viernes, 26 de septiembre de 2008

PODER PERTENECE A DIOS

Una vez habló Dios; dos veces he oído esto; que de Dios es el poder. Sal. 62:11.

El pastor Bruce Larson relata la historia de un aficionado que le gustaba observar a las águilas. Un día estaba sentado sobre una roca, observando un águila que volaba en todo su esplendor. De repente, gracias a su penetrante y aguda visión, la reina de las aves se lanzó veloz entre el matorral y cuando salió, llevaba una presa entre sus garras. Acababa de garantizar la comida del día.

Pero este aficionado continuó observando. Primero con fascinación y después con aprehensión, porque el águila comenzó a volar con dificultad, casi sin rumbo, sujetando todavía a su presa. Después de un tiempo, comenzó a descender y a descender, hasta que cayó abruptamente.

Curioso, se acercó al lugar donde el águila se estrelló contra el suelo. Cuando vio la tragedia, descubrió que la poderosa ave había cazado un hurón, que es uno de los más formidables roedores de las montañas; y mientras llevaba a su víctima, ésta le había roído la barriga al punto de sacarle los intestinos.

Cuando tú piensas que estás dominando, ten cuidado. Cuando tú piensas que tienes poder, ten precaución. Tu "victoria" puede ser tu peor derrota. Tu "conquista" puede transformarse en tu mayor tragedia.

Este es e! mensaje del salmista para hoy. "Una vez habló Dios". No necesita hablar más, su palabra es eterna. Cambia el rumbo de las cosas, transforma y restaura. Nosotros hablamos muchas veces y no decimos nada. Dios habló y el mundo llegó a la existencia. "Él dijo y fue hecho, mandó y existió". *

El versículo de hoy dice que el poder es de él y solamente a él pertenece. A veces lo presta, por amor, lo confía a la pobre criatura, y ésta queda fascinada y comienza a pensar que es dios.

¡Cuidado! El poder que te fue confiado circunstancialmente es un don que tú necesitas administrar con sabiduría. Si no lo haces así, ese poder puede transformarse en un arma que segará tu propia vida. Cuando piensas que estás cazando, puede ser cazado; cuando piensas que estás venciendo, puedes estar perdiendo.

"Una vez habló Dios; dos veces he oído esto". Si Dios no necesita hablar más que una vez, ¿por qué el hombre precisa oír dos veces? El salmista sugiere aquí la importancia de la meditación, cuando tu alma escucha el eco de la voz de Dios una y otra vez, hasta que el consejo divino llega a ser parte de tu propio ser.

Fija hoy tus ojos en el Dios del poder. Cuando todo falla en esta vida, Dios todavía está allí, listo para socorrerte, pero recuerda: "Una vez habló Dios; dos veces he oído esto; que Dios es poder".

* Sal. 33:9.

Pr. Alejandro Bullón

viernes, 19 de septiembre de 2008

UN OLIVO VERDE

Pero yo estoy como olivo verde en la casa de Dios; en la misericordia de Dios confío eternamente y para siempre. Sal. 52:8.

Doeg, hombre de confianza de Saúl, era edomita. Los edomitas, originarios de Edom, serían considerados más tarde enemigos de Israel. Doeg es un símbolo de la traición. Podría ser comparado con ciertas personas que hoy están a tu alrededor, dispuestas a clavarte un cuchillo por las espaldas.

En cierta ocasión, perseguido por el rey Saúl, David se escondió en Nob y fue ayudado por el sacerdote Abimelec. Doeg estaba allí y corrió llevando la noticia a Saúl. El resultado fue que Saúl mató a los sacerdotes de Nob. *

Este salmo fue escrito por David cuando se vio traicionado por Doeg. El salmista comienza diciendo: "¿Por qué te jactas de maldad, oh poderoso? [ ... ]Agravios maquina tu lengua; como navaja afilada hace engaño".**

¿Hay alguien que se siente poderoso por causa de su posición dentro de la empresa, y que con su lengua "maquina agravios" y urde planes de destrucción?

Mira cómo reacciona David ante esta circunstancia. Vuelve los ojos al Monte de los Olivos. El monte estaba lleno de olivos verdes y productivos, que resistían la intemperie y las dificultades del clima. "Yo soy como olivo verde", afirma el salmista. En la lengua original, el adjetivo "verde" no hace referencia al color. "Verde" significa más bien "floreciente, vigoroso, lleno de vida y de fruto". La belleza del olivo no estaba en su apariencia, sino en su productividad.

El mundo a su alrededor podía estar lleno de traición y calumnia, pero cuando David se refugiaba en Dios, se sentía como "un olivo verde". El secreto de la actitud victoriosa del salmista estaba "en la casa de Dios". ¿Quién será capaz de destruirte cuando estás protegido en las manos de Dios? La promesa que Dios te hace hoy, es que "la misericordia de Dios" será contigo "eternamente y para siempre".

Confiando en esta promesa, dirígete hoya donde debes ir, sin temor. Dios irá delante tuyo abriéndote las puertas y silenciando la boca de tus enemigos.

Repite las palabras de David: "Porque yo estoy como olivo verde en la casa de Dios; en la misericordia de Dios confío eternamente y para siempre".

* Cf. 1 Samuel22.

** Sal. 52:1, 2.

Pr. Alejandro Bullón