miércoles, 30 de enero de 2008

La palabra suave


La respuesta suave aplaca la Ira, pero la palabra áspera hace subir el furor. Proverbios 15:1.

Dar una respuesta hiriente o hablar una palabra dura no es más que la demostración de que algo está mal allí adentro. Nadie se perderá por no haber controlado sus palabras. Porque no controlar las palabras es la evidencia de que la persona ya está en estado de perdición.

El consejo bíblico de hoy va más allá de las consecuencias sociales de nuestras palabras. Es preciso corregir lo que realmente está mal. ¿De qué sirve quedar en silencio ante una palabra airada si uno no deja de cerrar los labios con fuerza y mirar con dureza? Hasta el silencio necesita ser cariñoso.

Si la persona quisiera seguir el consejo de Salomón al pie de la letra, concluiría que el mudo nunca tendría dificultades con otras personas; pero no es así. La respuesta blanda no necesita ser blanda simplemente en la forma, necesita nacer blanda en el corazón. La palabra suave no es suave porque lo es el tono de la voz, sino porque nace como un manantial de aguas frescas en el interior de la persona.

En el Antiguo Testamento encontramos un incidente que nos muestra cómo la respuesta suave puede evitar consecuencias funestas. David y cuatrocientos guerreros subían, con espadas en las manos, para destruir al rico e insensible Nabal por haber ofendido con palabras a los diez mensajeros que David le había enviado para saludarlo. Esa noche sería una noche de destrucción, pero Abigail, la sabia y famosa esposa de Nabal, supo de lo acontecido y salió al encuentro de David con una palabra suave, pidiendo disculpas en favor de su marido. Esa "palabra suave" hizo que David reflexionara y se diera cuenta de que también estaba equivocado al dejarse guiar por sus sentimientos de venganza. Como resultado, ese día fue un día de paz para todos (1 Samuel 25:12-35).

Si esperas ser cada día más semejante a Jesús, buscarás cada día su compañerismo, su gracia y su poder. Te deleitarás en la contemplación de su carácter manso y humilde de corazón", y con alegría descubrirás que es natural dar una respuesta blanda y una palabra suave, incluso en medio de la tempestad.

Pr. Alejandro Bullón

domingo, 27 de enero de 2008

Los gigantes de la vida


Estos cuatro eran descendientes de los gigantes de Gat, los cuales cayeron por mano de David y por mano de sus siervos. 2 Samuel 21:22.

Había pasado un buen número de años desde que David derrotara espectacularmente al gigante Goliat en el nombre de Dios. Pero ahora que Israel entraba otra vez en guerra contra los filisteos, el joven pastorcito, que se había transformado en rey, era un guerrero cansado y anciano. El relato bíblico nos dice que en una batalla contra el enemigo, David se cansó y un gigante llamado Isbi-benob, cuya lanza pesaba trescientos ciclos de bronce, intentó matarlo, pero fue defendido por Abisai. Cuando el peligro pasó, los hombres de Israel dijeron al rey: "Nunca más de aquí en adelante saldrás con nosotros a la batalla, no sea que apagues la lámpara de Israel" (2 Samuel 21:15-17).

Pero los filisteos continuaron atacando, y entonces Sibecai logró matar al gigante Saf (21:18). Aparentemente todo había terminado, pero en otra batalla contra el mismo enemigo apareció otro gigante, cuya lanza era como el rodillo de un telar. Esta vez fue Elhanán quien defendió al rey. Finalmente, apareció un gigante que tenía doce dedos en las manos y doce en los pies. Este también desafió a Israel y fue muerto por Jonatán, hijo de Simea, hermano de David (vers. 19-21).

Cualquier persona que lee la historia de David, sólo piensa en el primer gigante que apareció en la vida del rey. Pocos saben que la vida de David fue un permanente enfrentamiento con gigantes. Los gigantes no lo dejaron en paz: lo atacaron cuando era muy joven, cuando aparentemente no tenía fuerzas para derrotar a alguien mayor que él, y también lo atacaron cuando era viejo y se cansaba fácilmente.

Los gigantes están ahí delante de nosotros, todos los días. Nunca hay un momento en el que podamos decir: "Vencí definitivamente". No, ellos están ahí esperando el momento de mayor debilidad, listos para atacarnos. ¿Cuáles son tus gigantes? Por favor, no mires hacia afuera. Los mayores enemigos no son la adversidad, las dificultades, las duras circunstancias de la vida. Los mayores gigantes generalmente vienen de adentro. Son el orgullo, la suficiencia propia, y las heridas y los resentimientos que no nos dejan ser felices.

Cuán bueno es saber que en la batalla contra los gigantes de esta vida, nunca estamos solos. Del otro lado de la montaña está Jesús, el Gigante de la historia. Murió en el Calvario, pero al tercer día resucitó victorioso; emergió de la muerte y proclamó la victoria definitiva sobre el pecado.

Pr. Alejandro Bullón

miércoles, 9 de enero de 2008

El verdadero, significado de la cruz


Pero lejos esté de mi gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo ha sido crucificado para mi y yo para el mundo. Gálatas 6:14.

No sé si tuviste ya noticias de la cruz moderna, muy comentada en los círculos evangélicos populares. Su forma física es parecida a la cruz de Cristo, pero sus implicaciones espirituales son fundamentalmente diferentes. Estoy hablando de una teología muy atractiva que trata de mostrar que el cristianismo, en lugar de hacer exigencias desagradables, le ofrece al hombre todo lo que esta vida tiene, sólo que en un plano espiritual mas elevado. Según esta teología, la cruz no mata al pecador, simplemente lo encamina al cielo.

Esta teología puede parecer muy atractiva y moderna, ya que habla de un amor redentor y perdonador, pero no sirve porque no habla de un poder transformador.

La cruz de Cristo no significa solamente gloria, significa también vergüenza. Es, antes que nada, un símbolo de muerte. Se levantó en el Calvario para poner fin a la vida de un Dios hombre. Cuando Jesús murió, el hombre que tomaba su cruz y andaba con ella, salía para nunca más volver. No salía para corregir su vida, salía para acabar con ella. La cruz no significaba amor y complacencia, significaba dolor, sufrimiento, vergüenza y muerte.

El cristianismo no es simplemente un cambio de comportamiento. El cristianismo es muerte y nuevo nacimiento. Por favor, no intentes cambiar sin tener la certeza de estar muerto. Vete a la cruz de Cristo y muere en ella; depón tu vida a los pies de Jesús. Muere en él y después resucita a una vida victoriosa.

El bautismo es la explicación de lo que sucede en la cruz. Tú mueres y resucitas. Pero, ten cuidado de no querer crucificarte a ti mismo. Nadie puede hacerlo. Tú puedes clavar los pies y una mano, pero ¿quién clava la otra mano? Es Cristo el que tiene que crucificarte. Tú necesitas ser sepultado, pero cuidado: Nadie puede sepultarse a sí mismo. Necesita de otro. Es Jesús el que sepulta.

En la cruz del Calvario, Jesús fue levantado y murió. Tomó nuestro lugar, pero abrió sus brazos y es allí adonde precisamos ir para morir en él. Gracias a Dios porque fue su sangre la derramada. ¡Bañémonos en él!

Pr. Alejandro Bullón

domingo, 6 de enero de 2008

Cuando la vida pierde sentido


El ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. S. Juan 10:10.

"Perdí la voluntad de vivir", decía una joven sentada ante mí. "La vida es una monotonía que no acaba nunca. Tengo miedo de que llegue el día siguiente, porque será la misma rutina de siempre". ¿Por qué pierde sentido una vida?

En primer lugar, conviene saber que un síntoma es la monotonía. Nos habla de que algo no está funcionando correctamente allí dentro. La monotonía es contraria al plan de vida abundante que Dios tiene para nosotros, y cuando llegamos a ese punto es porque perdimos, entre otras cosas buenas, el amor por la vida.

Otro asunto a considerar es la monotonía como resultante de minimizar lo que somos. Viene del hecho de aceptar que la vida que tenemos es la única que merecemos. La monotonía es la agresión contra alguien que se tornó desagradable en nuestra vida: nosotros mismos. La monotonía es la aceptación cobarde de la impotencia para cambiar el rumbo día tras día.

En tercer lugar, la monotonía viene del hecho de echarle la culpa de todo a otras personas, a las circunstancias o al pasado. Consiste en tratar de encontrar un significado en todo, en lugar de dar significado a todo. Mientras estemos esperando que los demás hagan algo para hacer emocionante nuestra vida, con seguridad nos quedaremos sentados en la monotonía de una vida sin sentido.

Finalmente, la monotonía viene del sentimiento de que no tenemos ningún lugar adonde ir, ningún nuevo mundo que conquistar.

Y cuando la vida se concentra en la búsqueda desesperada de cosas pasajeras como la cultura, el dinero, el poder, la fama y el placer, llegará el momento en que sentiremos la sensación de que todo lo que conquistamos fue nada, y de que ya no existe nada más que conquistar.

Si alguna vez sentiste que tu vida está cayendo en la monotonía, si tu vida no es emocionante, si no vibra más con las posibilidades del mañana, hoy puede ser el día de una nueva experiencia para ti. Desarrolla el gozo de una relación íntima con Cristo, elogia a otras personas, trata de descubrir cosas positivas en ellas, piérdete tú mismo en otras personas y en sus necesidades, atrévete a hacer y a construir sueños. Experimenta la "vida abundante" que Cristo te ofrece.

Pr. Alejandro Bullón