lunes, 31 de mayo de 2010

PREPARACIÓN PARA EL DIA SANTO

Acuérdate del día de reposo para santificarlo. (Exo. 20: 8.)

Al mismo comienzo del cuarto mandamiento el Señor dijo: "Acuérdate". El sabía que en medio de la multitud de cuidados y perplejidades el hombre se vería tentado a excusarse de satisfacer todo lo requerido por la ley, o se olvidaría de su importancia sagrada. Por lo tanto dijo: "Acuérdate del día de reposo para santificarlo".

Cuando el sábado es así recordado, no se permitirá que lo temporal usurpe lo que pertenece a lo espiritual. Ningún deber que pertenece a los seis días hábiles será dejado para el sábado. Durante la semana nuestras energías no serán agotadas de tal manera en el trabajo temporal que, en el día en que el Señor descansó y fue refrigerado, estemos demasiado cansados para dedicamos a su servicio...

Termínense el viernes los preparativos para el sábado. Cuidad de que toda la ropa esté lista y que se haya cocinado todo lo que debe cocinarse... El sábado no ha de destinarse a reparar ropas, a cocinar alimentos, a los placeres o a ningún otro empleo mundanal. Antes de que se ponga el sol debe ponerse a un lado todo trabajo secular y todos los periódicos de ese carácter deben ser puestos fuera de la vista. Padres, expliquen su trabajo y su propósito a sus hijos, y permitan que ellos compartan en su preparación para guardar el sábado conforme al mandamiento.

Hay otra obra que debe recibir atención en el día de la preparación. En este día todas las diferencias entre los hermanos, sean en la familia o en la iglesia, deberán dejarse a un lado. Expulsemos del alma toda amargura, furia o malicia. En un espíritu de humildad, "confesad vuestras faltas los unos a los otros y orad los unos por los otros".

Antes de la puesta del sol congréguense los miembros de la familia para leer la Palabra de Dios y para cantar y orar.

Debemos cuidar celosamente las extremidades del sábado. Recordemos que cada momento es tiempo santo y consagrado.

E. G. W.

domingo, 30 de mayo de 2010

UNA MESA PREPARADA DELANTE DE MI

El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. (Juan 6: 54-55.)

Recibir los elementos vitales de las Escrituras y hacer la voluntad de Dios, traen vida eterna. Esto es lo que significa comer la carne y beber la sangre del Hijo de Dios. Todos tienen el privilegio de participar del pan del cielo al estudiar la Palabra, y de este modo obtener nervios y músculos espirituales.

Cada cual puede apropiarse de la bendición para beneficio de su propia alma, de lo contrario no se alimentará... Sabéis que no podríais alimentaros por el solo hecho de contemplar una mesa bien preparada y ver a otros comer. Languideceremos si no participamos del alimento físico; del mismo modo, perderemos nuestra fuerza y vitalidad espirituales si no nos alimentamos del pan espiritual...

La mesa ha sido preparada, y Cristo nos invita a la fiesta. ¿Permaneceremos alejados rechazando su generosidad y declarando: "Esto no se refiere a mí"? Hay un himno que describe una fiesta donde la familia feliz se reúne para participar de los generosos manjares que ofrece el padre. Mientras los niños alegres rodean la mesa, hay una hambrienta niñita mendiga que se ha detenido en el umbral. Se la invita a entrar, pero con tristeza se retira exclamando: "Mi padre no está allí". ¿Asumiréis vosotros esta actitud ante la invitación de Jesús? ¡Oh, si tenéis un Padre en las cortes celestiales, os suplico que lo manifestéis! El quiere haceros participantes de sus riquezas y bendiciones. Todos los que acudan con el amor confiado de un niñito, hallarán a un padre allá.

Venid al agua de vida y bebed. No os mantengáis apartados y quejándoos de sed. El agua de vida es gratis para todos.

Aquellos que coman y digieran su Palabra, haciéndola parte de cada acción y cada atributo de carácter, se harán fuertes en la fortaleza de Dios. Esto dará un vigor inmortal al alma, perfeccionando la experiencia y produciendo goces que permanecerán para siempre.

E. G. W.

sábado, 29 de mayo de 2010

LIBRE COMUNIÓN CON DIOS

Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero. (Apoc. 21: 22.)

El pueblo de Dios tiene el privilegio de comunicarse directamente con el Padre y el Hijo. "Ahora vemos oscuramente como por medio de un espejo". Nosotros vemos la imagen de Dios reflejada como en un espejo en las obras de la naturaleza y en su modo de obrar para con los hombres; pero entonces le veremos cara a cara sin velo que nos lo oculte. Estaremos en su presencia y contemplaremos la gloria de su aspecto.

Podemos dirigirnos al Señor usando la cariñosa expresión: "Padre nuestro", que es muestra del afecto que profesamos y una garantía de su tierna preocupación y amistad hacia nosotros. Y el Hijo de Dios, al contemplar a los herederos de la gracia, "no se avergüenza de llamarlos hermanos". La relación de éstos con Dios es más sagrada aun que la de los ángeles que nunca pecaron.

Todo el amor paterno que se ha manifestado en el curso de todas las generaciones a través del corazón humano, todos los manantiales de ternura que surgieron en el alma de los hombres, no son más que un fino arroyuelo comparado con un océano ilimitado, frente al amor infinito e inagotable de Dios.

El cielo consiste en acercarse incesantemente a Dios por Cristo. Cuanto más tiempo gocemos de este cielo de bienaventuranza, tanto más de la gloria se abrirá ante nosotros; y cuanto más conozcamos a Dios, tanto más intensa será nuestra felicidad.

¿Y cuál será la dicha del cielo sino ver a Dios? ¿Qué gozo mayor podrían gozar los pecadores salvados por la gracia de Cristo que el de contemplar el rostro de Dios y conocerlo como Padre suyo?

¡Qué consuelo infunde contemplarlo con el ojo de la fe, de manera que contemplándolo nos asemejemos a él! Y ¡cuánto mayor será el gozo de contemplarlo tal cual es, sin que se interponga un velo nublador entre nosotros!

E. G. W.

viernes, 28 de mayo de 2010

CRISTO RESERVA CORONAS

Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida. (2 Tim. 4: 8.)

Antes de entrar en la ciudad de Dios, el Salvador confiere a sus discípulos los emblemas de la victoria, y los cubre con las insignias de su dignidad real. Las huestes resplandecientes son dispuestas en forma de un cuadrado hueco en torno de su Rey, cuya estatura sobrepasa en mucho en majestad a la de los santos y de los ángeles, y cuyo rostro irradia sobre ellos lleno de amor benigno. De un cabo a otro de la innumerable hueste de los redimidos, toda mirada está fija en él, todo ojo contempla la gloria de Aquel cuyo aspecto era tan desfigurado "más que cualquier hombre, y su forma más que los hijos de Adán". Sobre la cabeza de los vencedores, Jesús coloca con su propia diestra la corona de gloria. Cada cual recibe una corona que lleva su propio "nombre nuevo", y la inscripción: "Santidad a Jehová". A todos se les pone en la mano la palma de la victoria y el arpa brillante. Luego que los ángeles que mandan dan la nota, todas las manos tocan con maestría las cuerdas de las arpas, produciendo dulce música en ricos y melodiosos acordes. Dicha indecible estremece todos los corazones, y cada voz se eleva en alabanzas de agradecimiento: "¡Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre, a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos!" ¡Ah, qué gozo inenarrable el de ver al que amamos, el de ver la gloria de Aquel que nos amó tanto que se entregó por nosotros, el de contemplar cómo se extienden para bendecirnos y acogernos esas manos que fueron horadadas para lograr nuestra redención!

Los que... se entregan en las manos de Dios... verán al Rey en su hermosura. Contemplarán su incomparable encanto, y, pulsando las áureas arpas, henchirán el cielo de exquisita música y harán oír los cantos del Cordero.

E. G. W.

jueves, 27 de mayo de 2010

ASEGURO MI LLAMAMIENTO

Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. (2 Ped. 1: 10.)

Aquí se nos ofrece un seguro de vida que nos garantiza la vida eterna en el reino de Dios. Os ruego que estudiéis estas palabras del apóstol Pedro. Cada cláusula encierra entendimiento e inteligencia. Al asirnos del Dador de vida, que se entregó por nosotros, recibimos la vida eterna.

Cada uno de nosotros decide su destino eterno, y de nosotros depende en absoluto que alcancemos la vida perdurable. ¿Viviremos las enseñanzas encerradas en la Palabra de Dios, que es el incomparable libro de texto de Cristo? Este es el libro más grandioso aunque el más sencillo y comprensible de todos cuantos se han escrito para dar instrucciones respecto a la conducta apropiada en lo que a modales, lenguaje y sentimientos se refiere. Es el único libro que puede preparar a los seres humanos para la vida que se compara con la vida de Dios. Y los que estudien diariamente esta Palabra serán los únicos que merecerán el diploma que les dará derecho para educar y preparar a los niños para entrar en la escuela superior, donde serán coronados como triunfantes vencedores.

Cristo Jesús es el único que puede juzgar si los seres humanos están en condiciones de recibir la vida eterna. Los portales de la santa ciudad se abrirán ante los que hayan sido humildes, mansos y sencillos seguidores de Cristo, ante los que aprendieron sus lecciones y recibieron el seguro de vida de Jesús por haber formado caracteres según la divina semejanza.

Cuando los rescatados sean redimidos de la tierra, la ciudad de Dios se abrirá ante vosotros... Entonces recibiréis el arpa, y elevaréis vuestra voz para entonar himnos de alabanza en honor de Dios y del Cordero, cuyo sacrificio os hizo participantes de su naturaleza y os brindó una herencia inmortal en el reino de Dios.

E. G. W.

miércoles, 26 de mayo de 2010

REFORMEMOS NUESTRO ENTENDIMIENTO

No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. (Rom. 12: 2.)

Nada puede apartamos de Dios fuera de la voluntad rebelde.

La voluntad es el poder que domina en la naturaleza humana. Si se afirma la voluntad debidamente, todo el resto del ser quedará bajo su dominio. La voluntad no es el gusto o la inclinación, sino la capacidad de elegir y decidir, la capacidad suprema, que obra en los hijos de los hombres para obedecer o desobedecer a Dios.

Estaréis en constante peligro hasta que comprendáis cuál es el verdadero poder de la voluntad. Podréis creer y prometer todo, pero vuestras promesas y fe no tendrán valor a menos que uséis la voluntad como se debe. Si lucháis la batalla de la fe con vuestra fuerza de voluntad, sin duda venceréis.

Lo que os corresponde es volcar vuestra voluntad en el bando de Cristo. Cuando le entregáis vuestra voluntad, él inmediatamente toma posesión de vosotros, y obra en vosotros el querer y el hacer por su buena voluntad. Entonces vuestra naturaleza queda sometida a su Espíritu. Hasta vuestros pensamientos quedan sujetos al Señor. Si no podéis dominar vuestros impulsos y emociones como deseáis, a lo menos podéis dominar la voluntad, de modo que se efectúe un gran cambio en vuestra vida. Cuando entregáis vuestra voluntad a Cristo, vuestra vida queda escondida con Cristo en Dios. Hace alianza con el poder que supera a todos los principados y las potestades. Tenéis fuerza divina que os mantiene asidos a su fortaleza; y se abre ante vosotros la posibilidad de una nueva vida, la vida de la fe.

Jamás lograréis elevaros a menos que vuestra voluntad esté de parte de Cristo, y colabore con el Espíritu de Dios. No creáis que no podéis vencer; en cambio, decid: "Puedo y quiero". Y Dios se ha comprometido a concederos su Santo Espíritu para ayudaros cuando empeñáis vuestro decidido esfuerzo.

E. G. W.

martes, 25 de mayo de 2010

LA FORTALEZA DE CRISTO

¿O forzará alguien mi fortaleza? Haga conmigo paz; sí, haga paz conmigo. (Isa. 27: 5).

El enemigo no puede vencer al humilde alumno de Cristo, al que ora y anda en presencia del Señor. Cristo se interpone entre ambos como un escudo, un refugio, para desviar los ataques del malo. Se ha prometido lo siguiente: "Porque vendrá el enemigo como río, mas el Espíritu de Jehová levantará bandera contra él"...

Se le permitió a Satanás que tentara al confiado Pedro, tal como se le había permitido que tentara a Job; pero una vez terminada su obra, tuvo que retirarse. Si a Satanás se le hubiera permitido cumplir su propósito, no habría habido esperanza para Pedro. Su fe habría naufragado. Pero el enemigo no se atrevió a excederse de la jurisdicción que se le había asignado. No hay poder en todo el ejército satánico que pueda desarmar al alma que confía, con sencilla fe, en la sabiduría que desciende de Dios.

Cristo es la torre de nuestra fortaleza, y Satanás no tiene poder sobre el alma que anda con Dios con humildad de espíritu. El dijo: "¿O forzará alguien mi fortaleza? Haga conmigo paz; sí, haga paz conmigo". En Cristo, el alma tentada encuentra ayuda perfecta y completa. Los peligros acechan en todos los senderos, pero todo el universo celestial se mantiene en actitud de alerta para no permitir que nadie sea tentado más de lo que puede soportar. Algunos tienen rasgos muy fuertes de carácter, que tendrán que ser reprimidos constantemente. Si se los mantiene bajo el dominio del Espíritu de Dios, esas características serán una bendición; en caso contrario, resultarán una maldición... Si nos entregamos generosamente a la tarea, sin desviarnos en lo más mínimo de los principios, el Señor nos circundará con sus brazos eternos, y se revelará como un poderoso ayudador. Si miramos a Jesús como el Ser en quien podemos confiar, jamás nos abandonará en ninguna situación apremiante.

E. G. W.

lunes, 24 de mayo de 2010

LOS ÁNGELES ME GUÍAN

He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado. (Exo. 23: 20.)

Todo el cielo está empeñado en la obra de preparar un pueblo que permanezca firme en el día del Señor. Es evidente que la relación que hay entre el cielo y la tierra es muy estrecha...

Los seres celestiales aguardan con fervor casi impaciente la oportunidad de hacernos conocer a Dios, para que podamos colaborar con ellos al presentar a Jesús, el Redentor del mundo, lleno de gracia y de verdad...

La primera lágrima de arrepentimiento crea gozo entre los ángeles de los atrios celestiales. Los mensajeros angélicos están listos para volar a socorrer al alma que busca a Jesús...

Grandes y gloriosas cosas ha preparado Dios para quienes lo aman. Los ángeles esperan con ansiosa expectativa el momento en que se decidirá el triunfo definitivo del pueblo de Dios, ocasión en que los serafines y querubines y "millones de millones" elevarán los himnos de los bienaventurados y celebrarán los triunfos de las hazañas mediadoras que permitieron la restauración del hombre.

Jesús calculó el costo de la salvación de cada hijo e hija de Adán. Tomó generosas medidas a fin de que, en caso de estar dispuestos a cumplir las condiciones impuestas, nadie tuviera que perecer, sino que pudiera poseer la vida eterna... Cada ser celestial labora como agente del Señor en la tarea de ganar al hombre para Dios.

Los ángeles de gloria hallan su gozo en dar... amor y cuidado incansable a las almas que están caídas y destituidas de santidad. Los seres celestiales desean ganar el corazón de los hombres; traen a este oscuro mundo luz de los atrios celestiales; por un ministerio amable y paciente, obran sobre el espíritu humano, para poner a los perdidos en una comunión con Cristo aun más íntima que la que ellos mismos pueden conocer.

E. G. W.

domingo, 23 de mayo de 2010

CRISTO ES MI HERMANO MAYOR

Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. (Heb. 2: 17.)

El Hermano mayor de nuestra raza está junto al trono eterno. Desde allí mira a toda alma que vuelve su rostro hacia él como al Salvador. Sabe por experiencia lo que es la flaqueza humana, lo que son nuestras necesidades, y en qué consiste la fuerza de nuestras tentaciones; pues fue "tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado" (Heb. 4: 15). Está velando sobre ti, tembloroso hijo de Dios. ¿Eres tentado? Te librará. ¿Eres débil? Te fortalecerá. ¿Eres ignorante? Te iluminará. ¿Estás herido? Te curará. Jehová "cuenta el número de las estrellas"; y no obstante él es también el que "sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas" (Sal. 147: 3-4).

Cualesquiera que sean tus angustias y pruebas, expónlas al Señor. Tu espíritu encontrará sostén para sufrirlo todo. El camino te será despejado para que puedas librarte de todo enredo y aprieto. Cuanto más débil y desamparado te sientas, más fuerte serás con su ayuda. Cuanto más pesadas tus cargas, más dulce y benéfico tu descanso, al echarlas sobre Aquel que se ofrece a llevarlas por ti.

Las circunstancias pueden separar a los amigos; las aguas intranquilas del amplio mar pueden agitarse entre nosotros y ellos. Pero ninguna circunstancia, ninguna distancia pueden separarnos del Salvador. Dondequiera que estemos, él está siempre a nuestra derecha, para sobrellevar, conservar, sostener y animar. Más grande que el amor de una madre por su hijo, es el amor de Cristo por sus rescatados. Es nuestro privilegio descansar en su amor y decir: "En él confiaré; pues dio su vida por mí".

El amor humano puede cambiar; el de Cristo no conoce mudanza. Cuando clamamos a él por auxilio, su mano se extiende para salvar.

El desea que comprendamos que él regresó al cielo como Hermano mayor nuestro y que ha puesto a nuestra disposición el inconmensurable poder que se le confirió a él.

E. G. W.

sábado, 22 de mayo de 2010

DIOS CUIDA DE MI

No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. (Isa. 41: 10.)

El Señor se mantiene en activa comunicación con cada parte de sus vastos dominios. Se lo representa inclinándose hacia la tierra y sus habitantes. Él escucha cada palabra que se pronuncia y oye cada gemido; presta atención a cada oración; observa los movimientos de cada ser...

Dios siempre ha velado por su pueblo... Cristo enseñó a sus discípulos que la medida de atención divina concedida a cualquier objeto o ser depende de la jerarquía que le corresponde dentro de la creación de Dios. Les señaló los pájaros, y les dijo que ni siquiera un gorrión cae en tierra sin que el Padre celestial lo advierta. Y si Dios se preocupa por un gorrioncillo, con toda seguridad las almas por las cuales Cristo murió son de inmenso valor para él. El valor del hombre, la estima en que Dios lo tiene, se revela en la cruz del Calvario...

La misericordia y el amor de Dios hacia la raza caída no han dejado de multiplicarse, ni han cambiado de dirección.

Es cierto que sufriremos chascos y que nos aguardan tribulaciones; pero debemos encomendar todo, sea grande o pequeño, a nuestro Dios. A él no lo aturden la multitud de nuestros sinsabores, ni lo abruma el peso de nuestras cargas. Su protección se extiende a todos los hogares y vela por cada individuo. A él le preocupan todos nuestros negocios y pesares. Él anota cada lágrima; se conmueve al advertir nuestras debilidades. Todas las aflicciones y pruebas que nos sobrecogen son permitidas a fin de que obren los divinos propósitos de amor en nuestro beneficio, "para que recibamos su santificación", y así participemos de la plenitud del gozo que se halla en su presencia.

E. G. W.

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viernes, 21 de mayo de 2010

REVERENCIA EN LA CASA DE DIOS

Mis sábados guardaréis, y mi santuario tendréis en reverencia: Yo Jehová. (Lev. 19: 30, RVA.)

Dios es santo y sublime; y para el alma humilde y creyente, su santuario terrenal, el lugar donde su pueblo se reúne para adorarlo, es una puerta del cielo. El canto de alabanza, las palabras pronunciadas por los ministros de Cristo, son los elementos que Dios ha destinado a la preparación de un pueblo para la iglesia del cielo, y para el culto superior.

Cuando los adoradores entran en el lugar de la reunión, deben hacerlo con decoro, pasando quedamente a sus asientos... La conversación común, los cuchicheos y las risas no deben permitirse en la casa de culto, ni antes ni después del servicio. Una piedad ardiente y activa debe caracterizar a los adoradores.

Si algunos tienen que esperar unos minutos antes de que empiece la reunión, conserven un verdadero espíritu de devoción meditando silenciosamente, manteniendo el corazón elevado a Dios en oración, a fin de que el servicio sea de beneficio especial para su propio corazón, y conduzca a la convicción y conversión de otras almas. Deben recordar que los mensajeros celestiales están en la casa. Todos hemos perdido mucha dulce comunión con Dios por nuestra inquietud, por no fomentar los momentos de reflexión y oración...

Elevad la norma del cristianismo en la mente de vuestros hijos; ayudadles a entretejer a Jesús en su experiencia; enseñadles a tener la más alta reverencia por la casa de Dios, y a comprender que cuando entran en la casa del Señor, deben hacerlo con corazón enternecido y subyugado por pensamientos como éstos: "Dios está aquí; ésta es su casa. Debo tener pensamientos puros y los más santos motivos... Este es el lugar donde Dios se encuentra con su pueblo y lo bendice"...

Los padres no deben sólo enseñar, sino ordenar a sus hijos que entren en el santuario con seriedad y reverencia.

Practicad la reverencia hasta que ésta se convierta en parte de vuestro ser.

E.G.W.

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jueves, 20 de mayo de 2010

PARTICIPAMOS DE SU NATURALEZA

Por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia. (2 Ped. 1: 4.)

Cada promesa que se encuentra en el libro de Dios nos alienta indicándonos que podemos ser participantes de la naturaleza divina. Tal es la posibilidad: confiar en Dios, creer en su Palabra, hacer sus obras; todo esto podemos hacerlo cuando nos aferramos a la divinidad de Cristo. Esta posibilidad vale más para nosotros que todas las riquezas del mundo. No hay nada en la tierra que pueda comparársele. Cuando de esa manera nos asimos del poder que se nos ofrece, recibimos una esperanza tan poderosa que nos permite confiar plenamente en la promesa divina; y aferrándonos a las posibilidades que hay en Cristo, nos convertimos en hijos de Dios...

Aquel que cree plenamente en Cristo llega a ser un participante de la naturaleza divina, y el poder así recibido le servirá para hacer frente a cualquier tentación. No caerá en la tentación ni será derrotado por falta de ayuda. En los momentos de prueba podrá valerse de las promesas y por medio de ellas escapar de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia...

Para hacernos participantes de la naturaleza divina, el cielo entregó su tesoro más valioso. El Hijo de Dios se quitó su manto real y su corona y descendió a la tierra en la forma de un niño. Resolvió vivir una vida perfecta desde la infancia hasta la madurez. Se comprometió a permanecer como representante del Padre en un mundo caído. Y hasta moriría en beneficio de la raza caída. ¡Qué obra maravillosa ésta!... No sé cómo presentar estas verdades; son tan maravillosas, tan maravillosas...

Por su vida de sacrificio y muerte vergonzosa consiguió que nos fuera posible participar de su divinidad y escapar de la corrupción que está en el mundo a causa de la concupiscencia... Si sois participantes de la naturaleza divina, día tras día os iréis capacitando para aquella vida que se asemeja a la de Dios. Día tras día purificaréis vuestra confianza en Jesús y seguiréis su ejemplo y creceréis a su semejanza hasta que os presentéis perfectos ante él.

E.G.W.

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miércoles, 19 de mayo de 2010

LA HERMOSURA DE JEHOVÁ

Y sea la hermosura de Jehová nuestro Dios sobre nosotros. (Sal. 90: 17, VM.)

Dios ama lo hermoso, pero lo que más le agrada es un carácter bello... La hermosura de carácter no perecerá, sino que perdurará a través de los infinitos siglos de la eternidad.

El gran Artífice Maestro pensó en los lirios, haciéndolos tan hermosos que superan la gloria de Salomón. ¡Cuánto mayor interés ha de tener por el hombre, que es la imagen y gloria de Dios! Anhela ver a sus hijos revelar un carácter según su semejanza. Así como el rayo del sol imparte a las flores sus variados y delicados matices, imparte Dios al alma la hermosura de su propio carácter.

Todos los que eligen el reino de amor, justicia y paz de Cristo, considerando sus intereses superiores a todos los demás, están vinculados con el mundo celestial, y son dueños de toda bendición necesaria para esta vida. En el libro de la providencia divina, el volumen de la vida, se nos da a cada uno una página. Esa página contiene todo detalle de nuestra historia. Aun los cabellos de nuestra cabeza están contados. Dios no se olvida jamás de sus hijos.

La ostentación mundana, por imponente que sea, carece enteramente de valor a los ojos de Dios. Por encima de lo visible y temporal, él aprecia lo invisible y eterno. Lo primero no vale sino para expresar lo segundo. Los productos más escogidos del arte no tienen belleza comparable con la del carácter, que es el fruto de la obra del Espíritu Santo en el alma... Cristo vino a la tierra, y se presentó ante los hijos de los hombres con el amor acumulado de la eternidad, y éste es el tesoro que, por medio de nuestra unión con él, hemos de recibir para manifestarlo y comunicarlo...

Hemos de quedar distinguidos del mundo porque Dios imprimió su sello sobre nosotros, y porque él manifiesta en nosotros su propio carácter de amor.

E.G.W.

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martes, 18 de mayo de 2010

LOS MIEMBROS DE LA IGLESIA

Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe. (Gál. 6: 10.)

En cierto sentido especial, Cristo ha impuesto a su iglesia la obligación de velar por los miembros necesitados de la misma. Él permite que sus pobres estén dentro de los límites de cada iglesia. Estos siempre estarán entre nosotros, y Cristo nos impone la responsabilidad personal de velar por ellos. Tal como los miembros de una familia se cuidan unos a otros, atendiendo a los enfermos, sosteniendo a los débiles, enseñando al ignorante, adiestrando al inexperto, los "de la familia de la fe" deben velar por los hermanos necesitados y desvalidos.

Cada iglesia tiene la obligación de hacer arreglos cuidadosos y juiciosos para atender a los pobres y enfermos de la misma.

Cualquier muestra de negligencia de parte de los que pretenden ser seguidores de Cristo, o cualquier descuido en lo que respecta a aliviar las necesidades de un hermano o hermana que lleva el yugo de la pobreza o aflicción, se registra en el libro de los cielos como si hubiera sido una afrenta hecha a Cristo en la persona de sus santos. ¡Qué arreglo de cuentas hará el Señor con muchos, muchísimos que presentan las palabras de Cristo a los demás, pero no manifiestan tierna compasión y consideración por un hermano en la fe que tiene menos suerte y éxito que ellos mismos!

Un verdadero cristiano es amigo de los pobres. Trata con su hermano atribulado y desventurado como si fuera una planta delicada y sensible. Dios quiere que sus obreros procedan como mensajeros de su amor y misericordia entre los enfermos y afligidos. El nos mira para ver cómo nos tratamos entre nosotros, para ver si reflejamos a Cristo en nuestra conducta con los demás, sean éstos encumbrados o humildes, ricos o pobres, libres o siervos.

No hay discusión en lo que respecta a los pobres del Señor. Hay que ayudarlos en cualquier caso que tienda a su beneficio.

E.G.W.

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lunes, 17 de mayo de 2010

DAD EL AGUA DE VIDA

Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. (Juan 4: 14.)

En su conversación con la samaritana, en vez de desacreditar el pozo de Jacob, Cristo le presentó algo mejor... Él dirigió la plática al tesoro que tenía para regalar, ofreciendo a la mujer algo mejor de lo que ella poseía: el agua de vida, el gozo y la esperanza del Evangelio.

¡Cuánto interés manifestó Cristo en esta mujer! ¡Qué fervientes y elocuentes fueron sus palabras! Después de escucharlas, la mujer dejó el cántaro, y se fue a la ciudad diciéndoles a todos cuantos encontraba: "Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo?" Sabemos, por haberlo leído, que muchos samaritanos de esa ciudad creyeron en él. ¿Y quién puede estimar la influencia que esas palabras ejercieron para salvar almas en los años que pasaron desde entonces?

Jesús se relacionaba personalmente con los seres humanos. Él no se alejaba ni apartaba de los que necesitaban su ayuda. Entraba en las casas de los hombres, confortaba a los tristes, sanaba a los enfermos, instigaba al descuidado e iba haciendo bienes. Y si seguimos sus pasos, debemos hacer lo que él hizo. Debemos brindar a los hombres la misma ayuda que él les extendía.

El Señor desea que su palabra de gracia penetre en toda alma. En gran medida esto debe realizarse mediante un trabajo personal. Este fue el método de Cristo. Su obra se realizaba mayormente por medio de entrevistas personales. Dispensaba una fiel consideración al auditorio de una sola alma. Por medio de esa sola alma a menudo el mensaje se extendía a millares... Hay multitudes que nunca recibirán el Evangelio a menos que éste les sea llevado.

E. G. W.

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domingo, 16 de mayo de 2010

JESÚS Y SUS AMIGOS

Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro. (Juan 11: 5.)

Había un hogar que [Jesús] se deleitaba en visitar: la casa de Lázaro, María y Marta; porque en la atmósfera de fe y amor, su espíritu hallaba descanso.

Entre los más constantes discípulos de Cristo se contaba Lázaro de Betania. Desde la primera ocasión en que se encontraron, su fe en Cristo había sido fuerte; su amor por él, profundo, y el Salvador lo amaba mucho. En favor de Lázaro se realizó el mayor de los milagros de Cristo. El Salvador bendecía a todos los que buscaban su ayuda. Ama a toda la familia humana; pero está ligado con algunos de sus miembros por lazos peculiarmente tiernos. Su corazón estaba ligado con fuertes vínculos de afecto con la familia de Betania, y para un miembro de ella realizó su obra más maravillosa.

Jesús hallaba con frecuencia descanso en el hogar de Lázaro. El Salvador no tenía hogar propio; dependía de la hospitalidad de sus amigos y discípulos; y con frecuencia, cuando estaba cansado, sediento de compañía humana, le era grato refugiarse en este hogar apacible, lejos de las sospechas y los celos de los airados fariseos. Allí encontraba una sincera bienvenida, y amistad pura y santa. Allí podía hablar con sencillez y perfecta libertad, sabiendo que sus palabras serían comprendidas y atesoradas.

Nuestro Salvador apreciaba un hogar tranquilo y oyentes que manifestasen interés. Sentía anhelos de ternura, cortesía y afecto humanos. Los que recibían la instrucción celestial que él estaba siempre listo para impartir, eran grandemente bendecidos... Las multitudes eran duras de entendimiento, y en el hogar de Betania, Cristo hallaba descanso del pesado conflicto de la vida pública. Allí abría ante un auditorio apreciativo el libro de la providencia. En estas entrevistas privadas, revelaba a sus oyentes lo que no intentaba decir a la multitud heterogénea. No necesitaba hablar en parábolas a sus amigos.

E. G. W.

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sábado, 15 de mayo de 2010

LA PALABRA ADECUADA

Manzana de oro con figuras de plata es la palabra dicha como conviene. (Prov. 25: 11.)

Cuando asistía a una fiesta, Cristo dominaba la conversación e impartía muchas lecciones valiosas. Los presentes lo escuchaban; ¿acaso no había sanado a los enfermos, consolado a los afligidos y llevado a los niños en sus brazos? Los publicanos y pecadores se sentían atraídos hacia él; y cuando hablaba, clavaban su atención en el Señor.

Cristo les enseñó a sus discípulos a conducirse en compañía de otros. Les enseñó las obligaciones y reglas de la verdadera vida social, que son las mismas que aparecen en la ley del reino de Dios. Por medio de su ejemplo, les enseñó a sus discípulos que cuando asistieran a cualquier reunión pública no tendrían necesidad de quedarse sin palabras. Su conversación en medio de una fiesta difería decididamente de la que se solía escuchar en los banquetes. Cada palabra que pronunciaba tenía sabor de vida para vida. Hablaba con claridad y sencillez. Sus palabras eran como manzanas de oro con figuras de plata.

¡Qué inexpresable valor el de la comunión con Cristo! Y hoy tenemos el privilegio de gozar de una comunión tal... Cuando oyeron las palabras de Cristo, los primeros discípulos sintieron cuánto lo necesitaban. Lo buscaron, lo hallaron, y lo siguieron. Estaban con él en la casa, a la mesa, en la cámara, en el campo. Andaban con él como los alumnos con el maestro, recibiendo lecciones de santa verdad de sus labios. Lo miraban como siervos a su amo... le servían con regocijo y alegría.

Las compañías tienen gran importancia. Podemos formar muchas amistades agradables y provechosas; pero ninguna es tan valiosa como la que se forma cuando el hombre finito se relaciona con el Dios infinito. Cuando estamos unidos a él de esa manera, las palabras de Cristo moran en nosotros... El resultado se revelará en un corazón purificado, una vida sobria, un carácter inmaculado. Pero sólo merced al trato y asociación con Cristo podemos asemejamos a él, ejemplo único e impecable.

E. G. W.

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viernes, 14 de mayo de 2010

EL AMOR MUTUO

Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. (1 Juan 4: 7.)

Desde el punto de vista del cristiano, el amor es poder. Este principio involucra fuerza intelectual y espiritual. El amor puro tiene especial eficacia para hacer el bien, y no puede hacer sino bien. Acaba con la discordia y la miseria y reporta la felicidad más genuina. La riqueza a menudo corrompe y destruye; la fuerza puede dañar; pero la verdad y la bondad son propiedades del amor puro.

Un hombre que está en paz con Dios y sus semejantes no puede sentirse miserable. La envidia no entrará en su corazón; las malas sospechas no hallarán cabida allí, ni podrá existir el odio. El corazón que está en armonía con Dios se eleva por encima de los disturbios y las pruebas de esta vida.

Lo que Satanás siembra en el alma: envidia, celos, sospechas, maledicencia, impaciencia y prejuicios, egoísmo, codicia y vanidad, debe ser desarraigado. Si se permite que esas cosas malas permanezcan en el alma, darán frutos que podrían corromper a muchos. ¡Ah, cuántos cultivan las plantas venenosas que matan los preciosos frutos del amor y mancillan el alma!

Solamente el amor que fluye del corazón de Cristo puede sanar. Sólo aquel en quien fluye ese amor, como la savia en el árbol, o la sangre en el cuerpo, puede restaurar al alma herida.

Los agentes del amor tienen poder maravilloso, porque son divinos. La respuesta suave que "aparta el enojo", el amor que "es sufrido y benigno"'; el amor que "cubre una multitud de pecados"; si aprendiéramos esta lección ¡de qué poder sanador serían dotadas nuestras vidas! La vida sería transformada y la tierra llegaría a ser la misma semejanza y el goce anticipado del cielo.

E. G. W.

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jueves, 13 de mayo de 2010

ACCIÓN DE GRACIAS Y ALABANZA

Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid su nombre. (Sal. 100: 4.)

Si consagráramos corazón y mente al servicio de Dios, e hiciéramos la obra que él nos encomendó y siguiéramos las huellas de Jesús, nuestros corazones se convertirían en arpas sagradas, y todas sus cuerdas vibrarían para elevar alabanzas y acciones de gracias en honor del Cordero enviado por Dios para quitar el pecado del mundo...

Cristo quiere que nuestros pensamientos se concentren en él... Apartad vuestra mirada de vosotros y contemplad a Jesucristo, esencia de toda bendición y gracia, esencia de todo lo que es precioso y valioso para los hijos de Dios...

El Señor Jesús es nuestra fortaleza y felicidad; es el gran depósito del cual los hombres pueden sacar fortaleza en cualquier ocasión. Al analizarlo, al hablar con él, nos ponemos en mejores condiciones de contemplarlo: al apropiamos de su gracia y recibir las bendiciones que nos prodiga, tenemos algo con lo que podemos ayudar a los demás. Llenos de gratitud, transmitimos a los demás las bendiciones que se nos dieron gratuitamente. Al recibir e impartir de esa manera, crecemos en gracia; y un constante himno de alabanza y gratitud fluye de nuestros labios; el dulce espíritu de Jesús enciende el reconocimiento en nuestro corazón, y el alma adquiere elevado sentido de seguridad. La infalible e inagotable justicia de Cristo se convierte en nuestra justicia por fe.

Que las frescas bendiciones de cada nuevo día despierten la alabanza en nuestros corazones por estas señales de su cuidado amoroso. Al abrir vuestros ojos por la mañana, dad gracias a Dios por haberos guardado en la noche. Dadle gracias por la paz con que llena vuestro corazón. Que por la mañana, a mediodía y por la noche suba vuestro agradecimiento hasta el cielo cual dulce perfume.

Los ángeles de Dios, millares sobre millares y millones de millones, son comisionados para atender a los que han de ser herederos de la salvación. Nos guardan del mal y repelen las fuerzas de las tinieblas que procuran destruirnos. ¿No tenemos motivos de continuo agradecimiento, aun cuando al parecer nuestro camino esté sembrado de dificultades?

E. G. W.

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miércoles, 12 de mayo de 2010

LA ALEGRÍA ES BUENA MEDICINA

El corazón alegre es una buena medicina. (Prov. 17: 22, VM.)

La relación que existe entre la mente y el cuerpo es muy íntima. Cuando la primera está afectada, el otro simpatiza con ella. La condición de la mente influye en la salud mucho más de lo que generalmente se cree. Muchas de las enfermedades que padecen los hombres son resultado de la depresión mental. Penas, ansiedad, descontento, remordimiento, sentimiento de culpabilidad, desconfianza, todo esto menoscaba las fuerzas vitales, y lleva al decaimiento y a la muerte.

La enfermedad es muchas veces originada y reagravada por la imaginación. Muchos hay que llevan vida de inválidos cuando podrían estar bien si pensaran que lo están...

El valor, la esperanza, la fe, la simpatía, el amor: todas estas cosas fomentan la salud y alargan la vida. Un espíritu satisfecho y alegre es como salud para el cuerpo y fuerza para el alma.

El agradecimiento, la alegría, la benevolencia, la confianza en el amor y en el cuidado de Dios, son otras tantas incomparables salvaguardias de la salud.

Se debería mostrar el poder de la voluntad, y la importancia del dominio propio, tanto en la conservación como en la recuperación de la salud, el efecto depresivo y hasta ruinoso de la ira, el descontento, el egoísmo, o la impureza, y, por otra parte, el maravilloso poder vivificador que se encuentra en la alegría, la abnegación, y la gratitud.

Hay en la Escritura una verdad fisiológica que necesitamos considerar: "El corazón alegre es una buena medicina".

Los verdaderos principios del cristianismo abren ante todos nosotros una fuente de inestimable felicidad.

Deberíamos cultivar un estado de ánimo alegre, optimista y apacible; porque nuestra salud depende de ello.

E. G. W.

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martes, 11 de mayo de 2010

NUESTRO CUERPO ES UN TEMPLO

¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? (1 Cor. 3: 16.)

Dios os ha dado una morada que debéis cuidar y conservar en la mejor condición posible para su servicio y gloria. Vuestros cuerpos no os pertenecen... "¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?"

La salud es una bendición cuyo valor pocos aprecian... La vida es un sagrado cometido; y sólo Dios puede capacitarnos para conservarla y usarla para su gloria. Pero el que formó la maravillosa estructura del cuerpo tendrá especial cuidado de mantenerla en buenas condiciones si los hombres no se ponen en pugna con el divino proceder. El nos ayudará a aprovechar cada talento que se nos ha encomendado y a usarlo de acuerdo con la voluntad del Dador.

La juventud es la época en que se deben establecer buenos hábitos, corregir las malas costumbres ya contraídas, adquirir y conservar el dominio propio, y confeccionar el plan futuro y acostumbrarse a ordenar todos los actos de la vida con relación a la voluntad de Dios.

Hay que mantener puro y sin contaminación el sagrado templo del cuerpo, para que el Santo Espíritu de Dios pueda morar en él. Debemos conservar fielmente la propiedad del Señor, porque cualquier exceso que cometamos con nuestras facultades acortará el tiempo en que nuestra vida pueda ser usada para gloria de Dios. Tened presente que debemos consagrar todo, alma, cuerpo y espíritu, a Dios. Todo es la propiedad que él ha adquirido, y debemos usarla con discernimiento, a fin de conservar el talento de la vida. Al usar nuestras facultades en forma conveniente y al máximo con un, propósito útil, al conservar sanos nuestros órganos, al mantener nuestro organismo en buenas condiciones de manera que la mente, los tendones y los músculos trabajen en armonía, podemos rendir valiosísimo servicio al Señor.

Cuando hacemos cuanto está de nuestra parte para estar bien de salud, podemos esperar benéficos resultados, y podemos pedir a Dios con fe que bendiga nuestros esfuerzos por conservar la salud.

E. G. W.

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lunes, 10 de mayo de 2010

LOS TALENTOS Y SU RECOMPENSA

Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. (Mat. 25: 21.)

Dios nos ha dado talentos a fin de que los usemos para su gloria. A uno le concede cinco talentos, a otro, dos; a un tercero, uno. El que tiene un solo talento no lo debe esconder de Dios. El Señor sabe dónde está oculto. Sabe que no está haciendo nada por él. Cuando venga, el Señor preguntará a sus siervos: ¿Qué habéis hecho con los talentos que os encomendé? Y cuando los que recibieron cinco y dos le cuenten que duplicaron la cantidad mediante varias transacciones, él les dirá: "Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor". Lo mismo le dirá al que haya comerciado con el talento que se le prestó...

Al que tiene un solo talento le dirá: ¿Sabías que un solo talento, bien usado y aprovechado, dará al Señor otros cien? ¿Cómo es posible?, preguntáis. Usad vuestro don para convertir a un hombre inteligente, que comprende lo que Dios significa para él, y lo que debería significar él para Dios. Al ponerse de parte del Señor, y al impartir luz a los demás, se podrán llevar almas al Salvador. Mediante el uso correcto de un talento, cien almas pueden recibir la verdad. No son los que poseen mayor cantidad de talentos los que escuchan el "Bien, buen siervo", sino los que con sinceridad y fidelidad han usado sus dones para gloria del Maestro...

Hay una gran obra que hacer en nuestro mundo, y se nos pedirá cuenta por cada rayo de luz que brilla sobre nuestra senda. Impartid esa luz, y recibiréis más luz para seguir impartiendo. Gran bendición descenderá sobre los que usan debidamente sus talentos.

E. G. W.

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domingo, 9 de mayo de 2010

JEHOVÁ DA GRACIA Y GLORIA

Porque sol y escudo es Jehová Dios; gracia y gloria dará Jehová. No quitará el bien a los que andan en integridad. (Sal. 84: 11.)

Hay muchos que no crecen en la gracia porque no cultivan la religión en el hogar.

Los miembros de la familia deben demostrar que se encuentran en constante posesión de una fuerza recibida de Cristo. Deben mejorar todos sus hábitos y prácticas para demostrar que constantemente tienen presente lo que significa ser cristiano.

Los que son cristianos en el hogar lo serán también en la iglesia y en el mundo.

La gracia puede prosperar únicamente en el corazón que constantemente está preparándose para recibir las preciosas semillas de verdad. Las espinas del pecado crecen en cualquier terreno; no necesitan cultivo; pero la gracia debe ser cuidadosamente cultivada. Las espinas y las zarzas siempre están listas para surgir, y de continuo debe realizarse la obra de purificación.

Lo que logrará que el carácter sea encantador en el hogar también conseguirá que lo sea en las mansiones celestiales. Para que seáis... la luz del mundo, ésta debe brillar en vuestro hogar. Estáis aquí para dar ejemplo de las virtudes cristianas, y para manifestar amor, paciencia, bondad y firmeza... Constantemente debéis tratar de adquirir la cultura más elevada del espíritu y el alma... Como humilde hijo de Dios, aprended en la escuela de Cristo; tratad constantemente de mejorar vuestras facultades, para que podáis efectuar la obra más perfecta y cabal en vuestro hogar, por precepto y ejemplo... Permitid que la luz de la gracia celestial ilumine vuestro carácter, para que podáis ser el sol del hogar.

La calidad de vuestro cristianismo se mide por el carácter de la vida que reina en vuestro hogar. La gracia de Cristo capacita a sus poseedores para transformar el hogar en un lugar feliz, lleno de paz y serenidad.

E. G. W.

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sábado, 8 de mayo de 2010

ALABO AL SEÑOR

El que sacrifica alabanza me honrará; y al que ordenare su camino, le mostraré la salvación de Dios. (Sal. 50: 23.)

Acercaos a Jesús tal como sois, pecaminosos, débiles y necesitados, y él os dará el agua de la vida. Necesitáis una fe que atraviese las tinieblas infernales que Satanás tiende sobre vuestro sendero. El archienemigo se dedica activamente a inventar diversiones y modas que absorban la mente de los hombres de tal manera que éstos no dispongan de tiempo para la meditación. Enseñad a vuestros niños a glorificar a Dios y no a satisfacer sus propios deseos. Ellos son hijos del Señor, por la creación y por la redención. Enseñadles a apartarse de las diversiones y locuras de esta época corrupta. Mantened sus mentes limpias y puras a la vista de Dios... Alabad a Dios. Permitid que vuestra conversación, música y cantos alaben al que hizo tanto por vosotros. Alabad a Dios en este mundo, y luego estaréis preparados para uniros al coro celestial al entrar en la ciudad del Señor. Entonces echaréis vuestras coronas resplandecientes a los pies de Jesús, tomaréis las arpas de oro, y henchiréis el cielo de melodías. Lo alabaremos con lenguaje inmortal.

Al conducirnos nuestro Redentor al umbral de lo infinito, inundado con la gloria de Dios, podremos comprender los temas de alabanza y acción de gracias del coro celestial que rodea al trono, y al despertarse el eco del canto de los ángeles, en nuestros hogares terrenales, los corazones serán acercados más a los cantores celestiales. La comunión con el cielo empieza en la tierra. Aquí aprendemos la clave de su alabanza.

Alabad al Señor; hablad de su bondad; dad a conocer su poder. Embelleced el ambiente que rodea vuestra alma... Alabad con vuestra voz, alma y corazón, al que es el salvamento delante de ti, el Salvador y Dios tuyo.

E. G. W.

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viernes, 7 de mayo de 2010

AMAR COMO CRISTO AMÓ

En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros. (Juan 13: 35.)

Si deseamos ser verdaderas luces en el mundo, debemos manifestar el espíritu bondadoso y compasivo de Cristo. Para amar como Cristo amó debemos poner en práctica el dominio propio. Tenemos que revelar abnegación en todo momento y lugar. Debemos emplear palabras amables y tener una expresión agradable. Todo esto no cuesta nada al dador, y sin embargo al pasar deja una deliciosa fragancia. No es posible estimar la influencia benéfica que esas acciones ejercen. Son una bendición no solamente para el favorecido, sino también para el dador; porque se reflejan sobre este último. El amor genuino es un valioso atributo de origen celestial, que se vuelve más fragante a medida que se entrega a los demás...

Dios desea que sus hijos recuerden que, para glorificarle, deben depositar su afecto en aquellos que más lo necesitan. No se debe descuidar a ninguna persona con quien nos relacionemos. No debemos manifestar egoísmo ante nuestros semejantes por palabra, acción ni con nuestra mirada, sean éstos ricos o pobres, humildes o poderosos. El amor que dirige palabras bondadosas a unos pocos, pero trata a otros con frialdad e indiferencia, no es amor, sino egoísmo. Nunca obrará para el bien de las almas o la gloria de Dios. No debemos concentrar nuestro amor en uno o dos objetos del mismo.

Los que reciben el resplandor de la justicia de Cristo, pero se niegan a transmitirlo a la vida de los demás, pronto perderán los dulces y esplendorosos rayos de la gracia celestial, que reservaban egoístamente para prodigarlos sobre unos pocos... No se debe permitir que el yo reúna unos pocos escogidos junto a sí, sin dejar nada para los que necesitan más ayuda que nadie. No debemos reservar nuestro amor para un grupo especial. Quebremos el frasco, y el aroma saturará toda la casa.

E. G. W.

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jueves, 6 de mayo de 2010

LA PAZ ESTA EN CRISTO

La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. (Juan 14: 27.)

Siempre hubo y habrá dos clases de personas hasta el fin del mundo: los que creen en Jesús y los que lo rechazan. Los pecadores, por impíos, abominables y corruptos que sean, por fe en él serán purificados y quedarán limpios al cumplir su Palabra... Los que rechazan a Cristo y se niegan a creer la verdad se llenarán de amargura contra los que aceptan a Jesús como Salvador personal. Pero los que reciben a Cristo se quebrantan y se dejan subyugar por la manifestación de su amor y humillación, y por el hecho de que sufrió y murió por ellos...

La paz que Cristo dejó a sus discípulos y por la cual oramos, es la paz que proviene de la verdad, que no se puede apagar a causa de las divisiones. Afuera puede haber guerras y rencillas, envidias, celos, odio y revueltas; pero la paz de Cristo no es la que el mundo da o quita. Puede permanecer en medio de la persecución de los espías y la más enconada oposición de los enemigos de Dios... Cristo no trató nunca de conseguir la paz traicionando sagrados cometidos. No se podría lograr la paz transigiendo con los principios... Es un grave error el que cometen los hijos de Dios cuando pretenden salvar el abismo que separa a los hijos de la luz de los hijos de las tinieblas, apartándose de los principios y transigiendo con la verdad. Eso sería perder la paz de Cristo para hacer la paz o fraternizar con el mundo. Hacer la paz con el mundo abandonando los principios de la verdad es un sacrificio demasiado caro para los hijos de Dios... Los seguidores de Cristo deben afirmar en su mente la decisión de que nunca transigirán, ni cederán en un ápice sus principios para atraerse el favor del mundo. Tienen que aferrarse a la paz de Cristo.

E. G. W.

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miércoles, 5 de mayo de 2010

ILUMINARA TODA LA TIERRA

Después de esto vi a otro ángel descender del cielo con gran poder; y la tierra fue alumbrada con su gloria. (Apoc. 18: 1.)

Se acerca el fin de todas las cosas. Dios se acerca a cada entendimiento que se abre para recibir las impresiones de su Santo Espíritu. Está enviando mensajeros con la misión de amonestar cada localidad. Dios está poniendo a prueba la devoción de sus iglesias, y su disposición a obedecer las indicaciones del Espíritu. Aumentará el conocimiento. Se verá a los mensajeros del cielo que correrán de aquí para allá, tratando, por todos los medios posibles, de advertir a la gente respecto al juicio venidero, y de presentar las alegres nuevas de salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo. Se exaltará la norma de justicia. El Espíritu de Dios se acercará a los corazones de los hombres, y los que respondan a su influencia se convertirán en luces para el mundo. Por todas partes se los verá ir de un lado al otro para transmitir a los demás la luz que habrán recibido, tal como ocurría después del derramamiento del Espíritu Santo, en el día de Pentecostés. Y al dejar brillar su luz, recibirán cada vez más poder del Espíritu. La tierra se iluminará con la gloria de Dios.

Este mensaje culminará con poder y fortaleza que excederán en mucho al clamor de medianoche. Los siervos de Dios, dotados de poder de lo alto, iluminados sus rostros, irradiando santa consagración, saldrán a proclamar el mensaje del cielo.

Muchos alababan a Dios. Los enfermos eran sanados y se efectuaban otros milagros. Se advertía un espíritu de oración como lo hubo antes del gran día de Pentecostés. Veías a centenares y miles de personas visitando las ferias y explicándoles la Palabra de Dios. Los corazones eran convencidos por el poder del Espíritu Santo, y se manifestaba un espíritu de sincera conversión. En todas partes las puertas se abrían de par en par para la proclamación de la verdad. El mundo parecía iluminado por la influencia divina.

E. G. W.

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martes, 4 de mayo de 2010

ME HARÁ SABER MAS DE CRISTO

El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. (Juan 16: 14.)

Con estas palabras Cristo declara la obra culminante del Espíritu Santo. El Espíritu glorifica a Cristo convirtiéndolo en el supremo objeto de estima, y el Salvador llega a ser la delicia y el regocijo del elemento humano en cuyo corazón se obra esa transformación...

El arrepentimiento frente a Dios y la fe en Jesucristo son los frutos del poder renovador de la gracia del Espíritu. El arrepentimiento representa el proceso por medio del cual el alma trata de reflejar la imagen de Cristo ante el mundo.

Cristo les da el aliento de su propio espíritu, la vida de su propia vida. El Espíritu Santo despliega sus más altas energías para obrar en el corazón y la mente. La gracia de Dios amplía y multiplica sus facultades, y toda perfección de la naturaleza divina los auxilia en la obra de salvar almas. Por la cooperación con Cristo, son completos en él, y en su debilidad humana son habilitados para hacer las obras de la Omnipotencia.

La obra de la vida de un cristiano debería ser vestirse de Cristo y asemejarse más perfectamente a él. Los hijos de Dios deben progresar en su obra de asemejarse a Cristo, nuestro modelo. Deben contemplar diariamente su gloria e incomparable excelencia.

¡Ah, si el bautismo del Espíritu Santo descendiera sobre vosotros, para que fuerais impregnados del Espíritu de Dios! Entonces, día tras día os iríais asemejando cada vez más a la imagen de Cristo, y cada acción de vuestra vida encerraría la pregunta: "¿Glorificará esto al Maestro?" Haciendo el bien paciente y constantemente, buscaréis la gloria y el honor, y recibiréis el don de la inmortalidad.

E. G. W.

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lunes, 3 de mayo de 2010

LA BIBLIA INFUNDE NUEVA VIDA

Siendo renacidos... por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. (1 Ped. 1: 23.)

En la Biblia se revela la voluntad de Dios. Las verdades de la Palabra de Dios son la expresión del Altísimo. El que convierte esas verdades en parte de su vida llega a ser en todo sentido una nueva criatura. No recibe nuevas facultades mentales; en cambio, desaparecen las tinieblas que debido a la ignorancia y el pecado entenebrecían su entendimiento. "Te daré un corazón nuevo" quiere decir: "Te daré una mente nueva". Al cambio de corazón acompaña siempre una clara convicción del deber cristiano, y la comprensión de la verdad. El que con oración da atención estricta a las Escrituras tendrá conceptos claros y juicios sanos, como si al volverse hacia Dios hubiera alcanzado un plano superior de inteligencia.

La Biblia contiene los principios que cimentan la verdadera grandeza, la verdadera prosperidad, se trate del individuo o del país. La nación que permite la libre circulación de las Escrituras brinda oportunidades para que la mente de la gente se desarrolle y amplíe. La lectura de las Escrituras hace brillar la luz en medio de las tinieblas. Cuando se escudriña la Palabra de Dios, se encuentran verdades vivificadoras. En la vida de aquellos que siguen sus enseñanzas habrá una corriente invisible de felicidad que beneficiará a todos aquellos con quienes lleguen a relacionarse.

Millares de personas han sacado agua de esas cisternas de vida, sin embargo el caudal no ha disminuido. Millares han tomado al Señor como ejemplo, y al contemplarlo han sido transformados a su imagen. Su espíritu arde en su interior cuando hablan de su carácter y revelan lo que Cristo hizo por ellos y cuánto significan para él... Miles más pueden entregarse a la tarea de escudriñar los misterios de la salvación... Cada nueva búsqueda revelará algo de más profundo interés que lo que hasta entonces se había descubierto.

E. G. W.

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domingo, 2 de mayo de 2010

ORACIÓN MATINAL

Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti, y esperaré. (Sal. 5: 3)

La primera aspiración del alma por la mañana debe ser la de acudir a la presencia de Jesús. "Sin mí -dice Cristo- nada podéis hacer". Jesús es lo que necesitamos: su luz, vida y espíritu deben ser nuestros constantemente. Lo necesitamos cada hora. Y por la mañana debemos pedir en oración que tal como el sol ilumina la campiña y llena el mundo de luz, el Sol de justicia brille en los recintos de la mente y el corazón, y nos haga todo luz en el Señor. No podemos vivir un momento sin su presencia. El enemigo sabe cuándo empezamos a hacer a un lado a nuestro Señor, y allí está él, listo para envenenar nuestra mente con sus malvadas sugestiones para que perdamos la firmeza; pero el Señor desea que momento tras momento moremos en él, y así en él seremos plenos...

Dios tiene el propósito de que cada uno de nosotros sea perfecto en él, para que podamos presentar ante el mundo la perfección de su carácter. El quiere que nos libertemos del pecado, que no defraudemos al cielo, que no contristemos a nuestro divino Redentor. Él no desea que profesemos el cristianismo, y que luego no nos apropiemos de la gracia que nos podrá hacer perfectos, para que no seamos hallados faltos.

La oración y la fe harán lo que ningún poder en la tierra podrá hacer. Raramente nos encontramos dos veces en la mismísima situación. Tenemos que atravesar continuamente por nuevas situaciones y pruebas, donde la experiencia pasada no puede ser guía suficiente. Debemos tener la luz continua que viene de Dios. Cristo manda continuamente mensajes a los que escuchan su voz.

Forma parte del plan divino el sernos concedido en respuesta a la oración de fe lo que no nos sería dado de otro modo.

E. G. W.

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sábado, 1 de mayo de 2010

ENTREGO MI CORAZÓN

Dame, hijo mío, tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos. (Prov. 23: 26.)

El Señor os dice a cada uno de vosotros: "Dame, hijo mío, tu corazón". Él ve vuestra confusión. Él sabe que vuestra alma está enferma de pecado, y desea deciros: "Tus pecados te son perdonados". El Gran Médico tiene un remedio para cada dolencia. Él entiende tu caso. Sean cuales fueren tus errores, él sabe cómo arreglarlos. ¿No te encomendarás a él?.

La bendición de Dios reposará sobre cada alma que se consagre plenamente a él. Cuando busquemos a Dios de todo corazón, lo encontraremos. Dios tiene celo por nosotros, y quiere que hagamos una obra cabal para la eternidad. Él volcó todo el cielo en un don, y no hay razón para dudar de su amor. Contemplemos el Calvario...
Dios te pide que le des tu corazón. Tus facultades, tus talentos, tus afectos, todo debes consagrarle para que pueda obrar en ti el querer y el hacer su voluntad y te haga apto para la vida eterna.

Cuando Cristo mora en el corazón, el alma está llena de su amor, del gozo de su comunión, que se une a él; y pensando en él, se olvida de sí misma. El amor de Cristo es el móvil de la acción. Aquellos que sienten el constructivo amor de Dios no preguntan cuánto es lo menos que pueden darle para satisfacer los requerimientos de Dios; no preguntan cuál es la más baja norma aceptada, sino que aspiran a una vida de completa conformidad con la voluntad de su Salvador. Con ardiente deseo entregan todo, y manifiestan un interés proporcionado al valor del objeto que buscan.

Lo que Dios quiere es el espíritu sumiso, susceptible de enseñanza. Lo que otorga a la oración su excelencia es el hecho de que emana de un corazón amante y obediente.

E. G. W.

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