domingo, 31 de julio de 2016

Un espíritu Alegre


Para el afligido todos los días son malos; para el que es feliz siempre es día de fiesta. Proverbios15:15 NVI

Cuando pienso en Dios, mi corazón se llena tanto de gozo que las notas saltan y bailan conforme salen de mi pluma; y como Dios me ha dado un corazón alegre, le sirvo con un espíritu gozoso. Franz Joseph Haydn (1732-1809)

El corazón de una persona es la mayor preocupación del Señor. La Palabra de Dios nos muestra que Dios no mira las mismas cosas que la gente observa. Nosotros vemos la apariencia externa, pero el Señor mira el corazón; esto es, nuestros "pensamientos e intenciones" (1 Samuel 16:7).

El versículo de hoy nos muestra que un corazón alegre, o feliz, hace de la vida una fiesta continua. ¿Cómo podemos obtener y mantener este corazón alegre? Hay muchas pistas a lo largo del libro de Proverbios.

No deberíamos dejar que nuestro corazón se llene de ansiedad y orgullo, porque la ansiedad y el orgullo son los que diluyen un corazón alegre (Proverbios 12:25; 16:5). En su lugar, Dios nos llama a tener corazones puros y a mantenernos en el camino correcto (Proverbios 22:11; 23:19).

Estos son pasos positivos para conseguir un corazón feliz, porque cuando somos obedientes a la Palabra de Dios y experimentamos su aprobación, nuestro corazón es más ligero, incluso en momentos de dificultad. La Biblia nos da muchas otras instrucciones sobre cómo tener corazones "saludables", pero un buen sitio por donde empezar es abrazar la verdad de Proverbios 15:15 y pedirle a Dios que nos muestre cómo desarrollar corazones felices, sin importar qué desafíos estemos enfrentando.

Oración de hoy:
Padre, ayúdamen a tener un corazón feliz. Quita la ansiedad que a veces aplasta mi corazón. Mantenme apartado del orgullo, y dame un corazón puro, un corazón que te agrade. Ayúdame a grabar tu Palabra en mi corazón, de modo que pueda caminar en tus sendas y disfrutar la vida como una fiesta constante.


Adaptado del libro The One Year® Book of Praying through the Bible por Cheri Fuller, Tyndale House Publishers (2003), entrada del 17 de Mayo. Contenido derivado de la Nueva Versión Internacional de la Biblia y otras publicaciones de Tyndale Publishing House.

sábado, 30 de julio de 2016

El Cristo de la zarza


Allí se le apareció el ángel de Jehová en una llama de fuego, en medio de una zarza. Al fijarse, vio que la zarza ardía en fuego, pero la zarza no se consumía. Exodo 3:2.

Para ser más semejante a Jesús, el ser humano necesita contemplarlo diariamente desde diferentes ángulos. La Biblia es el libro del Cordero, y en ella encontramos al Mesías simbolizado de diferentes maneras.

La zarza que ardía y no se consumía es una de las figuras de Cristo. En ella podemos encontrar simbolizada su persona. Él es Dios y hombre al mismo tiempo. Es hombre, pero continuó siendo Dios. Si sacamos su divinidad, su sangre no tendría poder para expiar el pecado del hombre, y si sacamos su humanidad no existiría sangre, y sin sangre no habría remisión de pecados. Mira la zarza. La madera es el producto débil e inconsistente de la tierra -es el "renuevo", la "raíz de tierra seca"-, pero Dios está en ella, y por eso no se consume.

En la zarza podemos encontrar también simbolizados los sufrimientos de Cristo. El fuego trata de herirla, consumirla, destruirla, pero no lo consigue. El enemigo persiguió a Jesús desde su nacimiento hasta su muerte, pero nada consiguió. El fuego no puede consumir a la zarza.

El tercer aspecto simbolizado en la zarza es su poder. Él venció la muerte. ¿De qué sirve que el fuego quiera consumirla? Se levantó de la tumba. El imperio del enemigo quedó derrotado para siempre.

En este día, amigo mío, mira al Cristo de la zarza (Deuteronomio 33:16) y no tengas miedo de enfrentar las dificultades, por mayores que puedan parecer. No estás solo. Mira hacia atrás. Ya venciste muchas barreras en la vida y todavía continúas vivo. ¿Por qué? Porque la "zarza ardía y no se consumía". Mira hacia delante. Puede haber nubes oscuras y tormentas. Puede haber truenos, pero la voz de Jesús se escucha clara: "Cuando pases por el fuego, no te quemarás" (Isaías 43:2). Los jóvenes hebreos en el horno ardiente, los mártires que fueron quemados al comienzo de la era cristiana, si pudiesen ver su lucha, te dirían: "Sigue adelante, nosotros lo conseguimos; tú también lo conseguirás".

Ahora una pregunta: ¿Tenemos la seguridad de que Cristo está en nosotros por medio de su Santo Espíritu! ¿Está morando en nuestro corazón porque vivimos una vida diaria de comunión con él? Si no es así, el mensaje de la zarza no tendrá consuelo para nosotros. En el día final, cuando el Cristo de la zarza retorne en gloria y majestad, como fuego consumidor, sólo habrá dos grupos: los que no lo dejaron habitar en su corazón y que serán como grama seca (Malaquías 4:1), y los que en medio del fuego habitarán seguros. Dios quiera que estemos en el segundo grupo.

Pr. Alejandro Bullón

viernes, 29 de julio de 2016

El secreto de la prosperidad


Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi Casa. Probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, a ver si no os abro las ventanas de los cielos y derramo sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. Malaquías 3:10.

¿Es el diezmo una parte de nuestros bienes que devolvemos a Dios? Si pensamos de esa manera, Dios no pasa de ser un cobrador de impuestos o un recaudador celestial. Para quienes aman a Jesús, el diezmo es un pacto entre Dios y el hombre, una alianza de amor y fidelidad.

Cuando Dios creó al ser humano, lo colocó en el jardín del Edén y le dijo: "De todo árbol de huerto podrás comer; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás" (Génesis 2:16, 17).

En otras palabras: "Yo soy el dueño de todo, pero como sé que necesitas de estas cosas para poder vivir, te las presto. Y como también sé que a medida que el tiempo pase correrás el riesgo de olvidarte de que yo soy el dueño de todo, por eso, para que te acuerdes siempre, vamos a establecer una alianza. Tú puedes usar todo, menos este árbol, porque el día en que toques en él, yo sabré que te estás adueñando de lo que es mío".

Más tarde, cuando, por causa del pecado, Adán y Eva tuvieron que dejar el jardín, Dios sustituyó el árbol por el sagrado diezmo, y hoy dice al ser humano:

"Todo lo que existe es mío. 'Mía es la plata y mío es el oro' (Hageo 2:8).

Pero sé que en este mundo necesitas bienes materiales para poder vivir. Necesitas una casa, ropa, comida, dinero; por tanto, te doy fuerzas para conseguir todo eso. Pero también sé que cuando tengas todo, correrás el riesgo de olvidarte de que yo te presté todo. Entonces, para que nunca olvides que todo es mío, vas a devolverme el sagrado diezmo y vas a probarme en esto. Mientras me devuelvas el diezmo sabré que reconoces que yo soy el dueño, y si llegas a tener dificultades financieras o alguna cosa anda mal, todo lo que tienes que hacer es clamar a mí, porque yo soy el dueño, y como dueño tengo la obligación de resolver tu problema .'Derramaré bendiciones hasta que sobreabunden', 'reprenderé al devorador', 'serás tierra deseable' (ver Malaquías 3:10-12).

"Pero si no me devuelves el diezmo, estarás rechazando el pacto de fidelidad que hicimos. Estarás haciéndote dueño de lo que es mío, y si llegan dificultades tendrás que resolverlas solo, porque te apoderaste de lo mío, sacándome de tu vida voluntariamente".

Por eso, el diezmo es mucho más que la décima parte de los bienes que devolvemos a Dios: es un pacto de fidelidad, una alianza que nos recuerda quién es el dueño. Y si aceptamos que Dios es el dueño de todo lo que tenemos, es también dueño de las dificultades financieras que puedan aparecer, y dueño de la falta de recursos para el sustento; en fin, es dueño de todo, y como tal es el responsable de hacer desaparecer los problemas o damos fuerza e inteligencia para pasar por ellos sin lastimarnos.

Pr. Alejandro Bullón

jueves, 28 de julio de 2016

Lejos de Jesús no hay vida


Y siempre, de día y de noche, andaba gritando en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras. S. Marcos 5:5.

(Foto: Javier Vallas)

El endemoniado gadareno es un símbolo del hombre que vive lejos de Jesús. Lejos de Jesús sólo puede existir la esclavitud, y el endemoniado era un pobre esclavo atado a cadenas y grillos. Lejos de Jesús no existe vida, y el endemoniado habitaba en los sepulcros, que son la morada de los cadáveres. Una persona que no vive una vida de comunión con Jesús, no vive. Su existencia es una caricatura de vida, es un túnel sin salida, un pozo sin fondo; es el caos, la confusión y el infierno.

Sólo Cristo es capaz de dar sentido a la vida, y el hombre que vive lejos de él anda por "los montes y en los sepulcros". Las montañas son el símbolo de la soledad. El pobre hombre sin Jesús es un hombre solitario. Vive en medio de las multitudes, rodeado de mucha gente, pero se siente solitario; no es capaz de relacionarse, está siempre hiriendo y sintiéndose herido por los que viven con él. El grito de la montaña es el grito de la desesperación que se pierde en el vacío. El evangelio presenta al hombre sin Cristo como gritando en la montaña en busca de socorro, un socorro que parece no surgir por ningún lado. Entonces, en su confusión, comienza a herirse con piedras. Le duele, sangra, pero continúa hiriéndose.

¿Viste alguna vez a alguien andando por caminos errados que conducen a la muerte? ¡Se lastima, siente dolor, sangra, pero continúa andando por los mismos caminos! ¿Qué pensar del hombre que usa drogas, que sabe que su fin será triste, pero continúa en esa vida? ¿Qué decir del padre que anda por caminos peligrosos ? Sabe que traerá dolor a su familia, vergüenza a su iglesia, sufrimiento a sí mismo, pero parece anestesiado y continúa en la senda del pecado.

Un día el pobre gadareno encontró a Jesús en su camino, cayó de rodillas delante del Señor y, cuando estaba por clamar por ayuda, de sus labios salieron improperios e insultos: "¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? ¡Te conjuro por Dios que no me atormentes! Vete" (ver S. Marcos 5:7). Pero Jesús supo entender que detrás de esas expresiones duras estaba el clamor de un corazón desesperado. Gracias a Dios que él siempre entiende lo que no sabemos expresar, gracias a Dios que él sabe interpretar nuestras lágrimas.

Jesús extendió la mano y liberó al endemoniado. Hizo de él un hombre nuevo; le devolvió la dignidad y el respeto propio. Y ese Jesús es el que está hoy cerca de ti con la mano extendida, pronto para socorrerte. ¿Por qué no salir esta mañana hacia las tareas diarias con la seguridad de que la poderosa mano de Jesús sostiene la nuestra tan frágil?

Pr. Alejandro Bullón.

miércoles, 27 de julio de 2016

Las ciudades de refugio


Para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. Hebreos 6:18.

"¿Cómo sabré que Dios realmente me perdonó?", era la pregunta angustiada de esa señora. Cargaba sobre sí el peso de la culpa de algo tenebroso que no la dejaba ser feliz.

"Señora", le dije, "Dios afirma en su Palabra que si usted se aferra de esta promesa con fe, y cree que Jesús murió por sus pecados, su pasado quedará totalmente borrado y renacerá a una nueva vida".

El versículo de hoy habla de dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta. ¿Cuáles son esas cosas inmutables? El texto se refiere a su Palabra y al juramento que hizo de que la cumplirá. Por supuesto, Dios no necesita hacer un juramento a nadie. Dios es Dios y su Palabra es confiable, pero camina la segunda milla y se anticipa a los temores humanos, sabe que la conciencia humana es un juez implacable y un verdugo despiadado. Por eso Dios habla y jura que cumplirá su Palabra.

La promesa sobre la cual hace el juramento se refiere a las ciudades de refugio, donde los pecadores encuentran liberación de su culpa; una figura tomada del Antiguo Testamento.

En los tiempos de Israel existían seis ciudades de refugio, y estaban localizadas en lo alto de las colinas para que los fugitivos no tuvieran dificultad en encontrarlas. Los caminos que conducían a esas ciudades eran espaciosos y constantemente cuidados. Y a lo largo del trayecto había carteles que indicaban el sentido correcto con una palabra en hebreo: "Miqlat", que quería decir "Refugio". Las letras debían ser grandes y claras, para que el fugitivo pudiera leerlas al mismo tiempo que corría.

Las personas corrían hacia esas ciudades cuando eran culpadas de algún delito. Era en ellas donde se escondían, pero la seguridad de esos hombres estaba garantizada únicamente mientras permanecieran en la ciudad.

Cristo es la ciudad de refugio de los cristianos. En el Calvario se colocó una frase bien clara en hebreo, griego y latín, para que los culpables de todos los tiempos pudieran leerla, incluso mientras corrían: "Jesús Nazareno, Rey de los judíos" (S. Juan 19:19). Allí en la cruz murió con los brazos abiertos, llamando a los hombres: "Venid a mí todos los que estáis cansados y afligidos. En mí hallaréis perdón".

Cristo no solamente habló. Juró sobre su palabra que perdonaría, y es por eso que nadie necesita vivir atormentado por la culpa.

Pr. Alejandro Bullón

martes, 26 de julio de 2016

El pecado imperdonable


Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres, la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. S. Mateo 12:31.

El texto de esta mañana tiene dos partes: la primera es una promesa maravillosa de Jesús: "Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres". La Biblia dice: "El que oculta sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y se aparta de ellos alcanzará misericordia" (Proverbios 28:13).

Dentro de tales pautas bíblicas, ¿qué pecados perdona Dios? ¿El adulterio? Sí. ¿El homosexualismo? Sí. ¿El asesinato ? Sí. ¿Las drogas? Sí, todo. No hay palabra que abarque más que la palabra todo. Dios dice que no hay nada que él no pueda perdonar. No importa cuán bajo hayas caído, no importa cuán lejos hayas ido, todo te será perdonado. Menos el pecado contra el Espíritu Santo. ¿Por qué Dios no perdona este pecado? ¿Será que Dios se cansa de perdonar? ¿Será porque el hombre hizo demasiado mal que Dios dice: "Se acabó la oportunidad para este hombre"?

El pecado contra el Espíritu Santo es imperdonable no porque Dios no quiera perdonar, sino porque el hombre que lo comete no quiere ser perdonado y Dios no puede perdonar a nadie por la fuerza. El ser humano tiene que querer ser perdonado, tiene que caer arrepentido a los pies de la cruz. Entonces, Dios envía inmediatamente a millares de ángeles en su auxilio.

Dios le habla todo el día al ser humano a través de la voz de su conciencia, de la Palabra escrita y de la naturaleza. Una conciencia santificada por la presencia de Jesús en la vida es, sin duda, la voz del Espíritu Santo. Quien preste oídos a esa voz tiene la garantía de que continuará oyéndola y permanecerá sensible a ella. Quien cierre los oídos a la voz de Dios, a pesar de oírla, corre el riesgo de endurecer lentamente el corazón y llegar al punto en el cual no sienta más la voz de Dios. No significa que Dios no le hable más, no. El Espíritu de Dios nunca se cansa; siempre continuará hablando, siempre suplicando, siempre esperando. El problema no está en Dios, está en nosotros. Somos nosotros quienes corremos el peligro de llegar al punto en el cual no logramos oír más su voz.

Que esta mañana nuestra oración sea: "Señor, ayúdame a prestar oídos a tu voz. Cuando sienta que otras voces me llaman a caminar por caminos peligrosos, dame fuerza y la sensibilidad necesarias para oír tu voz. Guía mis pasos a este día. Camina a mi lado; dame tu brazo poderoso para sustentar mis pasos. ¡Amén!"

Pr. Alejandro Bullón

lunes, 25 de julio de 2016

"El matrimonio" (Serie 100 años sin ti) 5/5

Serie de vídeos "100 años sin ti", creada por HopeMedia.es

domingo, 24 de julio de 2016

"La mejor decisión" (Serie 100 años sin ti) 4/5

Serie de vídeos "100 años sin ti", creada por HopeMedia.es

sábado, 23 de julio de 2016

"Todo bajo control" (Serie 100 años sin ti) 3/5

Serie de vídeos "100 años sin ti", creada por HopeMedia.es

viernes, 22 de julio de 2016

"¿Qué es el amor?" (Serie 100 años sin ti) 2/5

Serie de vídeos "100 años sin ti", creada por HopeMedia.es

jueves, 21 de julio de 2016

"El compañero ideal" (Serie 100 años sin ti) 1/5

Serie de vídeos "100 años sin ti", creada por HopeMedia.es

miércoles, 20 de julio de 2016

El peso de la ira de Dios (Reflexión en vídeo y audio)


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Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Isaías 53:6.
Cristo sufrió en lugar del hombre en el huerto del Getsemaní y la naturaleza del Hijo de Dios vaciló bajo el terrible horror de la [65] culpabilidad del pecado, hasta que de sus pálidos y temblorosos labios fue arrancado el clamor agonizante: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú”. Mateo 26:39.
El poder que infligía el castigo sobre el Sustituto y Garante del hombre, era el poder que sostuvo y mantuvo al Doliente bajo el tremendo peso de la ira que hubiera caído sobre un mundo pecaminoso. Cristo estaba sufriendo la muerte a la que fueron condenados los transgresores de la ley de Dios. Es horrenda cosa que el pecador no arrepentido caiga en las manos del Dios vivo. Esto se demostró en la historia de la destrucción del mundo antiguo por el diluvio, por el relato del fuego que cayó del cielo y destruyó a los habitantes de Sodoma. Pero nunca se demostró esto más plenamente como en la agonía de Cristo...
La naturaleza humana puede soportar solo una cantidad limitada de prueba y aflicción. Lo finito solo puede soportar una medida finita, sucumbe la naturaleza humana; pero la naturaleza de Cristo tenía una capacidad mayor para sufrir, pues lo humano existía en la naturaleza divina y esto le daba una capacidad para sufrir y soportar el resultado de los pecados de un mundo perdido. La agonía que soportó Cristo amplía, profundiza y nos da un concepto más amplio del carácter del pecado y el carácter de la retribución que Dios traerá sobre los que continúan en el pecado. La paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Jesucristo para el pecador arrepentido.—Manuscrito 35, 1895.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 62.

martes, 19 de julio de 2016

Redimidos por la sangre de Cristo (Reflexión en vídeo y audio)


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Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación. 1 Pedro 1:18, 19.
“No sois vuestros... Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”. 1 Corintios 6:19, 20. ¿Le devolveréis a Dios lo que ha rescatado con el precio de su propia sangre? ¿Le daréis vuestras facultades de razonamiento; las apartaréis para su gloria? Son suyas; las ha comprado por precio. ¿Os colocaréis en la escuela de Cristo, a fin de que vuestra conciencia sea iluminada, para que sea una buena conciencia, un centinela fiel para guardar los más elevados intereses del alma? Cristo ha comprado los afectos, ¿los desperdiciaréis, los pervertiréis? ¿Los enfocaréis sobre asuntos indignos, los centralizaréis sobre seres humanos y haréis de la criatura, en vez del Creador, el dios de vuestro culto? ¿O vuestros afectos serán purificados, ennoblecidos, refinados e íntimamente ligados a vuestro Creador y Redentor?...
Dios no ocupará un corazón dividido ni reinará en un trono dividido... Llevad el yugo con Cristo y caminad diariamente con Dios. ¿Cómo lo haremos? Aferrándonos de la ayuda que ha provisto Dios. El Señor ha dicho: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá”. Mateo 7:7.—Manuscrito 60, 1894.
Dios nos ha comprado, y pide un trono en cada corazón. Nuestra mente y nuestro cuerpo deben estar subordinados a él, y los hábitos y apetitos naturales deben estar subordinados a las necesidades superiores del alma. Pero no debemos depender de nosotros mismos en esta obra. No es seguro que sigamos nuestra propia conducción. El Espíritu Santo debe renovarnos y santificarnos. En el servicio de Dios no debe haber una obra hecha a medias.—Comentario Bíblico Adventista 6:1088.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 61.

lunes, 18 de julio de 2016

Bajo el cuidado del gran maestro (Reflexión en vídeo y audio)


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De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. 2 Corintios 5:17.
Cuando el corazón se convierte realmente, eso se manifiesta en una transformación del carácter, pues los convertidos se asemejan a Cristo. El orgullo no mora más en el corazón, el pecado parece abominable. El alma convertida odia las cosas que depravan su sensibilidad moral. Odia lo que crucificó al Señor de la vida y de la gloria. Los que están verdaderamente convertidos crecen en el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, y al aumentar el conocimiento de Cristo, ven más claramente dónde radica su propia debilidad, comprenden la profunda depravación de su naturaleza. Comprenden la fuerza del pecado, y conocen el poder de sus viejos hábitos... Diariamente se dan cuenta de su incapacidad para hacer cualquier cosa sin la ayuda de Jesucristo...
Cuando el pecador contempla al Cordero de Dios, ve más claramente lo que ha provisto Dios para quitar los pecados del mundo. Ve la suficiencia y capacidad del Espíritu de gracia para cada conflicto...
El verdadero cristiano no rehusará ser abnegado por causa de Cristo. Los que son hijos de Dios son obreros fervientes; no son siervos indolentes. No hay zánganos en la casa de Dios. Cada miembro de la familia de la fe tiene una obra que le ha sido asignada... Si es estudiante en la escuela de Cristo, aprenderá la forma de dar testimonio, cómo orar, cómo ser un testigo viviente para el Maestro...
El verdadero cristiano será un estudiante diligente y constante. Comprenderá que le falta sabiduría, fortaleza y experiencia, y colocará su voluntad y todos sus intereses al cuidado del gran Maestro.—Carta 12a, 1893.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 60.

domingo, 17 de julio de 2016

Seremos semejantes a él (Reflexión en vídeo y audio)


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Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. 1 Juan 3:2.
Jesús, el Redentor del mundo, conoce por nombre a todos sus hijos, y la gloria de Dios vendrá sobre aquellos que creen... Los que contemplan a Jesús, se transforman a su imagen, se asimilan con su naturaleza, y la gloria de Dios que brilla en la faz de Jesús se refleja en la vida de sus seguidores. Más y más el cristiano se transforma de gloria en gloria...
Por fe, el ojo espiritual contempla la gloria de Jesús. Esa gloria está oculta hasta que el Señor imparte la luz de la verdad espiritual; pues el ojo de la razón no la puede ver. La gloria y misterio de Cristo permanecen incomprensibles, nublados por su excesivo brillo, hasta que el Señor hace irradiar su significado delante del alma... Por fe, el alma capta la divina luz de Jesús. Vemos encantos incomparables en su pureza y humildad, su abnegación, su maravilloso sacrificio para salvar al hombre caído. La contemplación de Cristo induce al hombre a justipreciarse correctamente, pues comprende que el amor de Dios lo ha hecho grande... La posibilidad de ser como Jesús, a quien ama y adora, inspira dentro de él aquella fe que obra por el amor y purifica el corazón...
Jesús es más precioso para el alma que lo contempla por el ojo de la fe que cualquier otra cosa; y el alma creyente es más preciosa para Jesús que el oro fino de Ofir. Cristo mira sus manos, las huellas de la crucifixión están allí, y dice: “He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros”. Isaías 49:16.
El Señor viene con poder y gran gloria. Todos los que han hecho de Cristo su refugio reflejarán su imagen y serán como él, pues lo verán como él es. Han de ser presentados ante Cristo sin “mancha ni arruga ni cosa semejante”. Efesios 5:27.—The Review and Herald, 7 de octubre de 1890.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 59.

sábado, 16 de julio de 2016

¡Cuál amor! (Reflexión en vídeo y audio)


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Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. 1 Juan 3:1.
“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”. Juan 1:12. “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse”. Romanos 8:14-18.
Juan no puede encontrar palabras adecuadas para describir el admirable amor de Dios para el hombre pecador; pero insta a todos para que contemplen el amor de Dios revelado en el don de su Hijo unigénito. Por la perfección del sacrificio hecho por la raza culpable, los que creen en Cristo... pueden ser salvados de la ruina eterna. Cristo era uno con el Padre. Sin embargo, cuando el pecado entró en nuestro mundo por la transgresión de Adán, estuvo dispuesto a descender de la excelsitud de Aquel que era igual a Dios, que moraba en luz inaccesible para la humanidad, tan llena de gloria que ningún hombre podía contemplar su rostro y vivir, y se sometió a los insultos, vilipendios, sufrimientos, dolores y muerte, a fin de responder a las demandas de la inmutable ley de Dios y establecer un camino de escape para el transgresor por medio de su muerte y de su justicia. Esta fue la obra que su Padre le dio que hiciera; y los que aceptan a Cristo, reposando plenamente sobre sus méritos, se convierten en los hijos e hijas adoptivos de Dios, son herederos de Dios y coherederos con Cristo.—The Youth’s Instructor, 27 de septiembre de 1894.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 58.

viernes, 15 de julio de 2016

¿Te has alistado? (Reflexión en vídeo y audio)


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Dame, hijo mío, tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos. Proverbios 23:26.
Queridos jóvenes, lo mejor que podéis hacer es alistaros voluntaria y decididamente en el ejército del Señor. Entregaos en las manos de Dios, que vuestra voluntad y vuestros caminos sean guiados por Aquel que es infalible en sabiduría e infinito en bondad. No entregaros a Dios, es robar a Dios lo que le pertenece. El Señor tiene necesidad de vosotros y vosotros necesitáis del Señor. No es seguro que pospongáis el paso decisivo, o demoréis el hacer una entrega completa de vosotros mismos a Dios. Si no os habéis entregado ya a Dios, os ruego que lo hagáis ahora. Sea inscrito vuestro nombre en los registros celestiales entre los escogidos y elegidos de Dios...
Del inestimable don de Cristo provienen todas nuestras bendiciones. La vida, la salud, los amigos, la razón, la felicidad, nos pertenecen por los méritos de Cristo. Ojalá jóvenes y adultos comprendieran que todo lo reciben por virtud de la vida y muerte de Cristo, y reconocieran que son la propiedad de Dios...
Aun cuando estábamos bajo el dominio de un amo cruel, aun cuando el príncipe de las tinieblas gobernaba nuestro espíritu, el Señor Jesucristo pagó por nosotros el precio del rescate con su propia sangre. Habéis sido comprados por precio, la preciosa sangre de Cristo; sois su propiedad, por lo tanto, glorificad a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu que son de Dios...
Si no fuera por el amor de Cristo que nos es dado voluntariamente, ahora estaríamos en una desesperación impotente, en la medianoche espiritual. Agradeced a Dios cada día porque nos dio a Jesús. ¿No aceptaréis su don? ¿No seréis sus testigos? El tiempo es corto; y os toca trabajar mientras dura el día, viviendo una vida imperecedera, ocultando vuestra vida con Cristo en Dios. De ahí que “cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria”. Colosenses 3:4.—The Youth’s Instructor, 26 de abril de 1894.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 57.

jueves, 14 de julio de 2016

Un tesoro escondido (Reflexión en vídeo y audio)


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Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo. Mateo 13:44.
Sin el reino de Dios, estamos perdidos... y sin esperanza en el mundo; pero se nos proporciona la salvación por la fe en Jesucristo. Él es el tesoro, y cuando se han barrido las basuras del mundo, podemos discernir su valor infinito...
La divinidad de Cristo era un tesoro escondido. Mientras estuvo en la tierra, a veces la divinidad fulguraba a través de la humanidad y se revelaba su verdadero carácter. El Dios del cielo testificó de su unidad con su Hijo. Los cielos se abrieron en su bautismo, la gloria de Dios, en forma de una paloma bruñida como el oro, se manifestó sobre el Salvador y una voz del cielo dijo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”. Mateo 3:17. Pero la nación a la cual vino Cristo, aunque profesaba ser el pueblo peculiar de Dios, no reconoció al tesoro celestial en la persona de Jesucristo...
La Majestad del cielo no fue reconocida en su atavío de humanidad. Era el Maestro divino enviado de Dios, el glorioso tesoro dado a la humanidad. Era más hermoso que los hijos de los hombres, pero su gloria incomparable estaba oculta bajo una cubierta de pobreza y sufrimiento. Veló su gloria a fin de que la divinidad pudiera tocar a la humanidad y el tesoro de inmenso valor no fue discernido por la raza humana...
“Aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros”. Juan 1:14. Ciertamente, el tesoro está oculto en el atavío humano. Cristo es las riquezas insondables, y el que encuentra a Cristo, halla el cielo. El ser humano que contemple a Jesús, que more por fe en sus encantos sin par, encontrará el tesoro eterno.—The Youth’s Instructor, 22 de agosto de 1895.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 56.

miércoles, 13 de julio de 2016

El Espíritu Santo es nuestro ayudador (Reflexión en vídeo y audio)


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Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Romanos 8:14.
Mediante el ministerio de los ángeles, el Espíritu Santo puede obrar en la mente y el corazón del ser humano y atraerlo a Cristo... Pero el Espíritu de Dios no interfiere con la libertad del ser humano. El Espíritu Santo se da como un ayudador a fin de que el hombre pueda cooperar con la Divinidad, y es dado para que Dios pueda atraer al alma, pero nunca forzar su obediencia.
Cristo está pronto a impartir toda la influencia celestial. Conoce cada tentación que sobreviene al hombre y las facultades de cada uno. Pesa su fuerza. Ve el presente y el futuro y presenta delante de la mente las obligaciones a las que hará frente y la insta para que las cosas vulgares terrenales no lleguen a ser tan absorbentes que las cosas eternas queden fuera de cómputo. El Señor tiene plenitud de gracia para conferir a cualquiera que reciba el don celestial. El Espíritu Santo pondrá en el servicio de Cristo las facultades confiadas por Dios, y modelará y dará forma al ser humano de acuerdo con el Modelo divino.—Carta 71, 1893.
El Espíritu Santo es nuestra suficiencia en la obra de edificar el carácter, de formarlo de acuerdo con la semejanza divina. Cometemos un grave error cuando pensamos que somos capaces de modelar nuestra propia vida. Nunca podemos por nosotros mismos vencer la tentación. Pero los que tienen una fe genuina en Cristo serán movidos por el Espíritu Santo. El alma en cuyo corazón habita la fe, crecerá constituyendo un bello templo para el Señor. Será dirigida por la gracia de Cristo. Crecerá en la misma proporción en que dependa de las enseñanzas del Espíritu Santo.—Manuscrito 8, 1900.
La influencia del Espíritu Santo es la vida de Cristo en el alma. No vemos a Cristo ni le hablamos, pero su Espíritu Santo está tan cerca de nosotros en un lugar como en otro. Obra dentro y por medio de todo el que recibe a Cristo.—Manuscrito 41, 1896.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 55.

martes, 12 de julio de 2016

¿Le permitirás entrar? (Reflexión en vídeo y audio)


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Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia. Jeremías 31:3.
La obra que más ama el corazón de Cristo es la de atraer las almas hacia él... Mira a Jesús, la Majestad del cielo. ¿Qué contemplas en la historia de su vida? Su divinidad revestida con la humanidad, toda una vida de continua humildad, la realización de un acto de condescendencia tras otro, una trayectoria de continuo descenso de las cortes celestiales a un mundo todo marchitado y malogrado con la maldición, un mundo indigno de su presencia, en el que descendió más y más, tomando la forma de un siervo, para ser despreciado y desechado de los hombres, obligado a huir de lugar en lugar para salvar su vida y, al fin, traicionado, rechazado, crucificado. Luego, como pecadores por quienes sufrió Jesús más de lo que los mortales pueden describir, ¿rehusaremos humillar nuestra orgullosa voluntad?
Estudia día y noche el carácter de Cristo. Su tierna compasión, su inexpresable e incomparable amor por las almas lo indujeron a soportar toda la vergüenza, las injurias, los maltratos, las incomprensiones de la tierra. Acércate más a él, contempla sus manos y pies, lastimados y heridos por nuestras transgresiones. El castigo de nuestra paz sobre él, y por su herida fuimos curados.
No pierdas tiempo, no pase otro día a la eternidad antes de que vayas a él, tal como eres, cualquiera sea tu debilidad, tu indignidad, tu descuido... La invitación de Jesús para que vayas a él, la presentación de una corona de gloria inmarcesible, la vida, la vida eterna que se compara con la vida de Dios, no han sido suficiente aliciente para inducirte a servir a Cristo con un afecto indiviso...
No estés más del lado de Satanás. Efectúa cambios decididos y radicales mediante la gracia que te da Dios... Él dice con lágrimas: “No queréis venir a mí para que tengáis vida”. Juan 5:40.—Carta 36, 1892.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 54.

lunes, 11 de julio de 2016

Cuando el hombre coopera (Reflexión en vídeo y audio)


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Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. Filipenses 2:13.
“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”. Apocalipsis 3:20. Así ilustra el Redentor del mundo la obra del Espíritu Santo en el corazón humano. Por un acto de su propia fe, el ser humano se coloca en las manos del Señor para que él obre su buena voluntad a su tiempo. Para estar en Cristo, debe haber un continuo ejercicio de la fe...
Este es un proceso de preparación, una constante disciplina de la mente y del corazón, para que Cristo obre su gran tarea en el corazón humano. El yo, el viejo yo natural, muere, y la voluntad de Cristo es nuestra voluntad, sus caminos son nuestros caminos y el ser humano, corazón, mente e intelecto, se convierte en un instrumento en las manos de Dios para obrar ya no más maldad, sino la justicia de Cristo...
En el plan divino, Dios no hace nada sin la cooperación del hombre. No compele a la voluntad del hombre. Esta debe ser dada completamente al Señor, de lo contrario el Señor no puede realizar su obra divina que quiere cumplir en el ser humano. Jesús declaró que en un cierto lugar no pudo hacer muchas obras admirables entre la gente, debido a su incredulidad. Quería hacer para ellos en ese lugar precisamente lo que sabía que ellos necesitaban que hiciera, pero no pudo realizarlo porque la incredulidad le cerró el camino. El alfarero no puede modelar y dar forma para honra a lo que nunca ha sido colocado en sus manos. La vida cristiana es una entrega diaria, sumisión y continuo triunfo que gana renovadas victorias cada día. Esto es el crecimiento en Cristo, que da forma a la vida de acuerdo con el modelo divino...
La devoción, la piedad y la santificación de todo el hombre se efectúan mediante Jesucristo nuestra justicia.—Manuscrito 24, 1890.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 53.

domingo, 10 de julio de 2016

Los hijos de Dios (Reflexión en vídeo y audio)


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Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Juan 1:12.
¿Cómo trataron los hombres a Cristo cuando vino?... “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron”. Vers. 11. Así es hoy. Se repite esta historia, y se repetirá vez tras vez antes de que venga el Señor en las nubes del cielo. Los engaños de Satanás estarán sobre los que moran en la tierra...
“Mas a todos los que le recibieron... les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”... Después de preparar acabadamente a este mundo como morada del hombre, Dios lo contempló y se regocijó, lo declaró bueno en gran manera. Así aceptará y se regocijará en la reforma realizada por los que, habiendo recibido a Cristo como a su Salvador, han obtenido poder para convertirse en hijos de Dios...
El primer capítulo de Colosenses nos muestra la altura que podemos alcanzar. Podemos estar “llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual”, caminando “como es digno del Señor”, “llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria para toda paciencia y longanimidad; con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados”. Colosenses 1:9-14.
¿No hay suficiente dolor en esta tierra afligida por el pecado y que lleva su maldición, para movernos a consagrarnos a la obra de proclamar el mensaje de que “de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”? Juan 3:16.—Carta 117, 1903.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 52.

sábado, 9 de julio de 2016

En el seno del pastor (Reflexión en vídeo y audio)


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Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente a las recién paridas. Isaías 40:11.
Un verdadero pastor conoce a las ovejas más necesitadas, las lastimadas, perniquebradas y débiles; se compadece de ellas y las ayuda. “Como pastor apacentará su rebaño”.
El Príncipe de los pastores conoce mucho más íntimamente que el patriarca Jacob a las dolientes, perniquebradas y débiles de sus ovejas. Sabe lo que ningún otro sabe. Él mismo llevó toda carga. Nadie conoce el peso como él, porque ha llevado nuestros pesares y cargado con nuestros dolores. Fue esto lo que lo convirtió en un Varón de dolores, experimentado en quebrantos...
Si no hay otra alma en el universo que se interese por ti, el Señor Dios de Israel te contempla con pensamientos de compasión, ternura y simpatía. Te ve con tus vigorosos impulsos, o cuando desmaya tu corazón y te desanimas... En el seno del gran Pastor hallarás la más profunda, la más rica y la más confortadora simpatía. No tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nosotros, sino Alguien que fue tentado en todo conforme a nuestra semejanza, pero sin pecado...
No solo se ha provisto todo lo necesario para que cuando seas probado y tentado encuentres ayuda, fortaleza y gracia, sino también para que tu influencia sobre otras mentes sea fragante. No solo Cristo conoce a cada alma y las tentaciones y pruebas de esa alma, sino que también conoce todas las circunstancias que irritan y lastiman el espíritu. Tu mayor peligro está en tener suficiencia propia. Esto no conviene a un cristiano. Cristo te dará su paciencia si la pides...
El abundante amor de Dios y su presencia te darán el poder del dominio propio. Te modelará y forjará tu mente y carácter.—Carta 46, 1898.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 51.

viernes, 8 de julio de 2016

Cristo, el buen pastor (Reflexión en vídeo y audio)


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Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. Juan 10:14, 15.
Jesús dice: “Conozco mis ovejas”. Consideremos esta declaración. Somos conocidos por Dios antes de que lo recibamos. “Conozco mis ovejas”. ¿Cómo se convierten las almas en ovejas de Cristo? Eligiendo recibirle. Pero Cristo las ha elegido antes. Conocía a cada una que respondería a su invitación y conocía a cada una que se inclinaría a recibirlo, pero que, debido a la oposición de las influencias populares, se apartaría de él. Juan dice a todos: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Juan 1:29. Los que oyeron la voz y contemplaron a Jesús como al Cordero de Dios, creyeron en él y llegaron a ser su propiedad por su propia elección. Pero... su elección de Jesús fue en respuesta a la invitación de él. El amor de Jesús nos fue expresado antes de que lo amáramos...
A Jesús ha sido confiada toda la familia humana, como el rebaño de ovejas es confiado al pastor. Esas ovejas y corderos han de recibir un cuidado pastoral. Serán guardados por el fiel Pastor supremo, bajo el cuidado de fieles pastores subalternos. Y si ellos obedecen la voz del Pastor supremo, no serán dejados para que los devoren los lobos...
Jesús dice: “Mis ovejas oyen mi voz... y me siguen”. Juan 10:27. El Pastor de Israel no arrea a su ganado sino que lo guía...
La bella ilustración de (Apocalipsis 7) es un símbolo pastoral. “Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno; porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos.” Apocalipsis 7:16, 17;.—Carta 20, 1895.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 50.

jueves, 7 de julio de 2016

Enseñanzas profundas (Reflexión en vídeo y audio)


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Los alguaciles respondieron: ¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre! Juan 7:46.
Se dice de las enseñanzas de Jesús: “Gran multitud del pueblo le oía de buena gana”. Marcos 12:37. “Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre”, declararon los alguaciles enviados para prenderle. Sus palabras consolaban, fortalecían y bendecían a los que anhelaban esa paz que solo él puede dar. ¡Oh cuán tierno y tolerante era Cristo! ¡Cuán llenas de compasión y ternura fueron sus lecciones para los pobres, los afligidos y los oprimidos!...
Sus ilustraciones fueron tomadas de las cosas de la vida diaria, y tenían en sí una maravillosa profundidad de significado. Las aves del aire, los lirios del campo, la semilla, el pastor y las ovejas: con ellos ilustró Cristo verdades inmortales; y de allí en adelante, cuando sus oyentes veían esas cosas de la naturaleza, recordaban sus palabras...
Las palabras de Cristo, tan consoladoras y animadoras para los que las escucharon, son también para nosotros hoy día. Así como un fiel pastor conoce y cuida a sus ovejas, así Cristo cuida a sus hijos. Conoce las pruebas y dificultades que rodean a cada uno...
Cristo ha pesado cada aflicción humana, cada dolor humano. Ha llevado el peso del yugo de cada alma que quiere llevar su yugo con él. Conoce los dolores que sentimos en lo profundo de nuestro ser, y que no podemos expresar. Si ningún corazón humano simpatiza con nosotros, no necesitamos sentir que quedamos sin simpatía. Cristo conoce, y dice: Miradme, y vivid “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. Mateo 11:28. He soportado vuestros pesares y llevado vuestros dolores. Encontráis la más profunda y rica simpatía en el tierno y compasivo amor de vuestro Pastor.—The Review and Herald, 18 de mayo de 1897.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 49.

miércoles, 6 de julio de 2016

El maestro supremo (Reflexión en vídeo y audio)


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Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna. 1 Juan 5:20.
El Redentor del mundo no vino con un despliegue externo o una exhibición de gloria mundana. Los hombres no pudieron ver, por debajo del manto de humildad, la gloria del Hijo de Dios...
Cristo llegaba hasta las personas donde estuvieran. Presentaba a su mente la clara verdad en el lenguaje más eficaz y sencillo. El pobre humilde, el menos culto, mediante la fe en él podía comprender las más excelsas verdades de Dios. Nadie necesitaba consultar con los eruditos doctores para saber su significado... El más grande Maestro que el mundo ha conocido era el más definido, sencillo y práctico en su instrucción...
Llamaba la atención hacia la pureza de la vida, la humildad del espíritu y la consagración a Dios y a su causa, sin esperar honores o recompensa mundanos. Debía despojar a la religión del estrecho y fatuo formalismo que la convertía en una carga y un reproche. Debía presentar a todos una salvación completa y armoniosa. Debía derribar los estrechos límites del exclusivismo nacional, pues su salvación había de llegar hasta los confines de la tierra...
Hombres de la más elevada educación y conocimientos han aprendido las más preciosas lecciones del precepto y ejemplo de los humildes seguidores de Jesús, considerados como “ignorantes” por el mundo. Pero si los hombres pudieran ver con mirada penetrante, verían que esos humildes hombres obtuvieron su educación en la más elevada de todas las escuelas, la escuela del divino Maestro que habló como no habló ningún hombre.—The Review and Herald, 17 de abril de 1888.
Por E.G.White "A Fin de Conocerle", página 48.