domingo, 31 de enero de 2016

Preparaos comida


Id por el campamento y dad esta orden al pueblo: "Preparaos comida, porque dentro de tres días pasaréis el Jordán para entrar a poseer la tierra que Jehová, vuestro Dios, os da en posesión". Josué 1:11.

El gran día estaba cercano. El pueblo de Israel había esperado cuarenta años ese momento. Finalmente, poseerían la tierra prometida. Sin embargo, antes tendrían que atravesar el río Jordán. No existe tierra prometida sin cruzar el Jordán, nunca la libertad sin el Mar Rojo, ni la gloria de la resurrección sin el sufrimiento del Calvario.

"Preparaos comida, porque dentro de tres días pasaréis el Jordán". En el programa divino, el trabajo de preparación es tan importante como la ejecución. Lo que Dios nos está diciendo es lo siguiente: en el momento de la crisis será fácil percibir quién "preparó comida" y quién no.

En la parábola de las diez vírgenes, cinco de ellas hicieron provisión y cinco no la hicieron. Pero ambas aguardaban el regreso de Cristo, ambas creían las mismas cosas. La diferencia estaba en que las prudentes hicieron provisión y las insensatas vivían al día, con lo mínimo indispensable de alimento espiritual. Las insensatas se limitaban a leer la meditación matinal, mientras que las prudentes pasaban mucho tiempo a solas con Jesús en meditación, oración y estudio de la Biblia.

Entre los discípulos hubo la misma situación. Once andaban con Jesús, participaban de sus actividades, comían con él, formaban parte de la misión. Pero cuando llegaba la noche, los once buenos discípulos se retiraban a descansar, mientras uno de ellos, Juan, quedaba a solas con Jesús. Este discípulo era el típico cristiano que salía de la rutina de ser apenas un buen hijo de Dios. Quebraba la monotonía, salía de la mediocridad espiritual y recostaba la cabeza en el corazón de Jesús.

Sólo se vio la diferencia en el momento de la crisis. Cuando el Maestro fue preso, los once lo abandonaron. El único que lo acompañó hasta la cruz fue el que "preparó comida antes de atravesar el río Jordán".

El gran día está cercano. Pronto, muy pronto, veremos a Jesús volviendo en gloria. Pronto, muy pronto, entraremos a tomar posesión de la tierra que el Señor, nuestro Dios, nos prometió. ¿Cuánto tiempo pasamos cada día con Jesús? ¿Estamos preparando alimento para atravesar el Jordán?

Pr. Alejandro Bullón

sábado, 30 de enero de 2016

La búsqueda


Llegó una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: "Dame de beber" S. Juan 4:7.

Jesús se sentó cerca de un pozo. Era mediodía y hacía mucho calor. Estaba "cansado del viaje", dice la Biblia (vers. 6). ¿Cansado? Dios no se cansa, él es todopoderoso y eterno. Pero, en la persona de Jesús, Dios se hizo hombre. Era la única manera de alcanzarnos. No se disfrazó de hombre; se hizo humano. En él Dios estaba reconciliando consigo al hombre. Con su divinidad, Jesús podía tocar la mano del Dios eterno; con su humanidad, podía tomar la frágil mano del hombre. Él es el puente entre el cielo y la Tierra. La cruz que se levantó en el Calvario tocó el trono de Dios.

Allí estaba Jesús esperando. Una mujer aparecería en cualquier momento y él lo sabía. Hacía tiempo que esperaba. Justamente pasó por esa ciudad porque tenía un encuentro marcado. Era el encuentro de la desesperación con la esperanza, del vacío con la plenitud. Era el encuentro entre la samaritana y Jesús.

Esa mujer no tenía ningún otro lugar a donde ir. Su vida era una permanente búsqueda y llevaba dentro de sí un vacío que dolía. Se había casado, había tratado de ser feliz y todo había fracasado. Intentó de nuevo y fracasó varias veces. Pero el vacío no desaparecía del corazón. Entonces dejó el matrimonio y se volvió hacia un amante, un hombre casado.

No pienses que la lujuria la llevaba a coleccionar maridos. No. Era sola mente una persona solitaria y desesperada. Intentaba de todo para ser feliz y nada salía bien.

Ahora estaba allí, buscando agua como todos los días. El agua se terminaría en pocas horas; después tendría que volver al pozo. Siempre sola. Pero ese día fue diferente. La diferencia se llamaba Jesús. Únicamente él es capaz de quebrar la rutina de la vida y darle un nuevo sentido.

-Dame de beber -dijo el Maestro.

Y la pobre mujer descubrió que no sólo era solitaria y vacía, sino que también estaba llena de prejuicios.

-¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana?

Vale la pena recordar que los judíos no congeniaban con los samaritanos (vers. 9). Por primera vez la samaritana estaba delante de alguien capaz de llenar el vacío de su corazón, y el prejuicio casi tira todo al cesto de la basura.

Pero Jesús la acepta con su prejuicio. Con amor le abre los ojos. Le muestra una nueva dimensión de la vida. "Cualquiera que beba de esta agua volverá a tener ser; pero el que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás" (vers. 13, 14).

Era tomar o rechazar. Ella tomó y rechazó. Tomó el brazo poderoso de Jesús y rechazó sus prejuicios. Nada costaba probar. Probó y acertó. Esa noche durmió en paz. La búsqueda había llegado a su fin.

Pr. Alejandro Bullón

viernes, 29 de enero de 2016

Cuando la sabiduría se transforma en maldición


Dios dio a Salomón sabiduría y prudencia muy grandes, y tan dilatado corazón como la arena que está a la orilla del mar. 1 Reyes 4:29.

Salomón es conocido como uno de los hombres más sabios de la Tierra. La Biblia dice que "para oír la sabiduría de Salomón venían de todos los pueblos y de parte de todos los reyes de los países adonde había llegado la fama de su sabiduría" (vers. 34). La sabiduría es un talento confiado por Dios para ser administrado en favor de su iglesia, la sociedad y la familia, pero cuando se torna un fin en sí misma, deja de ser una bendición y pasa a ser un Dios de barro que llena de orgullo al corazón humano.

En la vida de Salomón hubo tres etapas bien definidas. Los primeros años, cuando todavía era joven, buscaba a Dios como la única fuente de poder. En esas horas solitarias con Dios, el Señor le dijo: "Pide lo que quieras que yo te dé" (cap. 3:5). Salomón podía haber pedido riquezas, gloria y fama, pero pidió sabiduría para ser un líder justo para su pueblo. Sin embargo, el versículo de hoy dice que "Dios dio a Salomón sabiduría y prudencia muy grandes, y tan dilatado corazón como la arena que está a la orilla del mar

La segunda etapa de la vida de Salomón fue triste y vergonzosa. La sabiduría trajo junto con ella riqueza, gloria y fama, y el joven que un día había vivido una vida maravillosa de comunión diaria con Dios, no supo convivir con las luces del éxito. Se apartó de quien era el único capaz de sustentarlo. La gloria terrestre trajo el sentimiento de que él era una estrella y la fama lo hizo sentirse todopoderoso. ¿Para qué buscar a Dios si se tiene todo? ¿Para qué depender de alguien si no nos falta nada de lo que los sentidos buscan?

Sin Dios, la sabiduría, un talento que el Creador le había confiado, llegó a ser una maldición. Nada puede satisfacer en la vida mientras Dios está ausente. Esa búsqueda loca y desesperada de cosas no es nada más que el grito humano llamando a Dios. La búsqueda desenfrenada del placer llevó a Salomón a sumergirse en las aguas profundas de la promiscuidad y los serios desvíos de conducta.

Pero un día llegó al final de la línea y entonces comenzó la tercera etapa de su vida. Desde el fondo del pozo clamó, y el Señor oyó su voz; Jesús siempre está listo para oír nuestro pedido de socorro. Gracias a Dios porque Salomón tuvo tiempo suficiente como para pedir auxilio y regresar a los brazos del Padre.

Hace poco visité a una jovencita que estaba por graduarse en la facultad. Lo hice con insistencia de los padres. Yo la conocía muy bien, pues había participado conmigo en el Club de Conquistadores y en los campamentos. Pero fue a la universidad y aprendió muchas cosas. Sin embargo, todo el conocimiento que acumuló, en lugar de hacerla más útil a Dios y a su iglesia, la apartó. Se sintió superior e indiferente a las cosas divinas. Vi lágrimas en sus ojos. Percibí la lucha en su corazón. Estoy orando por el regreso de esta joven... y por ti. ¡Quién sabe si hoy tú también no puedes tomar tu decisión!

Pr. Alejandro Bullón

jueves, 28 de enero de 2016

¿Qué hay detrás de las aguas?


"Abana y Farfar, ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavo en ellos, ¿no quedaré limpio también?" y muy enojado se fue de allí: 2 Reyes 5:12.

La lepra estaba devorando las carnes de Naamán. Mientras podía esconder las llagas purulentas debajo de sus finos vestidos, todo estaba, socialmente, bajo control. Pero la repugnante llaga comenzó a mostrarse, y se hizo imposible seguir negando su existencia. Hay ocasiones en que la cultura, la educación, los modos refinados y la cortesía no pueden disfrazar ni esconder la triste realidad del pecado.

Naamán intentó de todo. Al fin de cuentas, era un hombre muy rico; pero el dinero no puede comprar ciertas cosas, y el orgulloso capitancillo se encontró con esa triste realidad, Finalmente, la respuesta para su problema vino a través de los labios de una niña esclava. Naamán no pensó dos veces. Preparó los carros, los cargó con muchos regalos y corrió a comprar el remedio. Uno de los grandes problemas del mundo en que vivimos es que aprendemos a que todo hay que comprarlo, y cuando alguien nos ofrece algo gratis, lo miramos con desconfianza, porque generalmente lo que es gratis no sirve para mucho.

Pero Dios trató el problema de Naamán de una manera diferente de la que él esperaba. Naamán pensó que el profeta lo recibiría con mucha ceremonia y lo convertiría en la estrella de la situación; pero con Dios las cosas no funcionan de ese modo. El profeta sólo envió la orden de ir al Jordán y lavarse siete veces. Naamán se indignó y preguntó: "Abana y Farfar, ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel!"

Lo que Naamán no sabía era que no había ningún poder sanador en las aguas del Jordán, como no lo hay tampoco en el bautismo o en el hecho de pasar al frente y aceptar a Jesús. Lo que el capitán sirio necesitaba aprender era que los métodos divinos generalmente tienen por objeto mostrar la insuficiencia humana, no porque Dios se deleite en hacer que el hombre se sienta una criatura insignificante, sino porque el ser humano necesita entender que la salvación viene de arriba. La vida viene de afuera, la justicia viene de Cristo.

A lo largo de la historia, el enemigo siempre trató de probar lo contrario. "Si comiereis de este árbol seréis como Dios", le dijo al primer matrimonio. "Concéntrese en usted mismo y trate de sacar la energía interior", dice hoy. "Piense positivamente: Dios está dentro de usted, mire hacia dentro, usted es su propio Dios".

El hombre moderno muchas veces se pregunta: ¿Para qué sirve la iglesia? ¿Para qué sirve Jesús? ¿No son Abana y Farfar mejores que todas las aguas de Israel? No, no son. Sólo que para descubrirlo, muchas veces el hombre tiene que vivir años de angustia y soledad.

Pr. Alejandro Bullón

miércoles, 27 de enero de 2016

La fuga del hijo





Pero Absalón huyó y fue a refugiarse junto a Talmai, hijo de Amiud, rey de Gesur. Y David lloraba por su hijo todos los días. 2 Samuel 13:37.


La reunión había terminado y miles de personas regresaban a sus hogares, después de haber oído el mensaje en el gimnasio deportivo de San Leopoldo. Un colega se me acercó y me dijo en voz baja: "Debes conversar con aquel joven; tiene una historia linda, estuvo fuera de la iglesia durante años y su regreso fue la respuesta a las oraciones incesantes de su padre". Al fin de esa semana el mismo colega me presentó a ese anciano que durante veinte años oró, cinco veces por día, por la vuelta del hijo. Hoy, sonríe feliz porque el vástago no solo está en la iglesia, sino que participa activamente en la misión que Dios dejó a su pueblo.

¿Cuánto significa un hijo en la vida de los padres? "David lloraba por su hijo todos los días", dice el versículo de hoy. Conozco a padres que un día trajeron a su bebé para dedicarlo a Dios en el altar y hoy, crecido, el hijo no quiere saber nada de Jesús y anda por caminos escabrosos, arruinando su juventud y su futuro. Constantemente recibo cartitas de madres angustiadas pidiendo oración en favor del retorno de sus hijos.

¡Ah, mi querido padre, continúa clamando por tu hijo todos los días! Hazlo con lágrimas; coloca tu pedido en manos de Dios con insistencia. Haz como la viuda importuna: golpea, continúa tocando a la puerta (Lucas 18:1-8). Habla como Jacob: "No te dejaré, si no me bendices" (Génesis 32:26). Con certeza, el Señor tendrá compasión de tu hijo y lo traerá de vuelta.

"Pero, pastor -puedes decir-, ¿qué puede hacer Dios si la decisión es personal y mi hijo no quiere saber nada más de Jesús?" Es verdad que la decisión es personal, pero tu oración intercesora le da a Dios el argumento que él precisa para continuar trabajando en el corazón de tu hijo.

Tal vez tú seas un hijo de esos que hace mucho tiempo están apartados de Dios. Es posible que nunca llegues a comprender el sufrimiento de tu padre y mucho menos el de Dios por tu persona, pero debes saber que eres el objeto de todo el cuidado y el amor de Dios. El nunca dejó de amarte. Siempre te esperó y continuará esperando. El peligro que corres no es de que Dios se canse de esperarte, sino de que tú te canses de oír su voz llamándote y corras definitivamente hacia el desierto de la angustia y el vacío existencial.

Jesús está dispuesto a entrar hoy en tu vida y revolucionarlo todo, pero él no va a tirar abajo la puerta y entrar sin el consentimiento de tu voluntad. Tú tienes que querer, tienes de decidir. La puerta del corazón se abre sólo del lado de adentro. Jesús simplemente dice: "Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él y él conmigo" (Apocalipsis 3:20).

Pr. Alejandro Bullón

martes, 26 de enero de 2016

El capítulo que no debería existir


Pasado el luto, envió David por ella, la trajo a su casa y la hizo su mujer; ella le dio a luz un hijo. Pero esto que David había hecho fue desagradable ante los ojos de Jehová 2 Samuel 11:27.

El capítulo 11 del segundo libro de Samuel nunca debería haber sido registrado en las Escrituras. Este capítulo es un retrato de la miseria y vileza de la que es capaz el ser humano cuando rompe su comunión diaria con Dios. Pero el capítulo está ahí, como una prueba de que por más doloroso que sea, el pecado es parte de la experiencia humana. Es justamente por eso que Jesús se hizo hombre: para solucionar esta triste situación.

Adulterio y homicidio juntos. ¿Cómo pudo aquel que fue un pastorcito inocente, que en el nombre de Dios había matado osos y leones y acabado con el gigante Goliat, ser capaz de un doble pecado, tan repugnante a los ojos de Dios?

El incidente registrado en este capítulo debería recordarnos siempre que no somos siquiera capaces de imaginar las profundidades a las cuales podemos descender si nos soltamos del brazo poderoso de Jesús.

A veces, ante la noticia de alguien que se hirió en la lucha contra el pecado, preguntamos: "¿Cómo fue capaz de hacer eso?" El hombre carnal es capaz de eso y de mucho más. El capítulo 1 de la epístola a los Romanos nos muestra el cuadro del hombre que no le concede un lugar a Dios en su existencia. Está entregado a pasiones infames, a inmundicias y a la concupiscencia de su corazón.

Gracias a Dios que no existe solamente el capítulo 11 en 2ª de Samuel. Alabado sea el Señor por el capítulo 12. Gracias al Señor porque el hombre es confrontado con su propia conciencia, que no es otra cosa que la voz del Espíritu Santo; y gracias, sobre todo, porque la gracia redentora del Padre es capaz de tocar el corazón del hijo. David volvió en sí, reconoció la miseria de su situación, se dio cuenta de que había actuado como un monstruo, se encontró lejos del reino de Dios, en la tierra de la culpa, la locura y la muerte, y desde allí gritó: "Señor, pequé, ten compasión de mí".

El Salmo 51 registra el clamor del corazón penitente de un hombre que percibió la enormidad de su pecado, el grito desesperado de alguien que siente que Dios debe hacer un trasplante de corazón en su vida. David reconoce que nació pecador, que el virus del mal está en cada partícula de su ser, pero no se conforma con esa situación, y clama: "Purifícame con hisopo y seré limpio; lávame y seré más blanco que la nieve" (vers. 7).

Cuando el Espíritu Santo nos muestra nuestra realidad, no lo hace para llevarnos a la desesperación o al suicidio, sino para ayudarnos a entender el valor del remedio. "Cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio" (S. Juan 16:8). Convencernos sólo de pecado no tendría valor sin la justicia de Cristo, al paso que mostrarnos sólo la justicia no tendría mucho sentido sin mostrarnos el juicio, el cual debemos enfrentar sin miedo, a pesar de nuestro pasado escabroso, porque ya fue perdonado por Jesús.


Pr. Alejandro Bullón

lunes, 25 de enero de 2016

Ayuda para los que ya no tienen fuerza


¿En qué has ayudado al que no tiene fuerzas? ¿Cómo has protegido al brazo débil? Job 26:2.

Un martes del mes de marzo de 1991, el auto de Isaías Apolinário, diácono de la iglesia de Riacho Grande, en San Pablo, fue violentamente interceptado por otro automóvil, del cual descendieron tres hombres armados. Ese fue el comienzo de una pesadilla que conmovió a la Iglesia Adventista y a la opinión pública brasileña. Isaías Apolinário había sido secuestrado y los delincuentes pedían dos millones y medio de dólares por su rescate.

Los secuestradores llevaron al cautivo a una choza en el barrio de Diadema y lo encerraron en un cubículo de un metro y medio por dos. Un colchón de espuma de 7 cm de espesor, tirado en un rincón del suelo húmedo, fue todo lo que el anciano de 73 años tuvo para reposar el cansado cuerpo durante los largos días en que permaneció en poder de los secuestradores.

¿Adónde van los hijos de Dios cuando aparecen las dificultades? Esos trece días quedarán en la memoria de la familia Apolinário no sólo como días de tensión, miedo y expectativa, sino como días en la dura escuela del sufrimiento, días en los que aprendieron lo que significa el poder protector de Dios.

Pasado el momento inicial de sorpresa, y consciente de su situación de prisionero, Isaías entregó su vida a Dios y le dijo: "Señor, tuviste cuidado de mi vida a lo largo de todos estos años. Has sido muy bueno conmigo y me has dado mucho más de lo que merezco. No te pido ahora tanto por mí, te pido por mi familia. Finalmente, yo sé cómo estoy. Estoy vivo por tu misericordia, pero mi familia sufre sin saber nada de mí. Confórtala y dale la certeza de tu amor y misericordia".

Los días pasaban y parecían cada vez más interminables. La humedad del cubículo en que se encontraba comenzó a afectarle los bronquios. Tomó un diario viejo y lo colocó en la espalda y en el pecho para poder dormir. Estaba cansado; ya no era joven para resistir una experiencia como esa. Pero el texto de hoy dice: "¿En qué has ayudado al que no tiene fuerzas? ¿Cómo has protegido al brazo débil?" Y ese Dios maravilloso nunca dejó de estar presente en la vida de ese anciano y de la familia, que cuando se sentía desanimada, experimentaba la ayuda y el consuelo que sólo Jesús puede dar.

Finalmente, trece días después del secuestro fue dejado libre en la Via Anchieta con el dinero suficiente como para tomar un ómnibus y llegar a su casa. La pesadilla había acabado, pero la confianza en quien nunca falla estaba más robustecida.

Doña Leonor, la esposa, declaró que, aunque no deseaba dicha experiencia para ningún hijo de Dios, ella y toda la familia alababan el nombre del Creador porque en medio de todo el sufrimiento habían aprendido dos cosas: la solidaridad del pueblo de Dios cuando se une en una cadena poderosa de oración, y el poder maravilloso de Dios para consolar, liberar y hacer que todas las cosas contribuyan para bien en la vida de los que aman al Señor.

Pr. Alejandro Bullón

domingo, 24 de enero de 2016

EL PUEBLO DE DIOS NO DEBE SER EXAGERADO


"Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera" (Mat. 21:19).

No era común que una higuera desplegara un follaje tan denso en esa temprana época de la estación. El fruto de la higuera se desarrolla antes que las hojas, por lo tanto, era de esperar que una higuera con tal follaje estuviera cargada de higos. Cristo se acercó al árbol con la esperanza de encontrar algún higo en él, sin embargo, al revisar sus ramas desde la más baja hasta la más alta no halló más que hojas y su maldición cayó sobre el árbol.

Este ejemplo en el ministerio del Señor fue un episodio singular. No armoniza con su forma habitual de ser ni con las obras manifestadas por Cristo... Adondequiera que él fuera esparcía su misericordia en palabras de consuelo y obras de bondad. Él era el Redentor, el Sanador. No había venido a condenar al mundo, sino para que el mundo encontrara la salvación en él... Los discípulos no podían comprender el acto de Cristo al castigar un árbol por causa de su esterilidad y le dijeron: "Dinos la parábola de la higuera".

Poco antes Cristo había hecho su entrada triunfal en la ciudad de Jerusalén. Por segunda vez había purificado el templo y expulsado a los traficantes, diciendo: "Quitad de aquí estas cosas"... Estos mercaderes que habían traído sus ganados hasta el patio del santuario, practicaban un negocio deshonesto, pero cuando se dio la orden y la divinidad fulguró a través de la humanidad, ningún sacerdote con sus espléndidos vestidos, ni un solo traficante, se atrevió a quedar allí...

En sí misma era una parábola referente a la dispersión de los judíos. Ahora Cristo, bajo el símbolo de este árbol estéril, presenta ante sus discípulos la justa ira de Dios --al ver profanado el patio del templo con el propósito de obtener ganancias deshonestas-- y la destrucción de la nación judía. Este árbol estéril, que desplegó su ostentoso follaje a la vista de Cristo, era un símbolo de la nación judía que se había separado de Dios, al grado que, en su orgullo y apostasía, habían perdido su discernimiento y no pudieron reconocer a su Redentor... La explicación de esta extraña obra de Cristo habría de permanecer como una apelación viviente para todas las iglesias cristianas...

Esta higuera estéril con su ostentoso follaje ha de repetir su lección en cada época hasta el fin de la historia de este mundo... Sí el espíritu de Satanás en los días de Cristo se introdujo en los corazones de quienes no habían sido santificados, para contrarrestar los requerimientos divinos a esa generación, seguramente también intentará ingresar en las profesas iglesias cristianas de nuestros días... La misma historia se repetirá, pero el pueblo que obedece los mandamientos de Dios no tendrá conflicto alguno, pues ellos han hecho de su palabra su guía constante (Manuscrito 32, 1898).

E. G. White.

sábado, 23 de enero de 2016

El futuro siempre es mejor


Cuando Job hubo orado por sus amigos, Jehová le quitó la aflicción; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job. Job 42:10.

En cierta ocasión el Pr. Jair Goés fue invitado a visitar a un enfermo en la ciudad de Juazeiro. Era un joven rubio, atractivo, que estaba en la fase terminal del SIDA. El encuentro fue dramático, como todo encuentro en que ronda la muerte. Veinticinco años son pocos para pensar en el fin de la existencia, pero el enemigo cobra muy caro el precio del pecado.

El Pr. Jair creyó que un tema oportuno para esa ocasión podía ser la parábola del hijo pródigo. Abrió la Biblia y, después de analizar la parábola, hizo un llamado para que Marcio regresara al hogar.

"¿Usted piensa que todavía tengo tiempo? ¿Piensa que el Padre todavía puede recibirme?", fue la pregunta vacilante que salió de los labios, con mucha dificultad, expresando lo que el corazón sentía. El pastor lo animó, y, antes de irse, Marcio le dijo: "Si usted cree realmente que yo puedo volver al Padre, por favor, visíteme mañana".

El pastor visitó frecuentemente al joven enfermo, quien fue conociendo cada día más y más a Jesús. Se apasionó por él y le entregó el control de su vida hecha pedazos.

Seis meses después, para sorpresa de los médicos, Marcio salió del hospital y volvió a su casa. Algún tiempo más tarde, fue bautizado y se unió a la iglesia y, por la gracia de Dios, consiguió vivir dos años y medio más; finalmente, la enfermedad fatal cobró su víctima. Murió a los 28 años, pero cerró los ojos en la bendita esperanza del regreso de Cristo. El Pr. Jair lo visitó algunas semanas antes de su muerte.

Débil y consumido por la enfermedad, pero con un brillo especial en los ojos, Marcio balbuceó: "Usted tenía razón, toda vía podía volver al hogar". El Señor le dio a Job "el doble de lo que antes poseía", dice el texto de hoy. Claro, entre la vida perfecta de Job y el pasado tormentoso de Marcio no existe comparación. Pero con seguridad, Dios le entregó a Marcio "el doble de lo que antes poseía". Murió consumido por una enfermedad física, pero murió feliz en Cristo. Los dolores de la agonía no fueron capaces de robarle la paz del perdón y la seguridad de la salvación.

¿Qué perdió? Una vida acabada por el pecado, un mundo donde las personas corren permanentemente para poder sobrevivir, una Tierra contaminada por la miseria, el egoísmo y la ambición humana. Recibió el sueño transitorio de la muerte y ganó la vida sin fin, la cual recibirá cuando Jesús regrese.

Nadie que corra a los brazos de Jesús quedará jamás defraudado, pero conozco personas indecisas que quedan devoradas por el fuego del prejuicio, del temor y de las dudas, y abrazadas al tormento de sus propias filosofías.

¿Por qué no ir hoy a Jesús y vivir una vida maravillosa de comunión con él? El futuro siempre es mejor para quienes confían en el Señor.

Pr. Alejandro Bullón

viernes, 22 de enero de 2016

La tragedia de los topos


No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. Isaías 41:10.

El topo es un roedor que, sin que la gente se dé cuenta, devora las raíces de los árboles y causa muchos estragos. Cuando se pueden ver los resultados, ya es demasiado tarde. Trabaja en silencio por los innumerables túneles que construye debajo de la tierra.

Terminar con estos roedores es muy difícil, porque uno nunca sabe dónde están. Seguir la trayectoria de un túnel es perder el tiempo, porque se esconden en los numerosísimos laberintos subterráneos.

Sin embargo, alguien descubrió la manera de ahuyentarlos para siempre. Los topos no ven muy bien, pero poseen un oído muy sensible. Entonces, las personas colocan en la boca del túnel un aparato que produzca barullo, como ser una sierra eléctrica. El pobre del topo, que no ve nada, simplemente oye un ruido extraño, como si todo el mundo estuviera cayéndose en pedazos, y huye desesperado para salvar la vida.

¿Sabes cuál es la tragedia del topo? Que no ve. Si pudiese ver se daría cuenta de que no hay motivos para correr. "No temas", dice el versículo de hoy, "porque yo soy tu Dios, que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia

Puede ser que no lo veas, pero él está ahí, a tu lado, cumpliendo la promesa que te hiciera. Cuántas veces corremos asustados porque el ruido de las pruebas y dificultades es muy grande. Por favor, no corras; abre los ojos de la fe y contempla a Dios y a los ejércitos del cielo dispuestos a ayudarte.

En las horas difíciles, en lugar de correr, detente a pensar, a meditar y a aprender a confiar en Dios. Media hora empleada en comunión con Jesús por la mañana, no la sentirás en tu programa de trabajo, pero te ayudará a ver que no estás solo; abrirá tus ojos para ver a quien "te sustenta, o te ayuda y protege con la diestra de su justicia".

Los que desean ser más semejantes a Jesús, viven una vida de compañerismo diario con él, y el resultado de esa experiencia es que lo conocen cada día más. Así confían en él en los momentos más oscuros, aquellos en los que tenemos la impresión de que Jesús desapareció y se olvidó de nosotros.

En el período final de la historia humana, el verdadero pueblo de Dios tendrá que vivir sin intercesor por un breve período de tiempo. ¿Qué será de nosotros si no aprendemos a verlo en medio de todo el bullicio de las pruebas y los momentos difíciles? Jesús es el amigo que nunca falla. Experiméntalo.

Pr. Alejandro Bullón

jueves, 21 de enero de 2016

¿Salvado por un ángel ?


Truena Dios maravillosamente con su voz. Hace grandes cosas, que nosotros no entendemos. Job 37:5.

Francisco se levantó por la mañana con la sensación de que despertaba en un pequeño bote, sin remos, en medio del océano. Ese día debía pagar tres facturas y no tenía un centavo en caja. Todos los intentos por conseguir dinero el día anterior habían fracasado. Estaba ante una dura realidad. Si no pagaba las deudas, sería protestado, y el negocio no andaba tan bien como para resistir un protesto bancario.

¿Qué hacen los hijos de Dios cuando soplan vientos contrarios y parece que la barquita se va a hundir? ¿Adónde corren a refugiarse quienes confían en el Señor? Francisco cayó de rodillas y dijo: "Señor, humanamente no hay salida para mi problema, pero tú estás por encima de todo y eres todopoderoso. Necesito un milagro, y es eso, exactamente, lo que estoy pidiéndote que hagas para salvar mi negocio".

A las 8 de la mañana abrió el negocio. Para poder cumplir con el compromiso debía vender hasta el mediodía el equivalente a tres de los mejores días de venta. Él y los vendedores esperaban con expectativa la entrada de los clientes, pero nadie aparecía. El reloj indicaba ya las 9:30 cuando entró un hombre acompañado por dos jóvenes. Comenzó a comprar. Pidió un par de zapatos, y otro, y otro. Francisco y el vendedor que atendía al caballero se miraban uno al otro, desconcertados. El hombre no paraba de pedir, y cuando llegó la hora de pagar, sacó del bolsillo un enorme rollo de billetes y pagó todo al contado.

Francisco le preguntó: "¿Quién es usted? ¿Puedo ayudarlo a llevar sus paquetes hasta el auto?" El hombre le dijo que no era necesario, que había llegado esa mañana, que había subido por la Av. 7 de Septiembre, en Salvador, y había sentido deseos de entrar y comprar zapatos.

Cuando el extraño visitante desapareció, Francisco corrió a la caja. Tenía allí la suma exacta que necesitaba para pagar las cuentas. Dios no había fallado.

Dios hace grandes cosas que muchas veces no comprendemos. Dios no duerme, está siempre vigilante y atento a la oración de sus hijos.

Podemos confiar en él. Nunca falla. Su respuesta puede no armonizar con nuestras expectativas, pero no falla. ¡Cree en eso!

Pr. Alejandro Bullón

miércoles, 20 de enero de 2016

Nuestra única seguridad


Él es sabio de corazón y poderoso en fuerzas, ¿a quién, si quisiera resistirle, le iría bien? Job 9:4.

Judas tuvo las mismas oportunidades que los demás discípulos. Fue alcanzado por el amor de Jesús lo mismo que Pedro a orillas del mar, o Mateo en el banco de los cobradores de impuestos. Tal vez el temperamento del egoísta Pedro, o del explosivo Juan, el hijo del trueno, fuese peor que el de Judas. Sólo que todos ellos fueron un día sensibles a la voz de Jesús y acudieron a él llevando su carácter deformado por el pecado, su personalidad desfigurada por los traumas y complejos y un pasado lleno de episodios vergonzosos.

La tragedia de Judas no se debió a la falta de oportunidades. Así como los otros once, él también tuvo la oportunidad de convivir diariamente con Jesús, pero no obedeció a su voz, sino que fue endureciendo lentamente su corazón, jugando con las cosas santas, y sin darse cuenta entró en la tierra de nadie, en el valle de la insensibilidad, en el país del cual no hay retorno.

"¿A quién, si quisiera resistirle, le iría bien?", es la pregunta que presenta el texto de hoy. Mucha gente queda confusa cuando alguien que estudiaba y predicaba la Palabra de Dios, cae de repente y se aparta completamente de los caminos de Jesús. Caer, aunque es una experiencia dolorosa y hasta trágica, no sería el mayor problema, porque en el momento en que el ser humano saca los ojos de Jesús puede hundirse en el mar de la vida, como Pedro. Pero, ¿cómo entender que alguien no quiera saber nada más de Jesús, e incluso se vuelva contra Dios, su doctrina y su pueblo?

Casi siempre, por detrás de toda actitud semejante existe una historia de endurecimiento gradual. Nadie abandona a Jesús y a su iglesia de un momento para otro. La voz de Dios, que no es otra cosa que el trabajo del Espíritu Santo en el corazón, siempre está hablándonos. Pero si el hombre comienza a jugar con ella, la oye, pero no le hace caso. Se familiariza con ella, pero no la respeta. Estudia la Palabra, pero no la obedece. Conoce la luz, pero no la sigue. ¿Y cuál es el fin! Nadie puede estar seguro lejos de la orientación divina. "¿Quién se endureció contra él y le fue bien?"

La única seguridad del hombre es dejarse guiar por la voz del Espíritu, y también lo es la de la iglesia. Tengo la certeza de que la iglesia triunfará. Pero no será por causa de una profecía que anuncia su victoria, sino porque permitió ser guiada por el Espíritu Santo. La seguridad de la iglesia no está en sus edificios, ni en sus instituciones, ni en los hombres brillantes que pueda tener, ni en los métodos, por más bíblicos que sean. Ella triunfará sólo en la medida en que todos, líderes y liderados, seamos sensibles a la voz de Dios, porque nadie se endureció contra él y permaneció seguro.

El fin de Judas fue trágico. Cuando vio que todo estaba perdido, se apoderó de él el remordimiento y la desesperación. Entonces fue y se ahorcó. Un triste final para alguien que convivió con Jesús pero que nunca quiso oír su voz.

Pr. Alejandro Bullón

martes, 19 de enero de 2016

La renuncia del amor


El que halle su vida, la perderá; y el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. S. Mateo 10:39.

Una vez oí contar la historia de Jim, ese maquinista norteamericano cuya vida era una inspiración para todos los que trabajaban con él. Dicen que al presidente de la compañía ferroviaria sólo le gustaba viajar con él, porque era un buen cristiano.

Cierto día sucedió un terrible accidente y Jim quedó aprisionado entre los retorcidos hierros del tren; su muerte era inminente. Ya había perdido mucha sangre y se debatía en la agonía, cuando el presidente de la compañía, que también viajaba en esa oportunidad, trató de ayudarlo.

-Yo sé en quién he creído -repetía en voz bajita el moribundo Jim. Los ojos del presidente se llenaron de lágrimas. Quedó admirado de la confianza que ese hombre tenía en Jesús, y afirmó:

-Qué gran fe es la tuya, Jim; yo daría todo para tener una fe como esa.

-Fue exactamente lo que tuve que hacer por Jesús -fue la respuesta de Jim

¿A cuánto renunciamos nosotros por causa de Cristo? Cuando el ser humano logra entender todo el amor que llevó al Señor Jesús a sacrificar su vida en la cruz del Calvario, no tiene otro camino que caer a los pies de la cruz y decir: "Señor, muchas gracias porque me amaste sin merecerlo". A partir de ese momento se inicia la maravillosa experiencia de andar lado a lado con Jesús. El amor de Cristo nos constriñe, nos inspira, nos Ileva a gustar de las cosas que antes no gustábamos, nos lleva a no querer vivir más sin él.

Con el correr del tiempo esta experiencia va creciendo cada vez más. El corazón humano comienza a entender que no vale la pena vivir sin Jesús, porque la vida destituida de Cristo no tiene sentido. Pero continúa viviendo en este mundo con sus atracciones, presiones y tentaciones. Muchas veces se siente acorralado. El brillo de las cosas terrenas puede cautivarlo, pero ahora ya no es un ser carnal, pues pasó de muerte a vida: experimentó el contraste del bienestar pasajero que el mundo ofrece, y la paz y la felicidad auténticas que sólo Cristo puede proporcionar.

Al amor de Cristo es a quien el cristiano entrega todo. Renuncia a todo lo que puede incomodar su maravillosa comunión con Cristo. Sabe que nada puede igualarse al amor de Jesús. Quiere ver una sonrisa de felicidad en el rostro del ser amado, y le entrega el primer lugar en su vida.

Cuando el Señor Jesús dice que no debemos amar con mayor intensidad a nuestro padre o a nuestra madre que a él, no está queriendo decir que amar y respetar a los padres sea algo malo en sí mismo; lo que quiere decir es que ni personas tan buenas como los padres tienen el derecho que sólo Cristo tiene: ocupar el primer lugar en nuestra experiencia.

Jim, el maquinista norteamericano, murió con la seguridad de esa realidad. ¿Y qué en cuanto a ti y a mí?

Pr. Alejandro Bullón

lunes, 18 de enero de 2016

Nos libertó y nos habló con amor


Sucedió que en el año treinta y siete del cautiverio de Joaquín, rey de Judá, en el mes duodécimo, a los veinticinco días del mes, Evil-merodac, rey de Babilonia, en el año primero de su reinado, levantó la cabeza de Joaquín, rey de Judá, y lo sacó de la cárcel. Jeremías 52:31.

La historia de la liberación del rey Joaquín se encuentra registrada dos veces en las escrituras (ver 2 Reyes 25:27-30). Y si Dios permite que esta historia se repita, casi con las mismas palabras, debe ser porque existe en ella un mensaje muy importante para nosotros.

Joaquín comenzó a reinar en Judá cuando tenía 18 años, y era un joven inexperto (aunque la juventud no debe ser culpada por vivir apartado de Dios). "E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho su padre", dice el registro sagrado (2 Reyes 24:9). Aquí hay un mensaje importante para los padres: se refiere a la influencia ejercida sobre sus hijos con su vida y ejemplo.

El mal siempre trae consecuencias, y apartado del Dios todopoderoso, el reino de Judá no podía durar mucho tiempo. El enemigo vino, destruyó todo y arrasó la historia del pueblo al romper en pedazos "todos los utensilios de oro que había hecho Salomón, rey de Israel, en la casa de Jehová" (vers. 13). Generalmente, el pecado arruina todo: el nombre, la imagen, los valores... en fin, no deja nada.

Joaquín fue llevado prisionero a Babilonia y allí, en una estrecha y humilde prisión, desperdició el resto de su juventud. Había reinado apenas tres meses cuando fue preso. Una vida que podía haber sido una bendición para su pueblo, quedó destruida por la insensatez de vivir apartado de la única fuente de seguridad que el ser humano puede tener. Treinta y siete años después subió al poder Evil-merodac, y mandó llamar al cansado prisionero. Joaquín tenía 55 años de edad. El texto bíblico dice que el rey hizo cuatro cosas con Joaquín: lo sacó de la prisión, le habló suavemente, le cambió el vestido de presidiario y lo alimentó diariamente hasta el fin de sus días.

La figura del rey de Babilonia aparece aquí como un tipo de Cristo, que un día nos encontró en la prisión de nuestros sentimientos, de nuestro pasado, encadenados a traumas y complejos que no nos permitían ser felices, y nos liberó. Nos habló suavemente y con amor, diciendo: "Hijo, te amo tal como eres, aunque hayas desperdiciado toda tu vida en una prisión inmunda; nunca dejé de creer en ti. Ven hoy a mis brazos de amor". Después nos quitó las ropas inmundas de prisioneros, sacó la vergüenza de nuestro triste pasado y al vestirnos con sus blancas vestiduras de justicia, nos devolvió la dignidad y las posibilidades futuras.

Pero la salvación no termina sólo en el perdón. Él nos redimió para que vivamos de ahora en adelante una vida de victoria, para que seamos santos y reflejemos cada día su carácter. Por eso preparó nuestra subsistencia, la porción de cada día, en su día, todos los días de la vida. ¡Alabado sea Dios por esto!

Pr. Alejandro Bullón

domingo, 17 de enero de 2016

El amor al poder versus el poder del amor


Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, ayunad por mí y no comáis ni bebáis durante tres días y tres noches. También yo y mis doncellas ayunaremos, y entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley y si perezco, que perezca. Ester 4:16.

Era una jovencita preciosa que había conquistado el corazón de un rey. Ya no era una simple ciudadana. Era la reina del imperio. Tenía todo el mundo a sus pies. Si, olvidando su pasado humilde, tratara de vivir con toda la intensidad del nuevo estilo de vida que las circunstancias le presentaban, con certeza no sería juzgada ni condenada. Al fin de cuentas, eso es lo que generalmente sucede con quien alcanza el éxito.

Pero he aquí un pueblo condenado al exterminio por causa de sus principios, y la única persona que puede hacer algo para solucionar el problema es ella. Sin embargo, presentarse ante el rey, sin ser llamada, significa un altísimo riesgo. ¿Por qué arriesgar todo lo que había conseguido, simplemente para ayudar a gente que, aunque querida, no representaba otra cosa que su pasado de pobreza y anonimato?

En el mundo existen personas para quienes el poder es un fin en sí mismo. Para otros, el poder es apenas un medio para servir mejor, y si para servir es preciso perder el poder, no tienen miedo de perderlo, porque prefieren dormir en paz con su conciencia antes que soportar la agonía de un poder que no tiene sentido.

Ester era un ser humano que tenía miedo, como todo ser humano. Temblar ante el peligro es propio de nuestra naturaleza, pero la joven y maravillosa reina sabía adónde recurrir en busca de seguridad y fuerza. "Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa", le dijo a su tío Mardoqueo, "ayunad por mí... También yo y mis doncellas ayunaremos, y entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca

En la historia de las grandes decisiones, ésta de Ester quedará registrada como una de las mayores: estar dispuesta a tirar por la ventana todo lo que había conseguido en la vida por causa de su pueblo. Para ella, el poder tenía sentido sólo si servía para ayudar a los demás. Entre el amor al poder y el poder del amor, este último venció en el corazón de esa jovencita bonita que un día conquistó al rey.

Ahora es posible entender por qué, entre todas las jóvenes hermosas de ese imperio, fue ella la victoriosa. No eran solamente sus lindos ojos o su cabellera suelta o su piel morena. Era la fuerza del amor, la fuerza de sus principios, esas cosas maravillosas que sólo son capaces de conocer los que viven una vida de compañerismo permanente con Jesús.

¿Cuáles son las motivaciones de tu vida? ¿Quieres conquistar la montaña? ¿Para qué? ¿No sería interesante que te arrodilles y respondas esta pregunta ante Dios?

Pr. Alejandro Bullón

sábado, 16 de enero de 2016

La mano del Señor nos protegió


El doce del primer mes partimos del río Abava para ir a Jerusalén; la mano de nuestro Dios estaba sobre nosotros y nos libró de manos de enemigos y asaltantes en el camino. Esdras 8:31.

Esdras debía regresar de Babilonia a Jerusalén, con la finalidad de proclamar el edicto que favorecía a los judíos y los autorizaba a consumir un templo de adoración a Dios. Toda gran empresa requiere oración y espíritu de recogimiento, y Esdras no quiso iniciar la jornada sin la seguridad de que Dios estaría en el control de la situación. El camino era peligroso y lleno de salteadores que esperaban escondidos a sus inocentes víctimas.

El escriba de Israel cuenta que tuvo vergüenza de pedirle al rey una escolta de soldados para protegerlos durante el camino, porque le habían dicho al rey que "la mano de Dios está, para bien, sobre todos los que lo buscan" (vers. 22). La fe tiene que ser probada y demostrada. ¿Qué mérito existe en creer en un Dios Todopoderoso, si a la hora de salir lo hacemos armado hasta los dientes para protegernos? ¿Quiere eso decir que debemos dejar las puertas de la casa abiertas, confiando en que el Dios que guarda a Israel vigilará y suplirá nuestra falta de cuidado?

Los que por la comunión diaria con Cristo se hacen cada día más semejantes a Jesús, nunca confundirán fe con presunción, y tampoco empuñarán armas, creyendo que Dios dice, en lenguaje del pueblo: "Cuídate que te cuidaré".

La prudencia es una cosa, la violencia es otra completamente diferente. Jesús le ordenó a Pedro que guardara la espada porque el que "a espada mata, a espada morirá" (ver S. Mateo 26:52).

Esdras y los príncipes de Israel, quienes dejaron Babilonia para ir a Jerusalén a edificar el templo de Dios, conocían el peligro de la carretera y sintieron la necesidad de la protección divina, especialmente al pensar en que llevaban con ellos el equivalente a cinco millones de dólares de nuestros días, los que habían sido recogidos como ofrendas para la construcción de la casa de Dios. La jornada fue dura. "Allí, junto al río Abava, proclamé un ayuno", dice Esdras (vers. 21). Y después añade: "Partimos del río Abava... la mano de nuestro Dios estaba sobre nosotros y nos libró de manos de enemigos y asaltantes en el camino".

Este es el gran pensamiento para todo el que tiene que comenzar una empresa o un viaje. Cuán animador es saber que aunque el camino pueda estar lleno de enemigos, "armando asechanzas", el poder sustentador del Padre es grande para ayudarnos a llegar sanos y salvos al fin de la jornada.

No temas si hoy tienes delante de ti una jornada llena de desafíos. No temas si la embarcación parece temblar y hay mucha gente queriendo que se hunda. Pregúntate a ti mismo: "¿Quién está en el control de la situación? ¿Ya tuve mi momento junto al río Abava? ¿Ya pasé un tiempo a solas con Jesús?" ¡Entonces, sigue adelante sin temor!

Pr. Alejandro Bullón

viernes, 15 de enero de 2016

Orar es aceptar la insuficiencia humana


Respondió Jesús y le dijo: "Lo que yo hago tu no lo comprendes ahora, pero lo entenderás después". S. Juan 13:7.

¿Responde Dios todas las oraciones? ¿Por qué a veces sentimos como que tiene tiempo para todos, menos para nosotros? ¿Alguna vez te sentiste tan pequeño, tan indigno y tan pecador que pensaste que no tenías derecho a que Dios prestara oídos a tu oración? Entonces existe algo que necesitas entender: tu sentido de insuficiencia es tu mejor oración. El primer paso para comenzar a percibir en nosotros la respuesta divina, es sentir que somos débiles y necesitados.

Cuando oramos y le contamos a Dios todo lo que sucede en nuestra vida, cuando llega la noche y le abrimos el corazón para hablar sin la preocupación del reloj, no es porque debamos hacer un informe de lo que hicimos a lo largo del día, sino para crear en nosotros el sentido de dependencia y necesidad de él.

Aunque no hablásemos nada, y simplemente cayéramos de rodillas reconociendo que necesitamos de él, el Señor Jesús oiría y atendería nuestras necesidades.

Tú que eres madre tal vez consigas entender lo que estoy diciendo. Mira a ese hijito maravilloso que tienes en la falda. No sabe hablar, pero tiene necesidades: alimento, atención y el calor de la madre. Todo lo que sabe hacer es llorar, pero tú no estás esperando a que él hable para entender sus necesidades. Porque lo amas, te esfuerzas por adivinar lo que necesita. Tú eres madre en función de él. Ese pequeño bebé es objeto de todo tu cariño Y atención, sin importar si son las 8 de la noche o las 2 de la madrugada.

Es más o menos así como Dios nos trata. Al orar, dejas de huir de Dios. Le abres el corazón y le permites entrar. Permites que él participe de tus sueños y planes. Dejas que él tome parte de los detalles más íntimos de la vida. Tú nunca estás solo. El y tú llegan a ser una sola persona. Él en ti, santificando tu voluntad y viviendo en ti las grandes obras de victoria.

Ahora que ambos son uno y viven juntos, aprende a confiar en él. Aprende a no desesperarte cuando las respuestas divinas no son conforme a tus expectativas humanas. Orar es sentir la insuficiencia humana y abrir el corazón a Dios como a un amigo. Muchas veces él tendrá que decirte: "Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora, pero lo entenderás después".

Dios siempre dirige nuestra vida como nosotros también la dirigiríamos si pudiésemos ver el fin desde el principio, dice Elena de White (ver El Deseado de todas las gentes, pág. 197). Y el futuro se encargará de mostrar cómo las horas que pensábamos que Dios no oía nuestras oraciones, fueron las horas en que él estaba más cerca de nosotros.

Pr. Alejandro Bullón

jueves, 14 de enero de 2016

CONSERVEMOS UN ESPÍRITU FELIZ


Pues hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres. 1 Cor. 4: 9.

El Señor es bueno y digno de ser adorado. Aprendamos a alabarlo con nuestra voz, y comprendamos que siempre gozamos de excelente compañía: Dios, y su Hijo Jesús. Somos espectáculo para los mundos no caídos, para los ángeles y nuestros semejantes. Si lo comprendemos, esto nos inducirá a avanzar de acuerdo con la dirección del Señor, con corazón firme y bien fortalecido.

Velemos en oración. Esto nos ayudará a entender que debemos ponernos bajo la dirección de Jesús, nuestro divino Conductor. El nos confiere firmeza de propósito, impulsos controlados y semejantes a los de Cristo, y sano juicio para pensar sobria y bondadosamente. Disponemos de muy poco tiempo para ser infelices. Queremos, mi querido hermano y mi querida hermana, albergar un espíritu feliz, porque sabemos que contamos con un Salvador que nos ama, y que nos va a bendecir si estamos dispuestos a darle la bienvenida en nuestro corazón.

No podemos darnos el lujo de emplear el talento del habla de manera que no beneficie a nadie. la Palabra de Dios controla la fuente de nuestros sentimientos y acciones en relación con los demás, y la condición del corazón regula los principios de la vida anterior. Si son puros e incontaminados darán origen a palabras y actos correctos. Nuestros talentos deben aumentar; en caso contrario, disminuirán.

Debemos ser hijos de Cristo y aprender de él. Tenemos que creer la verdad que profesamos y ponerla en práctica, es a saber, que el fin de todas las cosas está cerca. Debemos estar preparados en todo momento para presenciar el desarrollo de acontecimientos maravillosos. Deberíamos consagrar nuestras vidas cada día al servicio del Señor, y abrir la puerta del corazón para dar la bienvenida al huésped celestial, y recibir su amor.

Durante la noche he orado mucho para comprender más el amor del Salvador. Aunque su amor nunca ha desaparecido de mi corazón, deseo ardientemente que aumente más y más, hasta que se pueda decir de mí: "Estás completa en él" (Véase Col. 2: 10).

Pronunciemos siempre palabras alegres, y no permitamos jamás que surja de nuestros labios una palabra airada; porque puede herir a una pobre alma que está luchando por la vital atmósfera celestial (Carta 185, del 17 de agosto de 1903, dirigida al pastor S. N. Haskell y Sra.).

E.G.White

miércoles, 13 de enero de 2016

Orar es abrir la puerta a Jesús


Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con el y el conmigo. Apocalipsis 3:20.

¿Pensaste alguna vez que este versículo tuviera algo que ver con la oración? A primera vista, Jesús está pidiendo y el hombre rechazando, pero existe algo que necesita ser entendido con relación a la oración. Orar no es nada más que dejar a Jesús entrar en nuestro corazón. No es nuestra oración la que hace que Jesús se anime a venir en solución de nuestros problemas. Es él quien nos inspira a orar, quien está a la puerta suplicando, deseando entrar. Nosotros oramos porque él tocó a la puerta. La oración no es una iniciativa nuestra de dirigirnos a Dios, sino simplemente nuestra respuesta al pedido de Jesús para entrar en nuestra vida.

Tal vez con este pensamiento sea más fácil entender lo que registra el profeta Isaías: "Antes que clamen, yo responderé; mientras aún estén hablando, yo habré oído" (Isaías 65:24).

La oración es el aliento del alma. Si ella es la respiración del alma, entonces pensemos un poco en ese acto. ¿Tenemos que esforzarnos para respirar o para dejar de respirar? El oxígeno está a nuestro alrededor, sólo tenemos que dejarlo entrar en nuestros pulmones, y al hacerlo traerá nueva vida y energía a cada célula.

Así es con el aire que necesita nuestra alma. Jesús está ahí, en la persona de su Santo Espíritu, deseando ardientemente entrar en nuestro corazón, y cuando oramos, sólo estamos dejándolo entrar.

No oramos para pedir cosas y cambiar la opinión de Dios a través de nuestra insistencia. Es él quien quiere ver nuestra vida cambiada y solucionar nuestras dificultades. Es él quien toca a la puerta y desea cenar con nosotros. El acto de cenar enfatiza la intimidad que Jesús quiere tener con su pueblo. Quiere entrar en la recámara de nuestra vida, en la cocina, quiere tocar las ollas y sentarse con nosotros al calor de la hoguera. Sólo que él nunca viene con las manos vacías, porque siempre viene trayendo consuelo, consejo, sabiduría para tomar decisiones, poder para vencer obstáculos y coraje para convivir con lo que no puede ser cambiado.

El resultado de la oración no depende de la fidelidad o de la vida consagrada de quien ora. La fidelidad y la vida consagrada son en sí mismas el resultado de la oración. No pienses nunca que si tu oración está acompañada de lágrimas y de emociones fuertes, eso hará que Dios te bendiga más. Tú simplemente tienes que abrir tu corazón. Orar es permitir que él entre y participe de nuestros sueños, de nuestras luchas, victorias y derrotas.

Cuando la persona no ora, vive sola, aislada. Se siente sola, lucha sola y es derrotada sola. Los que desean ser más semejantes a Jesús deben permanecer siempre sensibles para oír su llamado, abrirle la puerta y dejarlo entrar ¿Estás dispuesto a dejarlo entrar hoy?

Pr. Alejandro Bullón

martes, 12 de enero de 2016

¿A quién pertenecía la otra voz?


Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones para que no me hicieran daño, porque ante él fui hallado inocente; y aun delante de ti, oh rey, yo no he hecho nada malo. Daniel 6:22.

Mike Wilson, un piloto norteamericano que trabajó con las avionetas misioneras adventistas, en la amazonia brasileña, cuenta que en cierta ocasión fue a los Estados Unidos llevando la avioneta para hacerla examinar como parte de la rutina anual de mantenimiento. Era un viernes por la tarde, poco antes de ponerse el Sol, cuando Mike comenzó a cantar algunos himnos preparando su corazón para el sábado. De repente tuvo la sensación de que había otra voz cantando con él en la avioneta. Dejó de cantar por un momento y sintió que la otra voz continuaba cantando. Sacudió la cabeza y pensó para sí: "Debo estar cansado del viaje; gracias a Dios que ya estoy llegando". La avioneta aterrizó sin mayores complicaciones y Mike, feliz, pudo pasar ese sábado con sus amados y en su país.

A la semana siguiente, cuando fue a recoger la avioneta para regresar al Brasil, el mecánico le preguntó: ¿Usted vino del Brasil con esta avioneta? Debe agradecer a Dios, porque llegó aquí por milagro. La máquina estaba con una pieza completamente rota. Es humanamente imposible que una avioneta en esas condiciones pueda volar tantas horas".

Los milagros no se explican, se aceptan. Mike entendió que esa otra voz que cantaba con él en la avioneta era, sin duda, la voz de un ángel que lo acompañaba y que lo hizo llegar sano y salvo hasta su destino.

En esta vida, amados míos, viajamos muchas horas, y muchas veces el viaje puede ser cansador y peligroso. El enemigo está tratando de llevar tristeza, lágrimas y muerte a los hijos de Dios. Quién sabe si, en estos momentos, no estás sintiendo en tu propia carne lo que estoy diciendo. Tal vez hoy tu corazón esté ¿ herido y tus ojos derramen lágrimas. Pero recuerda: en ningún momento estás solo; los ángeles del Señor están ahí, invisibles, cumpliendo su misión de protegerte y de consolarte.

¡Cuántas veces fuiste un Mike en peligro y ni siquiera te diste cuenta de tu situación! Cada minuto de nuestra vida es un permanente milagro: el aire que respiramos; la lluvia que cae para regar la tierra y permitir que crezca el grano; el sueño que recupera nuestras fuerzas; el Sol, que después de una noche de tinieblas llega trayendo nueva vida y muchas esperanzas. Todo es un milagro permanente. Las manos de los ángeles nos abren los caminos, van sacando las piedras de nuestros pies y las espinas de nuestra frente, van cerrando la boca de los leones y mostrándonos diariamente el amor infinito de Dios.

¿Por qué dudar entonces, cuando un día el Sol no brilla con la misma intensidad? ¿Por qué lamentar cuando la noche es más fría de lo normal? En medio del dolor canta, alaba el nombre de Dios, y sentirás que existe. ¡Alguien más está cantando contigo!

Pr. Alejandro Bullón

lunes, 11 de enero de 2016

Dios no se cansa de perdonar


¡Mirad por vosotros mismos! Si tu hermano peca contra ti, repréndelo; y si se arrepiente, perdónalo. Y si siete veces al día peca contra ti, y siete veces al día vuelve a ti, diciendo: "Me arrepiento": perdónalo. S. Lucas 17:3, 4.

Cuando era adolescente, me impresionó una noticia sobre esa actriz de Hollywood que subió una noche a su departamento y al día siguiente no apareció en el set de fìlmación. La llamaron por teléfono, golpearon a su puerta y, fìnalmente, cuando forzaron la puerta, encontraron su cuerpo en la bañera. Se había suicidado, cortándose las venas.

Lo impresionante fue la nota dirigida a la policía: "No me suicidé, fui asesinada. Atrapen al asesino antes de que acabe con toda la humanidad. Es el peso de la culpa".

¿Por qué vivir abrumados por el peso de la culpa, si Jesús está dispuesto a olvidar nuestra vida pasada y a darnos siempre una nueva oportunidad?

Para entender mejor lo que Jesús está diciéndonos en el versículo de esta mañana, imagina que estás en un restaurante y que el mozo deja caer la comida sobre ti. El lo lamenta mucho, pide perdón y tú aceptas sus disculpas. Pero el hecho se repite luego en la hora de la cena, una y otra y otra vez. Ya estás con el pantalón, la camisa, la chaqueta y los cabellos manchados de comida, cuando el mozo aparece por séptima vez y, a pesar de todo el cuidado que tiene para evitar el accidente, derrama una vez más el postre encima de ti.

¿Qué harías? ¿Lo perdonarías ? Eso es lo que Jesús está diciendo. ¿Piensas que pediría algo de mí que no estuviese dispuesto a hacer conmigo?

El aspecto trágico del pecado no está en que Dios no pueda perdonar, sino en la triste realidad de que somos nosotros quienes no queremos perdonarnos. Miles de personas andan por la vida anulados por el complejo de culpa. No logran sacarse de la cabeza el monstruo del autocastigo. No consiguen olvidar su pasado. No son felices.

Pero Jesús está mirándote: "Hijo, debes venir a mis brazos de amor. Yo ya olvidé tu pasado, ya pagué el precio de tu culpa; ven a mí y acepta mi perdón". Finalmente, el versículo de hoy nos muestra la otra dimensión del perdón. Nunca aceptaremos el perdón divino si no estamos dispuestos a perdonar a nuestro hermano.

¿Tienes algo contra alguien? ¿Alguien te lastimó y eso no te deja ser feliz ? Busca a tu hermano y abrázalo. Perdónalo así como Jesús está pronto a perdonarte.

Pr. Alejandro Bullón

domingo, 10 de enero de 2016

¿Por qué o para qué ?


¡Clamo a ti, pero no me escuchas! ¡Me presento, pero no me atiendes! Job 30:20.

Hay muchas cosas en la vida que parecen no tener explicación. Entonces miramos al cielo y clamamos: "Señor, ¿por qué?" Y la respuesta parece no llegar de ningún lado, quizá porque la pregunta correcta no debería ser por qué, sino para qué.

La experiencia de Jair, que en cierta ocasión se enfermó y tuvo que pasar varios días en el hospital, es una buena ilustración que muestra el propósito que tiene Dios detrás de todo lo que acontece.

Acostado en el lecho del hospital, muchas veces se preguntó: "Señor, ¿por qué?" La respuesta no llegaba, pero en compensación pusieron un compañero en su habitación, y Jair tuvo la oportunidad de hablarle de Jesús y darle estudios bíblicos, mientras permanecía hospitalizado.

El tiempo pasó. La pregunta hecha un día en el hospital parecía no haber tenido nunca respuesta, pero doce años después al visitar la iglesia de Paulo Afonso, en el estado brasileño de Espíritu Santo, encontró a toda una familia convertida al evangelio por el trabajo de un joven llamado Edinaldo. Edinaldo era el compañero de habitación a quien Jair había dado estudios bíblicos, mientras se preguntaba, inútilmente: "Señor, ¿por qué?"

El tiempo trajo la respuesta y la respuesta fue: "No voy a explicarte el porqué, pero voy a decirte para qué. Tú enfermaste para que yo pudiera alcanzar por tu intermedio el corazón de Edinaldo, y a través de la vida de él, alcanzar a toda esa gran familia".

"¡Clamo a ti, pero no me escuchas!", dice Job en el versículo de hoy. ¡Cuántas veces en la vida decimos las mismas palabras! Los seres humanos queremos respuestas inmediatas. En la hora de la desesperación acusamos a Dios de ser injusto con nosotros. "Él tiene tiempo para todo el mundo, menos para mí", pensamos, permitiendo muchas veces que crezca una rebelión en nuestro corazón.

Si pudiéramos ver el fin desde el comienzo, sin duda dirigiríamos nuestra vida como Dios está permitiendo que se desarrolle, porque entenderíamos que detrás de todo momento difícil no existe sólo un por qué, sino un para qué.

El sufrimiento humano tiene siempre un sentido de ser. Cuando Jesús sufría la agonía de la cruz, no fue animado con una explicación teológica sobre su sufrimiento, sino con el propósito de su sacrificio. Estaba muriendo para salvar al hombre, y eso ennoblecía cada gota de sangre que derramaba. ¿Estás pasando por el valle de sombras? No intentes entender el por qué. Pídele a Dios que te dé fuerzas para no desanimarte, sabiendo que por detrás de todo existe un propósito que el tiempo explicará.

Pr. Alejandro Bullón

sábado, 9 de enero de 2016

LAS GENERACIONES UNIDAS


El joven Samuel ministraba a Jehová en presencia de Elí. (1 Sam. 3: 1).

Aunque era muy joven cuando se le trajo a servir en el tabernáculo, Samuel tenía ya entonces algunos deberes que cumplir en el servicio de Dios, según su capacidad. Eran al principio muy humildes, y no siempre agradables; pero los desempeñaba lo mejor que podía, con corazón dispuesto. . .

Si se les enseñara a los niños a considerar el humilde ciclo de deberes diarios como la conducta que el Señor les ha trazado, como una escuela en la cual han de prepararse para prestar un servicio fiel y eficiente, ¡cuánto más agradable y honorable les parecería su trabajo! El cumplimiento de todo deber como para el Señor rodea de un encanto especial aun los menesteres más humildes, y vincula a los que trabajan en la tierra con los seres santos que hacen la voluntad de Dios en el cielo (Patriarcas y Profetas, págs. 619, 620).

La vida de Samuel desde su temprana niñez había sido una vida de piedad y devoción. Había sido puesto bajo el cuidado de Elí en su juventud, y la amabilidad de su carácter le granjeó el cálido afecto del anciano sacerdote. Era bondadoso, generoso, diligente, obediente, y respetuoso. El contraste entre la vida del joven Samuel y la de los hijos del sacerdote era muy marcado, y Elí hallaba reposo, consuelo y bendición en la presencia de su pupilo. Era cosa singular que entre el principal magistrado de la nación y un simple niño existiera tan cálido afecto, Samuel era servicial y afectuoso y ningún padre amó alguna vez a su hijo más tiernamente que Elí a ese joven. A medida que los achaques de la vejez le sobrevenían a Elí, sentía más profundamente la conducta desanimadora, temeraria, licenciosa de sus propios hijos, y buscaba consuelo y sostén en Samuel.

Cuán conmovedor es ver a la juventud y la vejez confiando la una en la otra, a los jóvenes buscando consejo y sabiduría en los ancianos, a los ancianos buscando ayuda y simpatía en los jóvenes. Así debiera ser. Dios quisiera que los jóvenes poseyesen tales cualidades de carácter, que encontraran deleite en la amistad de los ancianos, para que puedan estar unidos por los fuertes lazos del cariño con aquellos que se están aproximando a los bordes del sepulcro (SDA Bible Commentary, tomo 2, pág. 1021).

E. G. White.

viernes, 8 de enero de 2016

De la locura a la paz en Cristo


Lo halló en tierra de desierto, en yermo de horrible soledad; lo rodeó, lo instruyó lo guardó como a la niña de su ojo. Deuteronomio 32:10.

Alejandro Bolívar era el anciano de la primera iglesia que me dieron para pastorear, y también fue mi brazo derecho al comienzo de mi ministerio. Un día, Alejandro me contó la historia de su conversión. Dios lo encontró "en tierra de desierto, en yermo de horrible soledad". Muchos creían que estaba loco. Pasaba noches enteras sin conseguir dormir. Se levantaba y vagaba por las calles en busca de un sentido para la vida. Era un profesional competente: Ingeniero de Producción de la fábrica de harina Santa Rosa, en la capital peruana. Tenía un buen salario, una familia estable; en fin, tenía todo para ser feliz, pero no lo era. Había dentro de sí una angustia terrible que lo oprimía y lo llevaba a la desesperación. En esas circunstancias, un día, andando por la calle, recibió la invitación para una serie de conferencias. El título del tema: "El secreto de la paz mental". Era todo lo que él estaba buscando: un poco de paz.

Su encuentro con Jesús sucedió rápidamente. Se apasionó por Cristo y comenzó a aceptar todas las verdades bíblicas. La familia y los amigos pensaban: "Está loco, y ahora la locura se manifiesta a través de la religión. Pero bueno, no importa, ya que a nadie le hace mal y parece que está más tranquilo. Vamos a ver hacia dónde va". Pero cuando Alejandro pidió la dimisión en la fábrica donde trabajaba, para guardar el sábado, y cuando decidió devolver el diezmo de una enorme cantidad de dinero que había recibido de la fábrica, los familiares quedaron sorprendidísimos. "Estás loco de verdad. ¿Qué va a ser de tu familia? ¿Cómo vas a vivir? Te están haciendo un lavado cerebral para quedarse con tu dinero".

Pero el Señor "lo rodeó, lo instruyó, lo guardó como a la niña de su ojo", y hoy continúa siendo feliz y próspero. Ya fundó varias congregaciones y se emociona cada vez que recuerda la manera maravillosa como un día el Señor "lo halló en tierra de desierto, en yermo de horrible soledad".

¿Te acuerdas de la primera vez cuando te encontraste con él? ¿No estabas perdido en los laberintos de la desesperación y en la loca carrera por entender el porqué de tu existencia? ¿Gozas hoy de la paz que sólo Cristo es capaz de dar? ¿Puedes, entonces, decirle en este momento: "Muchas gracias, Señor, porque en tu misericordia me encontraste y me cuidaste como a la niña de tus ojos"? Jesús es el único capaz de dar sentido a la existencia.

Pr. Alejandro Bullón

jueves, 7 de enero de 2016

La victoria de Cristo

Pero gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. 1 Corintios 15:57.

"Pastor", decía la carta, "no sé durante cuánto tiempo más conseguiré vencer en la lucha que enfrento desde hace varios años. No logro encontrar una señorita que me guste, porque me siento atraído por los jóvenes. ¿Qué hago?"

Evidentemente, por el tenor de la carta, este joven nunca había cedido a la tentación. Pero lo que lo inquietaba, al punto de causarle temor, era la pregunta: "¿Por cuánto tiempo más conseguiré vencer en la lucha?"

Vivimos en tiempos peligrosos, en los cuales se intenta justificar el pecado a viva voz, en todas sus formas.

Sin embargo, el versículo de hoy muestra la salida para cualquier problema de tendencias que el ser humano carga desde que nace. Unos de una manera, otros de otra. Y el grito del corazón humano es: "¿Hasta cuándo tendré que luchar contra mis tendencias?"

El apóstol Pablo, en los versículos anteriores al texto que escogimos para hoy, habla del fin de la lucha cuando finalmente "esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad" (ver el vers. 53). El apóstol está describiendo la glorificación de nuestra naturaleza: la erradicación completa y definitiva de la presencia del pecado en la experiencia humana.

Pero, mientras ese día no llega, Pablo, por experiencia propia, presenta una promesa: "Gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo".

Nadie tiene derecho a ser derrotado por las tendencias, porque Cristo preparó un medio para alcanzar la victoria. Él venció el pecado. Enfrentó las tentaciones aferrándose al poder del Padre, y nos mostró el camino de la victoria; su victoria es nuestra victoria hoy. Su victoria cubre la multitud de nuestros pecados pasados, y en el presente desea vivir sus grandes obras de victoria por la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida.

Gracias a Dios porque, aunque no haya llegado todavía el día de la glorificación, la victoria de Cristo no es apenas una promesa, sino una realidad en la vida de quienes procuran mantener diariamente una experiencia de amor con Cristo.

Estás delante de un nuevo día. En este día habrá tentaciones como en todos los demás, pero ya eres victorioso si con fe echas mano del poder de Jesús.

Pr. Alejandro Bullón

miércoles, 6 de enero de 2016

Tú eres muy importante


Al contrario, los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios. 1 Corintios 12:22.

Marlene vino a conversar conmigo en una calurosa tarde de verano, mientras participábamos juntos de un campamento para jóvenes. Físicamente no era una persona que llamara la atención a primera vista, aunque al sonreír se le formasen dos hoyitos en la cara, un detalle percibido por casi todos los que conversaban con ella.

Cuando habló conmigo, se sentía maltratada por la vida y marginada por los demás jóvenes de la iglesia. Su mayor deseo era cantar en un conjunto musical de la iglesia, pero desentonaba constantemente, y entendió el mensaje subliminal de los amigos para salir del grupo.

En el fondo de su alma pensaba que el problema era el de no ser bonita físicamente. Dibujaba muy bien, por lo que era casi siempre la encargada de preparar la ornamentación y decoración de la iglesia para las ocasiones especiales.

Nuestra conversación la ayudó a entender que al cultivar el espíritu de "maltratada", lentamente estaba perdiendo una de las cosas más hermosas que Dios le había dado: la sonrisa.

En el versículo de hoy, Pablo está diciendo que una persona puede vivir sin una mano o una pierna, y muchas veces hasta sin una oreja o un ojo, pero no puede vivir sin el corazón o el cerebro. Esos miembros del cuerpo, que aparentemente tienen que ser protegidos por ser más débiles, son en realidad indispensables.

Lo que Dios está tratando de hacer es sacar de nosotros el complejo de inutilidad, estado que surge de no tener aparentemente nada que impresione a primera vista.

Hay muchos que viven lamentándose por no tener este o aquel don. Pero Dios no permitió que nadie viniera a este mundo sin cierta habilidad para hacer algo.

Tú eres muy precioso a los ojos de Dios. Eres insustituible en el sentido de que nadie ocupará tu lugar de la manera como tú lo haces. En el universo eres una estrellita que completa el cuadro.

Puede que no seas la estrella más brillante, pero si desaparecieras se extinguiría la simetría que sólo tú eres capaz de dar al cuadro. Sonríe, eres importante.

Pr. Alejandro Bullón