culta o inculta, buena o mala, palestina o irakí. Como cristianos, debemos estar del lado de los que sufren. No podemos quedarnos del lado de los pobres contra los ricos, ni de los buenos contra los malos. "Un hombre..." Ese es nuestro prójimo.

Entre los pobres existen personas que sufren hambre y frío. Pero también hay personas que sufren entre los ricos: sufren angustia, soledad y crisis existencial. Y la orden de Jesús es ayudar a los que están sangrando. Los que sangran por fuera y los que sangran por dentro. No mires su rostro, ni su piel, ni su nacionalidad. Busca, simplemente, a los que sufren. Ése es tu prójimo.

A lo largo de este día, trata de encontrar a alguien que sufre y muéstrale el amor de Jesús.

Pr. Alejandro Bullón

jueves, 26 de noviembre de 2015

¿Por qué ir a la iglesia?


Después lo halló Jesús en el Templo y le dijo: "Mira, has sido sanado; no peques más para que no te suceda algo peor". S. Juan 5:14.

El paralítico del estanque de Betesda acababa de ser curado y miró a su alrededor para agradecer a quien había hecho ese milagro en su vida, pero Jesús ya no estaba allí, "porque... se había apartado de la gente que estaba en aquel lugar" (vers. 13). Así sucedían las cosas con Jesús. Su misión era llevar la atención de los hombres a su Padre. Hacía lo que tenía que hacer y desaparecía sin esperar aplausos, ni homenajes, ni conmemoraciones, porque sabía que a nosotros, los seres humanos, nos gusta hacer ídolos de barro. Olvidamos al Salvador e idolatramos al instrumento humano. Jesús dejó aquí una lección para todos nosotros.

El versículo de hoy dice que "después lo halló Jesús en el Templo". Aquí hay un pensamiento profundo que necesitamos entender. El paralítico no fue al templo para ser curado. El fue curado por Jesús. La iglesia no tiene poder para salvar. Ningún ser humano debe pertenecer a una iglesia pensando que ese es el medio de salvación. El paralítico fue al templo para alabar el nombre de Dios por haber sido curado. Allí se encontró con Jesús y pudo decirle: "Muchas gracias, Señor; alabo tu nombre porque me salvaste".

Por favor, nunca digas que fuiste salvo por Jesús si no estás asistiendo a la iglesia. No digas que tienes una gran experiencia salvadora con Jesús si en los días de culto te quedas en casa. La iglesia es el lugar donde los redimidos se encuentran con Jesús para alabar su nombre y agradecer por las bendiciones recibidas.

Es por eso que los feligreses deben cantar mucho, porque el cántico es la alabanza por excelencia. La iglesia donde no se canta puede estar dando evidencias de que le falta una experiencia salvadora en su vida.

Satanás hace que mucha gente piense que no necesita asistir a la iglesia porque en ella hay muchas personas cuyas vidas son un pésimo testimonio del evangelio, pero, bíblicamente, el motivo que debería llevarnos a ir al templo no debe ser saludar a los amigos que no vimos durante la semana. El motivo debería ser alabar el nombre de Dios, y ese acto de alabanza es capaz de unir los corazones y hacer desaparecer las diferencias que puedan existir entre las personas. Una iglesia unida por la alabanza y el espíritu de gratitud será también una iglesia unida en la misión de iluminar al mundo con la luz del evangelio. ¿Ya tuviste una experiencia de salvación con Jesús? Entonces ve a la iglesia y alaba el nombre de Dios.

Pr. Alejandro Bullón

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Es preciso decidir


A pesar de eso, muchos, incluso de los gobernantes, creyeron en él, pero no lo confesaban por temor a los fariseos, para no ser expulsados de la sinagoga, porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios. S. Juan 12:42, 43.

Una de las mayores barreras que las personas encuentran para seguir a Jesús es el prejuicio causado algunas veces por el estatus, y otras, por la presión social, religiosa o financiera.

En el capítulo 12 de San Juan encontramos tres diferentes actitudes de las personas con relación a Jesús. La primera es la de los griegos sinceros que siguieron a Jesús a pesar de entender que eso les causaría dificultades en el futuro, porque mantener sus nuevos principios en medio de la cultura griega no sería nada fácil (vers. 20-26).

La segunda actitud aparece en el versículo 37, de la siguiente manera: "Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él". ¿Puede existir una ceguera mayor que la del hombre que no quiere ver? Vivimos en un mundo agnóstico y lleno de incredulidad. Queremos llevar todo al laboratorio. Estamos dispuestos a ejercer fe en muchas cosas menos en los asuntos espirituales.

Si alguien que no conocemos nos muestra el camino, vamos en la dirección indicada inducidos por una fe inconsciente de que esa persona está diciendo la verdad. Pero cuando descubrimos alguna declaración bíblica, nos detenemos, pensamos y comenzamos a dudar.

Dios nos dio el derecho a la duda. Somos libres para aceptar o rechazar, para creer o burlarnos. Vemos brillar el Sol y no creemos en el Dios que lo creó porque nunca lo vimos, pero vemos un reloj y creemos que existe un relojero, aunque tampoco lo hayamos visto.

Ese tipo de personas existía en el tiempo de Cristo: "Vieron señales, pero no creían».

La última ciase de personas está descrita en el versículo de hoy. Son los temerosos. Aceptan la verdad en su corazón. No tienen una sola duda, por mínima que sea, pero tienen miedo de las personas, de la posición social, del "qué dirán". Viven en función de los compromisos sociales, profesionales o religiosos; aman más la gloria de los hombres que la gloria de Dios.

A lo largo de mi ministerio conocí a mucha gente así. Gente que, con lágrimas en los ojos, decía: "Pastor, sé que este es el camino, pero no tengo el coraje de romper con mis tradiciones y con tantas otras cosas que me amarran a esta vida. ¿Tendrá Dios misericordia de mí?"

Dios tendrá misericordia para continuar tocando a la puerta de tu corazón, pero no para tomar la decisión por ti, porque él te hizo un hombre libre, capaz de decidir.

Hoy puede ser para ti el gran día de la decisión. Ahora puede ser el minuto que estaba faltando en tu vida. ¡Dile sí a Jesús y sal transformado para desarrollar las actividades del día!

Pr. Alejandro Bullón

martes, 24 de noviembre de 2015

¿Palabras frívolas?


Pero yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. S. Mateo 12:36.

¿Cómo hablan los que quieren ser cada día más semejantes a Jesús? ¿Qué tipo de palabras sale de sus bocas? ¿Sobre qué conversan cuando están juntos?

El versículo de esta mañana está dentro de un contexto interesante. En los versículos anteriores Jesús explica que el corazón es como un cofre donde se esconden cosas buenas o malas, y que la palabra es el medio por el cual se saca lo que se guarda en el corazón. "De la abundancia del corazón habla la boca", deduce el Maestro (vers. 34). Y termina diciendo que en el día del juicio, los hombres darán cuenta de toda palabra frívola que hayan hablado.

Las personas pueden encarar este texto de tres maneras diferentes. La primera es llenarse de temor por las consecuencias en el día del juicio y tratar, a partir de hoy, de no hablar palabras frívolas.

La segunda es razonar de la siguiente manera: "Ya que los que tienen un corazón bueno hablan cosas buenas, entonces a partir de este momento hablaré solamente cosas constructivas".

La tercera es ir a Jesús y decirle: "Señor, que hable frivolidades es una evidencia de que mi corazón es malo y está lleno de pensamientos inmundos. Por favor, vive en mí y purifica mis sentimientos y pensamientos, santifica diariamente mi corazón por medio de la presencia de tu Santo Espíritu".

Y si a partir de ese momento el hombre vive una vida de comunión con Cristo, los pensamientos de Cristo pasarán a ser sus pensamientos, y las palabras que salgan de su boca serán, de manera natural, palabras edificantes.

Constantemente hemos colocado ante nosotros los ideales de vida del cristiano. Sin embargo, pocas veces hemos tratado de mostrar el medio por el cual se vive ese ideal.

En la Biblia nunca encontramos el problema sin la salida, el ideal sin la manera de alcanzarlo.

En el versículo de hoy, Jesús quiere decirnos: "Déjame resolver el problema del corazón, sanar los pensamientos, y entonces tus palabras reflejarán la pureza de tus sentimientos santificados por mi presencia".

Dios quiere que sus hijos sean más semejantes a él, inclusive en el tipo de conversación que mantienen.

Pr. Alejandro Bullón

lunes, 23 de noviembre de 2015

El buen camino


Así dijo Jehová: "Paraos en los caminos, mirad y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino. Andad por él y hallaréis descanso para vuestra alma'' Mas dijeron: "¡No andaremos!" Jeremías 6:16.

Este versículo ha sido usado algunas veces para decir que debemos vestirnos, andar y actuar como en la antigüedad. Pero el contexto en que se encuentra indica que el mensaje es diferente. "Preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino. Andad por él", es el consejo divino. ¿Cuáles son esas sendas antiguas? ¿Cuál es ese buen camino? Cuando Jesús estuvo en la Tierra, dio personalmente la respuesta: "Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí" (S. Juan 14:6).

Jesús es el camino. Las personas se olvidan de los principios cuando se olvidan de Jesús. Se conforman con este siglo cuando se olvidan de Jesús. Comienzan a tornarse frívolas cuando olvidan el camino.

Abandonar las sendas antiguas no es simplemente dejar principios o normas morales. Abandonar las sendas antiguas es perder de vista el camino, y el camino es Jesús.

El profeta Jeremías afirma en el versículo de hoy que el resultado de retornar a las sendas antiguas es que el pueblo encontrará descanso para el alma. ¿Te acuerdas de que en cierta ocasión Jesús también dijo: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros... y hallaréis descanso para vuestras almas" (S. Mateo 11:28, 29)?

¿Cuál era la invitación de Jesús? ¿Estaba Jesús diciendo, simplemente, que sus hijos retornaran a las costumbres del pasado, o que retornaran a él? Jesús vino a este mundo para dar sentido a una religión moralmente correcta, pero, a veces, practicada sólo externamente. Los hijos de Israel en ese tiempo habían perdido de vista mucho más que los principios morales: habían perdido de vista el camino. Tratando de hallar las sendas antiguas, estaban perdiéndose en una maraña de detalles y diezmando hasta la menta y el eneldo. Pero Jesús vino para decir a su pueblo: "Esos detalles no son el camino; yo soy el camino. Si mi pueblo vive una vida de comunión conmigo, de manera natural vivirá abundantemente los principios eternos de la ley: mi carácter".

El profeta Jeremías termina diciendo: "Mas dijeron: '¡No andaremos!' " Jesús también, antes de su muerte, dijo: "¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, pero no quisiste!" (S. Mateo 23:37).

"No andaremos", "No quisiste". Ahí estaba el Camino ofreciendo descanso para las almas, pero nadie quiso saber nada de él.

¿Qué vas a hacer hoy contigo mismo? Anda por el buen camino, pero no olvides que el buen camino es Jesús, y no simplemente un código moral.

Pr. Alejandro Bullón

domingo, 22 de noviembre de 2015

¿Qué clase de promesa es ésa?


Él le dijo: "Señor, dispuesto estoy a ir contigo no sólo a la cárcel, sino también a la muerte') S. Lucas 22:33.

La declaración de Pedro es la típica declaración humana. ¿Cuántas veces le prometiste fidelidad a Dios y no cumpliste?

¿Quiere decir que nunca debemos prometer nada a Dios? "Muchos dicen: '¿Cómo me entregaré a Dios?' Deseas hacer su voluntad pero eres moralmente débil, sujeto a la duda y dominado por los hábitos de tu vida de pecado. Tus promesas y resoluciones son tan frágiles como telas de arena. No puedes gobernar tus pensamientos, impulsos y afectos. La conciencia de tus promesas no cumplidas y de tus votos quebrantados debilita tu confianza en tu propia sinceridad y te induce a sentir que Dios no puede aceptarte; mas no necesitas desesperar. Lo que necesitas comprender es la verdadera fuerza de la voluntad. Este es el poder que gobierna en la naturaleza del hombre: el poder de decidir o elegir. Todas las cosas dependen de la correcta acción de la voluntad. Dios ha dado a los hombres el poder de elegir; depende de ellos el ejercerlo. No puedes cambiar tu corazón, ni dar por ti mismo sus afectos a Dios; pero puedes elegir servirle. Puedes darle tu voluntad, para que él obre en ti tanto el querer como el hacer, según su voluntad. De ese modo tu naturaleza entera estará bajo el dominio del Espíritu de Cristo, tus afectos se concentrarán en él Y tus pensamientos se pondrán en armonía con él".

¿En qué consiste entregar la voluntad a Dios? El texto continúa: "Por medio del debido ejercicio de la voluntad puede obrarse un cambio completo en tu vida. Al dar tu voluntad a Cristo, te unes con el poder que está sobre todo principado y potestad. Tendrás fuerza de lo alto para sostenerte firme, y rindiéndote así constantemente a Dios serás fortalecido para vivir una vida nueva, es a saber, la vida de la fe" (El camino a Cristo, págs. 47, 48).

Cada día, al salir de casa, debes decir: "Señor, habita hoy en mí por medio de la presencia de tu Santo Espíritu. A ti entrego hoy mi voluntad pecaminosa; santifícala, por favor . Entonces, cuando llegue el momento de la tentación, vuelve a clamar a Dios; sin importarte lo que sientas, no te alejes de él, deja que habite en tu corazón. Su presencia santificará la pobre voluntad humana y llegarás a ser invencible por el poder maravilloso de Jesús. Te deseo un día lleno de victorias.

Pr. Alejandro Bullón

sábado, 21 de noviembre de 2015

Existe un lugar mejor para ti


Levantaos y andad, porque este no es lugar de reposo, pues está contaminado, corrompido grandemente. Miqueas 2:10.

El profeta Miqueas vivió durante un período crítico del pueblo de Dios, cuando Asiria era el poder mundial dominante. Acaz, rey de Judá, se había entregado a todo tipo de idolatría y había hecho, incluso, "pasar a sus hijos por el fuego, conforme a las abominaciones de las naciones que Jehová había arrojado de la presencia de los hijos de Israel" (2 Crónicas 28:3).

Dios levantó a Miqueas, en medio de toda esa idolatría y decadencia espiritual, para advertir a su pueblo de su iniquidad y para anunciar la liberación de Israel y la gloria y el gozo del reino mesiánico. Por esto, a lo largo del libro de Miqueas encontramos advertencias y promesas, castigo y misericordia.

En el versículo de hoy, Dios nos presenta una promesa maravillosa: "Levantaos y andad, porque este no es lugar de reposo".

Nosotros no fuimos creados para vivir en este mundo de sufrimiento, lágrimas y muerte. Este mundo está "contaminado, corrompido grandemente". No es este nuestro hogar, somos peregrinos que estamos en rumbo hacia una tierra mejor.

Hace 155 años un grupo de personas sinceras esperaba el regreso de Cristo y tenía la certeza de que había llegado el momento de entrar en el hogar. El 22 de octubre de 1844 quedará registrado en la historia como un día de chasco. Pero, en realidad, lo que encontramos en ese año es mucho más que un grupo de cristianos tristes porque Jesús no regresó.

El aparente incumplimiento de la promesa los llevó a estudiar con más cuidado las Santas Escrituras, y fue a través de las lágrimas y del estudio como redescubrieron el verdadero significado de Daniel 8:14.

En 1844 sucedería algo extraordinario en los cielos. Jesús, nuestro Sumo Sacerdote en el Santuario Celestial, pasaría del Lugar Santo al Lugar Santísimo y, según las Escrituras, comenzaría el juicio investigador (Apocalipsis 14:6-12).

Ese mismo año el mensaje de este juicio comenzaría a ser predicado con fuerza. Era el cumplimiento profético: la aparición de un movimiento que daría un nuevo énfasis al evangelio eterno al predicar la justicia de Cristo, la eternidad de la ley de Dios, la hora del juicio y el inminente regreso de Cristo a la Tierra. Así nació la Iglesia Adventista del Séptimo Día.

Su misión es anunciar el mensaje de Apocalipsis 14:6-12. El nacimiento de esta iglesia estaba anunciado proféticamente. Esta iglesia surgió para decir: "Levántate y anda, porque no es este el lugar de reposo; existe un lugar mejor para ti".

Pr. Alejandro Bullón

viernes, 20 de noviembre de 2015

Dios nunca nos chasquea


Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. S. Mateo 7:7.

Hace muchos años tuve un sueño: organizar un campamento para miles de jóvenes. Sin embargo, también ocurrían dificultades y había montañas infranqueables. ¿Cómo conseguir un lugar para acomodar a tanta gente, con agua, instalaciones sanitarias y comida para todos?

Un domingo convoqué a un grupo de especialistas en diferentes áreas de trabajo. Hasta el lema teníamos listo: "Conócelo, ámalo y sírvelo", pero no sabíamos cómo concretar el evento.

El joven Costa Junior formaba parte del grupo, y le pedimos que compusiera el himno oficial del campamento, que se realizaría en Itabuna.

Esa noche, mientras Costa Junior regresaba a San Pablo, en un ómnibus de línea, Dios le dio la letra y la música del himno: "Conocer a Jesús es todo". Inexplicablemente, esa música desapareció nueve veces. Después de mucha oración y trabajo, finalmente el himno estuvo listo y fue cantado por diez mil jóvenes en Itabuna, por treinta mil personas en el estadio de Ibirapuera en San Pablo, y por varios miles en todo el Brasil y otros países del mundo.

Si Costa Junior hubiese desistido de escribir y reescribir el himno, si hubiese dejado de orar y pedir a Dios que le recordara la letra y la música iniciales, tal vez hoy la iglesia no tendría ese himno que trajo tanta inspiración a mucha gente.

Todos debemos soñar. Nosotros, los seres humanos, tenemos que soñar. Quien no es capaz de soñar, no tiene un motivo por el cual vivir. Pero nadie tiene el derecho a soñar si no está dispuesto a pagar el precio de su sueño; porque todo sueño tiene un precio, y a veces ese precio es muy caro: puede hasta costarnos la vida. Aunque ese no es el problema: podrán matar al soñador, pero nunca matarán el sueño.

"Pedid, y se os dará", dice el Señor Jesús. ¿Podríamos parafrasear este versículo, diciendo: "Soñad y pedid; buscad y llamad, y trabajad por vuestro sueño y se realizará"? Itabuna, Brasilia, Ibirapuera, Maracanaziño: lugares donde la gente se congregó para oír la Palabra de Dios y se cantó el himno "Conocer a Jesús es todo". Lo que poca gente sabe es que todo eso es el fruto maravilloso del Espíritu de Dios al reunir a un grupo de hombres soñadores.

Sal esta mañana con fe. Pide, llama, busca, clama a Dios y trabaja por tus sueños. En poco tiempo, ya no será un sueño, será la más linda realidad.

Pr. Alejandro Bullón

jueves, 19 de noviembre de 2015

El otro lado del pecado


Pero si así no lo hacéis, entonces habréis pecado ante Jehová, y sabed que vuestro pecado os alcanzará. Números 32:23.

Hace años tuve la oportunidad de conversar con una señora cuyo problema físico era un misterio para la ciencia médica. Había consultado a los mejores especialistas y nadie sabía decirle cuál era la causa de la parálisis que la atormentaba. Del cuello para abajo estaba prácticamente muerta, y no existía causa física para estar así.

Conocí a esa señora cuando estaba sana y llena de vida. ¿Cuál sería el motivo para que en cuestión de pocos meses quedara en estado deplorable? Mientras conversaba con ella, Dios me ayudó a detectar el origen de su mal. Dicha señora había llevado a muchas personas a la iglesia, había sido de esos miembros trabajadores e incansables, pero en algún momento de su vida cortó la comunión con Cristo y el resultado fue la infidelidad a los votos matrimoniales.

-Pastor, no tengo perdón -decía entre lágrimas-. Conocía la verdad, llevé a mucha gente al bautismo, sabía lo que estaba haciendo, no fui engañada; mi pecado fue consciente, no merezco el perdón.

El sentimiento de culpa de esta mujer era tan grande que creía que su pecado merecía la muerte, y su inconsciente había conseguido prácticamente matar su cuerpo, aunque no terminar con su vida. Tomando sus manos inertes entre las mías y mirándola a los ojos, le dije:

-¿Usted no cree en el perdón que Dios enseñó a tanta gente?

-Tal vez Dios me haya perdonado, pastor dijo ella-, pero yo no me perdono, y nunca me perdonaré.

Y lo más trágico del pecado tal vez esté aquí, querido amigo. No en el hecho de que Dios no sea capaz de perdonamos, sino en la tragedia de que nosotros no queremos aceptar el perdón.

"Vuestro pecado os alcanzará", dice el texto de hoy. Aunque muchas veces tengamos que sufrir las consecuencias de haber quebrantado las leyes naturales, lo que el pecado tiene de pernicioso y destructivo es el complejo de culpa que apaga lentamente el deseo de vivir, de levantarse nuevamente, de recomenzar la comunión con Cristo. Es esa horrible sensación de estar perdido, de sentir que ya no existe una oportunidad; esa lenta destrucción de los valores, de la dignidad y del respeto propio.

Al salir hoy hacia las actividades del día, permitamos que Jesús tome nuestras manos y dejemos que nos guíe por las veredas de justicia. ¿Cómo hacer eso? Teniendo siempre en mente la presencia de Cristo, relacionando con él todo lo que hacemos. Sin duda, tener un himno en el corazón será una fuente permanente de inspiración a lo largo del día. Memorizar el versículo de hoy y repetirlo muchas veces, también ayudará. Aprender a convivir con Cristo es tal vez la tarea más dura del cristiano, pero en eso justamente consiste el cristianismo. Deseo un día maravilloso para todos en el poder y la gracia de Jesús.

Pr. Alejandro Bullón

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Lo que realmente vale


Si se humilla mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oran, y buscan mi rostro, y se convierten de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, perdonaré sus pecados y sanaré su tierra. 2 Crónicas 7:14.

Salomón había terminado los últimos detalles de la construcción del templo. Era un templo deslumbrante en su estructura física, y sería motivo de alegría y satisfacción para todas las personas que de alguna manera habían contribuido en la edificación de la casa del Señor.

Esa noche, el Señor se le apareció a Salomón y le dijo que lo que realmente importaba del templo no era su aspecto exterior, sino lo que sucedería dentro de él. El versículo de hoy ha sido usado muchas veces para decir que si la iglesia "no se convierte de sus malos caminos", Dios nunca podrá bendecirla. En realidad, éste es el propósito final de la declaración, pero el versículo contiene más que simplemente el objetivo. También muestra el método. ¿Cómo quiere Dios llevar a su iglesia perdonada y sanada a andar en los caminos correctos?

El texto menciona los pasos: 1) Humillarse. Reconocer la insuficiencia y debilidad, la incapacidad. Este reconocimiento llevará al pueblo de manera natural a buscar ayuda en un ser superior. Dios no puede hacer nada por quienes no reconocen su necesidad y no lo buscan. 2) Orar. Este es uno de los medios de comunión con Cristo. Orar no sirve para informar a Dios de nuestras actividades, sino para crear en nosotros el sentido de dependencia. Orar es mucho más que arrodillarse y repetir frases de rutina. Es vivir constantemente unido a Jesús y tenerlo siempre presente en nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. 3) Buscar el rostro del Señor. ¿Cómo se contempla a Dios? A través del estudio de la Biblia y de la meditación. El cristiano debería pasar como mínimo una hora diaria meditando en el carácter de Jesús. La mejor manera de estudiar la Biblia es colocándonos en el lugar de los acontecimientos, y aplicar cada consejo divino a las diferentes circunstancias de nuestra vida.

Después de dar esos tres pasos viene el resultado: "Convertirse de los malos caminos"

La mayor alegría que Dios siente no se debe a la hermosura del templo o a la mucha o poca asistencia, sino a la actitud con que sus hijos lo buscan. Ir al templo debiera constituir un acto de gratitud, alabanza y testimonio. Deberíamos ir porque lo necesitamos, reconocemos nuestra dependencia y queremos exaltarlo y decirle que él es todo para nosotros. El resultado final será una iglesia feliz y sana, que continuará creciendo cada día en su experiencia con Jesús.

Pr. Alejandro Bullón

martes, 17 de noviembre de 2015

Más seguro que un monte


Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida y se traspasen los montes al corazón del mar. Salmos 46:2.

Al entrar en la ciudad de Johannesburgo, en África del Sur, mi compañero de viaje me observó: -Estás llegando a la ciudad de la fe. -¿Por qué? -le pregunté casi instintivamente.

-¿Ves aquel monte? -me dijo señalándolo con el dedo-. El mes que viene, ese monte estará de este otro lado. ¡La fe de la gente es tan grande que mueve montañas!

Después, sonriendo, me explicó que esos montes son de arena, y esa arena, sacada de las minas, todavía contiene oro. Por eso son removidos de un lugar a otro, tratando de extraer al máximo posible el precioso metal.

Como ves, las "montañas" de Johannesburgo son "mudables". Pero, por lo general, las montañas son símbolos de eternidad, de permanencia, de confiabilidad.

Pienso, por ejemplo, en las montañas de mi país, el Perú. El Imperio Inca construyó su sede en las alturas de Machu Pichu; he ahí el secreto de su casi invencibilidad. Desde esas montañas, los incas contemplaban el horizonte, conquistaban nuevos territorios, dominaban a los enemigos. En las montañas estaba su seguridad. Hasta hoy, siglos después, sus famosas fortalezas, casi intactas, atraen a millares de turistas.

Sin embargo, en el Salmo 46, el poeta traspasa los montes al corazón del mar. En el versículo 3 describe a las montañas como temblando. ¿Puede una montaña temblar? Si la montaña (que es símbolo de seguridad) tiembla, ¡qué queda para las demás cosas!

Lo que Dios está queriendo decir es que hasta las cosas aparentemente eternas pueden un día fallar. Por ejemplo, hasta amigos confiables pueden traicionarnos.

¿Crees que tu juventud durará toda la vida? Cuidado, ¡un día la montaña puede temblar! ¿Crees que ahora que terminaste una carrera y tienes una posición, nadie puede turbarte? Mira la montaña, ¡hasta ella un día puede caer al mar! ¿Piensas que tu salud es de hierro? ¿Que tu patrimonio es tan grande que nunca desaparecerá' ¿Crees que el amor de quien te rodea nunca acabará; Ojalá que no. Pero es bueno que sepas que todo puede fallar.

Pero puedes estar seguro de esto: Aunque las montañas tiemblen, o todos nos abandonen, Dios estará siempre cerca de nosotros, aunque sólo volvamos los ojos hacia él como si fuese el último recurso de la vida, el intento final.

Dios estará siempre allí, sin reclamos, esperando con los brazos abiertos en forma de cruz. ¿Sabes por qué? Porque para él tú eres la cosa más linda que existe en el mundo. "Braman las naciones, los reinos titubean", dice el poeta, pero "el Señor de los ejércitos está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob" (ver los vers. 7 y 11).

Pr. Alejandro Bullón.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Los sentidos no son confiables


Descendió Sansón a Timnat y vio allí a una mujer de las hijas de los filisteos. Regresó entonces y lo contó a su padre y a su madre, diciendo: "He visto en Timnat una mujer de las hijas de los filisteos; os ruego que me la toméis por mujer" Jueces 14:1, 2.

El otro día conversaba con un joven que, en la opinión de los que lo querían, estaba a punto de tomar una decisión que le traería muchos problemas en el futuro.

-Pastor -dijo el joven-, siento que esto es lo mejor para mí. Es lo que quiero, es lo que me gusta y creo que tengo el derecho a equivocarme.

"He visto una mujer en Timnat", dijo Sansón. Da la impresión de que el joven de mi historia y Sansón se hubiesen puesto de acuerdo para dar la misma respuesta.

Seguramente, los padres de Sansón hicieron todo lo posible para mostrarle al hijo el tremendo error que estaba a punto de cometer. Le hablaron con amor, con energía, trataron de dialogar: "¿No hay mujer entre las hijas de tus hermanos, ni en todo nuestro pueblo", preguntaban (vers. 3). Pero Sansón estaba decidido: "He visto", dijo, "y me agrada"

¿Son confiables nuestros sentimientos? Desdichadamente, mientras llevemos con nosotros la naturaleza con que nacimos, los sentimientos humanos nos traicionarán con frecuencia. Sólo pueden ser una guía segura si están santificados a través de una constante comunión con Jesucristo.

"Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá:", dice el profeta en Jeremías 17:9. Cómo puede una persona que no vive una vida de comunión diaria con Jesús pensar que sus sentimientos son una guía segura y confiable:

El resultado de decidir porque "he visto", porque "me agrada", porque "siento que esto es bueno para mí", contrariando la voluntad de Dios, fue terrible para Sansón. Al final de sus días, sus ojos, esos ojos que determinaban sus decisiones, le fueron arrancados. Ciego, terminó sus días realizando el trabajo de un burro, haciendo girar las ruedas de un molino.

Ese joven que nació con un plan maravilloso para su vida, ese hombre que era la esperanza de su pueblo, que vino para quedar eternamente en la galería de los vencedores, tuvo un triste fin. En un momento de su vida sintió que era "lo mejor" para él, pero se engañó. El tiempo, juez implacable, dictó la sentencia: culpable y condenado.

Que Dios nos ayude en este día a depender de él, a consultarlo, a decidir con él. El es nuestra única garantía de victoria. Separados de él, nada podremos hacer.

Pr. Alejandro Bullón.

domingo, 15 de noviembre de 2015

Él siempre está presente


Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Salmos 46:1.

De repente, parecía que los sueños de Laura se hacían añicos. El novio, a quien tanto amaba, la dejaba apenas con una corta explicación, escrita en una tarjeta blanca: "Tengo que ser sincero: No me gustas; perdóname". Un mes después, el padre de ella moría en un trágico accidente de tránsito.

Era demasiado sufrimiento para una sola persona. Casi no dormía, preguntándole a Dios: "¿Por qué, Señor, por qué?" Como consecuencia de todo, su rendimiento en el trabajo quedó tan alterado que, algunos días después, perdió el empleo. En esas circunstancias la conocí.

Casi inconscientemente, Laura actuaba como una jueza y daba el veredicto. "Yo siempre fui una fiel cristiana, nunca hice mal a nadie y ayudé a mis semejantes en la medida de mis posibilidades; Dios fue injusto conmigo. Yo no merezco estar sufriendo de esta manera".

¿Es Dios realmente injusto? ¿O será que nosotros, a veces, somos injustos con él, reclamándole un juramento que nunca realizó? En Salmos 46:1 encontramos una bellísima promesa: "Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones". Observa lo que Dios está y no está prometiendo.

Dios nunca prometió que sus hijos jamás tendrían dificultades, tristezas o pruebas. Él promete que, en medio de las dificultades y luchas, pruebas y tristezas, los que confían en él nunca estarán solos. "¡Gran consuelo!", puedes pensar. "¿De qué me ayuda eso?" De mucho. Y ahí está toda la diferencia.

Sufren los malos y los buenos. Sufren los que maldicen y los que confían en él. Sólo que el sufrimiento en los primeros es como una herida purulenta: devora, pudre y finalmente mata. Mientras que el sufrimiento de los que confían en Dios es como una herida limpia. Duele, sangra, pero sana, y con el tiempo apenas quedan cicatrices o, a veces, ni siquiera eso.

Cuando mi hijo mayor tenía tan sólo dos años, fue sometido a una cirugía. La enfermera entró con la inyección de la anestesia. El muchacho, mirando con miedo, comenzó a lloriquear, y la enfermera dijo:

-No llores, no te va a doler.

El niño me miró, como si preguntase en silencio: "¿Es verdad que no me va a doler?" Tomando su mano, le dije con tranquilidad:

-Sí, te va a doler, hijito, pero aquí está mi mano. Si te duele mucho, aprieta mucho. Si te duele poco, aprieta poco, pero yo estaré contigo.

¿Entendiste? Cuántas veces miramos a Dios y le preguntamos: "¿Va a doler?" Y él, con su voz de Padre amante, nos consuela: "Sí, te va a doler, hijo. En un mundo de tristezas y lágrimas, muchas veces te va a doler, pero aquí está mi mano. Nunca estarás solo. Yo estaré contigo".

Pr. Alejandro Bullón

sábado, 14 de noviembre de 2015

Todos somos necesarios


Ninguno de nosotros vive para sí y ninguno muere para sí: Romanos 14:7.

La luz roja del semáforo nos obligó a parar en la esquina de la avenida Prestes Maia y Senador Queirós, en el corazón de San Pablo. Hacía un calor terrible. Mi compañero esperaba impaciente que cambiara la luz. En el asiento de atrás, su hijo adolescente miraba distraído por la ventanilla del automóvil. De repente se acercó al auto un muchachito con una bolsa de manzanas en la mano.

-Seis por uno veinte -dijo con ojos suplicantes.

Era un niño de la calle, de esos que andan por las esquinas limpiando los parabrisas, vendiendo cualquier cosa, o simplemente pidiendo una limosna. De esos que, de tanto pedir, un día deciden "tirar y correr". Y después viven corriendo, y no paran de correr en toda su vida. Era un muchacho sencillo, de esos que sin saber se transforman en discursos inflamados y artículos como éste.

Mi compañero lo miró y, a pesar del calor sofocante, se dio el trabajo de buscar dinero en su bolsillo y comprar una bolsa de manzanas.

-¿Vas a comer eso aquí, en el auto? -preguntó el hijo, con aire de experto-. ¡Esas manzanas están casi podridas!

-Yo no las compré para comer -respondió el padre-. Las compré para que el muchacho pueda comer.

¿Entendiste el mensaje?

Compromiso sería la palabra correcta en este caso. Todos tenemos que ver con todos. No somos islas. De alguna manera somos responsables por los que sufren, aunque vivamos en un mundo cada vez más egoísta, donde todos están contra todo el mundo, y donde todo el mundo trata sólo de protegerse y preocuparse por lo propio.

La dependencia es una ley de la vida. Dependencia, no en el sentido de falta de iniciativa propia, esperando que los demás hagan las cosas, sino dependencia en el sentido de saber que nuestras realizaciones, conquistas y victorias no son fruto apenas de nuestro propio esfuerzo, ya que otros también tuvieron que ver con eso. La tierra necesita de la lluvia para producir, pero la lluvia necesita primero ser nube, y para ser nube precisa del Sol; y el Sol, para calentar las aguas y producir la nube, necesita de la rotación de la Tierra.

Nadie es una isla. Todos precisamos de todos. Tal vez algunos precisen más que otros, y, si la vida nos hizo fuertes y nos colocó en un lugar privilegiado, es bueno preguntar: "¿Qué puedo hacer por mi prójimo?"

¿Soy capaz de levantar los ojos más arriba de mis intereses y comodidades y mirar hacia el hermano que está alado? ¿Pienso que el infortunio, el hambre, la necesidad, la enfermedad y a veces la muerte, son patrimonio exclusivo de los demás? ¿Seré capaz de extender la mano, mientras tengo mano? ¿Seré capaz de mirar con simpatía, mientras tengo ojos? Ojalá que sí, porque un día la tristeza puede golpear también a mi puerta y entonces tal vez sea demasiado tarde.

Pr. Alejandro Bullón.

viernes, 13 de noviembre de 2015

Renaciendo en medio del dolor


Ya había pasado de Peniel cuando salió el sol; y cojeaba a causa de su cadera. Génesis 32:31.

Estábamos terminando el culto divino ese sábado, cuando el joven entró gritando en el templo. ¿Qué había ocurrido? En el patio de la iglesia otros dos jóvenes pedían ayuda para el amigo accidentado. Estaban pescando con dinamita y el explosivo estalló en la mano de uno de ellos. Esos jóvenes acostumbraban pescar en el horario del culto en lugar de alabar el nombre de Dios en la iglesia. El río quedaba a unos cien metros del templo; había allí un remanso de aguas profundas. Ellos encendían el estopín y, cuando faltaban algunos segundos para la explosión, tiraban el explosivo en el agua para no dar tiempo a que los peces huyeran.

Había hablado muchas veces con ese joven. Había dos cosas peligrosas en su conducta: pescar con dinamita y olvidar que el sábado era el día que debía entregarse a Dios como un día de loor y adoración. La fe de este joven disminuía cada día, no se acercaba a Jesús, tomaba todo en broma y, lo que era peor, jugaba con las cosas de Dios.

Algunos días después del accidente, fui a visitarlo. Estaba sentado en el patio de su casa, debajo de un árbol y con un bastón en la mano; golpeaba monótonamente el suelo con él, como si no tuviese motivación alguna.

No le dije casi nada. Oré y le dije que Jesús lo amaba mucho. Era miembro de la iglesia que yo pastoreaba en ese tiempo. Quería verlo animado y feliz a pesar del accidente. Al sábado siguiente llegué temprano a la iglesia y ese joven era uno de los primeros que aparecieron. Había perdido un brazo, y el muñón todavía estaba envuelto en vendas. Fui a saludarlo con alegría y observé lágrimas en sus ojos.

-¿Por qué, pastor? -preguntó-. ¿Por qué tuve que perder el brazo para entender que estaba jugando con Dios?

-No importa, muchacho -fue mi respuesta-. Lo que vale es que estás aquí nuevamente, en la casa de Dios.

Jacob también tuvo que confrontarse con la realidad en su experiencia de vida. Esa noche, "en el valle de Jaboc", resistió hasta donde pudo, y finalmente se rindió.

La Biblia no dice que Jacob luchaba contra el hombre, sino que el varón luchaba contra Jacob. Es Jesús el que siempre está tratando de mostrarnos la realidad. Es una pena que Jacob entendiera eso sólo cuando el hombre le tocó en su coyuntura. En medio de las lágrimas y los gritos de dolor, Jacob, finalmente, entendió que no podía huir de Jesús, y ése fue el comienzo de una nueva experiencia.

A la mañana siguiente, cuando "había pasado de Peniel... salió el sol; y cojeaba a causa de su cadera". Quizá toda la vida continuó cojeando, pero, ¿Qué importaba eso? Ahora estaba con Jesús. ¿Será preciso llegar a este punto para que entendamos que estamos huyendo de Jesús?

Pr. Alejandro Bullón

jueves, 12 de noviembre de 2015

Toma la mano de Dios


Abram tenía noventa y nueve años de edad cuando se le apareció Jehová y le dijo: "Yo soy el Dios Todopoderoso. Anda delante de mi y sé perfecto". Génesis 17:1.

Abraham, como tantos otros hombres bíblicos, fue considerado perfecto, pero el texto de esta mañana es básico para comprender qué entiende Dios por perfección: "Anda delante de mí y sé perfecto".

Andar con Dios significa mantener con él una comunión permanente e ininterrumpida. "En él somos hechos justicia de Dios", dice Pablo (ver 2 Corintios 5:21). Sólo somos perfectos en Cristo. Viviendo a su lado, él en nosotros y nosotros en él, nuestra voluntad es santificada por la presencia de su Santo Espíritu, y la voluntad santificada es invencible. Es el resultado es una vida de completa obediencia a la ley de Dios, no como fruto de nuestros esfuerzos humanos, sino como fruto de nuestra comunión con la fuente del poder: Cristo.

Sin embargo, hubo momentos en que Abraham cortó su comunión con Dios, y el resultado de esa separación fue la falta de confianza, la cobardía y hasta el adulterio.

¿Recuerdas que cuando Abraham llegó a Egipto dijo que Sara era su hermana y no su esposa? En realidad, Sara era medio hermana de Abraham. El no mentía totalmente, pero estaba mintiendo.

Los que viven sin mantener comunión con Cristo, viven preocupados en no quebrantar la letra de las cosas, sin importarle el espíritu de la letra.

Aunque Sara era medio hermana de Abraham, el patriarca estaba siendo cobarde; tenía miedo de ser muerto por causa de la belleza de su esposa, y mintió.

Por supuesto, en el momento de la mentira, Abraham no era perfecto. Estaba lejos de Dios. Era pecador pero no por mentir, sino porque estaba separado de la justicia: Dios. El resultado de esa separación fue la cobardía y la mentira.

Pero eso no es lo importante. Todo el mundo puede resbalar y apartarse de Dios. Lo que realmente importa es que Abraham aprendió la lección. "Separados de mí nada podéis hacer" (S. Juan 15:5). Así que se levantó, tomó nuevamente la mano del Padre y continuó.

Cuando el viejo patriarca cumplió 99 años, Dios se le apareció y le recordó una vez más el secreto: "Anda delante de mí y sé perfecto".

Nunca es tarde para aprender. Nunca es tarde para comenzar de nuevo. ¿Ya tienes 99 años? ¿No? Entonces, levanta la cabeza, toma la mano de Dios y sigue adelante.

Pr. Alejandro Bullón

miércoles, 11 de noviembre de 2015

La sabiduría de la vida


A cualquiera, pues, que me oye estas palabras y las pone en práctica, lo compararé a un hombre prudente que edificó su casa sobre la roca. S. Mateo 7:24.

Analicemos bien el versículo de esta mañana.

Un moralista que tratara de resumir un código moral, lo escribiría así: "Todo aquel, pues, que oye mis palabras y las practica, será semejante a un hombre bueno que edificó su casa sobre la roca". Pero Jesús, en lugar de usar el término "hombre bueno", usa "hombre prudente". Aquí está la clave del evangelio.

Jesús, en el Sermón del Monte, estaba poniendo al descubierto la naturaleza de la realidad implícita en nuestra relación con la vida. En otras palabras, Jesús estaba diciendo: "Te estoy enseñando cómo vivir. Si me escuchas, serás prudente; la casa de tu vida será edificada sobre la roca de la realidad, y cuando vengan las tormentas no caerá. Pero si no sigues esta manera de vivir, entonces serás un tonto; tu casa será edificada sobre la arena de la irrealidad, y cuando venga la tempestad y la vida cobre su precio, caerá con seguridad. Tú puedes aceptar este camino o rechazarlo, pero ésta es la única manera de vivir y ser feliz".

Cuando revisamos las enseñanzas de Cristo, se tiene la impresión de que lo que más le preocupaba era la tontería de los hombres.

Los vio siempre tratando de vivir contra la realidad del universo, contra las leyes que unen a los hombres, contra su propia naturaleza y contra Dios. "Eso no va a funcionar; sois tontos si tratáis de hacer las cosas así; lo único que vais a lograr va a ser lastimaros a vosotros mismos", alertó. EL vio que Dios no estaba castigando a los hombres, sino que los hombres estaban castigándose a sí mismos. El castigo es algo inherente a la ruptura de la realidad.

Que en este día nuestra oración sea: "Señor, ayúdame a ser sabio y a vivir según la ley de la vida establecida para mi felicidad".

Pr. Alejandro Bullón

martes, 10 de noviembre de 2015

El problema es el corazón


Os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros. quitaré de vosotros el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Ezequiel 36:26.

Un colega y yo comprábamos papas en la feria del barrio, en una pequeña ciudad en algún lugar de América del Sur. La persona que nos atendía era una mujer muy sencilla, que seguramente apenas sabía leer y escribir y con certeza nunca había salido de ese pequeño rincón del mundo.

En lugar de una balanza, la mujer usaba un aparato artesanal que sólo tenía capacidad para pesar hasta medio kilo. Pero lo que me llamó la atención fue la habilidad con que la mujer tomaba dos o tres papas que ya habían sido pesadas y las colocaba de nuevo en la balanza hasta completar los dos kilos que queríamos comprar.

Miré a mi colega; él también se había dado cuenta de la "hábil jugada" de esa mujer sencilla. "No hay caso", le dije, "el problema es el corazón humano

Cuando nace, el hombre ya viene con la naturaleza pecaminosa. Es egoísta, y sólo le gusta hacer cosas equivocadas. Cuando somos sencillos y casi analfabetos como la mujer de la historia, los actos equivocados son grotescos, simplotes y hasta ridículos. Pero cuando tenemos cultura y educación, nos volvemos sutiles y corteses en el arte de practicar el mal.

Por eso la promesa de Dios no tiene que ver con los actos. "Seréis purificados de todas vuestras impurezas, y de todos vuestros ídolos os limpiaré" (vers. 25), y "os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros".

La promesa de Dios va a lo profundo, adonde está verdaderamente el problema: al corazón, a la naturaleza, a la raíz del mal.

Muchas veces somos engañados por superficialidades. Cada vez que se acerca una elección, la esperanza de que todo va a cambiar gana nuestro corazón. "Este partido político es el mejor", pensamos. "Este sistema es la solución", creemos, y casi siempre nuestras esperanzas se frustran. ¿Sabes por qué' Porque el problema no está en el sistema de las cosas, está en el corazón del ser humano. Comunismo, imperialismo, derecha, izquierda, centro; teóricamente, todos desean el bien. El problema es el corazón. Mientras el ser humano tenga un corazón inconverso, será egoísta por naturaleza, buscará sus propios intereses sin preocuparse por los demás. La cultura, la instrucción, hará al hombre más o menos sofisticado para la práctica de sus actos, pero los actos siempre serán egoístas.

La pregunta de esta mañana es: "¿Estoy realmente convertido, o mi conducta no es más que una sofisticada manera de aparentar que todo está bien?" La persona realmente convertida no necesita probar que lo está. Sencillamente, vive, y sus actos son frutos naturales y maravillosos para gloria y honra de Dios.

Pr. Alejandro Bullón

lunes, 9 de noviembre de 2015

El fin puede ser fatal


Hay camino que al hombre le parece derecho, pero es camino que lleva a la muerte. Proverbios 14:12.

Hace ya quinientos años que, en un mes de octubre, Cristóbal Colón y un grupo de aventureros españoles descubrieron un nuevo mundo después de navegar durante meses. "¡Tierra, tierra!", exclamó Rodrigo de Triana, y de esa manera se descubrió América.

La historia del ser humano está caracterizada por una interminable sucesión de descubrimientos. Se descubrió la ley de la gravedad, la electricidad... Continuamente se descubren cosas y se espera descubrir muchas más. Hoy, por ejemplo, la ciencia lucha por encontrar el remedio definitivo contra el cáncer, trata de hallar el secreto de la eterna juventud y hasta procura ubicar nuevos mundos fuera del sistema solar.

En lo íntimo del ser humano hay una extraña fascinación por todo lo desconocido. Eso está en el corazón del anciano, del niño y del joven. Esa inquietud por descubrir nuevos horizontes, conquistar nuevas fronteras y abrir cada día las cortinas de lo desconocido, es buena, pero también puede ser fatal si está mal encaminada.

El otro día me buscó un joven de 25 años, pero cualquiera que lo mirara le daría por lo menos 40. Estaba acabado físicamente y era fácil saber la causa. Las drogas consumían lentamente su vida.

El peligro de las drogas no es apenas físico. Los estragos físicos vienen siempre acompañados del sentimiento de culpa y del complejo de fracaso. "¡Ayúdeme, por favor!", decía el joven. "Si hubiese sabido la desgracia que me esperaba, nunca habría comenzado a usar drogas. Yo sólo quería probar, descubrir nuevas sensaciones".

¡Descubrir nuevas sensaciones! ¿Crees que el precio es justo? Existen descubrimientos que valen la pena lo que cuestan. Hasta la propia vida podría ser entregada. Es el caso de Alexander Fleming, descubridor de la penicilina, que la probó en su propio cuerpo para salvar millones de vidas. Pero, ¿crees que vale la pena "descubrir nuevas sensaciones" entrando en el mundo de las drogas, o del homosexualismo, o de la promiscuidad, o de cualquier otro vicio, y pagar un precio tan alto?

¿Sabías que nadie se envicia porque quiere? Todo el mundo quiere "tan sólo Probar", "descubrir lo que hay detrás de eso . Cuando uno se da cuenta de la dependencia, a veces es demasiado tarde.

¿Por qué no aprovechar el ejemplo de la historia? ¿No te parece que las miles y miles de vidas arruinadas son un mensaje lo suficientemente persuasivo como para saber que no vale la pena escalar esa "montaña de nuevas sensaciones"?

Pr. Alejandro Bullón.

domingo, 8 de noviembre de 2015

La primera vez

Le descubrió, pues, todo su corazón Y le dijo: "Nunca a mi cabeza llegó navaja, porque soy nazareno para Dios desde el vientre de mi madre. Si soy rapado, mi fuerza se apartará de mí, me debilitaré y seré como todos los hombres. Jueces 16:17.

Hace algunos años, en una ciudad del estado brasileño de Minas Gerais, un hermano me invitó a almorzar. Durante el almuerzo me habló del único hijo que tenía, un joven hermoso, de ojos límpidos y rostro infantil. Todavía era un adolescente, pero el padre ya hacía planes para el futuro del hijo querido.

"Va a estudiar Medicina" -decía-, "y cuando sea médico no precisará trabajar para nadie. Yo le construiré su propio hospital". ¡Cuántos planes, cuánta expectativa, cuántos sueños!

Un año después volví a la misma ciudad, y, después que hube predicado, ese hombre me buscó angustiado y me dijo: "Pastor, tiene que ir a mi casa y ayudar a mi hijo".


Al entrar en el dormitorio del joven no pude reconocerlo. ¿Dónde estaba el bello joven de un año atrás? Pálido, con el miedo reflejando en los ojos, parecía un tigre enjaulado, desesperado por salir. Las drogas lo habían hecho añicos. ¿Cómo es que una persona adquiere un vicio? ¿Cómo es que se transforma en esclavo de una situación que acaba con el respeto propio y con la dignidad humana?


La única manera de caer en los vicios es dando el primer paso. Siempre existe una primera vez, y es muy difícil. La segunda y la tercera siempre serán más fáciles, y el fin será la desgracia y la ruina.

"Nunca a mi cabeza llegó navaja", dijo Sansón. Allí estaba el secreto de su éxito. Vivía una vida de comunión con Dios y el resultado era que "nunca había pasado navaja sobre su cabeza". ¿Podía él decir: "Nunca pasó un cigarrillo por mis labios", o "Nunca pasó una gota de alcohol por mi boca"?

El poder de Sansón no estaba en el cabello. El cabello era nada más que un pacto de entrega, de dedicación y de comunión con la fuente de su fuerza: Dios.

Tú tampoco eres bueno por el hecho de que no fumas o no bebes, o no haces cualquier otra cosa errada. Serás bueno en la medida en que vivas una vida de comunión con Jesús. Pero si vives esa experiencia, entonces "nunca pasará algo equivocado en tu vida".

Recuerda: La mejor manera de evitar la esclavitud del vicio es rehusar la primera vez. Toma hoy la mano poderosa de Jesús y dile: "Señor, soy tu hijo, y quiero hacer un pacto de amor contigo. Ayúdame a mantenerme lejos de todo lo que te causa tristeza".

Pr. Alejandro Bullón.

sábado, 7 de noviembre de 2015

Huyendo del peligro


El prudente ve el mal y se esconde, pero los ingenuos pasan y reciben el daño. Proverbios 22:3.

Cuando era misionero en la selva peruana, aprendí a convivir con los peligros y las dificultades de una selva que no conocía. Uno de esos peligros era la presencia de víboras en los lugares más inesperados. Con el tiempo, creo que Dios me ayudó a desarrollar el extraño instinto de presentir cuando alguna serpiente andaba cerca.

En cierta ocasión me dirigía a la aldea de Zotami, por una senda estrecha en medio de la vegetación, cuando súbitamente sentí el peligro. Quedé completamente inmóvil, en silencio, observando cualquier detalle a mi alrededor. En pocos segundos vi a la víbora con la cabeza levantada, dispuesta a atacar. Por lo general, las víboras no atacan, sencillamente se defienden cuando alguien pasa su perímetro de protección. Con frecuencia, somos nosotros los que, sin darnos cuenta, entramos en el territorio de ellas, y es entonces cuando atacan motivadas por la supervivencia.

Esa mañana el indeseado animal estaba justamente a orillas de la senda. Yo no tenía otro camino por donde seguir, y pasar por entre la vegetación era algo que no me animaba a hacer en esas circunstancias. Quedé varios minutos esperando que ella se fuera, pero no se iba. Después de un tiempo bajó la cabeza y quedó agachada, a la espera.

De repente surgió una idea en mi mente. Tomé mi zapato y lo tiré hacia donde estaba la víbora. Instantáneamente ella saltó sobre el zapato y después desapareció a toda prisa.

Con qué sabiduría Salomón crea un contraste entre el necio y el prudente. ¿Por qué buscar el peligro? El prudente ve el mal y se aparta. Si Adán y Eva hubiesen hecho eso, no habrían sido entrampados. Dios les había advertido: El único lugar donde el enemigo puede engañarlos es cerca del árbol de la ciencia del bien y del mal. "Permanezcan lejos de él", dijo el Señor. Pero ellos pensaron: "¿Qué tiene de malo?", y jugaron con el peligro.

Conozco a jóvenes que arruinaron sus vidas por jugar con el mal. "¿Qué hay de malo en fumar un cigarrillo, sólo por curiosidad?" "¿Cómo voy a saber que la droga hace mal si no la pruebo?" "¿Por qué el sexo antes del casamiento es pecado, si el amor es maravilloso?", preguntan y justifican sus actitudes aproximándose al mal. "Pasan", experimentan, dice Salomón. Sólo que el tiempo es el juez implacable y da su veredicto: "drogadicto", acabado", "condenado", "perdido". Que Dios nos ayude a ser inteligentes para evitar el mal.

Pr. Alejandro Bullón

viernes, 6 de noviembre de 2015

¡Esfuérzate! pero...


Nunca se apartará de tu boca este libro de la Ley, sino que de día y de noche meditarás en él para que guardes y hagas conforme a todo lo que está escrito en él, porque entonces harás prosperar tu camino Y todo te saldrá bien. Josué 1:8
Para muchos, el versículo de esta mañana podría sugerir la idea de que la prosperidad y el éxito en la vida del cristiano es simplemente el resultado del fiel cumplimiento de todos los mandamientos. Pero en el versículo 5, antes de dar a Josué la orden del versículo 8, Dios le dice: "Como estuve con Moisés, estaré contigo".

Moisés era un hombre de una extraordinaria comunión con Dios. En el capítulo 11 de Hebreos es presentado en la galería de los vencedores. En cierta ocasión quedó a solas con Dios cuarenta días y cuarenta noches. Sólo tenemos registro de algo semejante en la vida de Jesús. Sin duda, la vida victoriosa de Moisés fue el resultado de su vida de comunión diaria con la fuente del poder.

Pero Moisés había muerto, por lo que la responsabilidad de liderar al pueblo de Dios, en la conquista de la tierra prometida, recaía sobre los hombros de Josué. "Nadie podrá hacerte frente", le dice Dios para animarlo, "como estuve con Moisés, estaré contigo". En otras palabras: "Viviremos juntos y juntos seremos invencibles. Esfuérzate, y tu esfuerzo, santificado por mi presencia en tu vida, será capaz de cumplir todo lo que está escrito en el libro de la Ley. Y el resultado final será la prosperidad y el éxito".

Es muy fácil olvidar el orden de las cosas establecido por Dios para una vida victoriosa: 1) Comunión con Cristo. 2) Él en nosotros santificando la voluntad. 3) Esfuerzo con la voluntad santificada por la presencia del Espíritu Santo. 4) Obediencia completa a los mandamientos, lo que trae consigo la prosperidad y el éxito.

Si invertimos el orden, ciertamente estaremos en problemas. El esfuerzo con la voluntad pecaminosa, propia del ser humano, nos llevará al fracaso. El esfuerzo humano es necesario, pero sólo es válido con la voluntad santificada, y la voluntad sólo es santificada por la presencia del Espíritu Santo en la vida; es decir, por la comunión ininterrumpida con Jesús.

Si por algún momento nos desligamos de Jesús, la voluntad deja de ser santificada, vuelve a ser una voluntad pecaminosa y no tiene la mínima posibilidad de victoria. En la mejor de las hipótesis, sólo puede aparentar, disfrazar, fingir que está cumpliendo todo, pero los actos son huecos por dentro. Por eso son como trapo de inmundicia delante de Dios.

¿Estás listo para salir a las actividades del día? Recuerda: Junta tu débil voluntad con la voluntad divina; deja que él viva en ti y sé victorioso en él.

Pr. Alejandro Bullón.

jueves, 5 de noviembre de 2015

La verdadera libertad


Así que, si el Hijo os liberta, seréis verdaderamente libres. S. Juan 8:36.

El ser humano fue creado libre. Para vivir y morir libre. Por eso se revela contra todo lo que lo lleva a la opresión o a la esclavitud. Está dispuesto a gritar, a exigir, a reclamar y, si es preciso, a morir por defender su libertad.

Puedes ver a los hombres siendo descuartizados como Túpac Amaru, en el Perú, o ahorcados como Tiradentes, en Vila Rica, Minas Gerais, Brasil. Puedes verlos luchando en el circo romano como Espartaco, o siendo quemados vivos como Juana de Arco, en Francia. En nuestros días, puedes encontrarlos en la Plaza de La Paz Celestial, con piedras, palos y explosivos caseros en las manos, o en las puertas de las embajadas o en las largas marchas de protesta con pancartas, banderas y otros símbolos de protesta. Todo por la libertad.

El otro día estaba viendo un grupo así. Muchos de ellos con cigarrillos en las manos. Había uno en especial que gritaba hasta quedar rojo. Fumaba un cigarro tras otro. Después me dijo que fumaba dos atados por día, y que cuando estaba nervioso llegaba a tres. Me dijo que sabía que el cigarrillo perjudicaba su salud, pero que no conseguía dejar de fumar.

Mientras tanto estaba allí, gritando por la libertad. ¡Que nadie se atreviese a atentar contra ese derecho suyo! Estaba dispuesto a enfrentar a cualquiera que quisiera suspender la marcha de protesta, a morir como un héroe en defensa de la libertad. Pero aceptaba pasivamente ser esclavo de un cigarrillo. Somos así, contradictorios.

A veces, ni somos capaces de entender los propios sentimientos.

Un joven con 14 años de edad, prácticamente comenzando la vida, encara al padre y le grita: "¡Quiero ser libre! Tengo derecho a tomar mis propias decisiones. ¡Soy tu hijo y no tu esclavo!" Minutos después se entrega a las juergas del sábado por la noche, incapaz de defender su propia libertad. Sumiso, esclavo de sus instintos y pasiones, se transforma en una víctima pasiva del mundo consumista o de la subyugante manera de pensar de su generación.

En el versículo de hoy Juan habla de LIBERTAD. Libertad con mayúscula. Libertad plena, no apenas de los opresores externos, sino también de nuestros temores internos, de nuestras pasiones misteriosas, de nuestros sentimientos alienados.

Sólo quien conoce a Jesús puede experimentar la verdadera libertad. Lejos de él, nuestra libertad se torna mezquina, fugaz, pasajera y, con frecuencia, pasa a ser libertinaje. Separados de él vivimos presos en una montaña de complejos. Pero cuando Jesús entra en la vida de una persona, todo cambia. Tú puedes, aparentemente, estar amarrado, impedido de ir y venir, pero ser libre.

Pr. Alejandro Bullón.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Ellos todavía vendrán


Y tus descendientes volverán acá en la cuarta generación, porque hasta entonces no habrá llegado a su colmo la maldad del amorreo. Génesis 15:16.

Después de asegurarle que su descendencia sería como la arena del mar, Dios le prometió a Abraham la tierra de Canaán. Una de las cláusulas de la promesa decía: "Volverán acá en la cuarta generación". Seguramente el patriarca preguntó: "¿Por qué en la cuarta generación? ¿Por qué no ahora?" Y la respuesta de Dios fue: "Porque hasta entonces no habrá llegado a su colmo la maldad del amorreo".

¿Cuál era la "maldad del amorreo"? En el capítulo 18 de Levítico puedes encontrar la descripción de la conducta de ese pueblo que vivía en la tierra de Canaán: una promiscuidad sin precedentes. Depravaciones propias de una generación sin Dios. Parecía que todos ellos -cananeos, amorreos, jebuseos, heteos- no tenían otra cosa que hacer sino inventar nuevas maneras de procurarse placer, porque las cosas naturales no les bastaban. Puedes ver ese cuadro en Levítico. Padres con hijos, hombres con hombres, mujeres con mujeres, seres humanos con animales; en fin, aberraciones y más aberraciones. Pasaron dos siglos; Abraham había muerto. Los hijos fueron a Dios y le preguntaron: -Señor, ¿cuándo nos darás la tierra? Y la respuesta fue: -Aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo.

Ese pueblo continuó hundiéndose en la miseria. Pasaron cuatro siglos y Dios dijo: "Aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo ¿Eres capaz de imaginar la paciencia de Dios? Hoy día, muchas veces vamos a él y clamamos: -Señor, ¿cuándo vendrás y pondrás fin a todo? Estamos cansados de vivir en este mundo, queremos la tierra prometida. ¿Falta mucho todavía? Y la respuesta divina es:

-Todavía no ha llegado a su colmo la medida de iniquidad de los hombres.

-Pero Señor -podemos argumentar-, mira las playas de Copacabana, mira los quioscos de revistas, mira el centro de San Pablo por la noche... ¿no es eso suficiente?

-No, hijo mío -dice el Señor-. Yo amo a esas personas tanto como a ti, y morí también por ellas.

-Pero, Señor, ellas no quieren saber nada de ti.

-Ya lo sé, hijo mío, pero continuaré amándolas y esperándolas; tal vez un día vendrán a mí.

Finalmente, después de 430 años, Dios entregó la tierra. Finalmente, también Jesús vendrá a la Tierra. ¿Hiciste algo para que la gente lo sepa?

Pr. Alejandro Bullón.