jueves, 30 de marzo de 2017

CUIDAOS DE QUIENES CONTRADICEN LOS MANDAMIENTOS DE DIOS

"He aquí que un varón de Dios por palabra de Jehová vino de Judá a Bet-el; y estando Jeroboam junto al altar para quemar incienso... el altar se rompió, y se derramó la ceniza del altar, conforme a la señal que el varón de Dios había dado por palabra de Jehová" (1 Rey. 13:1, 5).

Cuando Jeroboam [quien reinó sobre las diez tribus de Israel después de Salomón] vio el altar roto y las cenizas dispersas en tierra, montó en cólera y exclamó: "¡Prendedle! Mas la mano que había extendido contra él, se le secó y no la pudo enderezar". Alarmado le dijo al profeta: Te pido que ruegues ante la presencia de Jehová tu Dios, y ores por mí, para que mi mano sea restaurada. Y el varón de Dios oró a Jehová, y la mano del rey se le restauró, y quedó como era antes".

"Y el rey dijo al varón de Dios: Ven conmigo a casa, y comerás, y yo te daré un presente. Pero el varón de Dios dijo al rey: Aunque me dieras la mitad de tu casa, no iría contigo, ni comería pan ni bebería agua en este lugar. Porque así me está ordenado por Palabra de Jehová, diciendo: No comas pan, ni bebas agua, ni regreses por el camino que fueres".

El profeta se negó a recibir un presente de Jeroboam, pero cayó ante la tentación de un anciano profeta que vivía en Betel... Y éste, yendo a él, le dijo: "Ven conmigo a casa, y come pan". Pero el varón de Dios le respondió del mismo modo que a Jeroboam... Entonces, el anciano profeta mintiéndole, le dijo: "Yo también soy profeta como tú, y un ángel me ha hablado por palabra de Jehová, diciendo: Tráele contigo a tu casa, para que coma pan y beba agua". Le dijo que el Señor le había hablado, cuando en realidad no lo había hecho. Sin duda, esto se repetirá una y otra vez.

El varón de Dios había sido intrépido al dar su mensaje de reproche. No había vacilado en condenar el falso sistema de culto del rey. Y había rechazado la invitación de Jeroboam, aunque se le prometió una recompensa; pero se tomó la libertad de dejarse persuadir por uno que pretendió tener un mensaje del cielo.

Cuando el Señor da a un hombre una orden como la que dio a este mensajero, sólo él puede revocar la orden. El mal anunciado caerá sobre los que se apartan de la voz de Dios para escuchar contraórdenes. Como este mensajero obedeció órdenes falsas, Dios permitió que fuera destruido...

La destrucción del altar, el brazo desecado y las terribles consecuencias de la desobediencia del profeta eran evidencias que debieron haber conducido al rey a volverse de sus malos caminos a fin de servir al Señor. Pero, leemos, "Con todo esto, no se apartó Jeroboam de su mal camino" (Manuscrito 1, 1912).

E. G. White

lunes, 27 de marzo de 2017

UNA MUJER HERMOSA

Entended, oh simples, discreción; y vosotros, necios, entrad en cordura. Prov. 8:5.

El capítulo 8 de Proverbios, es un himno a la sabiduría. Salomón Compara la sabiduría con una dama famosa, que está "en las alturas junto al camino", invitando a las personas a seguirla. En este contexto aparece otra recomendación del sabio: "Entended, oh simples, discreción; y vosotros, necios, entrad en cordura".

Cordura es sinónimo de sabiduría. Hay cosas que la gente no acepta, simplemente porque no las entiende. Si tú colocas un billete de 100 dólares en las manos de un niño de un año, seguramente lo romperá, y si lo reprendes por haberlo roto, quedará confundido, por un simple motivo: el niño no entiende el valor del dinero. Por eso, el consejo del sabio es: "Entended, oh simples, discreción". La discreción es prudencia. Tú no puedes darle valor a algo que no entiendes.

La gente vive hoy corriendo de un lado al otro, sin detenerse a pensar cuál es el motivo de tanta agitación. Entramos en el tobogán de las circunstancias y nos dejamos llevar. Hay una montaña de deberes no cumplidos, de responsabilidades de las que no podemos escapar, compromisos, y agendas apretadas. No queda tiempo para pensar en las cosas simples, que son la esencia de la vida. ¿Para qué la sabiduría? ¿Qué valor tiene? Poco importa.

Cuando era joven, alguien me dijo: "Usted necesita aprender a vivir con sabiduría". Al escribir este devocional, confirmo que la mayor necesidad del ser humano, es la sabiduría y la prudencia. Con sabiduría tú produces mucho más de lo que estás produciendo, y lo haces en menos tiempo y con menor esfuerzo. Evita dolores de cabeza y sufrimientos, y capitaliza las adversidades.

El proverbio de hoy dice que la persona que se atreve a vivir sin sabiduría, es una persona necia. Una vida necia es una vida insatisfecha y llena de estrés. La vida es como un partido de fútbol. Algunos corren de un lado al otro, pero nunca hacen el gol. No piensan, no reflexionan, no tienen un plan de acción, ni inspiración. Solo corren.

Toma tiempo hoy para pedir sabiduría a Dios. Al hacerla, tú te encontrarás con la persona de Jesús, porque él es la sabiduría en persona. Sal hoy con Jesús. Camina con él. Depende de él. Permítele participar de tus negocios, emprendimientos y decisiones. Escucha el consejo de Salomón: "Entended, oh simples, discreción; y vosotros, necios, entrad en cordura".

Pr. Alejandro Bullón

viernes, 24 de marzo de 2017

NO DESISTAS

La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo. Sal 118:22.

¿Fuiste rechazado alguna vez? Duele, ¿verdad? El ser humano no fue creado para ser una isla. Todos tenemos la necesidad básica de ser aceptados. Es parte de nuestra naturaleza. Nadie es feliz cuando es excluido.

Pero vivimos en un mundo que selecciona todo. Tú buscas un empleo y tienes que competir con otros, y la mayoría de los postulantes es rechazado. No todos aprueban en un examen. No todos consiguen la visa de entrada a un país. Centenares de señoritas participan del concurso, pero solo una es escogida como la vencedora. De una u otra manera, todos sentiremos alguna vez el dolor del rechazo.

En el versículo de hoy se hace referencia a la manera cruel como fue rechazado el mismo Señor Jesús. El apóstol Juan dice que "a lo suyo vino, y los suyos no le recibieron".* Y eso que él vino para salvar a la humanidad. Es como si tú llegaras al hogar de una familia endeudada llevándole el dinero que necesita para pagar su deuda, y los miembros de aquella familia, en vez de recibirte con los brazos abiertos, te apedrearan.

Sin embargo, el pensamiento central del texto de hoy no es el rechazo de Jesús, sino el resultado de dicho rechazo. El Salvador del mundo tenía un propósito en la mente y en el corazón. Había venido para salvar a la humanidad y nada, ni nadie, conseguiría hacerlo desistir de su propósito.

Cuando tú y yo enfrentamos el rechazo, nos sentimos tentados a caer en el desánimo. Jesús fue hasta las últimas consecuencias. Murió clavado en la cruz como un criminal. Pero su muerte no fue el punto final de su historia. Resucitó victorioso y llegó a ser "la piedra angular" del cristianismo. Alcanzó el objetivo, a pesar del rechazo.

¿Por qué desanimarte, con ganas de desistir o huir, solo porque alguien te dijo "no"? ¿Cuál es el propósito de tu existencia? ¿Tienes bien claro en tu mente, por qué y para qué viniste al mundo?

Haz de este día un día de victoria. Levanta la cabeza y clama al Señor, y renace de las cenizas. Tú verás que las personas que te rechazaron se lamentarán y te volverán a llamar, porque "la piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo".

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* Juan 1:11.

Pr. Alejandro Bullón

martes, 21 de marzo de 2017

UNA SOCIEDAD BENDECIDA

Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero. . . Y vio su amo que Jehová estaba con el, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano. (Gén. 39: 2, 3).

Al llegar a Egipto, José fue vendido a Potifar, jefe de la guardia real, a cuyo servicio permaneció durante diez años. Allí estuvo expuesto a tentaciones extraordinarias. Estaba en medio de la idolatría. La adoración de dioses falsos estaba rodeada de toda la pompa de la realeza, sostenida por la riqueza y la cultura de la nación más altamente civilizada de aquel entonces. No obstante, José conservó su sencillez y fidelidad a Dios. Las escenas y la seducción del vicio le circundaban por todas partes, pero él permaneció como quien no veía ni oía. No permitió que sus pensamientos se detuvieran en asuntos prohibidos. El deseo de ganarse el favor de los egipcios no pudo inducirle a ocultar sus principios. Si hubiera tratado de hacer esto, habría sido vencido por la tentación; pero no se avergonzó de la religión de sus padres, y no hizo ningún esfuerzo por esconder el hecho de que adoraba a Jehová. . . La confianza de Potifar en José aumentaba diariamente, y por fin le ascendió a mayordomo, con dominio completo sobre todas sus posesiones. . .

La notable prosperidad que acompañaba a todo lo que se encargara a José no era resultado de un milagro directo, sino que su industria, su interés y su energía fueron coronados con la bendición divina. José atribuyó su éxito al favor de Dios, y hasta su amo idólatra aceptó eso como el secreto de su sin igual prosperidad. Sin embargo, sin sus esfuerzos constantes y bien dirigidos, nunca habría podido alcanzar tal éxito. Dios fue glorificado por la fidelidad de su siervo. Era el propósito divino que por la pureza y la rectitud, el creyente en Dios apareciera en marcado contraste con los idólatras, para que así la luz de la gracia celestial brillase en medio de las tinieblas del paganismo.

La dulzura y la fidelidad de José cautivaron el corazón del jefe de la guardia real, que llegó a considerarlo más como un hijo que como un esclavo. El joven entró en contacto con hombres de alta posición y de sabiduría, y adquirió conocimientos de las ciencias, los idiomas y los negocios; educación necesaria para quien sería más tarde primer ministro de Egipto (Patriarcas y Profetas, págs. 215-216).

E. G. White

sábado, 18 de marzo de 2017

AFANADO POR ESTAR EN TERRENO VENTAJOSO

"Acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo" (1 Tes. 1:3).

A partir de la instrucción que se nos ha dado en el Antiguo y Nuevo Testamentos, el Señor espera que hayamos aprendido que ni nosotros ni las personas con las que estamos relacionados, hemos de establecer una relación estrecha con quienes sean depravados e inmorales, corrompidos en pensamientos, palabras y acciones. Si obreros carentes de experiencia llegan a establecer una estrecha relación con esta clase de personas, corren el riesgo, por la contemplación, de ser transformados a la imagen de aquéllos, y así rebajan la norma de santidad y de verdad. El gran peligro es que la corrupción ya no sea vista en toda su vileza por aquellos que tienen un mensaje de reforma y que la verdad se confunda con lo común y lo banal...

La diferencia entre una persona buena y una mala no siempre la causa una disposición natural bondadosa. La bondad es el resultado del poder divino transformando a la naturaleza humana. Al creer en Cristo la especie caída y redimida puede llegar a obtener la fe que obra por el amor y purifica al alma de toda contaminación. Entonces se manifiestan los atributos de la semejanza de Cristo, pues por la contemplación de Cristo las personas llegan a ser transformadas a su misma imagen, de gloria en gloria, de carácter en carácter..

No es necesario que los hombres y las mujeres se degraden con las impías asociaciones de la comunidad que los rodea. Aquellas personas que se sientan presionadas por circunstancias que están más allá de su control, para que estén donde se manifiesta, profunda y marcadamente, la maldad deben recordar que Dios y sus ángeles están con ellos. La única seguridad que ellos tendrán estará en fijar sus ojos en Jesús, el Autor y Consumador de la fe. Es posible que sus padres, sus madres, sus hermanos y hermanas estén del lado del enemigo, pero ellos tendrán la certeza de que serán guardados por el Señor. Es posible que el hecho de permanecer en la verdad les cueste la vida, pero ellos alcanzarán la salvación mientras que los impíos serán destruidos...

[Enoc] no puso su morada entre los impíos. No se estableció en [alguna] Sodoma pensando salvarla. Se ubicó junto con su familia donde la atmósfera fuera lo más pura posible. De ese lugar, a veces iba a los habitantes del mundo con su mensaje recibido de Dios. Le era penosa cada visita que hacía al mundo. Veía y entendía algo de la lepra del pecado. Después de proclamar su mensaje, siempre llevaba de vuelta consigo hasta su lugar de retiro a los que habían recibido la amonestación. Algunos de ellos llegaron a ser vencedores y murieron antes que viniera el diluvio. Pero otros habían vivido por tanto tiempo rodeados por la corruptora influencia del pecado, que no podían soportar la rectitud. Estos no retuvieron la pureza de la fe, sino que regresaron a sus antiguas prácticas y costumbres (Manuscrito 42, 1900).

E. G. White

miércoles, 15 de marzo de 2017

RESTÁURANOS

Oh Dios de los ejércitos, restáuranos; haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos. Sal. 80:7.

El otro día hablé con el hijo de un empresario de éxito. Hijo único, tenía todo para continuar haciendo crecer la empresa del padre. Pero, lamentablemente, se juntó con las personas equivocadas y terminó prisionero de las drogas.

El hombre tenía cuarenta años. Ya no era joven, y mirando hacia atrás, decía: "Fueron más de veinte años de mi vida tirados a la basura".

Pero un día se encontró con Jesús. Era el último recurso y se aferró a él con las fuerzas que todavía le quedaban. Hoy, cuesta creer en la transformación operada en la vida de este joven. Volvió a los estudios y comenzó a trabajar en la empresa del padre.

A eso, exactamente, se refiere la súplica del salmista hoy: "Restáuranos". Restaurar es arreglar lo que está destruido. Muchas veces, restaurar es "hacer de nuevo". Tú tomas un jarrón hecho añicos y lo reconstruyes pedazo a pedazo, de modo que nadie nota que un día estaba roto. Pero el salmista va más allá. Él dice: "Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos".

El hombre de nuestra historia, me contaba que mientras estaba prisionero en las garras del vicio, tenía vergüenza de mirar la cara de sus padres. El padre le decía: "¿Por qué, hijo, si nunca te dejé de amar, a pesar de todo lo que hacías?" Y el hijo responde: "Me sentía sucio, indigno y por eso desaparecía durante meses".

Así es el sentimiento de culpa. Dios nunca abandona al hijo rebelde. Nunca "esconde su rostro", pero el pecado crea en el ser humano tal sentimiento de culpa que él cree que Dios está enojado.

Si por algún motivo, tú fuiste herido por algún dardo envenenado del pecado, no tengas miedo ni vergüenza de ir al Padre celestial. Él está con los brazos abiertos dispuesto a recibirte.

El salmista apela hoy al Señor de los ejércitos. En hebreo, el nombre de Dios en este versículo es Jehová. Este nombre denota todo el poder controlador de los cielos y de la tierra. Todo ese poder está disponible para ser usado en tu favor, para restaurar lo que parece humanamente imposible de ser restaurado.

Clama hoy en tu corazón: "Oh Dios de los ejércitos, restáuranos; haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos".

Pr. Alejandro Bullón

domingo, 12 de marzo de 2017

NUESTRO SALVADOR FUE TENTADO EN TODO COMO LO SOMOS NOSOTROS

"¿O forzará alguien mi fortaleza? Haga conmigo paz; sí haga paz conmigo" (Isa. 27: 5).

Imagina que estás en lugar de Cristo en el desierto. No escuchas ninguna voz humana, sino que te encuentras rodeado por demonios bajo la falsa representación de ángeles del cielo, quienes te plantean del modo más seductor y atractivo una serie de arteras insinuaciones en contra del Señor, como lo hizo antes con nuestros primeros padres. El poder de su sofistería es más engañoso y artero al socavar tu confianza en Dios y destruir tu fe. Mantiene tu mente en constante tensión con el propósito de conseguir una pista de la que pueda sacar ventaja con el fin de atraerte a una controversia, como si leyera tus pensamientos no expresados, así como hizo con Eva.

Él no pudo obtener de Cristo una sola palabra que lo condujera en esta dirección. La expresión, "Escrito está", fue repetida punto por punto a medida que probó al Señor. Pero de los labios de Cristo sólo salieron sus propias palabras que había inspirado a los santos hombres del pasado... En la gran escena del conflicto de nuestro Señor en el desierto, aparentemente bajo el poder de Satanás y sus ángeles, ¿era él capaz, en su naturaleza humana, de ceder a estas tentaciones?...

Como Dios que era, no podía ser tentado; pero como hombre, podía serlo y con mucha fuerza, y podía ceder a las tentaciones. Su naturaleza humana pasó por la misma prueba por la cual pasaron Adán y Eva. Su naturaleza [de Cristo] humana era creada; ni aun poseía las facultades de los ángeles. Era humana, idéntica a la nuestra. Estaba pasando por el terreno donde Adán cayó. Él estaba en el lugar donde, si resistía la prueba en favor de la raza caída, redimiría en nuestra propia humanidad la caída y el fracaso desgraciados de Adán.

Él tenía un cuerpo humano y una mente humana. Él era hueso de nuestro hueso y carne de nuestra carne... Estuvo sujeto a la pobreza desde el mismo momento en que entró en el mundo. Estuvo bajo los chascos y las pruebas en su propio hogar, entre sus hermanos. No estaba rodeado, como en las cortes celestiales, de caracteres puros y hermosos. Estuvo rodeado de dificultades. Vino a nuestro mundo a mantener un carácter puro e impecable, y a refutar la mentira de Satanás de que no era posible que los seres humanos guardaran la ley de Dios...

Si llegamos a ser partícipes de la naturaleza divina podemos ser puros, santos e inmaculados. La Deidad no se hizo humana, ni lo humano se hizo divino por la unión de estas dos naturalezas. Cristo no poseía la misma deslealtad pecaminosa, corrupta y caída que nosotros poseemos, pues entonces él no podría haber sido una ofrenda perfecta (Manuscrito 94, 1893).

E. G. White

jueves, 9 de marzo de 2017

LAS VICTORIAS SE LOGRAN POR EL PODER DE DIOS, NO POR EL NUESTRO

"Entonces... el pueblo gritó con gran vocerío, y el muro se derrumbó. El pueblo subió luego a la ciudad... y la tomaron" (Jos. 6: 20).

En obediencia al mandamiento divino, Josué reunió los ejércitos de Israel. No debían emprender asalto alguno. Sólo debían marchar alrededor de la ciudad, llevando el arca de Dios y tocando las bocinas. En primer lugar, venían los guerreros, o sea un cuerpo de varones escogidos, no para vencer con su propia habilidad y valentía, sino por obediencia a las instrucciones dadas por Dios. Seguían siete sacerdotes con trompetas. Luego el arca de Dios, rodeada de una aureola de gloria divina, era llevada por sacerdotes ataviados con las vestiduras de su santo cargo. Seguía el ejército de Israel, con cada tribu bajo su estandarte...

No se oía otro sonido que el de los pasos de aquella hueste numerosa, y el solemne tañido de las trompetas que repercutía entre las colinas y resonaba por las calles de Jericó...

Durante seis días, la hueste de Israel dio una vuelta por día alrededor de la ciudad. Llegó el séptimo día, y al primer rayo del sol naciente, Josué movilizó los ejércitos del Señor. Les dio la orden de marchar siete veces alrededor de Jericó, y cuando oyesen el fuerte tañido de las trompetas, gritasen en alta voz, porque Dios les había dado la ciudad...

Cuando acabó la séptima vuelta, la larga procesión hizo alto. Las trompetas, que por algún tiempo habían callado, prorrumpieron ahora en un ruido atronador que hizo temblar la tierra misma. Las paredes de piedra sólida, con sus torres y almenas macizas, se estremecieron y se levantaron de sus cimientos, y con grande estruendo cayeron desplomadas a tierra en ruinas. Los habitantes de Jericó quedaron paralizados de terror, y los ejércitos de Israel penetraron en la ciudad y tomaron posesión de ella.

Los israelitas no habían ganado la victoria por sus propias fuerzas; la victoria había sido totalmente del Señor; y como primicias de la tierra, la ciudad, con todo lo que ella contenía, debía dedicarse como sacrificio a Dios... Sólo la fiel Rahab, con todos los de su casa, se salvó, en cumplimiento de la promesa hecha por los espías...

La destrucción total de los habitantes de Jericó no fue sino el cumplimiento de las órdenes dadas previamente por medio de Moisés con respecto a las naciones de los habitantes de Canaán: "Del todo las destruirás". "De las ciudades de estos pueblos,... ninguna persona dejarás con vida"... Muchos consideran estos mandamientos como contrarios al espíritu de amor y de misericordia ordenado en otras partes de la Biblia; pero eran en verdad dictados por la sabiduría y bondad infinitas... Los cananeos se habían entregado al paganismo más vil y degradante; y era necesario limpiar la tierra de lo que con toda seguridad habría de impedir que se cumplieran los bondadosos propósitos de Dios (Patriarcas y profetas, págs. 522-525).

E. G. White

lunes, 6 de marzo de 2017

LA FIDELIDAD A DIOS DESPIERTA LA FURIA DE LOS IMPÍOS

"Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya" (Gén. 4:4, 5).

El Señor instruyó a Caín y Abel con respecto a los sacrificios que debían traer. Abel, siendo pastor de ovejas, obedeció el mandato del Señor y trajo un cordero como ofrenda. Este cordero, al ser sacrificado, representaba al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Caín ofreció como ofrenda el fruto de la tierra, algo de su propia producción. No estaba dispuesto a depender de Abel para presentar sus ofrendas. No acudiría a él a buscar un cordero. Consideró que su propia obra era perfecta y esto fue lo que ofrendó a Dios...

Caín le habló a Abel de sus sacrificios y acusó a Dios de parcialidad. Abel intercedió ante su hermano y le repitió las mismas palabras que Dios les había expresado a ambos referentes a las ofrendas que requería. Caín se ofendió por las palabras de su hermano menor y creyó que éste pretendía enseñarle qué era lo que debía hacer. Así permitió que la envidia y los celos llenaran su corazón. Llegó a odiar a su hermano porque se prefirió su ofrenda.

A medida que Caín cavilaba en el tema, el enojo aumentaba en su pecho. Él comprendía su equivocación al intentar ofrecer de su propia cosecha ante el Señor, algo que no era el sacrificio del cordero requerido por Dios, pero decidió justificarse a sí mísmo y condenar a Abel. Satanás obró en él y le inspiró el deseo de matar a su hermano...

Por medio de este episodio el Señor nos enseña que su Palabra debe ser obedecida sin reserva alguna. Caín y Abel representan a dos clases de personas: los impíos y los justos, los que andan según sus propios caminos y los que andan en las sendas del Señor y hacen juicio y justicia...

Abel no trató de forzar a Caín a obedecer el mandato de Dios. Todo lo contrario, fue Caín quien, inspirado por Satanás, y lleno de ira, empleó la fuerza. Enfurecido porque no pudo obligar a Abel a desobedecer a Dios y porque Dios había aceptado la ofrenda de él y rechazado la suya, que no reconocía al Salvador, Caín mató a su hermano.

Los dos grupos representados por Caín y Abel existirán hasta el fin de la historia de este mundo. El que obra bien, la persona obediente, no se alza en guerra contra el transgresor de la santa ley de Dios. Sin embargo, los que no respetan la ley de Dios oprimen y persiguen a los que sí la obedecen. Así es como siguen a su líder, que es el acusador de Dios y de todos los que fueron hechos perfectos por la obediencia... El espíritu que lleva a las personas a acusar, condenar, encarcelar y condenar a muerte a otras personas ha crecido en nuestro mundo. Y es este espíritu que siempre se manifiesta en los hijos de desobediencia (Manuscrito 136, 1899).

E. G. White

viernes, 3 de marzo de 2017

CONSULTA CON DIOS

Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados. Prov. 16:3.

Encomendar es confiar. La confianza es vital. Todos los días, en todos los lugares, por todos los motivos, confiamos en alguien. Desde que nos levantamos por la mañana, hasta la hora de acostamos por la noche, el ejercicio de la confianza es casi ininterrumpido. Abrimos el grifo del lavabo confiando en que habrá agua, tomamos el ómnibus confiando en que el chofer nos llevará al lugar indicado, tomamos el teléfono confiando en que habrá línea.

A veces nos frustramos, porque las personas fallan o las cosas no funcionan. Hasta las personas más queridas y cercanas nos pueden chasquear, queriendo o sin querer. Nosotros mismos nos sorprendemos a veces con nuestras propias actitudes. "No confío en mí", me decía el otro día un hombre angustiado.

El texto de hoy nos enseña a depositar la confianza en alguien que no falla. "Encomienda a Jehová tus obras", aconseja Salomón. A veces, observando la sabiduría humana, me pregunto si el hombre confía más en la tecnología, en la ciencia y en la razón, que en Dios. Cuando veo a la criatura jugando a ser Dios, queriendo definir lo que está bien y lo que está mal, me pregunto si el consejo de Salomón no está ya obsoleto. Pero, cuando oigo las historias de vidas destruidas debido a la obcecación y el espíritu de independencia humana, veo que el consejo bíblico es más actual que nunca.

En el texto de hoy se destaca otro pensamiento. El hecho de confiar en Dios no anula la iniciativa ni el esfuerzo humano. El texto habla de obras y designios. Esta es una referencia a los planes y acciones. Nada funciona sin planificación y acción. Pero, ambas, carecen de valor si no están depositadas en las manos de Dios. El verbo encomendar o confiar que aparece en el texto de hoy, en el original hebreo es gol, que significa desenrollar, como si tú desenrollas es un proyecto arquitectónico delante de alguien.

El mensaje es: abre el rollo de tus planes delante de Dios, consulta con él. Pídele su opinión. El éxito está siempre relacionado con la acción. Las personas que consultan sus planes con Dios siempre avanzan y, aunque pueden, limitadas por su humanidad, cometer errores, no desisten, confiando que el mismo Dios que los ayudó a planificar, los ayudará a llegar al fin del camino propuesto.

¿Qué tienes tú que depositar hoy en las manos de Dios? ¿Estás seguro de que lo que vas a hacer, o la decisión que vas a tomar, ya fue consultada con él? "Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados".

Pr. Alejandro Bullón