lunes, 31 de agosto de 2009

CREE Y PRACTICA LA VERDAD

"Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús" (Gál. 3:26).

Jesucristo es el Restaurador. Satanás, el apóstata, es el destructor. Aquí está planteado el conflicto entre el Príncipe de la vida y el príncipe de este mundo, el poder de las tinieblas... El Redentor del mundo no planificó que la herencia que había comprado viviera y muriese en sus pecados. ¿Qué quiero decir? ¿Por qué son pocos los que se salvan? Es porque muchos que profesan ser cristianos trabajan siguiendo los lineamientos del gran apóstata. Le permiten a Satanás planificar por ellos. El enemigo ha hecho de ellos seres apóstatas y desleales a Dios, rebeldes contra sus preceptos y sus leyes. Este hecho impone una gran labor sobre el verdadero cristiano. El creyente ha de convencer al transgresor de su condición pecadora, pues el "pecado es transgresión de laley".

¡Cuánto más se podría hacer en favor de Cristo si todos los que tienen la luz y la verdad ante ellos y profesan creer en la Palabra, practicaran la Palabra y adornaran, la doctrina de Cristo nuestro Salvador!... Hay muchos hombres y mujeres sinceros, prudentes y cálidos que podrían hacer mucho más por el Señor si primero se consagraran a Dios y se acercaran a él buscándolo de todo corazón...

Hemos de afrontar los mismos problemas que Cristo confrontó. El tibio, el codicioso, el justo en sí mismo, el impuro, fueron las principales piedras de tropiezo que él encontró, y los que trabajen con él han de encontrarse con las mismas causas de desánimo en estas experiencias...

Todos los que se comprometen en esta labor como colaboradores con Cristo no sólo deben estar dispuestos a predicar la verdad, sino a practicarla... No se producirían alteraciones en la economía divina a fin de producir cambios en el mundo religioso. Los hombres y las mujeres deben levantarse ante la emergencia. Deben recibir el aceite, la comunicación divina y ricas bendiciones. Esto los capacitará para incorporarse y resplandecer, porque ha llegado la luz y la gloria de Jehová ha resplandecido sobreellos.

Aquellos que dicen creer la Palabra de Dios y tienen en alta estima sus propios rasgos de carácter, heredados y cultivados, son las mayores piedras de tropiezo que encontraremos al presentar las grandes y santas verdades para, este tiempo. Los que creen en la verdad presente han de practicar y vivir la verdad. Deben estudiar y alimentarse de la Palabra, lo que significa comer la carne y beber la sangre del Hijo de Dios. Deben incorporar esa Palabra, que es espíritu y vida, a su vida cotidiana y práctica. Es el pan del cielo y ha de vivificar al mundo(Manuscrito 34, 1896).

E. G. White

domingo, 30 de agosto de 2009

PIENSA PRIMERO

El simple todo lo cree; mas el avisado mira bien sus pasos. Prov. 14:15.

La noticia explotó como una bomba entre los habitantes del barrio de la Moóca , en la zona este de San Pablo. La amistad entre Mario y Ricardo terminó en muerte y nadie entendía nada de nada. Mario no huyó, ni trató de dar explicaciones. Con las manos ensangrentadas y la cabeza baja, simplemente lloraba ante el cuerpo inerte de Ricardo, su concuñado y mejor amigo.

Ambos habían crecido juntos. Vivían en la misma casa y se casaron con las dos hijas de José, el vecino de enfrente. Su amistad era de aquellas que nadie imaginaría que un día pudiese acabar.
En la comisaría, Mario confesó que había matado al amigo porque alguien le había dicho que la esposa lo estaba traicionando con su mejor amigo. Las investigaciones posteriores demostraron que Mario se dejó llevar por los chismes. Obró como obra un “simple”. No se detuvo a pensar, no preguntó, no esperó, ni “miró bien sus pasos”. Permitió que el instinto tomara el control de sus acciones.

La raíz de la palabra hebrea traducida aquí como “simple”, significa inexperto. A diferencia del cinismo o de la perversión, la simplicidad es una etapa del crecimiento. Todos pasamos por ella. Ser simple, no significa ser malo, porque se está pasando por un período de madurez. Lo que está mal es permanecer en ese estado.

La vida está llena de sueños destruidos, hogares deshechos, amistades rotas, corazones heridos y emprendimientos quebrados prematuramente, porque el ser humano obra “por impulso”, “en un momento de locura”. ¿No son esas las explicaciones que damos después de obrar sin pensar?

Debo analizar mi propia historia de hoy. ¿Alguna vez actué movido por el impulso? Necesito responder para mí, y no para los otros. No tengo porqué proteger mi imagen, porque nadie me está viendo. Me veo en ci espejo de mis recuerdos ¿y qué veo? Eso no importa, porque hay esperanza y la esperanza es Jesús.

Para salir del estado de simplicidad es necesario tomar la decisión de cambiar y, enseguida, buscar la fuente de la sabiduría que es Dios. Piensa en lo que vas a hacer hoy, con relación a tu hijo, a tu cónyuge o a tu compañero de trabajo, y recuerda: “El simple todo lo cree; mas el avisado mira bien sus pasos”.

Pr. ALejandro Bullón

viernes, 28 de agosto de 2009

JESÚS VALORA NUESTROS DONES DE SERVICIO

"Y estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, vino a él una mujer, con un vaso de alabastro de perfume de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado a la mesa" (Mat. 26: 6, 7).

"Al ver esto, los discípulos se enojaron, diciendo: ¿Para qué este desperdicio?"... Judas fue el primero en hacer esta sugerencia y pronto otros se apropiaron de sus palabras. ¿Para qué este desperdicio? María por un tiempo había reservado este frasco de ungüento. Lázaro, su hermano, había sido rescatado de la tumba y restituido a su familia por la palabra y el poder del Salvador y, ahora, el corazón de María rebozaba de gratitud...

Este incidente está lleno de instrucción. Jesús, el Salvador del mundo, se está acercando al momento en que ha de ofrecer su vida por un mundo pecador. No obstante ni siquiera los discípulos comprendían lo que estaban por perder. María no podía razonar sobre este tema. Su corazón estaba lleno de un amor santo y puro. El sentimiento que la embargaba era: "¿Qué le daré al Señor por todas sus bendiciones?" Este costoso ungüento --de acuerdo a la tasación de los discípulos-- era una muy humilde expresión de su amor por su Maestro. Pero Cristo valoraba este obsequio como una expresión de su amor, y el corazón de María rebozaba de una paz y una felicidad perfectas.

Cristo se deleitaba por la actitud sincera de María de hacer la voluntad del Señor. Aceptó aquella manifestación de purísimo afecto, que sus discípulos no pudieron entender... El perfume de María era un regalo de amor y este hecho era lo que le daba valor a los ojos de Cristo... Jesús vio que María se encogió, avergonzada, esperando un reproche de Aquel a quien amaba y adoraba. Por el contrario, escuchó decir al Maestro: "¿Por qué molestáis a esta mujer? Pues ha hecho conmigo una buena obra. Porque siempre tendréis pobres con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis. Porque al derramar este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura. De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella". Jesús no recibiría ningún otro ungimiento, pues el sábado estaba cercano y ellos observaban el reposo sabático conforme al mandamiento... La disposición de María de ofrecer este servicio al Señor era de mayor valor para Cristo que todo el perfume de nardo y ungüento que pudiera haber en el mundo, pues manifestaba todo el aprecio que ella sentía por el Redentor del mundo. Era el amor de Cristo que la constreñía...

María, movida por el poder del Espíritu Santo, vio en Cristo a Aquel que había venido a buscar y a salvar las almas que estaban por perecer. Cada discípulo debió haber sido inspirado por una devoción semejante (Manuscrito 28, 1897).

E. G. White

jueves, 27 de agosto de 2009

MI REFUGIO

Jehová será refugio al pobre, refugio para el tiempo de angustia. Sal 9:9.

Viste alguna vez un ratoncito desesperado, huyendo del gato? Aquel , escondrijo donde el ratoncito consigue meterse y ponerse a salvo de su predador es la figura exacta para definir lo que es un refugio. Eso es justamente lo que el Señor será para aquellos que en él confían.

Tú habrás percibido que en el texto de hoy aparece dos veces la palabra refugio. En español no es posible ver la diferencia entre una y otra, pero en el original hebreo hay una ligera variación de la palabra. La primera vez se da a entender que es un refugio alto, donde nadie puede alcanzarte. En la segunda, la variante añade la idea de un refugio fuerte, que nadie puede destruir.

¿No es maravilloso? En este mundo en que tú vives rodeado de peligros constantes, en las calles, en el trabajo, en las más diversas circunstancias, acusado por enemigos sin rostro que están siempre dispuestos a destruir tu vida y herir a las personas que tú amas. En esta vida competitiva, donde no siempre los más capaces vencen, sino a veces los más desleales. ¿No te parece que es maravilloso saber que el Señor es un refugio alto y fuerte hacia donde tú puedes correr agotado para encontrar seguridad y consuelo?

El texto de hoy habla de la tribulación y del pobre, del oprimido. Literalmente “el tiempo de angustia” significa “tiempos de dificultades” y “pobres” significa humildes. Dios está hablando aquí de personas que por ser mansas, por buscar la paz, por querer el bien de los demás, guardan silencio y aceptan el dolor y, en consecuencia, pasan por tiempos difíciles, esperando que Dios se manifieste en algún momento. Y Dios se manifiesta. «No se adormecerá ni dormirá, el que guarda a Israel”.*

En esas horas dolorosas y amargas, cuando el mundo parece no comprenderte, corre a tu refugio y habla con tu Padre que todo lo ve y que es capaz de entender las aflicciones de tu alma.
No salgas hoy a las luchas y desafíos que en el camino te esperan sin tener la seguridad del compañerismo de Jesús y, no importa cuán oscuro parezca el horizonte o cuán escabroso el camino se presente, recuerda a lo largo del día que “Jehová será refugio al pobre, refugio para el tiempo de angustia”.

Pr. Alejandro Bullón

miércoles, 26 de agosto de 2009

SE NECESITA CONSTANTE ORACIÓN PARA RESISTIR LAS ARTIMAÑAS DE SATANÁS

"Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto" (Luc. 4:1).

En ocasión del bautismo de Cristo, se oyó una voz del cielo, que decía: "Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento". Inmediatamente después de este episodio, Cristo fue al desierto de la tentación y comenzó allí un prolongado ayuno y, en medio de su debilidad, Satanás vino y lo tentó.

¿Por qué fue conducido Cristo al desierto para ser tentado al comienzo de su ministerio? Fue el Espíritu quien lo llevó. Por lo tanto, no fue porque lo necesitara personalmente, sino en nuestro favor, para vencer por nosotros. No fue movido por impulso. Fue guiado por el Espíritu y su humanidad fue probada como la de uno que habría de estar a la cabeza de la raza caída.

Cristo había estado y estaba en perfecta armonía con el Padre. Iba a ser probado como representante de la raza humana. El Espíritu lo condujo al desierto para hacer frente al enemigo en un encuentro personal, con el fin de vencer a aquel que pretendía ser cabeza de los reinos del mundo.

Cristo ayunó mientras estaba en el desierto, pero era indiferente al hambre. Cristo, en constante oración ante su Padre, a fin de prepararse para resistir al adversario, no sintió las angustias del hambre. Pasó el tiempo en ferviente oración, en comunión con Dios. Era como si hubiera estado en la presencia de su Padre. Buscaba fortaleza para enfrentar al enemigo, y obtener la seguridad de que recibiría gracia para llevar a cabo todo lo que había emprendido en favor de la humanidad. El pensamiento de la contienda que estaba ante él hizo que se olvidara de todo lo demás, y su alma fue alimentada con el pan de vida, así como serán alimentadas hoy aquellas almas tentadas que van a Dios en busca de ayuda. Comió de la verdad que debía dar al pueblo, como algo que tiene poder para liberarlos de las tentaciones de Satanás. Vio el quebrantamiento del poder de Satanás sobre los caídos y tentados. Se vio a sí mismo curando a los enfermos, consolando a los desesperanzados, reanimando a los abatidos y predicando el Evangelio a los pobres: haciendo la obra que Dios había diseñado para él; y no sintió ningún apremio del hambre hasta que terminaron los cuarenta días de su ayuno...

Cristo estaba ahora en el desierto, los animales salvajes eran su única compañía y todo en derredor tendía a hacerle bien patente su humanidad. De pronto, un ángel se presentó ante él con la apariencia de uno de los ángeles que había visto no mucho antes, el cual se dirigió a él con estas palabras: "Si eres el Hijo de Dios". Esta era una insinuación de desconfianza. Sus palabras supuraban la amargura que había en la mente [de Satanás]. El matiz de su voz denotaba abierta incredulidad (Carta 159, 1903).

E. G. White

martes, 25 de agosto de 2009

HASTA EN LA ALEGRÍA

Aun en la risa tendrá dolor el corazón; y el término de la alegría es congoja. Prov. 14:13.

No es pesimismo. Es la realidad triste y dura. Nadie puede escapar de ella. Este mundo era perfecto cuando salió de las manos del Creador. No había muerte, ni dolor, ni lágrimas. Pero, a partir de la entrada del pecado, se volvió hostil y extraño. A veces, hasta cruel y despiadado.
Hoy, hasta cuando tú ríes el dolor está presente. La alegría muchas veces termina en tristeza. El otro día hablé con una persona que durante 30 años ahorró dinero para realizar su sueño de conocer Europa. Finalmente, llegó el momento anhelado. El viaje fue maravilloso. Vio de cerca cosas que solo conocía a través de los libros; pensó que el dinero había sido gastado con sabiduría.

Cuando el viaje terminó, y llegó a casa, y abrió las maletas en el cuarto, sintió de repente ganas de llorar. No sabía explicar porqué, pero se sentía culpable. Descubrió que “aun en la risa tendrá dolor el corazón; y el término de la alegría es congoja”.

Otro de los pensamientos que aparecen en el texto de hoy es la fragilidad de los intentos humanos para resolver los problemas del alma. Tú asistes a un circo para reír y cuando el espectáculo termina y las luces se apagan, solo queda un vacío indefinible que duele. El joven se droga queriendo salir de sus angustias y cuando los efectos de la droga pasan, solo queda desesperación y ganas de morir. Inútilmente, la criatura trata de librarse de la culpa existencial. El corazón duele y tú no sabes definir porqué; luchas, trabajas y te
esfuerzas, y todo continúa igual.

Solo Jesús es capaz de llenar el vacío del corazón. El es la única persona que pone el mundo interior en orden, perdona, transforma y satisface. Cura, limpia y purifica. Por eso, afirmó: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo'.

Al convivir con Jesús tú aprendes a administrar el dolor existencial. El dolor del ser sin ser. La sensación amarga de sentirse mal sin haber hecho mal.

Ábrele tu corazón a Aquel que un día dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy.** Habla con él, como un hijo habla con su padre. Pregúntale las cosas que no comprendes, reclama, implora. El nunca dejó sin respuesta a quien con sinceridad lo busca, pero recuerda: “Aun en la risa tendrá dolor el corazón; y el término de la alegría es congoja”.

* Juan 16:33. **Juan 14:27.

Pr. Alejandro Bullón

lunes, 24 de agosto de 2009

EN CRISTO PODEMOS ALCANZAR LA PERFECTA HUMANIDAD

"Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí" (Juan 15: 4).

Satanás deseaba trastornar el gobierno de Dios e imprimir su propio sello a las normas del reino del Señor. Cristo no armonizaba con ese deseo y así fue como la contienda contra Cristo comenzó y, gradualmente, se intensificó. Trabajando en secreto, aunque siendo conocido para Dios, Lucifer se transformó en un ser engañador. Hablaba falsedades como si fueran verdad.

Fue expulsado del cielo y, aparentemente, Cristo estuvo a solas con él en el desierto de la tentación. Sin embargo, no estaba solo, pues los ángeles estaban en derredor suyo del mismo modo como los ángeles de Dios son comisionados a ministrar en favor de quienes padecen los temibles ataques del enemigo. Cristo estuvo en el desierto con el mismo con quien había estado en guerra en el cielo, y a quien había vencido; y Satanás fue derrotado.

Ahora Satanás lo enfrentó bajo circunstancias diferentes, pues la gloria que lo circuía ya no era visible. Se había humillado a sí mismo y había adoptado nuestra naturaleza... ¡Cuánta angustia mental padeció! ¡Cuánta aflicción! ¡Cuánta tortura hirió su mente! Estaba ante él cara a cara, no frente a un monstruo horroroso, como se lo representa, de pezuñas hendidas y alas de murciélago, sino como un hermoso ángel de luz, uno que aparentemente había venido de la presencia de Dios...

Es imposible que podamos comprender la profundidad y la fuerza de estas tentaciones a menos que el Señor nos conduzca donde pueda abrir estas escenas ante nosotros y nos las revele y así podamos comprenderlas en forma parcial... La prueba que padeció nuestro Señor nos demuestra que él habría podido ceder ante estas tentaciones, de lo contrario la batalla habría sido una farsa. Pero no cayó ante las insinuaciones del enemigo, demostrando así que la naturaleza humana, unida a la divina por medio de la fe, tiene poder para resistir las tentaciones de Satanás.

La perfecta humanidad de Cristo es la misma que podemos tener por medio de nuestra relación con Cristo. Al igual que Dios, Cristo no pudo ser inducido a pecar, así como tampoco se había podido quebrantar su lealtad en el cielo. Pero al humillarse y adoptar nuestra naturaleza, podía ser tentado. No había tomado la naturaleza de los ángeles, sino la humana, perfectamente idéntica a nuestra propia naturaleza, excepto que en él no había mancha de pecado...

La naturaleza divina unida a la humana hacían que fuese capaz de rendirse a las tentaciones de Satanás. Aquí la prueba de Cristo fue más grande que la de Adán y Eva, pues Cristo tomó nuestra naturaleza, caída pero no corrupta, y no habría de corromperse a menos que aceptara las palabras de Satanás en lugar de las palabras de Dios (Manuscrito 57, 1890).

E. G. White

domingo, 23 de agosto de 2009

TÚ ME HACES REPOSAR

En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado. Sal 4:8.

Un día llamó a mi oficina una persona que hacía varias semanas que no podía dormir. Se acostaba a la noche y desfilaban, en su mente, una infinidad de pensamientos difusos que la perturbaban.

Ya nada daba resultado. Últimamente estaba tomando fuertes dosis de somníferos, pero eso la asustaba. “Qué hago, pastor?” —me preguntó angustiada.

La ansiedad es un pensamiento vago y difuso de aprehensión. No es miedo o si es, no hay ninguna razón concreta para ella. El problema con las personas ansiosas es que tienen constantemente la sensación de que algo malo está por suceder y nunca consiguen definir qué es.

La respuesta para la pregunta de aquella persona, está en el salmo de hoy. “En paz me acostaré”, afirma el salmista. Paz es el primer ingrediente para tener un sueño tranquilo y reparador. Hay en el ser humano una necesidad inconsciente de estar bien con Dios. Conscientemente tú puedes negar o rechazar la existencia divina. Puedes no darte cuenta de tu natural necesidad de estar bien con tu Creador, pero el corazón se da cuenta de esa carencia y por más que tú trates de racionalizar, el vacío espiritual está bien presente, causando la sensación de que algo anda mal.

“En paz me acostaré”, expresa el salmista. Teniendo paz con Dios tú estás en condiciones de tener paz contigo mismo y también con las personas con las que te relacionas. Ese sentimiento de tranquilidad, quita de tu ser la tensión emocional que generalmente perturba el descanso.

Otro ingrediente importante para un sueño reparador es la confianza en Dios. No basta estar bien con él, es necesario sentirse seguro en él. ¿De dónde viene la seguridad? De las promesas divinas. Dios prometió que nunca te abandonará, aun en las circunstancias más difíciles por las cuales tengas que pasar.

Finalmente, cuando llegue el momento de dormir el sueño de la muerte, tú podrás decir también como Simeón: “Ahora, Señor, despide a tu siervo en paz, conforme a tu palabra”.

Hoy, cuando llegue la hora de dormir, di como el salmista: “En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado”.

Pr. Alejandro Bullón

viernes, 21 de agosto de 2009

SIGAMOS LAS PAUTAS

Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer. Juan 6: 31.

La educación de los israelitas incluía todos sus hábitos de vida. Todo lo concerniente a su bienestar era objeto de la solicitud divina y estaba comprendido por la ley de Dios. Debido a que Dios quería hacer de ellos sus representantes, les proporcionó un estatuto especial. Se les dieron cuidadosas restricciones relativas a su régimen alimentario. El consumo de carne fue casi totalmente prohibido. El pueblo tenía que ser santo, y el Señor sabía que el consumo de carne impediría su progreso espiritual. Mediante un milagro misericordioso los alimentó con pan del cielo. El alimento que se les proveyó era de tal naturaleza que promovía la fuerza, tanto física, como mental y moral, y . . . la sabiduría de la elección divina de sus alimentos fue justificada de tal manera que no la pudieron contradecir. A pesar de las dificultades de la vida en el desierto, no hubo ni un solo débil en todas sus tribus.

Si se hubiera dado a los israelitas el régimen alimentario al cual estaban acostumbrados en Egipto, habrían manifestado el mismo espíritu rebelde que vemos en el mundo en la actualidad. En el régimen alimentario de los seres humanos de esta época hay muchas cosas que el Señor no habría permitido que comieran los hijos de Israel. La familia humana de la actualidad es una ilustración de lo que hubieran sido los hijos de Israel si Dios les hubiese permitido comer los alimentos de los egipcios, y seguir sus hábitos y costumbres.

La historia de la vida de Israel en el desierto fue registrada en beneficio del Israel de Dios hasta la consumación de los siglos.

El relato de la forma como trató Dios a los peregrinos mientras iban de un lugar a otro, mientras pasaban hambre, sufrían sed y cansancio, y en las sorprendentes manifestaciones de su poder para auxiliarlos, está lleno de amonestaciones para su pueblo de la actualidad. Los diversos incidentes por los que pasaron los hebreos constituyeron una escuela donde se prepararon para actuar en su prometido hogar de Canaán. Dios quiere que su pueblo repase ahora, con corazón humilde y espíritu abierto, las pruebas por las cuales pasó el antiguo Israel, a fin de que pueda recibir instrucción y prepararse para la Canaán celestial (Carta 44, del 9 de marzo de 1903, dirigida al pastor J. A. Burden, gerente del Sanatorio de Sydney).

E. G. White

jueves, 20 de agosto de 2009

¡CUMPLE TU PALABRA!

Contentamiento es a los hombres hacer misericordia; pero mejor es el pobre que el mentiroso. Prov. 19:22.

Conozco personas en las cuales puedo confiar con los ojos cerrados. La vida me puso en contacto con personas cuya palabra vale mucho más que un contrato firmado. La Biblia se refiere a esas personas como hesed, que significa leal, veraz y misericordioso.

¿Qué tiene que ver la fidelidad con la misericordia? ¿Por qué ambas palabras se usan en hebreo como si fueran sinónimas? Desde el punto de vista divino, el respeto por la palabra dada, la fidelidad a aquello que tú dices, es una expresión de amor.

¿Es posible respetar la palabra empeñada sin tener el temor de Dios en el corazón? Sí, lo es; basta con ser una persona responsable. Pero con Dios las cosas no pueden ser apenas fruto del deber, sino del amor. El deber te lleva simplemente a ser un buen ciudadano, pero no te brinda felicidad.

El amor funciona de manera diferente. Hace de ti una persona feliz y, en consecuencia, acabas siendo buen ciudadano.

En el texto de hoy se contrasta al hombre fiel con el mentiroso. Salomón afirma que es mejor ser pobre que ser un hombre en quien nadie confía.

En los círculos de liderazgo y administración se habla mucho de credibilidad. Decir que tú crees en principios, es una cosa. Vivir esos principios, es algo diferente. Las personas no creen tanto en lo que tú dices, sino en lo que haces en relación a lo que dices.

La persona que está llena del amor de Jesús querrá ver a otras personas felices y cumplirá con ellas la palabra empeñada. El resultado será la credibilidad. Las personas confiarán en ti, te amarán y te seguirán. Ahora tiene sentido el versículo "lo que torna agradable a un hombre es su misericordia", o su fidelidad.

Haz de este día un día, no solo de palabras, sino de acciones. Transforma valores en realizaciones, sueños en realidades, obstáculos en cambios de rumbo, riesgo en recompensa. Tú puedes, porque en esta lucha todo el poder de Dios está a tu disposición. Es solo ir a Jesús en actitud humilde y suplicarle que haga lo que tú no puedes hacer solo.

Comienza por tu casa, con tus hijos. ¿Les prometiste algo que no cumpliste? Los valores no se enseñan con palabras, se transmiten con el ejemplo. "Lo que hace agradable al hombre es su misericordia, el pobre es preferible al mentiroso".

Pr Alejandro Bullón

miércoles, 19 de agosto de 2009

EL TESTIMONIO EMPIEZA POR CASA

Sean nuestros hijos como plantas crecidas en su juventud, nuestras hijas como esquinas labradas como la de un palacio. (Sal. 144: 12).

Nuestra obra por Cristo debe comenzar con la familia, en el hogar. . . No hay campo misionero más importante que éste.*

Dichosos los padres cuya vida es un reflejo fiel de la vida divina, de modo que las promesas y los mandamientos de Dios despierten en los hijos gratitud y reverencia; dichosos los padres cuya ternura, justicia y longanimidad interpretan fielmente para el niño el amor, la justicia y la paciencia de Dios; dichosos los padres que al enseñar a sus hijos a amarlos, a confiar en ellos y a obedecerles, les enseñan a amar a su Padre celestial, a confiar en él y a obedecerle. Los padres que hacen a sus hijos semejante dádiva los enriquecen con un tesoro más precioso que los tesoros de todas las edades, un tesoro tan duradero como la eternidad.

Dios quiere que todo niño de tierna edad sea su hijo, adoptado en su familia. Por muy jóvenes que sean, pueden ser miembros de la familia de la fe, y tener una experiencia muy preciosa. Pueden tener corazones tiernos y dispuestos a recibir impresiones duraderas. Pueden sentir sus corazones atraídos en confianza y amor hacia Jesús, y vivir para el Salvador. Cristo hará de ellos pequeños misioneros. Toda la corriente de sus pensamientos puede cambiarse, de manera que el pecado aparezca, no como cosa que se pueda disfrutar, sino a la cual hay que rehuir y odiar.

Por precepto y por ejemplo, los padres han de enseñar a sus hijos a trabajar por los inconversos. Los niños deben ser educados de tal manera que simpaticen con los ancianos y afligidos y traten de aliviar los sufrimientos de los pobres y angustiados. . . Desde los primeros años debe inculcárseles la abnegación y el sacrificio en favor del bienestar ajeno y del progreso de la causa de Cristo, a fin de que sean colaboradores con Dios. . .

Dios quiere que las familias de la tierra sean un símbolo de la familia celestial. Los hogares cristianos, establecidos y dirigidos de acuerdo con el plan de Dios, se cuentan entre sus agentes más eficaces para formar el carácter cristiano y para adelantar su obra.

E. G. White

martes, 18 de agosto de 2009

Dios no olvida

¡Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí Sal. 13:1.

La pregunta de David es una pregunta que nos hacemos a menudo, en tiempos de dificultad. El salmista se hizo esta pregunta seis veces. Hasta los mártires del evangelio preguntaron: "¿Hasta cuándo, Señor?"*

Sé que hay momentos tan oscuros en la vida que, humanamente, sentimos que Dios se olvidó de nosotros. David pasó por muchos momentos así. Cuando escribió este salmo, estaba huyendo de Saúl. Eran tiempos difíciles. Un día hasta llegó a decir que estaba a "un paso de la muerte".**

¿De quién estás huyendo hoy? ¿Qué problema tratas de olvidar? ¿Qué tipo de presiones enfrentas? Por ventura, ¿ya pensaste que la única salida podría ser abandonar todo y desaparecer? ¿Miras a tu alrededor y no ves luz? ¿Clamas y da la impresión de que Dios no responde?

Todos los días necesitamos aprender a lidiar con los sentimientos. Los sentimientos, a menudo son traicioneros. Cuando estamos bien, nos hacen sentir que estamos mal, y viceversa. Distorsionan la realidad. Ponen una venda en nuestros ojos y nos impiden ver la mano poderosa de Dios.

El otro día mi esposa y yo volamos de Charlotte a San Luis, en los Estados Unidos. El cielo estaba oscuro y llovía bastante. Cuando la aeronave comenzó a ganar altura, vimos algo que nos enseñó una gran lección. El avión se sacudió al atravesar las nubes, pero en pocos minutos volaba en un cielo azul y calmo, donde el sol brillaba en todo su esplendor.

¡Ah! Amigo mío, puede ser que en este momento tu vida parezca estar rodeada de nubes oscuras, pero no olvides que por encima de ellas, brilla el sol. No hay nubes, ni tempestad capaz de apagar el sol.

Por tanto, no te desesperes. Si Dios, en su infinita sabiduría permite que tú vivas el momento que estás viviendo, es porque tiene algo mejor para ti. Espera un poco y el sol brillará de nuevo. Dios no se olvidó de ti. El no cabecea ni duerme, siempre está vigilante. Por tanto, no te preguntes como David: "¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?"

*Apoc. 6:10. ** 1 Sam. 20:3.

Pr. Alejandro Bullón

lunes, 17 de agosto de 2009

EN ARMONÍA CON SU LEY

Dame entendimiento, y guardaré tu ley, y la cumpliré de todo corazón. (Sal. 119: 34).

En el nuevo nacimiento el corazón viene a quedar en armonía con Dios, al estarlo con su ley. Cuando se ha efectuado este gran cambio en el pecador, entonces ha pasado de muerte a vida, del pecado a la santidad, de la transgresión y la rebelión a la obediencia y a la lealtad. . . Falsas teorías sobre la santificación, debidas a que no se hizo caso de la ley divina, o se la rechazó, desempeñan importante papel en los movimientos religiosos de nuestros días. Esas teorías son falsas en cuanto a la doctrina y peligrosas en sus resultados prácticos, y el hecho de que hallen tan general aceptación hace doblemente necesario que todos tengan una clara comprensión de lo que las Sagradas Escrituras enseñan sobre este punto.

La doctrina de la santificación verdadera es bíblica. El apóstol Pablo, en su carta a la iglesia de Tesalónica, declara: "Esta es la voluntad de Dios, es a saber, vuestra santificación". Y ruega así: "El mismo Dios de paz os santifique del todo" (1 Tes. 4: 3; 5: 23, VM). La Biblia enseña claramente lo que es la santificación, y cómo se la puede alcanzar. El Salvador oró por sus discípulos: "Santifícalos con la verdad: tu Palabra es la verdad" (Juan 17: 17, VM). Y San Pablo enseña que los creyentes deben ser santificados por el Espíritu Santo (Rom. 15: 16).

¿Cuales la obra del Espíritu Santo? Jesús dijo a sus discípulos: "Cuando viniere aquél, el Espíritu de verdad, el los guiará al conocimiento de la verdad" (Juan 16: 13, VM). Y el salmista dice: "Tu ley es la verdad ". Por la Palabra y el Espíritu de Dios quedan de manifiesto ante los hombres los grandes principios de justicia encerrados en la ley divina. Y ya que la ley de Dios es santa, justa y buena, un trasunto de la perfección divina, resulta que el carácter formado por la obediencia a esa ley será santo. Cristo es el ejemplo perfecto de semejante carácter. . .

Los discípulos de Cristo han de volverse semejantes a él, es decir, adquirir por la gracia de Dios un carácter conforme a los principios de su santa ley. Esto es lo que la Biblia llama santificación. Esta obra no se puede realizar sino por la fe en Cristo, por el poder del Espíritu de Dios que habite en el corazón.

E. G. White

domingo, 16 de agosto de 2009

MIRA BIEN

Tus ojos miren lo recto, y diríjanse tus párpados hacia lo que tienes delante. Prov. 4:25.

Fue apenas un segundo de distracción y mi auto salió de la carretera. El accidente pudo haber sido fatal si no fuese por la mano misericordiosa de Dios. Después que pasó el susto, le agradecí al Señor y me acordé de una expresión que mi madre repetía cuando era niño: "¡Hijo, mira por dónde vas!"

Mirar el camino, no distraerse, no tratar de hacer dos cosas al mismo tiempo, es básico para llegar con éxito al fin del camino, y esta vida es un camino. Es una larga jornada que comienza el día en que nacemos. Es una carretera llena de obstáculos, peligros, dificultades y desafíos.

El proverbio de hoy enfatiza la acción de mirar. En hebreo, es el verbo nabat, que significa precisamente eso: mirar, considerar, percibir, advertir. Aunque nabat se usa comúnmente dentro de la connotación física, es usado con frecuencia en un sentido figurado para expresar una percepción espiritual. Al fin de cuentas, el propósito de los consejos divinos no es solo que no tropecemos en esta tierra, sino que lleguemos victoriosos al glorioso destino. Hay muchos motivos de distracción a lo largo de esta vida. Voces. Muchas voces. Luces. Filosofías atractivas. Estímulos fascinantes. Por eso Salomón, en el capítulo 4 de los Proverbios, aconseja que haya una concentración completa del ser entero, a fin de no apartarse de la senda correcta. Que "tus ojos miren lo recto", advierte. Pero no solo los ojos, los oídos también y el corazón y los párpados y los pies.*

¿Te llevas mal con alguien? ¿Alguna cosa no está funcionando como debiera en tu vida profesional, familiar o personal? Entonces mira, no con los ojos, sino con el alma. Pregúntate a ti mismo, en la recámara íntima del corazón: "¿Estoy andando en el camino correcto, o en algún momento, en alguna circunstancia, perdí el rumbo?" Perder el rumbo es perder el control y perder el control puede ser fatal, no solo para ti, sino para tanta gente que vive a tu alrededor.

Antes de salir de casa hoy, vuelve los ojos a los consejos divinos. Extiende la mano hacia Dios, déjate guiar. La vida es más segura cuando el que te guía es Alguien que no puede errar. Que tengas un buen día y que tus "ojos miren lo recto, y diríjanse tus párpados hacia lo que tienes delante".

*Cf. Prov. 4:20, 21,25-27.

Pr. Alejandro Bullón

viernes, 14 de agosto de 2009

EL VICIO NO TRIUNFA SOBRE LA VIRTUD

"Y tomó su amo a José, y lo puso en la cárcel, donde estaban los presos del rey, y estuvo allí en la cárcel. Pero Jehová estaba con José y le extendió su misericordia, y le dio gracia en los ojos del jefe de la cárcel" (Gén. 39: 20, 21).

Dondequiera seas asignado debes ser fortalecido por un principio firme. Entra en la vida decidido a que con el favor divino siempre te has de adherir a todo lo que sea honesto, puro, amable y de buen nombre. El temor de Dios, unido al amor a lo noble, puro y elevado, ha de guardarte de cometer una acción deshonesta... Cuánto gozo y satisfacción te brindará durante toda la vida el recuerdo de que aunque expuesto a muchas y fieras tentaciones, tus manos no han sido manchadas por la deshonestidad y tu corazón está libre de apetecer la tentación...

¡Qué lección hay para todo joven en la historia de José! Mantuvo su integridad moral bajo la presión de enormes tentaciones. ¡Cuán despiadado y seductor fue el asedio que padeció su virtud! Viniendo de tal fuente y en tal forma, lo más probable era que corrompiera a una mente juvenil. Los principios religiosos que poseía salvaron a José y lo condujeron, oportunamente y con firmeza, a resistir aquella estratagema satánica. Y la tentadora, derrotada en su objetivo, perversamente intentó arruinar al joven cuyas virtudes no pudo corromper y acusó a José del mismo crimen que no había cometido... Dios hizo que el arresto de este fiel joven llegara a ser un medio para su exaltación. De no haber sido por este malvado acto de la mujer de Potífar, José nunca habría llegado a ser el primer ministro de Egipto.

Aunque el vicio parecía triunfar mientras era la virtud pisoteada en el polvo, José no empeoró su condición manifestando descontento. Su religión era genuina... Dios le estaba enseñando lecciones muy valiosas. Lo estaba preparando así para una posición de confianza, honor y gran utilidad. José aprendió a gobernar aprendiendo antes a obedecer. Se humilló así mismo y el Señor lo exaltó. La religión de la Biblia jamás degrada al receptor; al contrario, eleva y ennoblece a todo aquel que acepta y obedece sus enseñanzas. El temor de Dios es la mejor defensa de la juventud. Con este escudo podrán cruzar los escenarios más corruptos y permanecer impolutos.

Querido hijo [Edson] mío, no intentes ubicarte por encima de una vida cristiana de humildad. Permite que el carácter de José sea tu carácter, y que su fuerza para resistir la tentación, sea la tuya. Tus esfuerzos alcanzarán el éxito si te vales de la fuerza del Señor. Jesús será tu ayudador. Que la bendición de Jesús siempre esté contigo es la oración de tu madre (Manuscrito 20, 1868).

E. G. White

jueves, 13 de agosto de 2009

EL CAMINO DE LA HUMILDAD

Encaminará a los humildes por el juicio, y enseñará a los mansos su carrera. Sal. 25:9.

Encontraste alguna vez a una persona orgullosa y justa? El orgulloso piensa que todo lo sabe. No acepta consejos. Su vida está tan llena de sí mismo que no hay lugar en ella para Dios. ¿Cómo puede Dios guiar a una persona orgullosa? ¿Y cómo puede ser feliz una persona tal, si la felicidad consiste en andar en los caminos de Dios?

El apóstol San Pedro dijo en cierta ocasión: "... Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere el tiempo".*

¿Cómo exalta Dios a una persona humilde? Mostrándole el camino, hablando a su corazón, conduciéndola por las veredas de la nobleza, enseñándole a reconocer sus errores y a pedir perdón, a ser compasivo, a extender la mano, a dar una segunda oportunidad a quien erró.

El resultado de todo eso es que las personas pasan a admirarlo, a amarlo y a seguirlo. Dios cumplió su promesa de exaltarlo.

La persona orgullosa, decía Benjamín Franklin, almuerza vanidad, y cena desprecio. El orgullo la conduce, tarde o temprano, al terreno de la vergüenza y el fracaso. Vida profesional acabada, amistades rotas. Todo eso es el resultado de no haberse dejado guiar por Dios.

Mariano Aguilo, acostumbraba a decir: "Si el hombre orgulloso supiera cuan ridícula es la imagen que proyecta, hasta por orgullo, aprendería a ser humilde". Pero el orgulloso es incapaz de hacer autocrítica.

La humildad es necesaria para ser justos y tú y yo necesitamos ser justos, como esposos, como padres, como empleados o como empleadores, o simplemente como seres humanos. No es posible hacer a nadie feliz sin humildad.

Según el salmo de hoy, solo es posible ser justos si nos dejamos conducir por Dios. Al fin de cuentas, cuando Jesús estaba en este mundo, dijo: "Aprended de mí, porque soy manso y humilde de corazón".**

¿Hay heridas que tú abriste? ¿Corazones tristes que lastimaste? Aprende de Jesús todos los días y recuerda que él "encaminará a los humildes por el juicio, y enseñará a los mansos su carrera".

*1 Ped. 5:5,6.

**Mat. 11:29.

Pr. Alejandro Bullón

miércoles, 12 de agosto de 2009

LA IGLESIA DE DIOS NECESITA LÍDERES CON DIVERSIDAD DE TALENTOS

"Ahora, pues, ante los ojos de todo Israel, congregación de Jehová, y en oídos de nuestro Dios, guardad e inquirid todos los preceptos de Jehová vuestro Dios, para que poseáis la buena tierra, y la dejéis en herencia a vuestros hijos después de vosotros perpetuamente" (1 Crón. 28: 8).

El encargo que David hizo a Salomón, poco antes de la muerte del anciano monarca, era mucho más que un cometido especial y privado, entre un padre y un hijo, tal como se registra en el capítulo veintiocho del primer libro de las Crónicas. La última gran tarea de David en su puesto oficial fue dirigir la atención del pueblo una vez más a su solemne relación con Dios como súbditos de su teocracia...

La fidelidad a Dios es necesaria para recibir las bendiciones que prometió impartir a todos aquellos que obedecen su instrucción. A los que han sido aceptados en su servicio se les requiere obedecer sus mandamientos. Y, si con todo el corazón, la mente y el alma obedecen su voluntad, llegan a ser representantes de su reino.

El encargo solemne de David debe ser tenido en cuenta por los que hoy día están en puestos de responsabilidad; porque seguramente es tan valedero para ellos como lo fuera para Salomón en el tiempo cuando fue dado. En éste nuestro tiempo de gracia, es indudable que el pueblo de Dios está siendo probado como lo fueron [los israelitas] en los días de Salomón.

Todo este capítulo [1 Crón. 28] es importante para todo el pueblo de Dios que vive en estos días... El servicio de Dios no se confía al juicio y a la elección de un hombre, sino que se divide entre los que demuestran estar dispuestos a trabajar con interés y abnegación. De ese modo todos --de acuerdo con la capacidad y habilidad que Dios les ha dado-- llevan las responsabilidades que él les ha asignado. Los intereses importantes de una gran nación se confiaron a hombres cuyos talentos los capacitaban para desempeñar esas responsabilidades. Se eligió a algunos para dirigir los asuntos comerciales; a otros, para que cuidaran de los asuntos espirituales que atañían al culto de Dios. Todo el servicio religioso y cada uno de sus aspectos debía llevar la rúbrica del cielo. "Santidad a Jehová" debía ser el lema de los que trabajaran en cada ramo. Se consideraba como esencial que todo se realizara con regularidad, corrección, fidelidad y prontitud.

El Señor da sabiduría a todos los que se dedican a su servicio. El tabernáculo que debía llevarse por el desierto, y el templo de Jerusalén, se construyeron de acuerdo con instrucciones especiales de Dios. Desde el mismo comienzo él fue minucioso en cuanto al diseño y la ejecución de su obra. En esta época del mundo Dios ha dado a su pueblo mucho conocimiento e instrucción acerca de la forma en que debe realizarse su obra: sobre una base elevada, refinada y ennoblecedora (Manuscrito 81, 1900).

E. G. White

martes, 11 de agosto de 2009

LOS DESIGNIOS DEL SEÑOR

Muchos pensamientos hay en el corazón del hombre; mas el consejo de Jehová permanecerá. Prov. 19:21.

Saulo de Tarso, educado a los pies de los más extraordinarios maestros de su tiempo, cabalgaba aquella noche, camino a Damasco, persiguiendo personas cuyo único delito era creer en Jesús. Joven todavía, se había integrado a las fuerzas armadas de su país y pensaba que si consiguiera exterminar a los "rebeldes", añadiría esa victoria a su hoja de servicios. Lo que ignoraba era que "muchos planes hay en el corazón del hombre", pero el designio del Señor es soberano.

La oscuridad de aquella noche fue rasgada por un brillo extraño. Nadie sabía definir de dónde provenía aquella luz. El terror se apoderó del batallón, soldados cayeron por todos lados, entre ellos el capitán Saulo, de cara al piso, comió polvo, y en medio del susto oyó una voz dulce que le decía:

-Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?

-¿Quién eres tú, Señor? —preguntó el atónito perseguidor. Y la voz respondió:

-Yo soy Jesús, a quien tú persigues.

Aquella noche murió Saulo. Sus planes humanos, sus proyectos, sus aspiraciones en la carrera militar, todo fue enterrado en las arenas del desierto. Aquella noche nació Pablo, el siervo humilde, el misionero incansable, el pionero, el mártir, el hombre que, dejando la gloria de este mundo, escogió formar parte de la historia del cristianismo.

El versículo de hoy describe este hecho, que se repite cotidianamente en la vida del ser humano. El hombre hace planes. Desde el punto de vista de esos proyectos, se dan todas las condiciones para que se hagan realidad. Sueña, imagina el futuro, comienza incluso a vivir anticipadamente las glorias de un futuro que no llegó y, de repente, todo da un giro inesperado. Y las cosas no acontecen como pensaba.

Salomón no está diciendo que la criatura no debe hacer planes o vivir sin ellos. Muchas veces enfatiza la necesidad de planificar. Hacer planes es saber hacia dónde ir. Sin eso nadie llega a lugar alguno. Lo que el versículo de hoy enfatiza es la fragilidad de los planes humanos. Todo necesita ser depositado en las manos de Dios, porque él —inspirando o permitiendo— está en el control del universo y de la vida de cada nombre y mujer.

Haz planes de acuerdo a la voluntad divina. Consulta con Dios, porque "muchos pensamientos hay en el corazón del hombre; mas el consejo de Jehová permanecerá ".

Pr. Alejandro Bullón

lunes, 10 de agosto de 2009

FE INCONMOVIBLE

Pero pida en fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. (Sant. 1: 6).

La oración y la fe están íntimamente ligadas y necesitan ser estudiadas juntas. En la oración de fe hay una ciencia divina; es una ciencia que debe comprender todo el que quiera tener éxito en la obra de su vida. Cristo dice: "Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá" (Mar. 11: 24). Él explica claramente que nuestra petición debe estar de acuerdo con la voluntad de Dios; debemos pedir cosas que él haya prometido y todo lo que recibamos debe ser usado para hacer su voluntad. Cuando se satisfacen las condiciones, la promesa es inequívoca.

Podemos pedir perdón por el pecado, el don del Espíritu Santo, un temperamento como el de Cristo, sabiduría y fuerza para hacer su obra, cualquier don que él haya prometido; luego tenemos que creer para recibir y dar gracias a Dios por lo que hemos recibido.

No necesitamos buscar una evidencia exterior de la bendición. El don está en la promesa y podemos emprender nuestro trabajo seguros de que Dios es capaz de cumplir lo que ha prometido y que el don, que ya poseemos, se hará efectivo cuando más lo necesitemos.

Vivir así por la palabra de Dios significa entregarle toda la vida. Se experimentará una sensación constante de Dios sobre el corazón. La oración es una necesidad porque es la vida del alma. La oración en familia, la oración en público, tienen su lugar, pero es la comunión secreta con Dios la que sostiene la vida del alma. . .

Muchos, aun en sus momentos de devoción, no reciben la bendición de la verdadera comunión con Dios. Están demasiado apremiados. . . No tienen tiempo para permanecer con el divino Maestro. . .Nuestra necesidad no consiste en detenernos un momento en su presencia, sino en tener relación personal con Cristo, sentarnos en su compañía.

E. G. White

domingo, 9 de agosto de 2009

VIDA RESTAURADA

La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. Sal. 19:7.

Conocí a Jean en el peor momento de su vida. Fue una noche en que se desmayó mientras yo presentaba la Palabra de Dios. Al final de la reunión lo llevaron a mi camarín. Estaba con la vida completamente destruida. Desempleado, con el hogar deshecho, y esclavo del alcoholismo. Creía que no valía la pena continuar viviendo. Aquella noche había ido al gimnasio deportivo porque un amigo a quien le debía favores, insistió mucho. El mensaje impactó su corazón al punto de perder el conocimiento.

Tres años después volví a verlo en circunstancias completamente diferentes. Era gerente de una empresa de porte medio, su hogar estaba reconstruido, había vencido el alcoholismo y reflejaba felicidad en su mirada.

Eso es lo que el salmo de hoy enseña: "La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma", es decir, restaura. Restaurar significa hacer de nuevo, reconstruir, recrear. Por eso, la versión castellana de la Biblia usa el verbo "convertir".

En el original hebreo la palabra ley es Torah, que incluye no solo el decálogo, sino todas las enseñanzas bíblicas. Literalmente Torah quiere decir instrucción, dirección, enseñanza.

Necesitamos ser enseñados, instruidos y dirigidos por la Palabra de Dios para no vivir destruyéndonos, procurando la felicidad; y si alguien ya está destruido, precisa urgentemente buscar las enseñanzas y el poder restaurador de la Palabra de Dios.

Un día Jesús se encontró con un paralítico. Aquel hombre vivía arrastrando su humanidad por los caminos de la vida. No tenía sueños, ni proyectos, ni expectativas futuras. Solo aquel presente doloroso, oscuro y sin esperanza. Pero Jesús apareció y le dijo: "toma tu lecho y anda". Ahí estaba la Palabra de Dios. La orden era "levántate". El paralítico solo tenía dos opciones, creer o rechazar. Él creyó, se levantó y anduvo.

Este es el poder restaurador de la Palabra divina. Restaura el alma. Cura por dentro, devuelve la esperanza y la voluntad, y da sabiduría para evitar los errores del pasado.

Por eso, hoy, antes de enfrentar los peligros que se esconden en el camino, recuerda: "La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo".

Pr. Alejandro Bullón

viernes, 7 de agosto de 2009

NADA QUE TEMER

Confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándolos a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios. Hech. 14: 22.

Dios quiere que confiemos en él y gocemos de su bondad. Cada día él despliega sus planes ante nosotros, y debemos tener los ojos y la percepción necesarios para captar éstas cosas. Por grande y gloriosa que sea la plena y perfecta victoria sobre el mal que hemos de experimentar en el cielo, no todo ha de quedar para el momento de la liberación final. Dios quiere que algo ocurra también en nuestra vida presente. Necesitamos cultivar diariamente la fe en un Salvador actual. Al confiar en un poder exterior y que está por encima de nosotros mismos, al ejercer fe en un apoyo y un poder invisibles, que aguarda las demandas del necesitado y dependiente, podemos confiar tanto en medio de las nubes como a plena luz del sol, mientras cantamos por la liberación y el gozo de su amor que podemos experimentar ahora mismo. La vida que ahora vivimos debe ser vivida por fe en el Hijo de Dios.

La vida del cristiano es una extraña mezcla de dolores y placeres, frustraciones y esperanzas, temores y confianza. Se siente sumamente insatisfecho consigo mismo, puesto que su propio corazón se agita tremendamente, impulsado por pasiones avasalladoras, que ceden ante el remordimiento, el pesar y el arrepentimiento, que a su vez dan lugar a un sentimiento de paz e íntimo regocijo, porque sabe, cuando su fe se aferra de las promesas reveladas en la Palabra de Dios, que cuenta con el amor perdonador y la paciencia infinita del Salvador, a quien trata de introducir en su vida y de incorporar a su carácter.

Son estas revelaciones, estos descubrimientos de la bondad de Dios, los que le dan humildad al alma y la inducen a clamar con gratitud: "Y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí" (Gál. 2:20). Tenemos razón para sentirnos reconfortados. Tremendas pruebas procedentes del exterior pueden asediar al alma donde mora Jesús. Volvamos a él para recibir el consuelo que él ha provisto para nosotros en su Palabra. Las fuentes terrenales de esperanza y consuelo nos podrán fallar, pero las fuentes superiores, alimentadas por el río de Dios, están llenas y nunca se agotan. Dios quiere que usted aparte sus ojos de la causa de su aflicción, y que los fije en el dueño de su alma, de su cuerpo y de su espíritu. El es el amante del alma. Sabe cuánto vale. Es la vida verdadera y nosotros somos los pámpanos. . . (Carta 10, del 23 de febrero de 1887, al Dr. J. H. Kellogg).

E. G. White

jueves, 6 de agosto de 2009

ROCÍO SOBRE LA HIERBA

Como rugido de cachorro de león es la ira del rey, y su favor como el rocío sobre la hierba. Prov. 19:12.

Salomón usa en el texto de hoy una figura elocuente para describir el carácter de Dios. La justicia y la misericordia se amalgaman en él de un modo imposible de definir. Es justo. No acepta el pecado bajo hipótesis alguna. No condesciende. Su carácter es puro, y sus principios inalterables.

Pero, al mismo tiempo, es misericordioso. Ama al pecador. Entregó la vida de su propio Hijo para rescatar a la humanidad caída. Pagó el precio del pecado. Ofreció lo máximo que podía entregar. Fue al sacrificio supremo: escribió su amor con sangre, en la cruz del Calvario.

Salomón lo presenta como el león que ruge y al mismo tiempo como el rocío que refresca la hierba. León o rocío, ¿qué es Dios para ti?

Al ser humano le gusta pensar que Dios es solamente amor. Se deleita únicamente en la gracia, escribe poesías y cánticos solo en torno de la misericordia. Confunde las cosas. Cree que misericordia es permisividad. Que gracia es vivir sin reglas. Que amor es anarquía.

El hombre desfigura el carácter de Dios. Crea un dios pequeño, débil, transigente, hormiga con cara de león, un juez de fútbol sin silbato. Un dios que no comanda ni muestra el camino. Un dios "energía" que acepta las tonterías humanas porque son "sinceras".

El texto de hoy nos muestra un Dios diferente, preocupado por sus criaturas. Preocupado, no solo en atender los caprichos del "niño llorón", sino interesado en hacerte crecer, y enseñarte a vivir y a vencer. Por eso ama y corrige. Enseña y ayuda, comanda y levanta, reprende y anima, ruge como león y refresca como el rocío.

¿Estás herido por algún desliz de la vida? ¿Estás magullado y triste? ¿La caída fue tan brutal que no tienes fuerzas para continuar? Siente el rocío de Jesús refrescando tu vida, curando tus heridas y calmando tu corazón.

Hoy es un nuevo día. Ayer ya se fue. Gracias a Dios que siempre es así. Cada día es un nuevo día y una nueva oportunidad. No temas. Pero recuerda que: "Como rugido de cachorro de león es la ira del rey, y su favor como el rocío sobre la hierba".

Pr. Alejandro Bullón

miércoles, 5 de agosto de 2009

LA POSICIÓN NO EXCLUYE LA NECESIDAD DE ORAR

"Te ruego, oh Jehová, esté ahora atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos, quienes desean reverenciar tu nombre; concede ahora buen éxito a tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón" (Neh. 1:11).

Nehemías, uno de los desterrados hebreos, ocupaba un cargo de influencia y honor en la corte de Persia. Como copera del rey, tenía libre acceso a la presencia real y en virtud de esta intimidad y gracias a sus dotes personales y su fidelidad, llegó a ser el consejero del monarca. Era un hombre de principios, de integridad inquebrantable y de gran sagacidad.

En esa tierra pagana, rodeado por la pompa y el esplendor de la corte, Nehemías no olvidó al Dios de sus padres ni a su pueblo a quien fueran confiados los sagrados oráculos. La dignidad de su posición no menoscabó ni su piedad ni el amor por sus hermanos... No se avergonzó de su relación con ellos ni de la verdad. Sentía que debía honrar la verdad en todo lugar. No se disculpaba por sostener una fe diferente de la que profesaban los miembros de la corte persa...

Mediante mensajeros de Judea, el patriota hebreo supo que habían llegado días de prueba para la ciudad escogida. Se había reedificado el segundo templo y porciones de la ciudad; pero la obra de restauración se veía estorbada, los servicios del templo eran perturbados, y el pueblo mantenido en constante alarma por el hecho de que las murallas de la ciudad permanecían mayormente en ruinas y sus pórticos incendiados. La capital de Judá se transformaba rápidamente en un lugar desolado y los pocos habitantes que permanecían allí estaban profundamente amargados por las burlas de los agresores idólatras que les decían: "¿Donde está vuestro Dios?"

El corazón del patriota hebreo estaba abrumado por las malas noticias. Tan grande era su pesar que no comió ni bebió. [Él mismo dice]: "Lloré, y enlutéme por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos". Pero cuando ese primer estallido de congoja concluyó, se volvió en su aflicción hacia el gran Ayudador. El registro dice: "Oré delante del Dios de los cielos". Vació su corazón delante del Señor. Sabía que la aflicción que había venido sobre Israel era el resultado de su transgresión y con profunda humillación se presentó delante de Dios para pedir perdón y suplicar la renovación del favor divino. Fielmente confesó sus pecados y los de su pueblo.

Aferrándose a la fe y a las promesas divinas, Nehemías puso en el escabel de la misericordia celestial su petición delante del Señor para que sostuviera la causa de su pueblo penitente, restaurara sus fuerzas y reconstruyera sus lugares asolados (Manuscrito 58, 1903).

E. G. White

martes, 4 de agosto de 2009

PIENSA EN ÉL

Mis ojos están siempre hacia Jehová, porque él sacará mis pies de la red. Sal. 25:15.

Poesía es poesía y vida es vida. Felices aquellos que consiguen juntar ambas y hacer de la vida una poesía. David era un poeta. Sus salmos son obras maestras de la literatura hebrea. Es una pena que las traducciones tuvieron que sacrificar la forma, en favor de la exactitud del contenido.

En el salmo de hoy, el salmista usa una figura poética para expresar la importancia de la comunión diaria con Dios. "Mis ojos están siempre hacia Jehová", dice el salmo. Pero, ¿qué significa esto en términos prácticos? ¿Debemos estar todo el día en estado de contemplación? ¿Debemos salir de la realidad de la vida, para entrar en la dimensión romántica del misticismo?

Elevar los ojos al Señor significa separar todos los días un tiempo para orar, estudiar la Biblia y contarle a otros lo que él hizo en nuestra vida. Esto requiere esfuerzo, porque al ser humano natural no le gusta buscar a Dios. Huye de él. Es independiente. Trata de vivir solo, encontrar su camino solo, y en esta tentativa, acaba hiriéndose y lastimando a los que viven cerca de él.

Por tanto, separar todos los días tiempo para la oración, la testificación y el estudio de la Biblia, requiere una actitud premeditada, direccionada y trabajada.

Es más fácil hacer la señal de la cruz y salir corriendo. Mucho más fácil es repetir una oración de 30 segundos mientras te diriges al auto para ir al trabajo, y mucho más fácil todavía es vivir como si Dios no existiera.

Esta vida está llena de trampas. ¿Cómo llegar salvo al destino sin la orientación divina? En esas horas de meditación diaria, recibimos el consejo divino que nos abre los ojos para ver el peligro y "saca nuestros pies de la red".

Separa todos los días un tiempo para Dios. Tenlo presente a la mañana, a la tarde y a la noche. Despierta y acuéstate con los pensamientos direccionados hacia él. Inclúyelo en todos tus planes, proyectos y sueños. Déjalo participar de tus actividades diarias. Haz de él tu socio. En todo tiempo. Siempre. Cada minuto del día, y tú comenzarás a vivir una nueva dimensión de la vida.

Antes de salir hoy para el trabajo o para la escuela, repite con David: "Mis ojos están siempre hacia Jehová, porque él sacará mis pies de la red".

Pr. Alejandro Bullón

lunes, 3 de agosto de 2009

"¡PREPARAOS, PREPARAOS, PREPARAOS!"

Prepárate para venir al encuentro de tu Dios, oh Israel. (Amós 4: 12).

Suponed que Cristo apareciera hoy en las nubes de los cielos, ¿quién. . . estaría listo para salir a su encuentro? Suponed que fuéramos trasladados al reino de los cielos tales como somos, ¿estaríamos preparados para unirnos con los santos de Dios, para vivir en armonía con la familia real, con los hijos del Rey celestial? ¿Qué preparación habéis hecho para el juicio? ¿Habéis hecho las paces con Dios? ¿Estáis colaborando con Dios? ¿Estáis tratando de ayudar a los que os rodean en vuestra casa, en vuestro vecindario, a aquellos con quienes os relacionáis y que no están guardando los mandamientos de Dios?. . . ¿Nos estamos preparando para salir al encuentro del Rey?. . .

Si fuera posible que se nos admitiera en el cielo tales como somos ¿cuántos de nosotros podríamos mirar a Dios? ¿Cuántos de nosotros tenemos el vestido de boda? ¿Cuántos de nosotros estamos sin mancha, ni arruga ni cosa semejante? ¿Cuántos de nosotros somos dignos de recibir la corona de vida?. . . El puesto no hace al hombre. Sólo serán dignos de recibir la corona de vida, inmarcesible, aquellos en cuyo interior se haya formado Cristo.

Se me mostró al residuo en la tierra. El ángel les dijo: "¿Queréis huir de las siete postreras plagas?. . . En tal caso, debéis morir para poder vivir. ¡Preparaos, preparaos, preparaos! Debéis realizar mayores preparativos que los que habéis realizado. . . Sacrificadlo todo para Dios. Ponedlo todo sobre su altar: el yo, vuestras propiedades, todo, como sacrificio vivo. El entrar en la gloria lo exigirá todo.

Cristo viene con poder y grande gloria. Viene con su propia gloria y con la gloria del Padre. . . Mientras los impíos huyan de su presencia, los seguidores de Cristo se regocijarán . . . Cristo ha sido un compañero diario y un amigo familiar para sus fieles seguidores. Estos han vivido en contacto íntimo, en constante comunión con Dios. Sobre ellos ha nacido la gloria del Señor. . . Ahora se regocijan en los rayos no empañados de la refulgencia y gloria del Rey en su majestad. Están preparados para la comunión del cielo; pues tienen el cielo en sus corazones.

Si sois correctos con Dios hoy día, estaréis preparados en caso de que Cristo venga hoy.

E. G. White

domingo, 2 de agosto de 2009

¡AMA LA DISCIPLINA!

El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; más el que lo ama, desde temprano lo corrige. Prov. 13:24.

No existe paternidad feliz y responsable sin disciplina. No hay hijos maduros y equilibrados sin corrección. No hacer nada ante el desliz del hijo es "aborrecerlo", en el original, la idea es "odiarlo". Asumir la misión divina de corregir al hijo es amarlo. El amor y el odio son palabras sumamente fuertes, pero están presentes en el tipo de educación que damos a los hijos.

Dios quiere que tú seas feliz en todas las áreas de la vida, y él sabe que si las cosas no andan bien en el hogar, no es posible tener éxito en la vida profesional, financiera o social. ¿Cómo puedes hacer un buen negocio, si sabes que tu hijo está metido en el mundo de las drogas? ¿Cómo puedes relacionarte bien con las personas, si tu corazón está en pedazos porque tu hijo se destruye lentamente en las sombras de los vicios y de la promiscuidad? ¿De qué valen todas las victorias que tú puedes conquistar en la vida si tu hijo es un derrotado?

Los padres que quieren ver a sus hijos felices, necesitan echar mano de la disciplina, y precisan hacerlo temprano. Definir valores, establecer límites, desarrollar virtudes y pulir defectos son parte de la verdadera disciplina, pero todo eso requiere esfuerzo. El camino más fácil es permitir que los hijos establezcan sus propias reglas y pensar que satisfaciendo sus necesidades materiales y de escolaridad, la paternidad está cumplida.

¿Cuánto tiempo inviertes tú en tus hijos? ¿Conoces quiénes son sus amigos? ¿Sabes a qué hora llegan a casa? ¿Sabes dónde estuvieron? Toda construcción demanda vigilancia, trabajo y perseverancia. No existe mayor edificación que la vida de tus hijos.

Cuando llegue el fin de este mundo, que avanza vertiginosamente al último capítulo de su historia, y Jesús regrese a esta tierra, no te preguntará sobre tus negocios, tu vida financiera, tus empresas o tu misión social en favor de la humanidad. La gran pregunta será: "¿Dónde están los hijos que te di, los hijos que confié a tu cuidado?"

Pídele a Dios sabiduría para ejercer tu papel de padre amoroso, firme, paciente, perdonador, formador, porque "El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige".

Pr. Alejandro Bullón