jueves, 30 de septiembre de 2010

LA VENIDA DEL CONSOLADOR

Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. Juan 14: 16-17.

Cristo estaba por irse a su hogar celestial, pero aseguró a sus discípulos que enviaría al Consolador que habitaría con ellos para siempre. Todos pueden confiar implícitamente en la dirección de ese Consolador. Es el Espíritu de verdad; pero el mundo no puede ver ni recibir esa verdad...

Cristo quería que sus discípulos comprendieran que no los dejaría huérfanos. "No os dejaré huérfanos", declaró; "vendré a vosotros" (Juan 14: 18). ¡Preciosa y gloriosa seguridad de vida eterna! Aunque Cristo iba a estar ausente, la relación de ellos con él había de ser como la de un hijo con su padre...

Las palabras dirigidas a los discípulos nos llegan a través. de las palabras de ellos. El Consolador es nuestro tanto como de ellos, en todos los tiempos y en todos los lugares, en todos los dolores y en todas las aflicciones, cuando las perspectivas parecen oscuras y confuso el futuro, y nos sentimos desvalidos y solos. Entonces es cuando el Consolador será enviado en respuesta a la oración de fe.

No hay consolador como Cristo, tan tierno y tan leal. Está conmovido por los sentimientos de nuestras debilidades. Su Espíritu habla al corazón. Las circunstancias pueden separarnos de nuestros amigos; el amplio e inquieto océano puede agitarse entre nosotros y ellos. Aunque exista su sincera amistad, quizá no puedan demostrarla haciendo para nosotros lo que recibiríamos con gratitud. Pero ninguna circunstancia ni distancia puede separarnos del Consolador celestial. Doquiera estemos, doquiera vayamos, siempre está allí, Alguien que está en el lugar de Cristo para actuar por él. Siempre está a nuestra diestra para dirigimos palabras suaves y amables, para apoyar, sostener, defender y animar. La influencia del Espíritu Santo es la vida de Cristo en el alma. Este Espíritu obra dentro y por medio de cada uno que recibe a Cristo. Aquellos que conocen la morada interna del Espíritu, revelan el fruto del Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe.

E. G. W.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

JESÚS NUESTRO TODO

Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención. 1 Cor. 1: 30.

El crecimiento en el conocimiento del carácter de Cristo es lo que santifica el alma. Discernir y apreciar la maravillosa obra de la expiación, transforma al que contempla el plan de salvación. Contemplando a Cristo, se transforma a la misma imagen de gloria en gloria, como por el Espíritu del Señor. La contemplación de Jesús llega a ser un proceso ennoblecedor y refinador... La perfección del carácter de Cristo es la inspiración del cristiano...

Cristo nunca debería estar fuera de la mente. El ángel dijo acerca de él: "Llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mat. 1: 21). Jesús, ¡precioso Salvador! En él se encuentra todo: seguridad, ayuda y paz. Él es quien despeja todas nuestras dudas; las arras de todas nuestras esperanzas. ¡Cuán precioso es el pensamiento de que ciertamente podemos ser participantes de la naturaleza divina, por la cual podemos vencer como venció Cristo! Jesús es la plenitud de nuestra expectativa. Es la melodía de nuestros himnos, la sombra de una gran roca para los cansados. Es agua viviente para el alma sedienta. Es nuestro refugio en la tormenta. Nuestra justificación, nuestra santificación, nuestra redención.

El poder de Cristo ha de ser el consuelo, la esperanza, la corona de gozo de todos los que siguen a Jesús en sus conflictos, en sus luchas en la vida. El que ciertamente sigue al Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, puede exclamar mientras avanza: "Esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe" (1 Juan 5: 4).

¿Qué clase de fe es la que vence al mundo? Es la que hace de Cristo vuestro Salvador personal, la fe que, reconociendo vuestra impotencia, vuestra completa incapacidad de salvaros a vosotros mismos, se aferra del Ayudador que es poderoso para salvar, como de vuestra única esperanza. Es fe que no será desanimada, que escucha la voz de Cristo que dice: "Confiad, yo he vencido al mundo, y mi fortaleza divina es vuestra"... "He aquí yo estoy con vosotros todos los días".

E. G. W.

martes, 28 de septiembre de 2010

UNA VIDA DE FORTALEZA

Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie; puede trabajar. Juan 9: 4.

La vida cristiana no consiste meramente en el ejercicio de la humildad, la paciencia, la mansedumbre y la bondad. Uno puede poseer estos preciosos y amables rasgos, y sin embargo faltarle nervio y espíritu, y ser casi inútil cuando la obra es difícil. A tales personas les falta una actitud positiva, energía, solidez y fortaleza de carácter que las capacitarían para resistir el mal y las convertirían en un poder en la causa de Dios.

Jesús fue nuestro ejemplo en todas las cosas, y fuerte trabajador ferviente y constante. Comenzó su vida de utilidad en la niñez. A los doce años ya estaba ocupado "en los negocios de su Padre". Entre los doce y los treinta años, antes de que comenzara su ministerio público, vivió una vida de activa laboriosidad. Jesús nunca estuvo ocioso en su ministerio. Dijo: "Debo obrar las obras del que me envió". Los dolientes que iban a él nunca eran despedidos sin alivio. Conocía cada corazón y sabía cómo ministrar a sus necesidades. De sus labios salían amantes palabras para consolar, animar y bendecir, y los grandes principios del reino de los cielos fueron presentados delante de las multitudes en palabras tan simples que todos podían entenderlas

Jesús era un trabajador silencioso y abnegado. No procuraba fama, riquezas, ni aplausos; ni tampoco tenía en cuenta su comodidad y placer... No rehuía los cuidados y responsabilidades como lo hacen tantos de sus profesos seguidores...

Las demandas de Cristo con respecto a nuestro servicio son nuevas cada día. No importa cuán completa haya sido nuestra consagración cuando nos convertimos, no nos valdrá de nada a menos que la renovemos diariamente, pero una consagración que abarca realmente lo presente es fresca, genuina y aceptable a Dios. No tenemos semanas y meses para estar a los pies del Señor, el mañana no es nuestro, porque no lo hemos recibido todavía, pero hoy podemos trabajar para Jesús. Hoy podemos rendir nuestros planes y propósitos ante él para su inspección y aprobación... Este es el día de Dios, y usted es su jornalero.

E. G. W.

lunes, 27 de septiembre de 2010

PERMANECIENDO EN CRISTO

Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Juan 15: 4

"Permaneced en mi" son palabras de gran significado. Permanecer en Cristo significa una fe viviente, ferviente, refrigerante que obra por el amor y purifica el alma. Significa una recepción constante del espíritu de Cristo, una vida de entrega sin reservas a su servicio. Donde exista esta unión, aparecerán las buenas obras. La vida de la vid se manifestará en fragantes frutos en las ramas. La continua provisión de la gracia de Cristo os bendecirá y os convertirá en una bendición, hasta que podáis decir con Pablo: "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mi" (Gál. 2: 20).

La sagrada unión con Cristo unirá a los hermanos con los más afectuosos vínculos del compañerismo cristiano. Sus corazones serán tocados con la compasión divina mutua... La frialdad, la discordia, la contienda, están completamente fuera de lugar entre los discípulos de Cristo. Han aceptado la fe única. Se han unido para servir a un Señor, para soportar la misma contienda, para esforzarse en procura del mismo objetivo, y para triunfar en la misma causa. Han sido comprados con la misma sangre preciosa, y han salido para predicar el mismo mensaje de salvación.

Los que continuamente están recibiendo fuerza de Cristo, poseerán su espíritu. No serán descuidados ni en palabras ni en conducta. Descansará sobre su alma una permanente comprensión de lo que ha costado su salvación en el sacrificio del amado Hijo de Dios. Como una fresca y vívida representación, se presentarán ante su mente las escenas del Calvario, y se someterá su corazón y se enternecerá por esta maravillosa manifestación del amor de Cristo en ellos. Considerarán a otros como comprados por su sangre preciosa, y los que están unidos con Cristo les parecerán nobles y elevados y sagrados, debido a esa relación. La muerte de Cristo en el Calvario deberá conducirnos a apreciar a las almas; tal como él. Su amor ha magnificado el valor de cada hombre, mujer y niño.

E. G. W.

domingo, 26 de septiembre de 2010

HIJOS, NO SIERVOS

Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia. Heb. 12:28.

Hay muchos que profesan ser seguidores de Cristo, y sin embargo no son hacedores de su Palabra. No saborean esa Palabra porque les indica servicio que no les es agradable. No les gustan los sanos e íntimos reproches, las fervientes exhortaciones. No aman la justicia, pero son dominados despóticamente por sus propios impulsos humanos caprichosos.

Significa una enorme diferencia la forma en que servimos a Dios. El muchacho que estudia a regañadientes sus lecciones porque tiene que aprenderlas, nunca será un verdadero estudiante. El hombre que pretende guardar los mandamientos de Dios porque piensa que debe hacerlo, nunca entrará en el gozo de la obediencia.

La esencia y sabor de toda obediencia es la manifestación externa de un principio interno: el amor a la justicia, el amor a la ley de Dios. La esencia de toda justicia es lealtad a nuestro Redentor, hacer lo correcto porque es correcto, Cuando la Palabra de Dios es una carga porque corta directamente a través de las inclinaciones humanas, entonces la vida religiosa no es una vida cristiana, sino un esfuerzo penoso y tirantez, una obediencia forzada. Se han puesto a un lado toda la pureza y la piedad de la religión.

Pero la adopción en la familia de Dios nos hace hijos y no esclavos. Cuando el amor de Cristo entra en el corazón, nos esforzamos por imitar el carácter de Cristo... Mientras más estudiamos la vida de Cristo dispuestos a obedecer, más semejantes a Cristo nos volvemos. El Espíritu Santo infunde claro entendimiento en el corazón de cada verdadero hacedor de la Palabra. Mientras más crucificamos las prácticas egoístas impartiendo nuestras bendiciones a otros y ejerciendo nuestras facultades recibidas de Dios, más se fortalecerán las gracias celestiales y aumentarán en nosotros. Creceremos en espiritualidad, en paciencia, en fortaleza, en humildad, en delicadeza... Los carros en un tren no sólo están conectados a la locomotora; recorren la misma vía. ¿A quién estamos siguiendo?

E. G. W.

sábado, 25 de septiembre de 2010

UNA FE QUE PURIFICA LA VIDA

Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos. 1 Tim. 6: 11-12.

Muchos enseñan que lo único necesario para la salvación es creer en Jesús. Pero, ¿qué dice la Palabra de verdad? "La fe sin obras está muerta" (Sant. 2: 26). Hemos de pelear "la buena batalla de la fe", echar "mano de la vida eterna", tomar la cruz, negarnos a nosotros mismos, luchar contra la carne y seguir diariamente en las pisadas del Redentor...

Es un error fatal pensar que no hay nada que debéis hacer para obtener la salvación. Habéis de cooperar con los seres celestiales... Hay una cruz que debe levantarse en el sendero, una muralla que escalar antes de que entréis en la ciudad eterna, una escalera que subir antes de llegar a la puerta de perlas; y cuando comprendáis vuestra incapacidad y debilidad y claméis pidiendo ayuda, desde los bastiones celestiales oiréis una voz que diga: Echa "mano... de mi fortaleza" (Isa. 27: 5, VM).

El conflicto reñido entre Cristo y Satanás se renueva en cada alma que abandona el negro estandarte del príncipe de las tinieblas para marchar bajo el estandarte teñido de sangre del Príncipe Emanuel. El maligno presentará las más sutiles tentaciones para apartar de su fidelidad a los que debieran ser leales al cielo, pero debemos rendir todos los poderes de nuestro ser al servicio de Dios, y entonces se nos guardará de caer en las trampas del enemigo...

Cualquier proceder que debilite vuestras facultades físicas o mentales, os incapacita para el servicio de vuestro Creador. Hemos de amar a Dios de todo nuestro corazón y si nuestro ojo fuere sincero para su gloria, comeremos, beberemos y nos revestiremos de su divina voluntad. Todo aquel que comprenda lo que significa ser cristiano, se purificará a sí mismo de todo lo que debilite y manche. Todos sus hábitos se pondrán en armonía con los requisitos de la Palabra de verdad, y él no sólo creerá sino que obrará su propia salvación con temor, mientras se somete al amoldamiento del Espíritu Santo.

E. G. W.

viernes, 24 de septiembre de 2010

PROVISIONES PARA CADA EMERGENCIA

¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue Confirmada por los que oyeron. Heb. 2: 3.

El divino Autor de la salvación no dejó nada incompleto en el plan, cada una de sus fases es perfecta. El pecado de todo el mundo fue colocado sobre Jesús, y la Divinidad prodigó en Jesús su más alto valor a la humanidad doliente, para que todo el mundo pudiera ser perdonado por fe en el Sustituto. El más culpable no necesita tener temor de que Dios no lo perdone, porque será remitido el castigo de la ley debido a la eficacia del sacrificio divino. Mediante Cristo, puede volver a su obediencia a Dios.

¡Cuán maravilloso es el plan de la redención en su sencillez y plenitud! No sólo proporciona el perdón pleno al pecador, sino también la restauración del transgresor, preparando un camino por el cual puede ser aceptado como hijo de Dios. Por medio de la obediencia puede poseer amor, paz y gozo. Su fe puede unirlo en su debilidad con Cristo, la Fuente de fortaleza divina; y mediante los méritos de Cristo puede hallar la aprobación de Dios porque Cristo ha satisfecho las demandas de la ley, e imputa su justicia al alma penitente que cree...

¡Qué maravilloso amor fue desplegado por el Hijo de Dios!... Cristo toma al pecador en su más profunda degradación y lo purifica, refina y ennoblece. Contemplando a Jesús tal como es, se transforma el pecador y es elevado a la misma cumbre de la dignidad, llegando aun a sentarse con Cristo en su trono...

El plan de la redención responde a cada emergencia y a cada necesidad del alma. Si fuera deficiente en alguna forma, el pecador podría hallar excusa que defienda el descuido de sus requisitos, pero el Dios infinito conocía cada necesidad humana y ha hecho amplia provisión para suplirla... ¿Qué, pues, podrá decir el pecador en el gran día del juicio final sobre por qué se negó a brindar atención, concienzuda y ferviente, a la salvación que se le ha ofrecido?

E. G. W.

jueves, 23 de septiembre de 2010

LA PERLA PRECIOSA

También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró. Mat. 13: 45-46.

Esta buena perla representa el inapreciable tesoro de Cristo, así como también el tesoro oculto en el campo. En Cristo tenemos todo lo que necesitamos para nosotros en esta vida, y lo que constituirá el gozo del mundo venidero. Todo el dinero del mundo no comprará el don de la paz, el descanso y el amor. Recibimos estos dones por la fe en Cristo. No podemos comprarlos de Dios; no tenemos nada con qué comprarlos. Somos la propiedad de Dios; pues la mente, el cuerpo y el alma han sido comprados por el rescate de la vida del Hijo de Dios...

Entonces, ¿con qué se ha de comprar el tesoro eterno? Sencillamente, devolviéndole a Jesús lo que le pertenece, recibiéndolo en el corazón por fe. Significa cooperación con Dios; llevar el yugo con Cristo; sostener sus cargas... El Señor Jesús puso a un lado su corona real, abandonó su puesto de alto mando, revistió su divinidad con humanidad a fin de que por medio de la humanidad pudiera elevar a la raza humana. De tal modo apreció las posibilidades de la raza humana, que se convirtió en el sustituto y seguridad del hombre. Coloca sus propios méritos sobre el hombre y así lo eleva en la escala de valor moral con Dios.

Cristo es el sacrificio expiatorio. Dejó la gloria del cielo, abandonó sus riquezas, puso a un lado su honra, no con el propósito de crear amor e interés para el hombre en el corazón de Dios, sino para ser un exponente del amor que existía en el corazón del Padre; pagó el precio de todas sus riquezas, asumió la humanidad, condescendió a una vida de pobreza y humillación, para poder buscar y salvar lo que se había perdido.

Por la gracia de Cristo podemos ser fortalecidos y madurados para que, aunque somos imperfectos, podamos llegar a ser completos en él. Nos hipotecamos a Satanás, pero Cristo vino a rescatarnos y redimirnos... No podemos comprar nada de Dios. Somos salvados únicamente por gracia, el don gratuito de Dios en Cristo.

E. G. W.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

UN ABOGADO REVESTIDO CON NUESTRA NATURALEZA

Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. 1 Juan 2: 1.

Son ilimitados los decretos y dádivas de Dios en nuestro favor. El mismo trono de gracia está ocupado por Aquel que nos permite que lo llamemos Padre... Ha colocado a su diestra a un Abogado revestido con nuestra naturaleza. Como nuestro Intercesor, la obra de Cristo es presentarnos ante Dios como a sus hijos e hijas. Intercede a favor de los que lo reciben. Con su propia sangre ha pagado el precio de su rescate. Por virtud de, sus propios méritos les da poder para llegar a ser miembros de la familia real, hijos del Rey celestial. Y el Padre demuestra su infinito amor por Cristo al recibir y dar la bienvenida a los amigos de Cristo como a sus amigos. Está satisfecho con la expiación efectuada. Es glorificado con la encarnación, la vida, la muerte y la mediación de su Hijo.

Nuestras peticiones ascienden al Padre en el nombre de Cristo. El intercede en nuestro favor, y el Padre abre todos los tesoros de su gracia a nuestra disposición para que los disfrutemos y los impartamos a otros...

Cristo es el vínculo entre Dios y el hombre... Coloca toda la virtud de su justicia del lado del suplicante. Ruega por el hombre, y el hombre que necesita ayuda divina suplica por sí mismo en la presencia de Dios, usando la influencia de Aquel que dio su vida por la vida del mundo. Cuando reconocemos delante de Dios nuestro aprecio por los méritos de Cristo, se añade fragancia a nuestras intercesiones. Cuando nos acercamos a Dios mediante la virtud de los méritos del Redentor, Cristo nos coloca muy cerca de su lado, rodeándonos con su brazo humano, mientras su brazo divino se aferra del trono del Infinito. Pone sus méritos, como dulce incienso, en el incensario de nuestras manos a fin de animar nuestras peticiones...

Sí, Cristo se ha convertido en el intermediario de la oración entre el hombre y Dios. También se ha convertido en el intermediario de bendición entre Dios y el hombre.

E. G. W.

martes, 21 de septiembre de 2010

DESPRECIADO Y DESECHADO

Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Isa. 53: 3.

Cuán pocos son los que tienen un concepto de la angustia que desgarró el corazón del Hijo de Dios durante sus treinta años de vida en la tierra. La senda desde el pesebre al Calvario fue ensombrecida por el dolor y la pena. Fue el varón de dolores y soportó tal quebrantamiento de corazón que ningún lenguaje humano puede describir. Podría haber dicho en verdad: "Mirad, y ved si hay dolor como mi dolor que me ha venido" (Lam. 1: 12). Su sufrimiento fue la más profunda angustia del alma; ¿y qué hombre pudo haber simpatizado con la angustia del Hijo del Dios infinito? Odiaba el pecado con perfecto odio, y sin embargo atrajo sobre su alma los pecados de todo el mundo al recorrer la senda del Calvario, sufriendo el castigo de los transgresores. Sin culpa, llevó el castigo de los culpables; inocente, sin embargo se ofreció a sí mismo para llevar el castigo por las transgresiones de la ley de Dios. El castigo de los pecados de cada alma fue llevado por el Hijo del Dios infinito. La culpabilidad de cada pecado hizo sentir su peso sobre el alma divina del Redentor del mundo. El que no conoció pecado se hizo pecado por nosotros para que pudiéramos ser hechos justicia de Dios en él. Al tomar la naturaleza humana, se colocó a sí mismo donde fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestros pecados, a fin de que por su llaga pudiéramos ser curados.

En su humanidad, Cristo fue probado por tentaciones tanto más grandes y con tanta mayor energía persistente de lo que es probado el hombre por el maligno, así como su naturaleza es superior a la del hombre. Esta es una verdad misteriosa, profunda, que Cristo está unido a la humanidad por las simpatías más sensitivas. Las malas obras, los malos pensamientos, las malas palabras de cada hijo e hija de Adán oprimieron su alma divina. Los pecados de los hombres determinaron que se lo castigase a él, porque había llegado a ser el sustituto del hombre y tomó sobre sí los pecados del mundo. Llevó los pecados de todo pecador, porque todas las transgresiones se le imputaron... "¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?" (Heb. 2: 3).

E. G. W.

lunes, 20 de septiembre de 2010

EL ESPÍRITU SANTO ES NUESTRO AYUDADOR

Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Rom. 8: 14.

Mediante el ministerio de los ángeles, el Espíritu Santo puede obrar en la mente y el corazón del ser humano y atraerlo a Cristo... Pero el Espíritu de Dios no interfiere con la libertad del ser humano. El Espíritu Santo se da como un ayudador a fin de que el hombre pueda cooperar con la Divinidad, y es dado para que Dios pueda atraer al alma, pero nunca para forzar su obediencia.

Cristo está pronto a impartir toda la influencia celestial. Conoce cada tentación que sobreviene al hombre y las facultades de cada uno. Pesa su fuerza. Ve el presente y el futuro y presenta delante de la mente las obligaciones a las que hará frente y la insta para que las cosas vulgares terrenales no lleguen a ser tan absorbentes que las cosas eternas queden fuera de cómputo. El Señor tiene plenitud de gracia para conferir a cualquiera que reciba el don celestial. El Espíritu Santo pondrá en el servicio de Cristo las facultades confiadas por Dios, y modelará y dará forma al ser humano de acuerdo con el Modelo divino.

El Espíritu Santo es nuestra suficiencia en la obra de edificar el carácter, de formarlo de acuerdo con la semejanza divina. Cometemos un grave error cuando pensamos que somos capaces de modelar nuestra propia vida. Nunca podemos por nosotros mismos vencer la tentación. Pero los que tienen una fe genuina en Cristo serán movidos por el Espíritu Santo. El alma en cuyo corazón habita la fe, crecerá constituyendo un bello templo para el Señor. Será dirigida por la gracia de Cristo. Crecerá en la misma proporción en que dependa de la enseñanzas del Espíritu Santo.

La influencia del Espíritu Santo es la vida de Cristo en el alma. No vemos a Cristo ni le hablamos, pero su Espíritu Santo está tan cerca de nosotros en un lugar como en otro. Obra dentro y por medio de todo el que recibe a Cristo. Aquellos que conocen la morada interna del Espíritu, revelan el fruto del Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe.

E. G. W.

domingo, 19 de septiembre de 2010

TIERNO, AMANTE, COMPASIVO

Mas tú, Señor, Dios misericordioso y clemente, lento para la ira, y grande en misericordia y verdad. Sal. 86: 15.

Cuando nos sobrevienen grandes dolores, Dios ha ordenado que debemos consolarnos mutuamente con ternura y amor. Nadie vive para sí. Nadie muere para sí. Tanto la vida como la muerte significan algo para cada ser humano... Dios ordena a sus agentes humanos que comuniquen el carácter de Dios, que testifiquen de su gracia, sabiduría y benevolencia, manifestando su amor refinado, tierno, misericordioso. Está escrito que "sus misericordias [están] sobre todas sus obras" (Sal. 145: 9)...

Nuestra obra es la de restaurar la imagen moral de Dios en el hombre mediante la abundante gracia que nos es dada por Jesucristo. Por doquiera encontraremos almas Estas para morir, y cuán esencial es ,que Cristo nos dé su compasión, a fin de que nunca coloquemos a un alma en oposición obstinada, por no manifestar amplia tolerancia y tierna compasión... Pregunto, ¿aprenderemos alguna vez la dulzura de Cristo?...

Cristo nos invita a ir a él no sólo para refrigeramos con su gracia y presencia durante unas pocas horas, y luego apartarnos de su luz para que nos alejemos de él con tristeza y lobreguez. No, no. Nos dice que debemos morar en él y él con nosotros. Dondequiera que se deba hacer su obra, él está presente: tierno, amante y compasivo. Ha preparado, para ti y para mí, un lugar donde morar permanentemente en él. Es nuestro refugio. Nuestra experiencia debiera ampliarse y profundizarse. Jesús ha abierto toda la divina plenitud de su amor inexpresable, y te declara: "Somos colaboradores de Dios" (1 Cor. 3: 9). ¡Oh, qué significado tienen estas palabras: "Permaneced en mí" (Juan 15 :4), "Llevad mi yugo sobre vosotros" (Mat. 11: 29) ¿Lo llevaremos?, porque la promesa es, "hallaréis descanso para vuestras almas". Hay descanso, descanso pleno en permanecer en Cristo.

E. G. W.

sábado, 18 de septiembre de 2010

NUESTRO DIVINO REDENTOR

El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse. Fil. 2: 6.

Debido a que únicamente la Divinidad podía ser eficaz en la restauración del hombre de la ponzoñosa herida de la serpiente, Dios mismo, en su Unigénito, tomó la naturaleza humana, y en la debilidad de la naturaleza humana mantuvo el carácter de Dios, vindicó su santa ley en todo respecto, y aceptó la sentencia de ira y de muerte para los hijos de los hombres. ¡Qué pensamiento es éste! El que había sido uno con el Padre antes de que fuera hecho el mundo, tuvo tal compasión para el mundo perdido y arruinado por la transgresión, que dio su vida como rescate por él. El que era el resplandor de la gloria del Padre, la expresa imagen de su persona, llevó nuestros pecados en su cuerpo en el madero, sufriendo el castigo de la transgresión del hombre hasta que se satisfizo la justicia y no se requirió más. ¡Cuán grande es la redención que se ha efectuado para nosotros! Tan grande que el Hijo de Dios murió la cruel muerte de la cruz para darnos vida e inmortalidad por la fe en él.

Este admirable problema, cómo podía Dios ser justo y, sin embargo, ser el justificador del pecador, está más allá de la percepción mental humana. Cuando tratamos de sondearlo, se amplía y profundiza más allá de nuestra comprensión. Cuando miramos hacia la cruz del Calvario con el ojo de la fe, y vemos nuestros pecados colocados sobre la víctima que allí pende en debilidad e ignominia, cuando comprendemos el hecho de que éste es Dios, el Padre eterno, el Príncipe de paz, somos impulsados a exclamar: "Mirad cuál amor nos ha dado el Padre" (1 Juan 3: 1)...

Cuando el hombre pueda medir el excelso carácter del Señor de los ejércitos, y distinguir entre el Dios eterno y el hombre finito, sabrá cuán grande ha sido el sacrificio del cielo para sacar al hombre de donde estaba caído por la desobediencia para formar parte de la familia de Dios... La divinidad de Cristo es nuestra seguridad de vida eterna... Él, quien llevó los pecados del mundo, es nuestro único medio de reconciliación con un Dios santo.

E. G. W.

viernes, 17 de septiembre de 2010

NO ES SUFICIENTE UN CONOCIMIENTO SUPERFICIAL

A quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria. Col. 1: 27.

Hay muchos misterios en la Palabra de Dios que no comprendemos, y muchos nos contentamos deteniendo nuestra investigación cuando tan sólo hemos comenzado a recibir algo de conocimiento concerniente a Cristo. Cuando comienzan a desplegarse un poco ante la mente los propósitos divinos y comenzamos a obtener un leve conocimiento del carácter de Dios, quedamos satisfechos y pensamos que hemos recibido prácticamente toda la luz que hay para nosotros en la palabra de Dios. Pero la verdad de Dios es infinita... Jesús fue bien claro cuando dijo a sus discípulos "escudriñad las Escrituras" (Juan 5: 39). Escudriñar significa comparar texto con texto y cosas espirituales con cosas espirituales. No debiéramos satisfacemos con un conocimiento superficial. No comprendemos ni la mitad de lo que Dios está dispuesto a hacer por su pueblo... Nuestras peticiones, mezcladas con fe y contrición, debieran ascender a Dios en procura de un entendimiento de los misterios que Dios quiere hacer conocer a sus santos... La pluma de un ángel no podría describir toda la gloria del plan revelado de la salvación. La Biblia dice cómo llevó Cristo nuestros pecados y cargó con nuestros dolores. Aquí se revela cómo se unieron la misericordia y la verdad en la cruz del Calvario, cómo se besaron la justicia y la paz, cómo puede ser impartida al hombre caído la justicia de Cristo. Allí se desplegaron infinita sabiduría, infinita justicia, infinita misericordia e infinito amor. Las profundidades, las alturas, las longitudes y las anchuras del amor y la sabiduría, que sobrepasan al entendimiento, se han dado a conocer en el plan de salvación.

El Espíritu de Dios descansará sobre el diligente escudriñador de la verdad. El que desee la verdad en su corazón, que anhele la obra de su poder en la vida y el carácter, ciertamente la tendrá. Dice el Salvador: "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados" (Mat. 5:6).

E. G. W.

jueves, 16 de septiembre de 2010

¡CASI HEMOS LLEGADO!

Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. Juan 14.-3.

Han pasado más de mil ochocientos años desde que el Salvador dio la promesa de su venida. A través de los siglos sus palabras han llenado de ánimo el corazón de sus fieles. La promesa todavía no se ha cumplido... pero, no por eso es menos segura la palabra que ha sido hablada.

Cristo vendrá en su propia gloria, en la gloria del Padre, y en la gloria de los santos ángeles. Millones de millones y millares de millares de ángeles, los hermosos y triunfantes hijos de Dios, que poseen una. inconmensurable hermosura y gloria, lo escoltarán en su camino. En lugar de la corona de espinas, él llevará una corona de gloria: una corona dentro de una corona. En lugar de ese antiguo manto de púrpura, estará vestido con un ropaje del blanco más puro, tanto que "ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos" (Mar. 9:3). Y en su vestido y en su muslo habrá escrito un nombre: "Rey de reyes y Señor de señores" (Apoc. 19:16).

Cristo ha sido para estos fieles seguidores un compañero de cada día, un amigo familiar. Han vivido en una estrecha y constante comunión con Dios. Sobre ellos ha aparecido la gloria del Señor. En ellos se ha reflejado la luz del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo. Ahora se gozan en los refulgentes rayos del, brillo y la gloria del Rey en su majestad. Están preparados para la comunión del cielo, porque tienen el cielo en sus corazones. Con las cabezas levantadas, con los brillantes rayos del Sol de justicia refulgiendo sobre ellos, regocijándose porque su redención está cerca, salen en busca del Esposo, diciendo: "He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará"...

El tiempo de la demora casi ha terminado. Los peregrinos y extranjeros que durante tanto tiempo han buscado un país mejor, ya casi han llegado... "Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas Cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz" (2 Ped. 3:14).

E. G. W.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Y tendrás tesoro en el cielo.


Mateo 19:21 “Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme.”

Cada vez que se acercan estos meses tengo que volver a ponerme en contacto con mi banco. Ya sabéis, hipotecas, intereses, plazos, seguros, y un largo etcétera de operaciones bancarias. ¿Te suenan estos términos? He estado reflexionando sobre este asunto y llegué a algunas conclusiones que quiero compartir en este momento. (Perdonad la jerga utilizada pero es la influencia del momento)

Existe un Banco celestial donde todos tenemos una cuenta corriente abierta desde antes de nacer.

Junto a nuestra cuenta nos abren una línea de crédito sin riesgos, plazos o intereses.

No necesitamos avales. Bueno, en realidad si, pero Alguien ya firmó en esa línea del contrato por mí. No hacen falta propiedades. Con lo que soy hay bastante.

Se genera un interés altísimo a mi favor que se ingresa en cuenta tan sólo por ir al banco, y mi cuenta crece y crece cada vez más.
Un banco que no tiene gastos de mantenimiento. No hay comisiones por apuntes ni gastos de correo (porque no necesita papel para enviarme los extractos).
No hay peligro de que un CRACK de la bolsa en alguna parte del mundo haga que desaparezca todo mi capital, pues no se rige por las normas de mercado humanas.
Allí, en mi banco, el que más tiene es el que más da, y así recibe más que lo que dio para que vuelva a darlo.
Hay una oficina muy cerca de mi. Ni siquiera necesito conectarme a Internet o buscar cobertura de señal de móvil para saber el estado de mi economía. Basta con cerrar los ojos y elevar el corazón y ya estoy en contacto con mi banco.

Lo que realmente hace especial a mi banco es el Director que tiene. Siempre está dispuesto a atenderme en persona, a cualquier hora y momento de cualquier día. Este Director inventa 1000 y una maneras y campañas de publicidad para enseñarme nuevos productos financieros con los que enriquecerme aún más, o bien me llama personalmente para recordarme que estoy perdiendo dinero al no compartir el que tengo guardado, insistiendo cariñosamente en que confíe en él para manejar mis asuntos. A veces, tan sólo me llama para interesarse porque hace tiempo que no sabe nada de mi. Un Director que me cuida.

Un banco que todo lo que gana lo invierte en obra social.

Me encanta tener una cuenta en ese BANCO ¿Y a ti?

Sólo hay un requisito para abrir una cuenta en ese banco.¿Ya sabes cuál es?

martes, 14 de septiembre de 2010

LA IRA QUE NO ES PECADO

Temblad y no pequéis; meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama, y callad Sal 4:4

El apóstol Pablo cita este texto de la siguiente manera: “Airaos, pero no pequéis”.* ¿Puedes tú comer sin mover la boca, correr sin agitarte, o dormir sin cerrar los ojos? ¡No! ¿Cómo entonces es posible airarse sin pecar? La ira en sí, ¿no es por sí misma un acto pecaminoso?

El verbo hebreo ragaz, que en el texto de hoy fue traducido como ira, indica conmoción. Puede ser física o psíquica, pero afecta a toda la estructura humana. El verbo jatá que en este salmo es traducido como pecar, significa literalmente “no dar en el blanco”. Quiere decir que cada vez que la ira se posesiona de nuestro ser, lo queramos o no, “erramos el blanco”. No llegamos a donde queríamos llegar y, la mayoría de las veces, llegamos a donde no queríamos llegar.

En la semana en que escribo esta meditación, el Brasil vio horrorizado por televisión la escena brutal del asesinato cometido por un juez, por el simple hecho de que el guarda del supermercado no lo dejó entrar porque había llegado la hora de cerrar el establecimiento. Aquel juez nunca pensó cometer semejante crimen, pero en la hora de la ira hubo una conmoción interior que lo llevó a tal locura. Por eso, el consejo divino es: Cuando la ira aparezca, si estáis afectados física o psíquicamente, “meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama, y callad”. Nada mejor para el problema de la ira que esperar al día siguiente.

Toma una decisión hoy. Ante las adversidades de la vida, cuando las cosas no salgan como tú quisieras que saliesen, en circunstancias en que tú sientes que vas a perder el control, deja las cosas como están y respira hondo, Retírate, si es posible. Tómate un tiempo, “consulta tu corazón en la almohada”, dama a Dios y después, más sosegado, tú verás las cosas desde otro punto de vista y encontrarás la salida más sabia y equilibrada.

Tira, pero da en el blanco. No te golpees, no te lastimes, ni lastimes al prójimo. No abras heridas en el corazón de las personas que tú amas y que están a tu alrededor. Mide tus palabras. Medita en las consecuencias de actos impulsivos. Tú no puedes evitar sentir lo que estás sintiendo. Eso es natural, pues tú eres un ser humano. Cuando alguien te contradice, cuando hace algo indebido contra ti, o te ataca, es natural que eso altere todo tu ser, pero sigue el consejo divino: “Temblad, y no pequéis; meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama, y callad”.

* Efe. 4:26.

Pr. Alejandro Bullón

lunes, 13 de septiembre de 2010

PARA POSEER LA RIQUEZA INESCRUTABLE DE CRISTO

Que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu. Efe. 3:16.

Los temas de la redención son temas importantes, y sólo aquellos que están orientados espiritualmente pueden discernir su profundidad y significado.. Encontramos nuestra seguridad y gozo al espaciarnos en las verdades del plan de salvación. La fe y la oración son necesarias para poder contemplar las profundas cosas de Dios. Nuestras mentes están tan atadas por ideas estrechas que apenas tenemos una visión limitada de la experiencia que es nuestro privilegio tener...

¿Por qué es que muchos que profesan tener fe en Cristo no tienen fuerza para resistir a las tentaciones del enemigo? Es porque no son fortalecidos con poder por su Espíritu en el hombre interior. El apóstol ora: "A fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios" (Efe. 3:17-19). Si tuviéramos esta experiencia, conoceríamos algo de la cruz del Calvario. Sabríamos qué significa ser participantes con Cristo en sus sufrimientos. El amor de Cristo nos constreñiría, y aunque no fuéramos capaces de explicar cómo el amor de Cristo alienta nuestros corazones, manifestaríamos su amor en una fervorosa devoción a su causa.

Pablo abre ante la iglesia de Efeso, con el lenguaje más comprensivo, el maravilloso poder y conocimiento que podían poseer como hijos e hijas del Altísimo. Ellos podían ser "fortalecidos con poder, podían se "arraigados y cimentados en amor", podían "conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento"...

Jehová Emanuel, en él están ocultos todos los tesoros de sabiduría y conocimiento. Ser puestos en simpatía con él, poseerlo, a medida que el corazón se abre cada vez más para recibir sus atributos: conocer su amor y poder, poseer la riqueza inescrutable de Cristo... "ésta es la herencia de los siervos de Jehová, y su salvación de mí vendrá, dijo Jehová" (Isa. 54:17).

E. G. W.

domingo, 12 de septiembre de 2010

¡NO UNA RELIGION DE REMIENDO!

Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. Mat. 24:13.

La religión edificada sobre el yo no tiene valor, porque Dios no transige con los egoístas...

La religión de Cristo es una tela firme, compuesta de innumerables hilos, tejidos juntos con tacto y habilidad, Podernos tejer esta tela únicamente mediante la sabiduría que Dios da. Cuando confiamos en nosotros mismos, ponemos en ella hilos de egoísmo, y la tela queda arruinada.

Hay muchas clases de tela que al principio tienen una hermosa apariencia, pero no soportan la prueba. Los colores no son firmes. Se destiñen. Con el calor del verano se decoloran y desaparecen. Esta clase de tela no puede soportar un trato rudo, y tiene muy poco valor.

Así sucede con la religión. Cuando la trama y la urdimbre de la religión no soportan la prueba de las dificultades, el material de que está compuesta no tiene valor. Y el esfuerzo por remendar la tela vieja con un trozo nuevo, no mejora las condiciones de las cosas, porque el material gastado se rompe cuando lo unen al nuevo, y deja la abertura más grande que antes. Los remiendos no sirven. El único camino a seguir consiste en desechar el vestido viejo y buscar uno nuevo. La religión del yo, compuesta de hilos que se decoloran y ceden bajo la presión de la tentación, debe ser desechada para ser reemplazada por la religión tejida por Aquel en cuya vida el egoísmo no encontró lugar. El plan de Cristo es el único seguro. El declara: "He aquí, yo hago nuevas todas las cosas" (Apoc. 21:5). "Si alguno está en Cristo, nueva criatura es" (2 Cor. 5:17). El Señor no anima a nadie a pensar que él aceptará una religión de remiendos. Tal religión no tiene valor ante su vista. Al principio puede parecer que hay algo de yo y algo de Cristo; pero pronto se verá que no hay nada de Cristo. Los remiendos del egoísmo aumentan hasta que todo el vestido queda cubierto de ellos...

Una religión formada según el modelo divino es la única que perdurará. Únicamente esforzándonos por vivir la vida de Cristo aquí, podremos prepararnos para vivir con él a través de los siglos eternos.

E. G. W.

sábado, 11 de septiembre de 2010

ARRAIGADOS EN CRISTO

El justo florecerá como la palmera; crecerá como cedro en el Líbano. Sal. 92:12.

El cristiano es comparado al cedro del Líbano. He leído que este árbol hace más que enviar unas pocas raíces a la tierra blanda. Implanta profundamente en la tierra sus fuertes raíces, y cada vez las extiende más lejos en busca de una posición todavía más fuerte. Y cuando se desata la fiera tempestad, permanece firme, sostenido por su raigambre. También el cristiano se arraiga profundamente en Cristo. Tiene fe en su Redentor. Sabe en quién ha creído. Está plenamente persuadido de que Jesús es el Hijo de Dios y el Salvador de los pecadores... Las raíces de la fe se extienden cada vez más. Los cristianos genuinos, como el cedro del Líbano, no crecen en una tierra blanda y superficial, sino que están arraigados en Dios, asegurados en las grietas de las rocas de la montaña.

Si el cristiano quiere florecer y prosperar, debe hacerlo entre personas que son extrañas a Dios, entre burladores, sujeto al ridículo. Debe permanecer erguido como la palmera en el desierto. El cielo puede ser como bronce, la arena del desierto puede golpear las raíces de la palmera, y apilarse en montones alrededor de su tronco. Sin embargo, el árbol permanece vivo, fresco y vigoroso en medio de las quemantes arenas del desierto. Quitad la arena hasta que lleguéis a las raicillas de la palmera y descubriréis el secreto de su vida; se extiende profundamente bajo la superficie, hacia las aguas secretas ocultas en la tierra.

Así como la palmera, que obtiene su alimento de las fuentes del agua de viva, permanece verde y florida en medio del desierto, también el cristiano puede extraer ricas provisiones de gracia de la fuente del amor de Dios, y puede conducir a las almas cansadas, llenas de inquietud, y listas a perecer en el desierto del pecado, a esas aguas donde puedan beber y vivir. El cristiano siempre está dirigiendo a sus semejantes hacia Jesús, quien invita: "El que tiene sed, venga a mí y beba". Esta fuente nunca nos falla; podemos extraer de ella una vez y otra.

E. G. W.

viernes, 10 de septiembre de 2010

¿UNA JOYA O UN GUIJARRO?

En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, te tomaré, oh Zorobabel hijo de Salatiel, siervo mío, dice Jehová, y te pondré como anillo de sellar; porque yo te escogí, dice Jehová de los ejércitos. Hag. 2:23.

Los cristianos son las joyas de Cristo. Deben brillar esplendorosamente para él, y esparcir la luz de su hermosura. Su lustre depende del pulimento que reciban. Pueden elegir ser pulidos o permanecer sin pulir. Pero cada uno que es considerado digno de ocupar un lugar en el templo de Dios debe someterse al proceso de pulimento. Sin el pulimento que el Señor da no pueden reflejar más la luz que un guijarro común.

Cristo le dice al hombre: "Eres mío. Te he comprado. Ahora eres apenas una piedra áspera, pero si te colocas en mis manos yo te puliré, y el lustre con el cual brillarás hará honor a mi nombre, Ningún hombre te sacará de mi mano. Te haré mi tesoro peculiar. El día de mi coronación serás una joya en mi corona de regocijo".

El Obrero divino emplea poco tiempo en un material sin valor. El pule únicamente las piedras preciosas a semejanza de las de un palacio, cortando todas las esquinas ásperas. Ese proceso es severo y penoso; hiere el orgullo humano. Cristo corta profundamente cuando el hombre en su suficiencia ha considerado completa su experiencia, y extrae del carácter el ensalzamiento propio. Corta la superficie que sobresale, y colocando la piedra a la rueda de pulir, la presiona para que se desgaste toda aspereza. Luego, levantando la joya ante la luz, el Maestro ve en ella un reflejo de sí mismo, y la considera digna de ocupar un lugar en su corona.

"En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, te tomaré,... y te pondré como anillo de sellar; porque yo te escogí, dice Jehová de los ejércitos". Bendita sea la experiencia, aunque sea severa, que le da un nuevo valor a la piedra, y la hace brillar con un vivo esplendor.

Dios no dejará que uno de sus obreros sinceros quede solo para luchar contra los grandes males y sea vencido. El preserva como una piedra preciosa a cada uno cuya vida está oculta con Cristo en Dios.

E. G. W.

jueves, 9 de septiembre de 2010

DEJAD BRILLAR VUESTRA LUZ

Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. Mat. 5:16.

A toda alma nacida en el reino de Cristo se le dará una solemne comisión: Dejad que vuestra luz brille delante de los hombres, para que ellos, al ver vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. Derramad sobre vuestros vecinos los abundantes rayos de luz recibidos del Sol de justicia; dirigid sobre vuestros amigos en el mundo las brillantes gemas de luz y verdad que os fueron abundantemente impartidas desde el trono de Dios. Esto es negociar con los talentos confiados. Pasad de la luz a una luz mayor. Apoderaos más y más de los brillantes rayos que proceden del Sol de justicia y brillad cada vez más hasta llegar al día perfecto.

Jesús no le pide al cristiano que se esfuerce por brillar, sino que deje que su luz brille con rayos claros y distintos ante el mundo. No cubráis vuestra luz. No retengáis pecaminosamente vuestra luz. No dejéis que la bruma, la neblina y la malaria del mundo oculten vuestra luz. No la ocultéis bajo la cama o bajo un almud, sino ponedla en el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa... Dios os pide que brilléis y que penetréis en la tinieblas morales del mundo.

Muchos no saben qué les sucede. Quieren luz y no ven ningún rayo. Llaman pidiendo ayuda y no oyen ninguna respuesta. ¿Se perpetuarán la duda y la incredulidad porque yo no reúno los rayos de luz divina que proceden de Jesucristo y no los hago brillar sobre otros?...

Las grandes luchas de mi propia alma contra las tentaciones, los sinceros anhelos de mi mente y corazón por poseer a Dios y a Jesucristo como mi Salvador personal, y por tener seguridad, paz y reposo en su amor, me inducen cada día a desear colocarme donde los rayos del Sol de justicia puedan brillar sobre mí. Sin esta experiencia, seguramente tendré grandes pérdidas, y todos aquellos con quienes me relaciono quedarán, afectados por la pérdida de la luz que yo debiera estar recibiendo de la Fuente de toda luz y consuelo, y que debiera estar reflejando en su camino. ¿Seré una luz para el mundo, o una sombra de tinieblas?

E. G. W.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

EL CIELO ES BARATO A CUALQUIER PRECIO

Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. Luc. 14:27.

Es demasiado cierto que la gran masa que posee habilidad y talento no elige viajar por el camino cristiano. ¿Son su talento y su habilidad demasiado preciosos para dedicarlos al Dador, al Señor del, cielo y la tierra?...

Muchos serían seguidores de Cristo si él descendiera de la cruz y se presentara ante ellos en la forma en que ellos desean. Si viniera con riquezas y placeres, muchos lo recibirían alegremente, y se apresurarían a coronarlo como el Señor de todo. Si sólo pusiera a un lado su humillación y sus sufrimientos y exclamara: "El que quiere venir en pos de mí, agrádese a sí mismo y goce del mundo y será mi discípulo", multitudes creerían en él.

Pero el bendito Jesús no vendrá a nosotros en ninguna otra forma, sino como el manso y humilde crucificado. Debemos participar de su abnegación y sufrimientos aquí, si queremos tomar la corona en el más allá...

La Palabra de Dios no ha ensanchado el camino angosto, y si las multitudes han encontrado un camino donde pueden llevar una forma de piedad y no llevar la cruz o sufrir tribulación, han encontrado un camino por donde nuestro Salvador no anduvo y siguen otro ejemplo que no es el que Cristo nos dejó. ¿No es suficiente que Jesús haya dejado la felicidad y la gloria del cielo, que haya llevado una vida de pobreza y de profunda aflicción, y que haya muerto de una muerte cruel y vergonzosa para proporcionamos los gozos de la santidad y el cielo? ¿Y podría ser que nosotros, los objetos indignos de una condescendencia y un amor tan grandes, busquemos una parte mejor en esta vida de la que se le dio a nuestro Redentor?

¡Cuán fácil sería el camino que lleva al cielo si no exigiera la abnegación o la cruz! ¡Cómo se apresurarían los mundanos a correr hacia el camino, y cómo viajarían los hipócritas por él en número incontable! Gracias a Dios por la cruz y por la abnegación. La ignominia y la vergüenza que nuestro Salvador soportó por nosotros no son demasiado humillantes para aquellos salvados por la redención de su sangre. Verdaderamente el cielo resulta barato.

E. G. W.

martes, 7 de septiembre de 2010

LA HERMOSURA DE LA SEMEJANZA CON CRISTO

No defraudando, sino mostrándose fíeles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador. Tito 2:10.

Todo aquel que nombra el nombre de Cristo debe adornar la doctrina de Cristo nuestro Salvador mediante una vida bien llevada y un comportamiento piadoso, y también el adorno de un espíritu manso y sereno... Si poseéis estoy tendréis favor con Cristo y con los hombres.

Las palabras pronunciadas con apresuramiento hieren y magullan las almas y la herida más profunda se produce en el alma del que las pronuncia. El que no puede equivocarse declara que el don de Cristo, el adorno de un espíritu manso y sereno, es de gran valor. Todos debemos descubrir su valor por nosotros mismos pidiéndolo a Dios. No importa cómo nos estimen los hombres, si llevamos este adorno, llevamos la señal de nuestro discipulado con Cristo. Somos apreciados por el Altísimo, porque el adorno que llevamos tiene gran valor ante su vista. Debemos buscar esta preciosa gema...

Cada alma tendrá que hacer frente a cosas que provocan, que despiertan la ira, y si no están bajo el pleno control de Dios, serán provocados cuando ocurran estas cosas. Pero la mansedumbre de Cristo cambia el espíritu exasperado, controla la lengua, pone todo el ser bajo sujeción a Dios. Así aprendemos a tener paciencia con la censura de los demás. Seremos juzgados mal, pero el precioso adorno de un espíritu manso y sereno nos enseña cómo soportar, cómo tener piedad con aquellos que pronuncian palabras apresuradas y desconsideradas.

Cualquier manifestación de un espíritu desagradable seguramente despertará al demonio de la pasión que mora en los corazones que no están vigilados. Al enojo impío no hay que fortalecerle, sino someterlo. Es una chispa que encenderá fuego a la naturaleza humana indomada. Evitad pronunciar palabras que promoverán dificultades. Es mejor soportar el mal que hacer el mal. Dios quiere que cada uno de sus seguidores, hasta donde sea posible, viva en paz con todos los hombres...

Debemos ser semejantes a Cristo. Esforcémonos por hacer que nuestras vidas sean lo que Cristo quiere que sean. Plenas de la fragancia del amor a Dios y a nuestros semejantes, llenas del Espíritu divino de Cristo, llenas de santas aspiraciones hacia Dios, ricas en la hermosura de la semejanza a Cristo.

E. G. W.

lunes, 6 de septiembre de 2010

EL TEMPLO SAGRADO DEL CUERPO

¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. 1 Cor. 6:19-20.

Esa perfección de carácter que el Señor requiere es la preparación de todo el ser como un templo para la morada del Espíritu Santo. Dios no aceptará nada menos que el servicio de todo el organismo humano. No basta poner en acción algunas partes de la maquinaria viviente. Todas las partes deben trabajar en armonía perfecta, o el servicio será deficiente. Así es como el hombre es calificado para cooperar con Dios representando a Cristo ante el mundo. Así Dios desea preparar a un pueblo que esté delante de él puro y santo, para poder introducirlo en la sociedad de los ángeles celestiales.

Se nos ha confiado el mensaje más solemne dado alguna vez al mundo, y el objeto que debe mantenerse clara y distintamente ante nuestras mentes es la gloria de Dios. Cuidemos de no hacer nada que debilite nuestra salud física, mental o espiritual, porque Dios no acepta un sacrificio manchado, enfermo y corrompido. Debemos ejercer cuidado en el comer, en el beber y en el trabajar, para no rebajar nuestra eficiencia...

Es nuestro deber adiestrar y disciplinar el cuerpo a fin de rendir al Maestro el servicio más elevado posible. No debemos dejarnos controlar por las inclinaciones. No debemos dejarnos dominar por el apetito, ni consentir en el uso de aquello que no es, para nuestro bien, simplemente porque halaga el gusto; tampoco hemos de procurar vivir según un plan de inanición, con la idea de que así nos haremos espirituales, y de que Dios será glorificado. Debemos emplear la inteligencia que Dios nos ha dado a fin de perfeccionar nuestro cuerpo, alma y espíritu para que podamos tener un carácter simétrico, tanto como una mente equilibrada, y hacer una obra perfecta para el Maestro.

El sagrado templo de nuestro cuerpo debe mantenerse puro y sin contaminación, para que el Espíritu Santo de Dios more en él.

E. G. W.

domingo, 5 de septiembre de 2010

SEÑALES DE NUESTRO HOGAR CELESTIAL

Tú solo eres Jehová; tú hiciste los cielos, y los cielos de los cielos, con todo tu ejército, la tierra y todo lo que está en ella, los mares y todo lo que hay en ellos; y tú vivificas todas estas cosas, y los ejércitos de los cielos te adoran. Neh. 9:6.

Hay hermosura en la pavorosa grandeza del valle, en las solemnes y macizas rocas agrietadas; hay majestad en las montañas que parecen tocar el cielo. Ahí están los elevados árboles con sus hojas delicadamente formadas; las briznas de hierba, el capullo que comienza a abrir y las flores abiertas, los árboles del bosque, todos los seres vivientes. Todos orientan la mente hacia el Dios grande y viviente. Cada facultad de nuestro ser testifica de que hay un Dios vivo, y podemos aprender del libro abierto de la naturaleza las lecciones más preciosas respecto del Señor del cielo.

En este estudio la mente se expande, se eleva y se torna deseosa de conocer más acerca de Dios y de su majestad. En nuestro corazón se despiertan sentimientos no sólo de reverencia y pavor, sino de amor, de fe, de confianza y de completa dependencia de Aquel que es el dador de todo bien. Y cuando contemplo sus maravillosas obras y veo las evidencias de su poder, instintivamente pregunto: "¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites? (Sal. 8:4).

Toda la grandeza y la gloria de estas maravillosas cosas que hay en la casa de Dios pueden apreciarse tal como son, en la mente, asociadas con Dios y el futuro hogar que él está preparando para aquellos que le aman... Mientras hablamos abundantemente de otros países, ¿por qué hemos de ser reticentes respecto del país celestial y de las casas que no son edificadas con mano que están en los cielos? Este país celestial es de más importancia para nosotros que cualquier otro país del globo, por lo tanto deberíamos pensar y hablar de este país celestial. ¿Y por qué no habríamos de conversar más sinceramente, y con nuestra mente orientada por lo celestial, acerca de los dones de Dios manifestados en la naturaleza?... Estas cosas han de mantener a Dios en nuestro recuerdo, elevar nuestros corazones de las cosas sensuales, y atarlos con vínculos de amor y de gratitud a nuestro Creador.

E. G. W.

sábado, 4 de septiembre de 2010

MANTENED EN ALTO LA NORMA

Alzad pendón a los pueblos. Isa. 62:10.

La Palabra de Dios no sólo establece los grandes principios de la verdad y el deber que debieran gobernar nuestra vida, sino que también presenta, para nuestro ánimo, la historia de muchos que han ejemplificado tales principios. Hombres "sujetos a semejantes pasiones que nosotros", han luchado contra la tentación, y vencido en la fortaleza del Ayudador todopoderoso...

Fuera del Modelo perfecto, en las páginas sagradas no figura un personaje más digno de admiración que el profeta Daniel. Estando expuesto en su juventud a todos los engaños de la corte real, se convirtió en un hombre de integridad inconmovible y de ferviente devoción a Dios. Estuvo sujeto a las fieras tentaciones de Satanás; sin embargo, no vaciló, y tampoco cambió su conducta. Fue firme donde muchos habrían cedido; fue verdadero donde ellos habrían sido falsos; fue fuerte donde ellos habrían sido débiles. Daniel fue un alto cedro del Líbano... Ojalá que la fe, la integridad, y la devoción del profeta Daniel pudieran vivir en los corazones del pueblo de Dios de hoy. Nunca se necesitaron tanto como ahora esas nobles cualidades...

En la historia de aquellos que han obrado y sufrido por el nombre de Jesús, no hay ninguno que brille con un esplendor más puro y refulgente que el nombre de Pablo, el apóstol a los gentiles. El amor de Jesús, brillando en su corazón, lo hizo olvidarse de sí mismo y ser abnegado. Había visto al Cristo resucitado, y la imagen del Salvador se había impreso en su alma y brillaba en su vida. Con fe, valor y fortaleza, para no ser amedrentado por el peligro o retrasado por los obstáculos, anduvo de un país a otro difundiendo el conocimiento de la cruz...

¿Están los profesos seguidores de Cristo ejemplificando de esta manera los principios de su fe? ¿Dónde están las profundas, vivientes y santas experiencias que los hombres de Dios solían contar? ¿Se ha rebajado la norma del cristianismo?... No; esa norma permanece donde Dios la puso. Los hombres santos de épocas pasadas debieron abandonarlo todo por Cristo, para fomentar su espíritu e imitar su ejemplo. El no aceptará nada menos que esto ahora. Cuando seamos llamados a darlo todo por Cristo, ¿quién soportará la prueba?

E. G. W.

viernes, 3 de septiembre de 2010

GRANDE A LA VISTA DE DIOS

El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel, y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. Luc. 16:10.

La vida no está hecha únicamente de cosas grandes; son las cosas pequeñas las que forman la suma de la felicidad de la vida o de sus miserias. Son las pequeñas cosas de la vida las que revelan el verdadero carácter de una persona. Oh, si todos los jóvenes y los adultos pudieran ver, como yo he visto, el espejo de la vida de las personas que se presenta delante de ellas, considerarían con más seriedad los pequeños deberes de la vida. Cada error, aunque parezca sin importancia, deja una cicatriz en esta vida y una mancha en los registros celestiales.

La vida está llena de quehaceres que no son agradables, pero todos estos deberes ingratos serán hechos agradables cuando se ejecutan gozosamente porque es lo correcto. Si se toma interés en las obligaciones que se deben cumplir, y uno se esfuerza por hacerlas con el corazón, se tornarán placenteras hasta las más fastidiosas.

Hay muchos que desdeñan los pequeños acontecimientos de la vida, los pequeños actos que deben realizarse cada día; pero estas cosas no debieran considerarse insignificantes, porque toda acción se realiza para el beneficio o el daño de algún otro... Nos ponemos en el lado correcto únicamente obrando de acuerdo con los principios de la Palabra de Dios que rigen las pequeñas transacciones de la vida. Somos probados por estos pequeños incidentes, y se estimará nuestro carácter por lo que fuere nuestra obra.

Lo que le proporciona a la vida la mayor belleza y lo que da el éxito es la concienzuda atención a lo que el mundo llama cosas pequeñas.

Pequeñas obras de caridad,

pequeñas palabras de bondad,

pequeños actos de abnegación,

un sabio aprovechamiento de las oportunidades,

un diligente cultivo de los pequeños talentos,

hacen a los hombres grandes a la vista de Dios.

E. G. W.

jueves, 2 de septiembre de 2010

COMO CRECER EN LA GRACIA

Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén. 2 Ped. 3:18.

¿Cómo es posible que crezcamos en la gracia? Es posible hacerlo únicamente si vaciamos nuestros corazones del yo y los presentamos al cielo para ser moldeados a la semejanza divina. Debemos tener una conexión con el canal viviente de la luz; debemos ser refrescados por el rocío celestial, y hacer que las lluvias del cielo desciendan sobre nosotros. Cuando nos apropiemos de las bendiciones de Dios estaremos en condiciones de recibir medidas más grandes de su gracia.

Debemos sentarnos, como niñitos, a los pies de Jesús para aprender de él. No debemos permitir que pase un solo día sin obtener un aumento de conocimiento en las cosas temporales y espirituales. No debemos plantar estacas que no estemos dispuestos a retirar para plantarlas más adelante, más cerca de las alturas a que esperamos ascender. La educación más elevada debe encontrarse en la preparación de la mente para que avance día a día. El final de cada día debiera encontrarnos a un día de marcha más cerca de la recompensa del vencedor. Nuestro entendimiento debe madurar día a día. Día a día debemos obtener conclusiones que proporcionarán una rica recompensa en esta vida y en la vida venidera. Contemplando diariamente a Jesús en lugar de contemplar lo que nosotros mismos hemos hecho, realizaremos un decidido avance en el conocimiento temporal tanto como en el espiritual.

El fin de todas las cosas se está acercando. Lo que hemos hecho no ha de poner punto final a nuestra obra. El Capitán de nuestra salvación dice: "Avanzad. La noche viene, en la cual ningún hombre puede obrar". Debemos aumentar constantemente nuestra utilidad. Nuestras vidas siempre deben estar bajo el poder de Cristo. Nuestras lámparas deben mantenerse brillando ardientemente... El que se coloca en un lugar donde Dios puede iluminarlo, avanza de la oscuridad parcial del amanecer hasta el pleno resplandor del mediodía.

Debemos poner en tensión todo nervio y músculo espirituales... Dios... no desea que sigan siendo novicios. El desea que usted alcance peldaño más alto de la escalera, y después pase de allí al reino de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

E. G. W.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

CON LOS OJOS DE LA FE

Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos. Efe. 1:18.

La más elevada calificación de la mente no reemplazará, no puede reemplazar, el lugar de la verdadera sencillez y de la piedad genuina. La Biblia debe estudiarse como debiera estudiarse una rama de la ciencia humana; pero su hermosura, la evidencia de su poder para salvar el alma que cree, es una lección que nunca podrá aprenderse de esta manera. Si no se manifiestan en la vida las cosas prácticas de la Palabra, entonces la espada del Espíritu no ha herido el corazón natural. Se ha escudado con una fantasía poética. El sentimentalismo lo ha rodeado de tal manera que el corazón no ha sentido suficientemente la agudeza de su filo, horadando y cortando los altares pecaminosos donde se adora el yo...

Los ojos de los entendidos deben ser iluminados, y el corazón y la mente puestos en armonía con Dios, quien es verdad. Quien contempla a Jesús con los ojos de la fe no ve ninguna gloria en sí mismo, porque la gloria del Redentor se refleja en la mente y el corazón. Comprende la expiación lograda por su sangre, y el perdón de los pecados conmueve su corazón con gratitud.

Siendo justificado por Cristo, el que recibe la verdad es constreñido a realizar una entrega completa a Dios, y se lo admite en la escuela de Cristo para poder aprender de Aquel que es manso y humilde de corazón. Conoce ampliamente el amor de Dios y exclama: ¡Oh, qué amor! ¡Qué condescendencia! Posesionándose de la ricas promesas por la fe, se convierte en un participante de la naturaleza divina. Su corazón se vacía del yo, y las aguas de la verdad entran en él; la gloria del Señor muestra su brillo. Contemplando perpetuamente a Jesús, lo humano es asimilado por lo divino. El creyente es transformado a su semejanza... El carácter humano es cambiado en divino.

Cristo contempla a su pueblo en su pureza y perfección como una recompensa de todos sus sufrimientos, su humillación y su amor, y el suplemento de su gloria: Cristo el gran centro, del cual irradia toda gloria.

E. G. W.