sábado, 31 de julio de 2010

¿QUE CLASE DE HERENCIA?

Entonces Manoa dijo: Cuando tus palabras se cumplan, ¿cómo debe ser la manera de vivir del niño, y qué debemos hacer con él? (Juec. 13: 12.)

Las palabras habladas a la mujer de Manoa contienen una verdad que las madres actuales harían bien en estudiar.

Los hábitos de la madre influirán en el niño para bien o para mal. Ella misma debe regirse por buenos principios y practicar la temperancia y la abnegación, si procura el bienestar de su hijos.

Si antes del nacimiento de su criatura ella es inestable, si es egoísta, malhumorada y exigente, la disposición de su prole llevará las marcas de su proceder erróneo... Pero si ella se adhiere a la verdad sin desviarse, si es amable, tierna y desinteresada, le dará a su hijo estos rasgos de carácter.

Tanto los padres como las madres están comprendidos en esta responsabilidad. Ambos padres transmiten a sus hijos sus propias características, mentales y físicas, su temperamento y sus apetitos... La pregunta de todo padre y madre debe ser: "¿Cómo obraremos con el niño que nos ha de nacer?' Muchos han considerado livianamente el efecto de las influencias prenatales; pero las instrucciones enviadas por el cielo a aquellos padres hebreos... nos indican cómo mira nuestro Creador el asunto.

La madre si ha de ser una maestra idónea para sus hijos, antes del nacimiento de éstos debe formar hábitos de abnegación y dominio propio; porque ella les transmite sus propias cualidades, sus propios malos o buenos rasgos de carácter. El enemigo de las almas entiende mejor este asunto que muchos padres. Presentará tentaciones a la madre sabiendo que si ella no lo resiste, el niño será afectado por esto. La única esperanza de la madre está en Dios. Debe buscar en él gracia y fortaleza. No buscará en vano esta ayuda; Dios la capacitará para transmitir a sus descendientes cualidades que les ayudarán a tener éxito en esta vida y a ganar la vida eterna.

E. G. W.

viernes, 30 de julio de 2010

DEPOSITANDO EN EL BANCO DEL CIELO

La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo. (Sant. 1: 27.)

Las tiernas simpatías de nuestro Salvador se suscitaron a favor de la humanidad caída y sufriente. Si ustedes desean ser sus seguidores, deben cultivar la compasión y la simpatía... La viuda, el huérfano, el enfermo y el moribundo siempre necesitarán ayuda. Aquí hay una oportunidad para proclamar el Evangelio, para elevar a Jesús, la esperanza y el consuelo de todos los hombres. Cuando se ha aliviado al cuerpo sufriente,... se abre el corazón y se puede derramar dentro el bálsamo celestial.

Un grupo de creyentes puede ser pobre, sin educación y desconocido; sin embargo, estando en Cristo puede hacer en el hogar, el vecindario y la iglesia, y aun en regiones lejanas, una obra cuyos resultados serán tan abarcantes como la eternidad.

Debido a que esta obra es descuidada, muchos jóvenes discípulos no pasan nunca más allá del mero alfabeto de la experiencia cristiana. Ayudando a los menesterosos, podrían haber mantenido viva la luz que resplandeció en su corazón cuando Jesús les dijo: "Tus pecados te son perdonados", La inquieta energía que es con tanta frecuencia una fuente de peligro para los jóvenes, podría ser encauzada en conductos por los cuales fluiría en raudales de bendición.

Las horas que con tanta frecuencia se dedican a las diversiones que no refrigeran ni el cuerpo ni el alma, debieran dedicarse a visitar a los pobres, los enfermos y los dolientes, o a ayudar a algún necesitado.

Cada oportunidad de socorrer a un hermano necesitado o de ayudar a la causa de Dios en la promulgación de la verdad, es una perla que enviáis de antemano al cielo para ser depositada en el banco celestial donde es guardada con toda seguridad.

El amor, la cortesía, la abnegación, nunca se pierden... Por los méritos de la justicia imputada de Cristo se conserva para siempre la fragancia de tales dichos y hechos.

E. G. W.

jueves, 29 de julio de 2010

NUESTRO FUNDAMENTO SEGURO

Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. 1 Cor. 3: 11-13.

Así, como el fuego revela la diferencia entre el oro, la plata y las piedras preciosas, y la madera, el heno y la hojarasca, el día del juicio probará los caracteres, mostrando la diferencia entre los caracteres formados a semejanza de Cristo y los caracteres formados a semejanza del corazón egoísta. Todo rasgo egoísta y toda falsa religiosidad aparecerán tal cual son. El material sin valor será consumido; pero el oro de la fe verdadera, sencilla y humilde nunca perderá su valor...

Cada persona puede ser exactamente lo que haya escogido. El carácter no se obtiene recibiendo determinada educación. No se obtiene amasando riqueza o ganando honores mundanos. No se obtiene haciendo que otros peleen la batalla de la vida por nosotros. Debe buscárselo, debe trabajarse en procura de él, hay que pelear por él; y requiere un propósito, una voluntad, una determinación. Formar un carácter que Dios pueda aprobar requerirá un esfuerzo perseverante. Exigirá una resistencia continua a los poderes de la tinieblas... el tener nuestros nombres conservados en el libro de la vida. ¿No vale mucho más la pena tener nuestros nombres registrados en ese libro, inmortalizados entre los ángeles celestiales, que oírlos celebrar en alabanza a través de toda la tierra?

En el tiempo de gracia que se nos concede aquí, cada uno de nosotros está construyendo un edificio que deberá pasar por la inspección del Juez de toda la tierra. Esta obra es la edificación de nuestros caracteres. Cada acto de nuestra vida es una piedra en ese edificio, cada una de nuestras facultades es un obrero, cada golpe que se da lo es para el bien o para el mal. Las palabras de inspiración nos advierten que seamos cuidadosos cómo construimos, para ver que nuestro fundamento es seguro. Si construimos sobre la roca sólida, obras puras, nobles y derechas, la estructura se levantará hermosa y simétrica, un templo adecuado para la morada interna del Espíritu Santo.

E. G. W.

miércoles, 28 de julio de 2010

LOS PECADOS BORRADOS

El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles. (Apoc. 3: 5)

A medida que los libros de memoria se vayan abriendo en el juicio, las vidas de todos los que hayan creído en Jesús pasan ante Dios para ser examinados por él. Empezando con los primeros que vivieron en la tierra, nuestro Abogado presenta los casos de cada generación sucesiva y termina con los vivos. Cada nombre es mencionado, cada caso cuidadosamente investigado. Habrá nombres que serán aceptados, y otros rechazados. En caso de que alguien tenga en los libros de memoria pecados de que no se haya arrepentido y que no hayan sido perdonados, su nombre será borrado del libro de la vida, y la mención de sus buenas obras será borrada de los registros de Dios...

A todos los que se hayan arrepentido verdaderamente de su pecado, y que hayan aceptado con fe la sangre de Cristo como su sacrificio expiatorio, se les ha inscrito el perdón al lado de sus nombres en los libros del cielo;... sus pecados les serán borrados, y ellos mismos serán juzgados dignos de la vida eterna... El divino Intercesor aboga porque a todos los que han vencido por la fe en su sangre se les perdonen sus transgresiones...

Mientras Jesús intercede por los que participan de su gracia, Satanás los acusa ante Dios como transgresores...

Jesús no disculpa sus pecados, pero muestra su arrepentimiento y su fe, y, reclamando el perdón para ellos, levanta sus manos heridas ante el Padre y los santos ángeles, diciendo: "Los conozco por sus nombres. Los he grabado en las palmas de mis manos". Sus nombres están escritos en el libro de la vida, y acerca de ellos se escribe: "Andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignos" (Apoc. 3: 4).

Los cristianos pueden cultivar su fe diariamente contemplando a Aquel que se ha comprometido a defenderlos, su misericordioso y fiel sumo sacerdote.

E. G. W.

martes, 27 de julio de 2010

ETERNA SALVACIÓN PARA SUS HIJOS

Mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. ( Heb. 7: 24-25.)

Se ha hecho toda provisión para nuestras flaquezas, se nos ofrece todo ánimo para que acudamos a Cristo.

Cristo ofreció su cuerpo quebrantado para comprar de nuevo la herencia de Dios, a fin de dar al hombre otra oportunidad. Cristo intercede por la raza perdida mediante su vida inmaculada, su obediencia y su muerte en la cruz del Calvario. Y ahora, no como un mero suplicante intercede por nosotros el Capitán de nuestra salvación, sino como un Conquistador que reclama su victoria. Su ofrenda es completa, y como Intercesor nuestro ejecuta la obra que él mismo se señaló, sosteniendo delante de Dios el incensario que contiene sus méritos inmaculados y las oraciones, las confesiones y las ofrendas de agradecimiento de su pueblo. La ofrenda se hace completamente aceptable, y el perdón cubre toda transgresión.

Cristo se entregó a sí mismo para ser nuestro sustituto y nuestra seguridad, y no descuida a nadie. Aquel que no podía ver a los seres humanos expuestos a la ruina eterna sin derramar su alma hasta la muerte en su favor, mirará con misericordia y compasión cada alma que advierte que no puede salvarse por sí misma.

El no mirará a ningún suplicante tembloroso sin levantarlo. El que mediante su propia expiación proveyó para el hombre un caudal infinito de poder moral, no dejará de emplear ese poder en nuestro favor. Podemos llevar nuestros pecados y tristezas a sus pies, pues él nos ama... El conformará y modelará nuestro carácter de acuerdo con su propia voluntad.

Todas las fuerzas satánicas no tienen poder para vencer a un alma que con fe sencilla se apoya en Cristo. "El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas" (Isa. 40: 29).

E. G. W.

lunes, 26 de julio de 2010

DOLOR CON ESPERANZA

Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. (1 Tes. 4: 13.)

A los atribulados quiero decirles: consolaos en la esperanza de la mañana de la resurrección. Las aguas que habéis bebido son tan amargas a vuestro paladar como eran las aguas de Mara para los hijos de Israel cuando viajaban por el desierto, pero Jesús puede endulzarlas con su amor...

Dios ha provisto un bálsamo para cada herida. Hay bálsamo en Galaad, hay un Médico allá. ¿No estudiaréis como nunca antes las Escrituras? Buscad al Señor pidiéndole sabiduría en cada emergencia. En cada prueba rogad a Jesús que os muestre un camino a través de vuestras dificultades; entonces vuestros ojos serán abiertos para ver el remedio y para aplicar en vuestro caso las promesas sanadoras que se registran en su Palabra. De este modo el enemigo no podrá conduciros al desaliento y la incredulidad; en cambio tendréis fe, esperanza y valor en el Señor. El Espíritu Santo os dará claro discernimiento para ver y apropiarnos de cada bendición que obrará como un antídoto para el dolor, como una rama sanadora para cada sorbo amargo que es acercado a vuestros labios. Cada sorbo amargo se mezclará con el amor de Jesús y en vez de lamentarnos con amargura comprenderéis que el amor y la gracia de Jesús están de tal manera mezclados con el dolor que éste se ha transformado en gozo santificado, sumiso y glorioso...

Cuando nuestro hijo mayor Enrique estaba a las puertas de la muerte, dijo: "El lecho de dolor es un lugar precioso cuando contamos con la presencia de Jesús". Cuando nos vemos obligados a beber de las aguas amargas, apartémonos de lo amargo y contemplemos lo precioso y brillante. Cuando el alma humana está sometida a pruebas, la gracia puede proporcionarle seguridad, y cuando estamos junto al lecho de muerte y vemos cómo el cristiano puede soportar el sufrimiento y pasar por el valle de muerte, reunimos fuerza y valor para trabajar, y no flaqueamos ni nos desanimamos en la tarea de conducir las almas a Jesús.

E. G. W.

domingo, 25 de julio de 2010

LA SAETA DE LA MUERTE

¡Ojalá fueran sabios, que comprendieran esto, y se dieran cuenta del fin que les espera! (Deut. 32: 29.)

El Señor "no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres" (Lam. 3: 33). "Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen. Porque él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo" (Sal. 103: 13-14). El conoce nuestro corazón, porque lee cada secreto del alma... Conoce el fin desde el principio. Muchos bajarán al reposo antes de que la rigurosa prueba de fuego de los últimos días caiga sobre el mundo...

Si Jesús, el Redentor del mundo, oró diciendo: "Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú" (Mat. 26: 39), cuán conveniente es que los mortales finitos se sometan de la misma manera a la sabiduría y la voluntad de Dios.

No podemos contar sino con una vida muy breve, y no sabemos cuándo la saeta de la muerte nos atravesará el corazón. Tampoco sabemos cuándo tendremos que desprendernos del mundo y de todos sus intereses. La eternidad se extiende ante nosotros. El velo está a punto de descorrerse. Unos pocos años más, y para cada uno de nosotros, contado en el número de los vivos, ha de consumarse el mandato: "El que es injusto, sea injusto todavía;... y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía" (Apoc. 22: 11).

¿Estamos preparados? ¿Nos hemos familiarizado con Dios, el Gobernador de los cielos, el Legislador, y con Jesucristo a quien mandó al mundo por representante suyo? Cuando la obra de toda nuestra vida haya terminado ¿podremos decir, como Cristo nuestro ejemplo dijo: "Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese... he manifestado tu nombre"? (Juan 17: 4-6.)

Los ángeles de Dios procuran desviamos de nosotros mismos y de las cosas terrenales. No permitáis que laboren en vano.

E. G. W.

sábado, 24 de julio de 2010

SANTIDAD DE VIDA

Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. (Heb. 12: 14.)

No es una evidencia concluyente de que un hombre sea cristiano el que manifieste éxtasis espiritual bajo circunstancias extraordinarias. La santidad no es arrobamiento; es una entrega completa de la voluntad a Dios; es vivir de toda palabra que sale de la boca de Dios; es hacer la voluntad de nuestro Padre celestial; es confiar en Dios en las pruebas y en la oscuridad tanto como en la luz; es caminar por fe y no por vista; y fiarse de Dios con confianza que no vacile, y descansar en su amor.

Nadie puede ser omnipotente, pero todos pueden limpiarse de la impiedad de la carne y del espíritu, perfeccionando la santidad en el temor del Señor. Dios requiere que cada alma sea pura y santa. Tenemos tendencias hereditarias hacia el mal. No necesitamos continuar con ellas a cuestas. Es una debilidad humana abrigar el egoísmo porque es un rasgo natural del carácter. Pero a menos que desechemos todo egoísmo, a menos que crucifiquemos el yo, jamás llegaremos a ser santos como Dios es santo. En la humanidad hay una tendencia a imaginar sospechas, a las que las circunstancias se encargan de dar un crecimiento acelerado. Si se le da rienda suelta a este rasgo, echa a perder el carácter y arruina el alma.

Dios requiere en todo la perfección moral. Los que han recibido luz y oportunidades como mayordomos de Dios debieran perseguir la perfección y jamás rebajar la norma de justicia a fin de acomodarla a sus tendencias, heredadas y cultivadas hacia el mal. Cristo tomó sobre sí nuestra naturaleza y vivió nuestra vida para mostrarnos que es posible para nosotros ser semejantes a él... Debiéramos ser santos tal como Dios es santo; y cuando comprendemos el significado total de esta declaración, y disponemos nuestro corazón para hacer la obra de Dios, para ser santos como él es santo, nos acercaremos a la norma establecida para cada individuo en Cristo Jesús.

viernes, 23 de julio de 2010

SE NECESITA UN CAMBIO DE CORAZÓN

Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. (Juan 3: 3.)

Nicodemo ocupaba un puesto elevado y de confianza en la nación judía... Como otros, había sido conmovido por las enseñanzas de Jesús... Las lecciones que habían caído de los labios del Salvador le habían impresionado grandemente, y quería aprender más de estas verdades maravillosas.

Nicodemo había venido al Señor pensando entrar en una discusión con él, pero Jesús descubrió los principios fundamentales de la verdad. Dijo a Nicodemo: No necesitas conocimiento teórico tanto como regeneración espiritual. No necesitas que se satisfaga tu curiosidad, sino tener un corazón nuevo. Debes recibir una vida nueva de lo alto, antes de poder apreciar las cosas celestiales.

El cambio de corazón representado por el nuevo nacimiento puede realizarse únicamente por la obra efectiva del Espíritu Santo... El orgullo y el amor propio resisten al Espíritu de Dios; cada inclinación natural del alma se opone al cambio que transforma la altivez y el orgullo en la mansedumbre y humildad de Cristo. Pero si hemos de caminar en la senda de la vida eterna no debemos prestar oído al susurro del yo... Al recibir la luz divina y cooperar con las inteligencias celestiales, nacemos de nuevo, liberados de la corrupción del pecado por el poder de Cristo.

El tremendo poder del Espíritu Santo obra una transformación entera en el carácter del agente humano, convirtiéndolo en una nueva criatura en Cristo Jesús... Las palabras y acciones expresan el amor del Salvador. No hay competencia por el lugar más alto. Se renuncia al yo. El nombre de Jesús está escrito en todo lo que se dice y hace.

¿No es la renovación del hombre el mayor milagro que puede hacerse? ¿Qué no puede hacer el agente humano que por fe se aferra del poder divino?

jueves, 22 de julio de 2010

LA VERDADERA CONFESIÓN ES INDISPENSABLE

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. (1 Juan 1: 9.)

El apóstol dice: "Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros. para que seáis sanados" (Sant. 5: 16). Confesad vuestros pecados a Dios, quien sólo puede perdonarlos, y vuestras faltas unos a otros. Si has dado motivo de ofensa a tu amigo o vecino, debes reconocer tu falta, y es su deber perdonarte libremente. Debes entonces buscar el perdón de Dios, porque el hermano a quien has ofendido pertenece a Dios, y al perjudicarlo has pecado contra su Creador y Redentor.

La verdadera confesión es siempre de un carácter específico y declara pecados particulares. Pueden ser de tal naturaleza que solamente puedan presentarse delante de Dios. Pueden ser errores que deban confesarse individualmente a los que hayan sufrido daño por ellos; pueden ser de un carácter público, y en ese caso deberán confesarse públicamente. Toda confesión debe ser definida y al punto, reconociendo los mismos pecados de que seáis culpables.

Muchísimas confesiones no debieran ser pronunciadas jamás ante oídos mortales; porque los resultados son tales que ningún juicio limitado y finito de los seres humanos puede anticipar... Dios será glorificado mejor si confesamos la corrupción secreta e innata del corazón a Cristo solamente, en vez de abrir sus cámaras secretas ante el hombre finito y errante, que no puede juzgar justamente a menos que su corazón esté continuamente imbuido con el Espíritu de Dios... No confiéis a oídos humanos aquello que sólo Dios debiera oír.

La confesión que brota de lo íntimo del alma sube al Dios de piedad infinita.

Tus pecados podrán parecer montañas delante de ti; pero si humillas tu corazón y confiesas tus pecados, confiando en los méritos de un Salvador crucificado y resucitado, él te perdonará y te limpiará de toda injusticia... Desead la plenitud de la gracia de Cristo. Permitid que nuestro corazón se llene con un anhelo intenso por su justicia.

miércoles, 21 de julio de 2010

EL JUSTO VIVIRÁ POR FE

Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él. (Col. 2: 6.)

Nuestro crecimiento en la gracia, nuestro gozo, nuestra utilidad, todo depende de nuestra unión con Cristo. Solamente estando en comunión con él diariamente, a cada hora permaneciendo en él, es como hemos de crecer en la gracia. El no es solamente el autor sino también el consumador de nuestra fe. Cristo es el principio, el fin, el todo. Estará con nosotros no solamente al principio y al fin de nuestra carrera, sino en cada paso del camino...

Preguntaréis, tal vez: "¿Cómo permaneceremos en Cristo?" Del mismo modo en que lo recibisteis al principio. "De la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él" (Col. 2: 6). "El justo vivirá por [la] fe" (Heb. 10: 38). Os entregasteis a Dios para ser completamente suyos, para servirle y obedecerle, y aceptasteis a Cristo como vuestro Salvador. No podíais por vosotros mismos expiar vuestros pecados o cambiar vuestro corazón; pero habiéndolos entregado a Dios, creísteis que por causa de Cristo, el Señor hizo todo aquello por vosotros. Por la fe llegasteis a ser de Cristo, y por la fe tenéis que crecer en él, dando y tomando a la vez. Tenéis que darle todo el corazón, la voluntad, la vida, daros a él para obedecer todos sus requerimientos; y debéis tomar todo: a Cristo, la plenitud de toda bendición, para que habite en vuestro corazón, y para que sea vuestra fuerza, vuestra justicia, vuestra eterna ayuda, a fin de que os dé poder para obedecerle.

Conságrate a Dios todas las mañanas; haz de esto tu primer trabajo. Sea tu oración: "Tómame ¡oh Señor! como enteramente tuyo. Pongo todos mis planes a tus pies. Úsame hoy en tu servicio. Mora conmigo, y sea toda mi obra hecha en ti". Este es un asunto diario. Cada mañana conságrate a Dios por ese día. Somete todos tus planes a él, para ponerlos en práctica o abandonarlos según te lo indicare su providencia. Sea puesta así tu vida en las manos de Dios, y será así cada vez más semejante a la de Cristo.

E. G. W.

martes, 20 de julio de 2010

LLENOS DE SU JUSTICIA

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. (Mat. 5: 6.)

La justicia es santidad, semejanza a Dios; y "Dios es amor" (1 Juan 4: 16). Es conformidad a la ley de Dios, porque "todos tus mandamientos son justicia " (Sal. 119: 172); y "el cumplimiento de la ley es el amor" (Rom. 13: 10). La justicia es amor, y el amor es la luz y la vida de Dios. La justicia de Dios se incorpora en Cristo. Al recibirle a él, recibimos la justicia.

No es por conflictos penosos ni por rudo trabajo, ni aun por dones o sacrificios, como se obtiene la justicia; sino que se concede gratuitamente a toda alma que tiene hambre y sed de recibirla. 'A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed... sin dinero y sin precio" (Isa. 55: 1). "Su salvación de mí vendrá, dijo Jehová". "Este será su nombre con el cual le llamarán: Jehová, justicia nuestra'"(Isa. 54: 17; Jer. 23: 6).

No hay agente humano que pueda facilitar lo que satisfaga el hambre y la sed de justicia. Pero dice Jesús: "Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás" (Juan 6: 35).

Cuanto más conocemos a Dios, tanto más alto será nuestro ideal de carácter, y tanto más ansioso nuestro deseo de reflejar su imagen. Un elemento divino se une con lo humano cuando el alma busca a Dios, y el corazón anheloso puede decir: "Alma mía, en Dios solamente reposa, porque de él es mi esperanza" (Sal. 62: 5).

El llamamiento continuo del corazón es, "Más de ti", y siempre viene la respuesta del Espíritu, "Mucho más" (Rom. 5: 9-10)... Era el buen deseo del Padre que en Cristo "habitase toda plenitud", y "vosotros estáis completos en él" (Col. 1:19; 2:10).

Cristo es el gran depósito de la justicia que justifica y la gracia que santifica.

Todos pueden venir a él y recibir de su plenitud.

lunes, 19 de julio de 2010

PAZ POR MEDIO DE LA CRUZ

Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. (Rom. 8: 1.) Si los pecadores pudieran ser inducidos a dirigir una ferviente mirada a la cruz y pudieran obtener una visión plena del Salvador crucificado, comprenderían la profundidad de la compasión de Dios y la pecaminosidad del pecado. A medida que vuestra conciencia ha sido vivificada por el Espíritu Santo, habéis visto algo de la perversidad del pecado, de su poder, su culpa, su miseria; y lo miráis con aborrecimiento... Ansiáis ser perdonados, ser limpiados y libertados. ¿Qué podéis hacer para obtener la armonía con Dios y la semejanza a él? Lo que necesitáis es paz: el perdón, la paz y el amor del cielo en el alma. No se los puede comprar con dinero, la inteligencia no los puede obtener, la sabiduría no los puede alcanzar; nunca podéis esperar conseguirlos por vuestro propio esfuerzo. Mas Dios os los ofrece como un don, "sin dinero y sin precio" (Isa. 55: 1)... Id pues a él, y pedidle que os limpie de vuestros pecados, y os dé un corazón nuevo. Creed que lo hará porque lo ha prometido... Es nuestro privilegio ir a Cristo para que nos limpie, y subsistir frente a la ley sin culpa o remordimiento. Cuando al pie de la cruz el pecador mira al que murió para salvarlo, puede regocijarse con pleno gozo; porque sus pecados son perdonados. Al postrarse con fe junto a la cruz, ha alcanzado el más alto lugar que pueda alcanzar el hombre. Agradeced a Dios por el don de su Hijo amado y pedid que no haya muerto en vano por vosotros. El Espíritu os invita hoy. Venid con todo vuestro corazón a Jesús y podéis reclamar su bendición. Al leer las promesas, recordad que son la expresión de amor y misericordia inexplicables... Sí, sólo creed que Dios es vuestro ayudador. El desea restaurar su imagen moral en el hombre. Al acercarnos a él con confesión y arrepentimiento, él se acercará con misericordia y perdón.

E. G. W.