jueves, 6 de abril de 2017

MUJER VIRTUOSA

Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. Prov. 31:10.

Entró una noche en el camarín cuando me preparaba para hablar a miles de personas. Llegó con sus ojos tristes y la "deformidad física" que la atormentaba. Fue ella misma la que usó esa expresión. Me abrió su corazón y lloró. Me contó cuán fea se sentía cada vez que veía a una mujer bonita. "Los hombres tienen pena de mí", me confesó con lágrimas reprimidas.

La escuché. A veces es preciso decir todo lo que está guardado en el corazón y llorar, para sentir un poco de alivio. Para no morir envenenado por la amargura que corroe el alma. "Sueño, como toda mujer, en formar una familia, tener hijos, vedas crecer, pero estoy quedando cada vez más vieja, viendo mi sueño cada vez más distante", me dijo.

No era fea, como pensaba. Sus ojos parecían una laguna azul en un día de sol. La sonrisa tímida que se esforzaba por esconder, se asemejaba a un bello crepúsculo, asfixiado por las sombras de la autocompasión.

"Todo está mal conmigo", dijo, refiriéndose a su cuerpo. Era verdad. Todo esta mal. No con su cuerpo, sino con su alma. Presionada por los valores que los medios de comunicación imponen, vivía prisionera de sus verdugos interiores, que sentenciaban: "Fea". Ella medía su valor por normas estéticas. Ignoraba el proverbio de hoy: "Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas".

El adjetivo "virtuosa" significa una mujer de carácter, de fuerza espiritual, de habilidad. Esta no es solo una rosa perfumada que se marchita con el tiempo, es la roca que soporta los castigos del mar y del viento y, sin embargo, permanece altiva, segura de que su belleza excede los valores efímeros que los años se encargan de borrar.

El capítulo 30 de Proverbios termina diciendo: "Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Jehová, ésa será alabada". Temer al Señor es buscado todos los días. Es depender de él y confiar en él. Al vivir en comunión con la fuente de la fuerza espiritual, que es Jesús, todo ocupa su lugar exacto en el panorama de la vida. Ya nada perturba ni incomoda, ni envenena el espíritu. Esto vale también para los hombres.

Por eso, recuerda hoy antes de salir de tu casa, el proverbio que dice: "Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas".

Pr. Alejandro Bullón

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