Si me amas, demuéstramelo


“Y cuando seguéis la mies de vuestra tierra, no segarás hasta el último rincón de tu campo, ni recogerás las espigas en tu campo segado. Las dejarás para el pobre y el extranjero. Yo, Jehová, vuestro Dios.” Levítico 2 3: 22

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Es imposible pretender amar a Dios y no tener en cuenta las necesidades de los menos afortunados. La Palabra de Dios nos insta vez tras vez a no olvidamos de los pobres. Al acordamos de los necesitados, reconocemos que toda buena dádiva proviene del Padre. Cuando uno se preocupa de los pobres y necesitados, manifiesta que el corazón ha sido enternecido por la presencia del Espíritu Santo.

Comúnmente, a las personas que tienen mucho no les gusta compartir con los demás, por el temor de quedarse sin nada Sin embargo, la persona en cuyo corazón habitan la bondad y la gracia de Dios reconocerá que, no importa cuánto dé, el Señor del cielo siempre suplirá sus necesidades.

Cuando vemos una persona tirada por las calles, tendemos a juzgar y pensar que es drogadicta, o que es alguien incapaz de gestionar sus cosas y que por eso está en la situación en que está. Pero el Señor nos insta a no juzgar. Demos a conocer al mundo que nos observa que creemos que una persona así también ha sido comprada por la sangre de nuestro Salvador. Demostremos que creemos que Dios tiene misericordia de ella. Despreciar al pobre es juzgarlo y esto no es lo que nuestro Señor espera de nosotros.

Cuando veamos a los pobres en los cruces o en los semáforos mendigando, o a madres desesperadas que andan con su bebé en brazos suplicando ayuda, que Dios nos ayude a no juzgar y pensar que están pidiendo para ir a comprar más droga. Abramos nuestros corazones para que el Espíritu de Dios nos use para ser una bendición para un necesitado. Claro está que no queremos apoyar la vagancia ni los malos hábitos, pero, ¿quiénes somos para juzgar? ¿Quién sabe si esta persona rogó a su Señor, que es nuestro Dios también, pidiéndole que ponga a una persona en el camino para socorrerle?

Puede que nosotros seamos la respuesta a la oración de un pobre. Nunca debemos cansamos de hacer el bien y demostrar bondad a los demás. Si abusan de nuestra bondad, que los juzgue Dios, pero yo y mi casa serviremos a nuestro Dios con una demostración de compasión para los menos afortunados.

Pr. Israel Leito

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