jueves, 30 de junio de 2016

El hombre modelo (Reflexión de vídeo y audio)


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Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos. 2 Corintios 8:9.
Este mundo ha sido visitado por la Majestad del Cielo, el Hijo de Dios... Cristo vino a este mundo como la expresión del mismo corazón, mente, naturaleza y carácter de Dios. Él era el resplandor de la gloria del Padre para expresar la imagen de su persona. Mas él dejó a un lado su túnica y su corona reales y descendió de su exaltada posición para tomar el lugar de un siervo. Él era rico; pero se hizo pobre por amor a nosotros, para que pudiéramos tener riquezas eternas. Él hizo el mundo, mas se vació a sí mismo en forma tan completa que durante su ministerio declaró: “Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza”...
Anduvo de casa en casa curando enfermos, alimentando hambrientos, animando a los que se quejaban, alentando a los afligidos y dirigiendo palabras de paz a los angustiados.
El Señor tomó a los pequeñuelos en sus brazos y los bendijo, y tuvo palabras de esperanza y aliento para las madres cansadas.
Con un cariño y una gentileza constantes enfrentó toda forma de miseria y de aflicción humanas. Trabajó, no para sí mismo, sino para los demás. Estuvo dispuesto a humillarse y negarse a sí mismo. No buscó distinción. Fue el siervo de todos. Su objetivo máximo era ser alivio y consuelo para los demás, alegrar a los tristes y a los cargados con quienes tenía contacto diariamente...
Cristo está ante nosotros como el Hombre modelo, el gran Médico Misionero: un ejemplo para todos los que quieran seguirlo. Su amor puro y santo bendecía a todos los que entraban en la esfera de su influencia. Su carácter fue absolutamente perfecto, libre de la más mínima sombra de pecado. Él vino como la expresión del perfecto amor de Dios, no para aplastar, no para juzgar y condenar, sino para sanar todo carácter débil y defectuoso, para salvar a los hombres y las mujeres del poder de Satanás.—El ministerio médico, 23, 24.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 42.

miércoles, 29 de junio de 2016

Misionero para los pobres (Reflexión en vídeo y audio)


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El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos. Lucas 4:18.
Los sufrimientos de la humanidad siempre tocaron el corazón de Cristo y demandaron su simpatía. Actuó con piedad y compasión hacia los afligidos de alma o cuerpo. Su ejemplo en el trato de los dolientes y afligidos debiera enseñarnos a tener compasión y piedad por sus criaturas dolientes. Cristo sufrió en la carne... Supo lo que es sufrir los agudos tormentos del hambre y ha dejado lecciones especiales en cuanto a alimentar a los hambrientos y cuidar de los necesitados, y ha declarado que al socorrer a los necesitados, lo estamos socorriendo a él... Supo lo que era el sufrimiento de la sed, y declaró que no perdería su recompensa un vaso de agua fría dado en su nombre a cualquiera de sus discípulos.—Manuscrito 35, 1895.
Cristo fue un obrero activo y constante. Encontró a la religión cercada por elevadas y empinadas murallas de aislamiento, como algo demasiado sagrado para las actividades de la vida diaria. Derribó las murallas de separación y extendió su poder ayudador en favor de los necesitados... No preguntaba: ¿Cuál es tu credo? ¿A qué iglesia perteneces? Su vida se distinguió por un interés activo, ferviente y amante...
El Señor Jesús sabe lo que significa la pobreza. Él es el gran misionero de los pobres, los enfermos y dolientes...
En la humanidad de Cristo hay áureas fibras que unen al pobre, creyente y confiado, con el alma de infinito amor de Cristo.— Manuscrito 22, 1898.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 41.

martes, 28 de junio de 2016

Ejércitos de niños misioneros (Reflexión en vídeo y audio)


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Aun el muchacho es conocido por sus hechos, si su conducta fuere limpia y recta. Proverbios 20:11.
Dios quiere que los niños y los jóvenes se unan al ejército del Señor... Al igual que los soldados de mayor edad, los niños tienen poderosas tentaciones que afrontar, a diestra y a siniestra. Satanás y sus legiones usarán de toda trampa posible para enredar a los jóvenes. Los niños tienen el privilegio de alistarse en el ejército del Señor, y procurar persuadir a otros de que se unan a sus filas. Los niños deben ser educados y preparados para Jesucristo. Deben ser preparados para resistir a la tentación y pelear la buena batalla de la fe. Dirigid su mente a Jesús tan pronto como puedan comprender vuestras lecciones con palabras sencillas, fáciles de entender. Enseñadles el dominio propio. Enseñadles a comenzar la obra de vencer cuando son jóvenes, y recibirán la preciosa ayuda que Jesús puede dar y dará junto con los esfuerzos de los padres que se unen en oración...
Los padres deben mantener en la memoria los preciosos dichos de Cristo. Los niños repetirán las palabras que oigan con frecuencia en los labios de sus padres: en cuanto a Cristo, la fe y la verdad. Los niños pueden hablar preciosas verdades. Ejércitos enteros de niños pueden colocarse bajo la bandera de Cristo como misioneros... Nunca rechacéis el deseo de los niños de hacer algo para Jesús, el Maestro... Mantened su corazón tierno y sensible por vuestras propias palabras y ejemplo.—Manuscrito 55, 1895.
Los ángeles de Dios están muy cerca de vuestros pequeñitos... Sean siempre el amor, la ternura, la paciencia y el dominio propio las leyes de vuestro hablar. El amor que triunfa ha de ser como las aguas profundas que siempre fluyen en la conducción de vuestros hijos. Durante toda su vida, Cristo ejecutó actos de amor y ternura para los niños.—The Review and Herald, 17 de mayo de 1898.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 40.

lunes, 27 de junio de 2016

Un mensaje para los muchachos y las niñas (Reflexión en vídeo y audio)


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Venid, hijos, oídme; el temor de Jehová os enseñaré. Salmos 34:11.
Cada niño y joven debiera recordar: “Soy de valor a la vista de Dios; soy comprado con un precio y soy la propiedad de Jesucristo. Como seguidor de Cristo, he de practicar sus virtudes para que pueda representar a mi Salvador”.
Orad mucho. Mientras trabajáis, elevad vuestro corazón a Dios. Cuando hayáis confiado a Dios el cuidado de vuestra alma, no vayáis y procedáis contrariamente a la oración que habéis elevado. Velad tanto como oráis para que no seáis vencidos por la tentación. Resistid la primera inclinación al mal. Orad en vuestro corazón: “Jesús, ayúdame; presérvame del mal”, y haced entonces lo que sabéis que Cristo quiere que hagáis...
Quizá preguntéis, como muchos lo hacen, ¿cómo puedo saber que Jesús me recibe y me ama? ¿Lo sabré por mis sentimientos? No, por la obediencia a su santa Palabra. Apropiaos de las ricas promesas de Dios. Creed su palabra de que Jesús habita en vuestro corazón por fe. Por la fe y confianza en Dios podéis tener su paz y entonces podréis decir: “Sé en quien he creído. Escucharé cada susurro de su Santo Espíritu”.
No hay sino una forma de ganar la victoria. Servid a Dios de todo vuestro corazón porque lo amáis... Plantad los principios de la verdad en vuestra alma y revelad a Cristo en vuestro carácter...
Contemplad a Jesús constantemente si queréis avanzar paso tras paso por el sendero angosto preparado para que caminen por él los elegidos del Señor, diciendo en vuestro corazón: “Busco tu voluntad, oh Dios; sigo tu voluntad; sirvo a tu voluntad; puedo ir adelante e iré adelante bajo tu dirección”.—Carta 96, 1895.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 39

domingo, 26 de junio de 2016

El que ama a los niñitos (Reflexión en vídeo y audio)



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Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les reprendieron. Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos. Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se fue de allí. Mateo 19:13-15.
Los niños son la heredad del Señor. El alma del niñito que cree en Cristo es tan preciosa a su vista como son los ángeles que rodean su trono. Han de ser llevados a Cristo y educados para Cristo. Han de ser guiados en la senda de la obediencia, no consentidos en el apetito o la vanidad...
Sobre los padres descansa una gran responsabilidad; pues se reciben en la tierna niñez la educación y la preparación que dan forma al destino eterno de los niños y jóvenes. La obra de los padres es sembrar la buena semilla diligente e incansablemente en el corazón de sus hijos, ocupando sus corazones con una semilla que dará una cosecha de hábitos correctos, de veracidad y obediencia voluntaria. Los hábitos correctos y virtuosos que se forman en la juventud generalmente señalan el curso del individuo a través de la vida. En la mayoría de los casos, los que reverencian a Dios y honran lo correcto habrán aprendido esta lección antes de que el mundo pueda grabar su imagen de pecado en el alma...
¡Ojalá los padres fueran verdaderamente hijos e hijas de Dios! Sus vidas exhalarían la fragancia de las buenas obras. Una atmósfera santa rodearía su alma. Ascenderían al cielo sus tiernas súplicas en demanda de gracia y de la dirección del Espíritu Santo: y la religión se difundiría en sus hogares como se difunden los brillantes y cálidos rayos del sol sobre la tierra.—The Review and Herald, 30 de marzo de 1897.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 38.

sábado, 25 de junio de 2016

Cristo en el hogar (Reflexión en vídeo y audio)


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Al tercer día se hicieron unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús. Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos. Juan 2:1, 2.
Cristo no vino a este mundo para prohibir el casamiento ni para derribar o destruir la relación e influencia que existen en el círculo doméstico. Vino para restaurar, elevar, purificar y ennoblecer cada corriente de puro afecto, para que la familia de la tierra pudiera convertirse en un símbolo de la familia celestial...
Las madres están bajo el tierno cuidado de los ángeles celestiales. ¡Con cuánto interés llama el Señor Jesús a la puerta de las familias donde hay niñitos que deben ser educados y preparados! Cuán gentilmente vela por los intereses de las madres; y cuán triste se siente cuando ve que se descuida a los niños... Los caracteres se forman en el hogar; los seres humanos se modelan para ser una bendición o una maldición. El Señor ha confiado a la madre los miembros más jóvenes de la familia que vienen a nuestro mundo débiles y desvalidos. La infinita sabiduría y el infinito amor no entregan a los padres, llenos de tareas y cuidados, ese tierno oficio, tan saturado de resultados eternos. El corazón de la mujer está lleno de paciencia y amor, si esa mujer ha entregado el corazón a Dios. Debe cooperar con Dios y con su esposo en la educación de las preciosas almas confiadas a ella, para que crezcan en Cristo Jesús. Y el padre, confiando en la gracia de Dios, debiera llevar la sagrada responsabilidad que descansa sobre él como esposo...
En la infancia y la niñez, cuando la naturaleza es dócil, Dios quiere que se graben las más firmes impresiones para el bien. Continuamente prosigue la batalla entre el Príncipe de la vida y el príncipe de este mundo. La cuestión a decidir es: ¿A quién elegirá la madre como su colaborador para modelar y formar los caracteres de sus hijos?—Manuscrito 22, 1898.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 37.

viernes, 24 de junio de 2016

Cristo, la escalera mística (Reflexión en vídeo y audio)


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Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. Génesis 28:12.
El caso de Jacob, cuando peregrinaba lejos de su hogar, al mostrársele la escalera mística, por la cual descendían y ascendían los ángeles del cielo, tenía el propósito de enseñar una gran lección en cuanto al plan de salvación...
La escalera representaba a Cristo; él es el canal de comunicación entre el cielo y la tierra, y los ángeles van y vienen en un trato continuo con la raza caída. Las palabras de Cristo a Natanael estaban en armonía con la figura de la escalera, cuando dijo: “De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre”. Juan 1:51. Aquí el Redentor se identifica con la escalera mística que posibilita la comunicación entre el cielo y la tierra...
Al asumir la humanidad, Cristo plantó firmemente la escalera en la tierra. Llega hasta el más alto cielo, y la gloria de Dios brilla desde su cima y la ilumina toda, mientras los ángeles van y vienen con mensajes de Dios para el hombre, con peticiones y alabanzas de los hombres para Dios... En la visión de Jacob, la unión de lo humano y lo divino fue representada en Cristo...
No es fácil ganar la vida eterna. Con fe viviente, hemos de continuar avanzando, ascendiendo la escalera peldaño tras peldaño... y sin embargo, debemos entender que ningún pensamiento santo, ningún acto desinteresado, pueden originarse en el yo. Solo mediante Cristo puede haber alguna virtud en la humanidad...
Pero al paso que no podemos hacer nada sin él, tenemos algo que hacer en relación con él. En ningún momento debemos relajar nuestra vigilancia espiritual; pues estamos pendiendo, por así decirlo, entre el cielo y la tierra. Debemos aferrarnos a Cristo, subir mediante Cristo, convertirnos en colaboradores con él en la salvación de nuestra alma.—The Review and Herald, 11 de noviembre de 1890.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 18.

jueves, 23 de junio de 2016

Cristo la revelacion de Dios (Reflexión en vídeo y audio)


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A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer. Juan 1:18.
Cristo vino al mundo para revelar el carácter del Padre y para redimir a la raza caída. El Redentor del mundo era igual a Dios. Su autoridad era la autoridad de Dios. Declaró que no tenía existencia aparte del Padre. La autoridad con la que habló y obró milagros era expresamente suya, y sin embargo nos asegura que él y el Padre son uno...
Jesús había impartido un conocimiento de Dios a los patriarcas, profetas y apóstoles. Las revelaciones del Antiguo Testamento eran enfáticamente los despliegues del evangelio, la revelación del propósito y voluntad del Padre infinito... Y cuando vino al mundo, fue con el mismo mensaje de redención del pecado y restauración del favor de Dios.—The Review and Herald, 7 de enero de 1890.
Lo que el habla es para el pensamiento, así lo es Cristo para el Padre invisible. Es la manifestación del Padre, y es llamado el Verbo de Dios... El mundo vio a la imagen de Dios en la pureza y la benevolencia de Cristo.—Manuscrito 77, 1899.
Como legislador,Jesús ejercía la autoridad de Dios; sus órdenes y decisiones eran apoyadas por el Soberano del trono eterno. La gloria del Padre era revelada en el Hijo... Estaba tan perfectamente relacionado con Dios, tan completamente imbuido de su luz, que el que había visto al Hijo, había visto al Padre. Su voz era como la voz de Dios... Dice: “Yo soy en el Padre y el Padre en mí”. “Y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar”. “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”. Juan 14:11; Mateo 11:27; Juan 14:9.—The Review and Herald, 7 de enero de 1890.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 36.

miércoles, 22 de junio de 2016

La grandeza de la humildad (Reflexión en vídeo y audio)


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Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Filipenses 2:8.
Cristo vino a este mundo con el exclusivo propósito de manifestar la gloria de Dios, para que el hombre pudiera ser elevado por su poder restaurador. Le fueron dados todo poder y gracia. Su corazón era un manantial de agua viviente, una fuente inagotable, siempre lista para fluir en raudales ricos y claros hasta los que la rodeaban. Empleó toda su vida en una benevolencia pura y desinteresada. Sus propósitos estuvieron llenos de amor y simpatía. Se regocijaba al poder hacer más por sus seguidores de lo que ellos podían pedir o pensar. Su constante oración por ellos fue que fueran santificados por la verdad, y oró con certeza, sabiendo que antes de que existiera el mundo se había promulgado un decreto todopoderoso. Sabía que el evangelio del reino sería predicado en todo el mundo; que la verdad, armada con la omnipotencia del Espíritu Santo, vencería en la lucha con el mal; y que el estandarte ensangrentado flamearía triunfante un día sobre sus seguidores.
Sin embargo, Cristo vino con gran humildad. Cuando estuvo aquí, no se agradó a sí mismo, sino “se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”...
De la raíz de la verdadera humildad surge la más preciosa grandeza mental: grandeza que lleva a los hombres a conformarse a la imagen de Cristo. Los que poseen esta grandeza ganan paciencia y confianza en Dios. Su fe es invencible. Su verdadera consagración y dedicación mantienen oculto al yo.
Las palabras que salen de sus labios se modelan en forma de expresiones de ternura y amor semejantes a Cristo. Comprendiendo su propia debilidad, aprecian la ayuda que les da el Señor, y anhelan su gracia para poder hacer lo que es correcto y leal. Por su comportamiento, su actitud y su espíritu, llevan consigo las credenciales de estudiantes en la escuela de Cristo.—The Review and Herald, 11 de mayo de 1897.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 34.

martes, 21 de junio de 2016

Maravilla de las huestes celestiales (Reflexión en vídeo y audio)


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Sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres. Filipenses 2:7.
Es importante que cada uno de nosotros estudie para saber la razón de la vida de Cristo como ser humano, y lo que significa para nosotros, por qué el Hijo de Dios dejó los atrios celestiales, por qué descendió de su puesto como Comandante de los ángeles celestiales, que iban y venían a sus órdenes, por qué revistió su divinidad con humanidad, y con mansedumbre y humildad vino al mundo como nuestro Redentor.
Fue la maravilla de las huestes celestiales que Cristo viniera a la Tierra e hiciera lo que hizo, que su vida aquí fuera de pobreza, en un contraste incomparable con su gloria en los atrios celestiales. Podría haber venido siendo servido por la hueste angelical...
Delante del universo del cielo, Cristo condescendió a tomar sobre sí la forma de la humanidad y estar entre los humildes de la tierra para que pudiera llegar hasta ellos donde estuvieran, y enseñarles por precepto y ejemplo, para que aunque estuvieran entre los pobres y oprimidos, fueran puros y leales y nobles. Vino a revelar al mundo que la vida y el carácter no necesitan llegar a estar contaminados entre la pobreza y la humildad. El lirio que descansa en el fondo del lago puede estar rodeado de malezas y feos desechos, sin embargo, límpido, abre su fragante blancura ante la luz del Sol...
El lirio es un representante de Cristo entre los hombres. Vino a un mundo agostado y malogrado con la maldición, pero no se contaminó con lo que lo rodeaba. Fue la Luz, la Vida y el Camino. Voluntariamente se convirtió en un habitante de la tierra para que pudiera tomar a todo el mundo entre sus brazos misericordiosos y ponerlo en los brazos de su Padre celestial. ¡Qué amor se manifiesta en este sacrificio, que el Señor mismo viniera para ayudar a los caídos hijos e hijas de Adán!—The Youth’s Instructor, 21 de enero de 1897.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 33.

lunes, 20 de junio de 2016

Nuestro divino redentor (Reflexión en vídeo y audio)


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El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse. Filipenses 2:6.
Debido a que únicamente la Divinidad podía ser eficaz en la restauración del hombre de la ponzoñosa herida de la serpiente, Dios mismo, en su Unigénito, tomó la naturaleza humana, y en la debilidad de la naturaleza humana mantuvo el carácter de Dios, vindicó su santa ley en todo respecto, y aceptó la sentencia de ira y de muerte para los hijos de los hombres. ¡Qué pensamiento es éste! El que había sido uno con el Padre antes de que fuera hecho el mundo, tuvo tal compasión para el mundo perdido y arruinado por la transgresión que dio su vida como rescate por él. El que era el resplandor de la gloria del Padre, la expresa imagen de su persona, llevó nuestros pecados en su cuerpo en el madero, sufriendo el castigo de la transgresión del hombre hasta que se satisfizo la justicia y no se requirió más. ¡Cuán grande es la redención que se ha efectuado para nosotros! Tan grande que el Hijo de Dios murió la cruel muerte de la cruz para darnos vida e inmortalidad por la fe en él.
Este admirable problema, cómo podía ser justo Dios y, sin embargo, ser el Justificador del pecador, está más allá de la percepción mental humana. Cuando tratamos de sondearla, se amplia y profundiza más allá de nuestra comprensión...
Cuando el hombre pueda medir el excelso carácter del Señor de los ejércitos, y distinguir entre el Dios eterno y el hombre finito, sabrá cuán grande ha sido el sacrificio del Cielo para sacar al hombre de donde estaba caído por la desobediencia para formar parte de la familia de Dios... La divinidad de Cristo es nuestra seguridad de vida eterna... El, quien llevó los pecados del mundo, es nuestro único medio de reconciliación con un Dios santo.—The Youth’s Instructor, 11 de febrero de 1897.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 32.

domingo, 19 de junio de 2016

Cristo padeció siendo tentado (Reflexión en vídeo y audio)


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Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham. Hebreos 2:16.
No necesitamos colocar la obediencia de Cristo por sí misma, como algo para lo cual él estaba particularmente adaptado, por su especial naturaleza divina, pues estuvo delante de Dios como representante del hombre y fue tentado como sustituto y seguridad del hombre. Si Cristo hubiera tenido un poder especial que no pudiera tener el hombre, Satanás se habría aprovechado de ese asunto. La obra de Cristo fue arrebatar de las demandas de Satanás su dominio sobre el hombre, y podía hacer esto únicamente en la forma en que vino: como hombre, tentado como hombre, obedeciendo como hombre.—Manuscrito 1, 1892.
Ojalá comprendiéramos el significado de las palabras: Cristo “padeció siendo tentado”. Vers. 18. Al paso que estaba libre de la mancha del pecado, la refinada sensibilidad de su santa naturaleza al ponerse en contacto con el mal, le hizo sufrir de una manera inenarrable. Sin embargo, revestido de naturaleza humana, hizo frente cara a cara al archiapóstata... Ni tan solo con un pensamiento se rindió Cristo al poder de la tentación. Satanás encuentra en el corazón humano algún punto donde puede afirmarse; es acariciado algún deseo pecaminoso, por medio del cual afirma su poder para sus tentaciones. Pero Cristo declaró de sí mismo: “Viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí”. Juan 14:30...
Todos los seguidores de Cristo tienen que hacer frente al mismo maligno enemigo que asaltó a su Maestro. Con maravillosa habilidad adapta sus tentaciones a sus circunstancias, su temperamento, su predisposición, sus fuertes pasiones. Siempre está cuchicheando al oído de los hijos de los hombres, al señalar placeres mundanos, ganancias u honores: “Todo esto te daré, si haces lo que te mando”. Debemos mirar a Cristo; debemos resistir como él resistió; orar como él oró; agonizar como él agonizó, si hemos de vencer como él venció.—The Review and Herald, 8 de noviembre de 1887.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 31.

sábado, 18 de junio de 2016

Una vida sin pecado (Reflexión en vídeo y audio)


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Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Hebreos 4:15.
Consideremos cuánto le costó a nuestro Salvador, en el desierto de la tentación, proseguir en favor de nosotros el conflicto con el astuto y maligno enemigo. Satanás sabía que todo dependía de su éxito o fracaso en su tentativa de vencer a Cristo con sus múltiples tentaciones. Satanás sabía que el plan de salvación sería llevado a cabo hasta su cumplimiento, que su poder le sería quitado, que su destrucción sería cierta, si Cristo soportaba la prueba que Adán no pudo soportar.
Las tentaciones de Satanás alcanzaron su máxima efectividad al degradar la naturaleza humana, porque el hombre no podía hacer frente a su poderosa influencia. Pero Cristo, en lugar del hombre, como representante del hombre, descansando plenamente en el poder de Dios, soportó el difícil conflicto a fin de ser un perfecto ejemplo para nosotros. Hay esperanza para el hombre... La obra que está delante de nosotros es vencer como Cristo venció...
Tenemos todo que ganar en el conflicto con el poderoso enemigo, y no nos atrevamos por un momento a rendirnos a su tentación. Sabemos que en nuestra propia fuerza no es posible que tengamos éxito; pero así como Cristo se humilló y tomó nuestra naturaleza, conoce nuestras necesidades y ha soportado las más difíciles tentaciones que el hombre deba soportar, ha vencido al enemigo al resistir sus sugestiones, a fin de que el hombre pueda aprender a ser vencedor. Fue revestido con un cuerpo como el nuestro, y en todo respecto sufrió lo que sufrirá el hombre, y muchísimo más. Nunca se nos demandará que suframos como sufrió Cristo, pues los pecados no de uno sino de todo el mundo fueron colocados sobre Cristo. Sufrió la humillación, el reproche, sufrimiento y muerte para que siguiendo su ejemplo pudiéramos heredar todas las cosas.—Manuscrito 65, 1894.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 30.

viernes, 17 de junio de 2016

La tentación del desierto (Reflexión en vídeo y audio)


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Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Mateo 4:1.
¿Por qué fue llevado Cristo, en el comienzo de su ministerio, para ser tentado en el desierto? Fue el Espíritu el que lo llevó. Por lo tanto, fue no porque lo necesitara personalmente, sino en nuestro favor, para vencer por nosotros... Iba a ser probado como representante de la raza humana. Iba a hacer frente al enemigo en un encuentro personal, para vencer a aquel que pretendía ser cabeza de los reinos del mundo.—Carta 159, 1903.
Fue al desierto y allí se encontró con él Satanás y lo tentó en cada punto en que pueda ser tentado el hombre. Nuestro Sustituto y Garante pasó por el terreno en el que tropezó y cayó Adán. Y la pregunta fue: ¿Tropezará y caerá en las órdenes de Dios, como cayó Adán? Hizo frente a los ataques de Satanás, vez tras vez, con un “Escrito está” y Satanás dejó el campo de batalla como un enemigo vencido. Cristo ha redimido la desgraciada caída de Adán, ha perfeccionado un carácter de perfecta obediencia y ha dejado un ejemplo para la familia humana... Si hubiera fracasado en un punto con referencia a la ley de Dios, no hubiera sido una ofrenda perfecta, pues fue en un solo punto en el que fracasó Adán...
Nuestro Salvador soportó en cada punto la prueba de la tentación y en esta forma hizo posible que venciera el hombre... Como Jesús fue aceptado como nuestro sustituto y garante, cada uno de nosotros será aceptado si soportamos la prueba por nosotros mismos. Tomó nuestra naturaleza para familiarizarse con las pruebas que acosarían al hombre y es nuestro Mediador e Intercesor delante del Padre.—The Review and Herald, 10 de junio de 1890.
Los que sean vencedores deben ejercer hasta el extremo cada facultad de su ser. Deben agonizar sobre sus rodillas delante de Dios en procura de poder divino.—The Review and Herald, 18 de febrero de 1809.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 29.

jueves, 16 de junio de 2016

El significado del bautismo de Cristo (Reflexión en vídeo y audio)


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Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mateo 3:13.
Muchos habían ido a él [a Juan] para recibir el bautismo del arrepentimiento, confesando sus pecados... Cristo no fue confesando sus propios pecados, pero le fue imputada la culpabilidad como sustituto del pecador... Cristo honró el rito del bautismo sometiéndose a él. En ese acto se identificó con su pueblo como su representante y cabeza. Como sustituto, toma sobre sí los pecados del pueblo, se cuenta con los transgresores, da los pasos que se requiere que dé el pecador...
Después de que Jesús salió del agua... fue a la orilla del Jordán y se inclinó en actitud de oración... Como el ejemplo del creyente, su humanidad sin pecado pidió ayuda y fortaleza de su Padre celestial, cuando estaba por comenzar sus labores públicas como el Mesías...
Nunca antes los ángeles habían escuchado una oración tal como la que ofreció Cristo en su bautismo, y estuvieron dispuestos a ser los portadores del mensaje del Padre para su Hijo. ¡Pero, no! Directamente del Padre procedió la luz de su gloria. Se abrieron los cielos, y rayos de gloria descansaron sobre el Hijo de Dios y tomaron la forma de una paloma, en apariencia bruñida de oro. La forma semejante a la paloma era un emblema de la humildad y amabilidad de Cristo... De los cielos abiertos se oyeron las palabras: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo contentamiento”... A pesar de que el hijo de Dios estaba revestido de humanidad, Jehová, con su propia voz, le aseguró que era Hijo del Eterno.—The Review and Herald, 21 de enero de 1873.
La oración de Cristo en la orilla del Jordán incluía a cada uno que creyera en él. La promesa de que sois aceptos en el Amado llega a vosotros. Dios dijo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo contentamiento”... Cristo había abierto el camino para vosotros hasta el trono del Dios infinito.—The General Conference Bulletin, 4 de abril de 1901.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 28.

miércoles, 15 de junio de 2016

El ideal para toda la humanidad (Reflexión en vídeo y audio)


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Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres. Lucas 2:52.
Cristo vivió una vida de intenso trabajo desde sus más tiernos años. En su juventud, trabajó con su padre en el oficio de carpintero y así honró toda labor. Aunque era el Rey de toda la gloria, al seguir un humilde oficio, reprochó la ociosidad en cada miembro de la familia humana, y dignificó toda labor como noble... Desde la niñez fue un modelo de obediencia y laboriosidad. Era como un agradable rayo de sol en el círculo familiar. Fiel y alegremente cumplió con su parte en los humildes deberes...
Aunque su sabiduría había asombrado a los doctores, humildemente se sometió a sus guardianes humanos... El conocimiento que adquiría diariamente en su admirable misión no lo descalificó para realizar los más humildes deberes. Alegremente emprendía el trabajo que incumbe a los jóvenes que moran en hogares apremiados por la pobreza. Comprendía las tentaciones de los niños, pues soportaba sus pesares y pruebas... Aunque tentado al mal, rehusaba apartarse en un solo momento de la más estricta verdad y rectitud.—The Signs of the Times, 30 de julio de 1896.
Cristo es el ideal para toda la humanidad. Ha dejado un perfecto ejemplo para la niñez, la juventud y la edad madura. Vino a esta tierra y pasó por las diferentes fases de la vida humana. Hablaba y actuaba como otros niños y jóvenes, con la excepción de que no cometió faltas...
Jesús recibió su educación en el santuario del hogar, no meramente de sus padres, sino de su Padre celestial. Al crecer, Dios le explicó más y más la gran obra que había delante de él. Pero a pesar de su conocimiento de esto, no se dio aires de superioridad. Nunca causó pena o ansiedad a sus padres... Se gozaba honrándolos y obedeciéndoles. Aunque no ignoraba su gran misión, consultaba los deseos de ellos y se sometía a su autoridad.—The Youth’s Instructor, 22 de agosto de 1901.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 27.

martes, 14 de junio de 2016

Manténgase cerca del Salvador (Reflexión en vídeo y audio)


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Al regresar ellos, acabada la fiesta, se quedó el niño Jesús en Jerusalén, sin que lo supiesen José y su madre. Lucas 2:43.
Todos los actos de la vida de Jesús fueron importantes. Cada acontecimiento de su vida era para el beneficio de sus seguidores del futuro. Esta circunstancia de la demora de Cristo en Jerusalén enseña una lección importante...
Jesús conocía los corazones. Sabía que, al volver la muchedumbre de Jerusalén, se hablaría y comentaría mucho que no estaría sazonado con humildad y gracia, Y el Mesías y su misión se olvidarían casi del todo. Eligió volver de Jerusalén solo con sus padres; pues al retirarse, su padre y madre tendrían más tiempo para reflexionar y meditar en las profecías... No quería que los penosos acontecimientos que iban a experimentar cuando él ofreciera su vida por los pecados del mundo, fueran nuevos e inesperados para ellos. Se separó de ellos cuando volvieron a Jerusalén. Después de la celebración de la Pascua, lo buscaron con dolor durante tres días...
Aquí hay una lección para todos los seguidores de Cristo... Es necesario ser cuidadosos en palabras y acciones cuando los cristianos están juntos, no sea que Jesús sea olvidado por ellos, y continúen indiferentes al hecho de que Jesús no está en su medio. Cuando se dan cuenta de su condición, descubren que han viajado sin la presencia de Aquel que podría dar paz y gozo a su corazón, y se ocupan días en volver y buscar a Aquel a quien deberían haber retenido consigo cada momento. Jesús no estará entre los que descuidan su presencia y se ocupan de conversaciones que no tienen ninguna referencia con su Redentor...
Todos tienen el privilegio de retener a Jesús consigo. Si lo hacen, sus palabras deben ser selectas, sazonadas con gracia. Los pensamientos de su corazón deben encaminarse a meditar en las cosas celestiales y divinas.—The Review and Herald, 31 de diciembre de 1872.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 26.

lunes, 13 de junio de 2016

Un nino en el templo (Reflexión en vídeo y audio)


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¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar? Lucas 2:49.
Cuando Cristo tenía doce años, fue con sus padres a Jerusalén para asistir a la fiesta de la Pascua, y a su regreso se perdió entre la multitud. Después de que José y María lo buscaron durante tres días, lo encontraron en el atrio del templo, “sentado en medio de los doctores de la ley, oyéndoles y preguntándoles. Y todos los que le oían, se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas”. Vers. 46, 47.—The Youth’s Instructor, 8 de septiembre de 1898.
Sus padres escucharon asombrados cuando oyeron sus preguntas inquisitivas... Aunque asumía la actitud de quien aprende, Cristo impartía luz en cada palabra que pronunciaba. Interpretaba las Escrituras para la mente entenebrecida de los rabinos y les daba clara luz acerca del Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Las agudas y claras preguntas del niño traían un torrente de luz para su entendimiento entenebrecido. La verdad brillaba como el claro resplandor de una luz en un lugar oscuro mientras recibía e impartía el conocimiento del plan de salvación.
Se dice claramente que Cristo crecía en conocimiento. ¡Qué lección hay para todos los jóvenes en este incidente de la vida de Cristo! Si escudriñan diligentemente la Palabra de Dios, y mediante el Espíritu Santo reciben dirección divina, podrán impartir luz a otros...
María, la madre de Jesús... le preguntó: “Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia”. Luz divina brilló a través de la humanidad de Jesús, cuando levantó su diestra y dijo: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?”. Vers. 48-50...
A la edad de doce años, el Espíritu Santo moraba en Jesús y él sentía algo de la carga de la misión para la cuál había venido al mundo.—The Signs of the Times, 30 de julio de 1896.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 25.

domingo, 12 de junio de 2016

Una Luz para los jovenes (Reflexión en vídeo y audio)


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Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él. Lucas 2:40.
El ejemplo de Jesús es una luz para los jóvenes, tanto como para los de edad madura, pues fue un representante de la niñez y la juventud. Su ejemplo fue perfecto desde sus más tiernos años. Tanto en su naturaleza física como en la espiritual, siguió la orden divina del crecimiento ilustrada por la planta, así como desea que hagan todos los jóvenes. Aunque era la Majestad del cielo, el Rey de la gloria, se convirtió en un niño en Belén y por un tiempo fue un niño desvalido entregado al cuidado de su madre. En su niñez procedió como un niño obediente. Habló y se comportó con la sabiduría de un niño, y no de un hombre, honrando a sus padres y cumpliendo sus deseos en forma útil, de acuerdo con la capacidad de un niño. Pero fue perfecto en cada etapa de su desarrollo, con la sencilla y natural gracia de una vida sin pecado.—The Youth’s Instructor, 25 de mayo de 1909.
José, y especialmente María, mantuvieron el recuerdo de la paternidad divina del niño. Jesús fue instruido de acuerdo con el carácter sagrado de su misión. Su inclinación a lo recto era una satisfacción constante para sus padres...
Los ojos del Hijo de Dios descansaron con frecuencia sobre las lomas y las rocas que había en torno de su hogar. Estaba familiarizado con las cosas de la naturaleza. Veía al sol del cielo, la luna y las estrellas que cumplían su misión. Con cánticos daba la bienvenida a la luz matinal.—The Youth’s Instructor, 8 de septiembre de 1898.
Siempre que podía, iba solo al campo y a la ladera de las montañas para comulgar con el Dios de la naturaleza. Cuando terminaba su trabajo, iba por la orilla del lago, entre los árboles del bosque, y por los verdes valles donde podía pensar en Dios y elevar su alma al cielo en oración.—The Youth’s Instructor, 5 de diciembre de 1895.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 24.

sábado, 11 de junio de 2016

El niñito de belen (Reflexión en vídeo y audio)


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Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. Lucas 2:11, 12.
No podemos entender cómo Cristo se convirtió en un niñito impotente. Podría haber venido a la tierra con tal belleza que no hubiera sido como los hijos de los hombres. Su rostro podría haber resplandecido de luz, y su forma podría haber sido alta y bella. Podría haber venido de tal manera como para encantar a los que lo miraran; pero ésa no era la forma en que Dios quería que viniera entre los hijos de los hombres. Había de ser como los que pertenecen a la familia humana y a la raza judía... Había venido a ocupar el lugar del hombre, a darse en prenda a sí mismo por el hombre, a pagar la deuda de los pecadores. Había de vivir una vida pura en esta tierra, y mostrar que Satanás había dicho una falsedad cuando pretendió que la familia humana le pertenecía para siempre y que Dios no podía arrebatar a los hombres de sus manos.
Los hombres primero vieron a Cristo como a un nene, como a un niño. Sus padres eran muy pobres, y no tuvo nada en esta tierra salvo lo que tienen los pobres. Pasó por todas las pruebas por las que pasan los pobres y humildes desde la niñez a la adolescencia, de la juventud a la virilidad...
Mientras más pensamos en Cristo convertido en un niñito aquí en la tierra, más maravilloso nos parece. ¿Cómo puede ser que el desvalido niño del establo de Belén sea el divino Hijo de Dios? Aunque no podamos comprenderlo, podemos creer que Aquel que hizo los mundos, debido a nosotros se convirtió en un niño desvalido... En él, Dios y el hombre se vuelven uno, y en ese hecho radica la esperanza de nuestra raza caída. Contemplando a Cristo en la carne, contemplamos a Dios en la humanidad, y vemos en él el resplandor de la gloria divina, la expresa imagen de Dios el Padre.—The Youth’s Instructor, 21 de noviembre de 1895.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 23.


viernes, 10 de junio de 2016

Dios en carne humana (Reflexión en vídeo y audio)


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Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. Juan 1:14.
Si queremos estudiar un problema profundo, fijemos nuestra mente en la cosa más maravillosa que jamás sucedió en la tierra o en el cielo: la encarnación del Hijo de Dios.—Manuscrito 76, 1903.
Solo Cristo podía representar a la Deidad... Para hacerlo, nuestro Salvador revistió su divinidad con humanidad. Empleó las facultades humanas, pues solo adaptándolas podía comprender a la humanidad. Solo la humanidad podía alcanzar a la humanidad. Vivió el carácter de Dios en el cuerpo humano que Dios le había preparado.—The Review and Herald, 25 de junio de 1895.
Si hubiera venido Cristo en su forma divina, la humanidad no podría haber soportado el espectáculo. El contraste hubiera sido demasiado penoso, la gloria demasiado abrumadora. La humanidad no podría haber soportado la presencia de uno de los puros y brillantes ángeles de gloria; por lo tanto, Cristo no tomó sobre sí la naturaleza de los ángeles. Vino a la semejanza de los hombres.—The Signs of the Times, 15 de febrero de 1899.
Contemplándolo, contemplamos al Dios invisible... Contemplamos a Dios mediante Cristo, nuestro Creador y Redentor. Tenemos el privilegio de contemplar a Jesús por la fe y verlo de pie entre la humanidad y el trono eterno. Él es nuestro Abogado que presenta nuestras oraciones y ofrendas como un sacrificio espiritual a Dios. Jesús es la gran propiciación sin pecado y, mediante sus méritos,
Dios y el hombre pueden platicar juntos. Cristo ha llevado su humanidad a la eternidad. Está delante de Dios como el representante de nuestra raza. Cuando estamos revestidos del traje de bodas de su justicia, nos volvemos uno con él y nos dice: “Y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas”. Apocalipsis 3:4. Sus santos lo contemplarán en su gloria, sin que haya ningún velo oscurecedor en medio.—The Youth’s Instructor, 28 de octubre de 1897.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 22.